¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Visita geológica al Pilar de Zaragoza


El Pilar. Zaragoza.

     No  descubrimos nada nuevo al decir que El Pilar de Zaragoza es el primer templo mariano del mundo visitado anualmente por cientos de miles de peregrinos. Visitantes de la ciudad, sean creyentes o no,  suelen contemplar admirados el impresionante edificio barroco cuya estructura principal se levantó desde finales del siglo XVII, en 1681, según los planos del arquitecto real Francisco de Herrera, el Mozo.  En el siglo siguiente Ventura Rodríguez diseñó la Santa Capilla de la Virgen, siendo  José Ramírez de Arellano el arquitecto y escultor a pie de obra habitual en Zaragoza. Las espectaculares pinturas de Goya y sus cuñados, los hermanos Bayeu, terminaron de enriquecer artísticamente el edificio, que no se acabó hasta mediados del siglo XX.
     Lo  más difícil de encontrar es a personas que visitan El Pilar y se interesen y percaten, además,  de la gran variedad y riqueza de materiales rocosos que decoran y embellecen sus paredes y suelos. No es nada raro, por el contrario, pues suele ser muy habitual, el reconocer en casi todos los antiguos templos de la cristiandad, en sus pavimentos y paredes sobre todo, exóticas y vistosas planchas de piedra  usadas para resaltar el valor religioso que contienen. Casi todo el mundo da por hecho que  los edificios nobles están revestidos con piedras  especiales, pero sin conocer exactamente qué rocas son las elegidas en su día para tal efecto, o como mucho conocen las orientalizantes y erróneas determinaciones que suelen aparecer en los artículos de corte histórico-artístico que se ofrecen al turista. Veremos aquí unas cuantas rocas, de mayor o menor calidad ornamental, que se utilizaron en los tres últimos siglos para “dignificar” el sagrado escenario de esta basílica zaragozana, utilizando al nombrarlas su correspondiente término de clasificación petrológico.


A) Basamento del exterior.
     El gran zócalo exterior del templo, sobre el que se apoya toda la estructura de ladrillo, está compuesto por  calizas arenosas y tobas calcáreas travertínicas  de color blanco, y con abundantes restos fósiles de gasterópodos, en especial turritélidos.


Vista experior parcial del Pilar. Zólaco exterior calcáreo.
B) El suelo.
     Compuesto por grandes placas de calizas marmóreas, conocidas popularmente como “mármoles”, y también varios tipos de calizas. Las primeras suelen presentar color negro o blanco, siendo las segundas de color marrón claro, con irisaciones de origen algal  y estructuras de bioturbación.


Suelos marmóreos y calcáreos. El Pilar.
C) El zócalo.
     Todo el recinto está recorrido por un zócalo de más de 50 cms de altura de placas de una roca clasificable como brecha calcárea carbonatada. Se caracteriza por presentar grandes cantos angulosos de color negro empastados en una matriz carbonatada marrón oscuro. Esta roca aparece en los textos artísticos y manuales turísticos como “jaspe de Ricla”.


Columna de la Virgen y zócalo. El Pilar.

D) Basamento de las paredes.

     Hasta algo más de 2 m de altura todo el templo está revestido de placas de calizas algales, conocido en los manuales como “piedra amarilla de La Puebla de Albortón”, de color marrón claro, con irisaciones, lo que le confiere un aspecto abigarrado en su textura.

E) La Santa Capilla.
     1.-Columnas.

     El fuste de las columnas se asienta sobre los materiales antes citados, siendo diferentes en su cuerpo principal. Citadas como comercialmente se conoce desde hace tiempo  al mármol o “jaspe de Tortosa” pueden clasificarse como calizas brechoides marmóreas de color marrón, con tonos  rojizos, y con veteado blancuzco en zonas. No son , por tanto, de la familia de los jaspes ni estrictamente un  mármol.


El Pilar. Columnas de la Santa Capilla.

     2.- Arquitrabes y vanos.
     Todas las piezas superiores de soporte de la cúpula de la Santa Capilla están compuestas por calizas algales, de color marrón claro, y de calizas negras de Calatorao, procedentes de las famosas canteras de esa localidad, de gran finura textural, al haber sido sometidas a procesos de cristalización  de bajo grado metamórfico las calizas jurásicas, con abundante materia orgánica, de las que proceden. Verticalmente y junto a los arquitrabes superiores y el fondo del camarín de la Virgen, encontramos placas  de calizas marmóreas verdes, procedentes de las canteras de “mármoles” de Granada.

Santa Capilla, columnas, vanos y arquitrabes. El Pilar.
     3.- Frente de la Santa Capilla, y trasaltar.
      Los dos grupos escultóricos frontales, de José Ramírez de Arellano, de finales del siglo XVIII,  son de mármol de Carrara, al igual que los ósculos decorativos ovalados  en  bajorrelieves, de Manuel Álvarez,  que rodean interiormente las columnas de la capilla. El trasaltar, también presenta un altorrelieve barroco en mármol de Carlos Salas.
Frontal de la Santa Capilla. El Pilar.
Grupo escultórico en mármol de Carrara. El Pilar.
     4.- Pilar de la Virgen.
     La tradición escrita sobre la naturaleza pétrea del pilar se decanta también por “jaspe”, aunque la contemplación del mismo por la parte de atrás de la Santa Capilla, en el lugar donde se venera y besa el pilar, hace pensar que se trate de otra caliza brechoide de naturaleza marmórea, semejante a la de las columnas que sustentan el cupulín interior barroco.

F) Altar mayor.
     El retablo del altar mayor, de comienzos del siglo XVI de Damián Forment,  fue tallado en alabastro, variedad criptocristalina del yeso, muy abundante en buena parte de los depósitos terciarios de la depresión del Ebro, sobre todo  en la próxima zona a Zaragoza situada entre las localidades de Fuentes de Ebro, Quinto de Ebro, Zaidín, Rodén  y Cincolivas.

Retablo en alabastro de Damián Forment.
G) Capillas laterales.
     La capilla donde destaca su contenido petrológico es la de San Antonio (ver plano). En ella, el retablo se compones de varios cuerpos con placas de calizas negras de Calatorao, calizas brechoides semejantes a las de la santa Capilla y calizas algales, comunes  en el muestrario geológico del interior del Pilar.

Calizas algales y marmóreas de la capilla de San Antonio. El Pilar.
      El conocimiento de estos datos petrológicos del Pilar debe permitir contemplar con otros ojos las obras de arte que este maravilloso templo contiene, además de comprender que cualquier  estructura arquitectónica de nuestro patrimonio cultural se sustenta sobre un soporte de naturaleza  geológica que resulta imprescindible para interpretar correctamente nuestra historia y sus manifestaciones artísticas.

lunes, 27 de febrero de 2012

Comprender la evolución humana

Hombre de Vitrubio. Leonardo da Vinci.
     Hace tiempo que muchas personas de alto nivel cultural e interesadas en conocer el proceso evolutivo de los seres humanos me comentan su gran dificultad para poder “seguir”  y aclararse sobre el mismo a través de los muchos libros publicados y artículos de revistas especializadas sobre el tema. Incluso al ver un reportaje o serie en televisión es difícil para muchos captar el orden de evolución de los humanos y sus nombres,  si no se está iniciado.  Es totalmente comprensible. Si uno se entretiene en revisar dichos trabajos publicados, la mayoría en los diez últimos años, se encuentra con un auténtico laberinto informativo lleno de enrevesados nombres de antiguos homínidos que, sí,  suenan algunos, pero no la mayoría. ¿Qué pasa? ¿Tanto ha cambiado el conocimiento sobre  evolución humana en los últimos tiempos? ¿Tan difícil es aclararse con los nuevos avances en la comprensión de las relaciones evolutivas de tantos y diferentes restos de “homínidos” encontrados recientemente? Es difícil el contestar que es sencillo seguir las continuas modificaciones  del cuadro filogenético de los humanos, ya que no lo es en absoluto, por lo que es necesario, desde luego, tomárselo con calma y estudiar bastante para llegar a tener una ligera idea de la situación actual. Y ese es otro problema: el encontrar la bibliografía y documentación  adecuada. No pretendo redactar aquí una clase sobre evolución humana, aunque sí el ofrecer  varios comentarios tranquilizadores a interesados con dificultades y una información visual muy válida y actualizada sobre la consideración más aceptada a día de hoy del  proceso evolutivo humano.

     En primer lugar hay que tener en cuenta que, y a pesar de los muchos y extraños nombres científicos de las especies  y de los yacimientos donde aparecen, sigue siendo muy escaso el número de restos fósiles de hombre. A esta dificultad se añade  la gran distancia geográfica, a escala continental generalmente, entre los lugares en los que aparecen sus restos,  que junto con las propiamente técnicas de datación, descripción y conservación, son razones que dificultan  la emisión de hipótesis sobre la relación de parentesco  entre ellos y su supuesto lugar asignado en  el orden establecido para su proceso evolutivo temporal. Estos resultados científicos  se establecen a partir de la observación de sus  medidas y  variaciones morfológicas esqueléticas, tanto craneales (especialmente) como  postcraneales. No es nada fácil el hacerlo. Por eso, nos queda como consuelo el pensar que incluso los investigadores en paleoantropología  son los primeros en ver las cosas de muy diferentes maneras entre ellos, modificando y alterando sus propias propuestas anteriores, a la luz de nuevos hallazgos y nuevas consideraciones respecto a sus primeros estudios. Pero así avanza la ciencia, reconociendo que es algo en continuo cambio sin menospreciar ni  atacar  a nadie  tachando de errores científicos los resultados anteriores, o de otros. Las cosas cambian porque se investiga y , como consecuencia, se modifican resultados.

Filogenia humana, según Tattersal, 1993.
          Muy conocida es la lista de humanos encadenados evolutivamente, con la idea de que uno procede inmediatamente del anterior, que muchos recordarán por haberla estudiado en su día, y que todavía hoy se puede ver en numerosos libros de texto de educación secundaria y bachillerato. Esta comienza con varias especies del género Australopithecus,  sigue con Homo habilis, Homo erectus, Homo neanderthalensis (con muchas variaciones de nombre en este caso), y termina, claro, en Homo sapiens. Sin embargo, en otros textos,  se dan una serie de datos descriptivos respecto a formas y estructuras craneales de homínidos, que unidos  a una gran cantidad de pormenores respecto a los vericuetos evolutivos de  nuestros ancestros resultan, a mi juicio, difíciles de comprender, además de excesivos y confusos para la mayoría de las mentes adolescentes (y para muchas adultas). A esto hay que añadir los cambios de nombre que algunos de los homínidos han tenido, al entrar en sinonimia durante el proceso investigador, con otros taxones (géneros o especies en especial) que ya estaban definidos, con lo que el lío montado es enorme para un profano o aficionado a la materia que quiera comparar y formarse por su cuenta con artículos especializados.


Filogenia humana, en evoluciona.org, de Eudald Carbonell.
     La Asociación Española para el Estudio del Cuaternario (AEQUA) publicó en el año 2009 una nueva Tabla Cronoestratigráfica del Cuaternario de la Península Ibérica, http://tierra.rediris.es/aequa/doc/Tabla%20AEQUA-v.2%202009.pdf,  realmente interesante (ver enlace), donde se recogen las novedades más significativas en los avances del estudio de los tiempos cuaternarios. Se incluye la datación del límite inferior, que pasa de 1,8 a 2,588 millones de años, recogiendo dentro del Cuaternario el antiguo piso plioceno llamado Gelasiense. También las variaciones paleoclimáticas a lo largo de esos millones de años según el estudio de la variación de isótopos del oxígeno; los indicadores bioestratigráficos en relación con los micro y macromamíferos; la evolución cultural humana según los restos líticos trabajados; y se establece también un cuadro filogenético de los humanos desde su posible origen y evolución,  supuesta en África, con sus migraciones a Asia y Europa hace más de 1 millón de años  por primera vez, y hace casi 50.000 años la segunda y final, en la que parece  iba en el mismo “tren” nuestro antepasado más remoto de la especie Homo sapiens. En las dos  gráficas evolutivas que ilustran este artículo  pueden verse  unos  sencillos pero significativos  esquemas        filogenéticos correspondientes a diferentes, aunque muy semejantes, propuestas de distintos autores sobre la evolución de los homínidos. Una, procedente de la página web evoluciona.org  de Eudald Carbonell, arqueólogo de Atapuerca,  con un buen nivel de detalle en dibujos craneales humanos y relaciones sugeridas entre especies, además de sus migraciones, estando remarcadas en un cuadro verde oscuro las relaciones y  procesos evolutivos de los taxones humanos registrados en Europa hacia los neandertales y en África, del Homo antecessor a Homo sapiens. La otra, la emitida por Tattersal, de 1993. Posiblemente la contemplación inicial de estos gráficos no aclare demasiado, de momento, las confusiones y líos mentales a las que hacía referencia al principio, pero puede ser un punto de partida fiable para interesados en el tema, pues la bibliografía al respecto es amplísima. Con la comprensión y estudio de cuadros filogenéticos como esos  es posible tener una visión general y de conjunto de todos los enlaces y procesos de evolución que la estirpe humana ha tenido desde su aparición en la Tierra hasta ahora. Veremos cuánto nos dura…


Recreación paleobiológica de Australopithecus afarensis




viernes, 24 de febrero de 2012

Educar en el respeto


     A modo de introducción diré que varios  comentarios de los que fueron mis alumnos del IES María Moliner de Zaragoza al artículo de este blog titulado “El miedo a enseñar” han inspirado este escrito. Nadie como ellos pudieron experimentar cómo, a veces, la relación entre alumnos y profesores  puede verse distorsionada si no se tienen en cuenta, por parte de todos,  una serie de factores relacionados con la sensatez y principios inamovibles  de educación básica que, como se suele decir, solo “se maman en casa”, pero se desarrollan también en la escuela.
     En estos complicados momentos de todo tipo que estamos viviendo,  también en educación, en nuestro país, se está empezando a ver una cierta animadversión (aunque personalmente pienso que siempre la hubo) hacia la enseñanza pública. Y eso no es patrimonio de izquierdas ni derechas, sino más bien el resultado de  la continuada  aplicación interesada  de normas educativas, o la falta de ella, junto a la  mediocridad gestora en  asuntos educativos  de casi todas las comunidades españolas. No es momento, creo, de sacar trapos sucios  de antaño o de resucitar el ya viejo complejo, por ambas partes, de señalar la mayor o menor calidad en la enseñanza definiéndose hacia lo privado o lo público. Conozco buenos, malos, y regulares profesores en todos esos ámbitos educativos, por lo que la transmisión de conocimientos puede estar en igualdad de condiciones académicas en los dos sistemas. Por  eso  es necesario mirar en qué sentido, en otro, nos tomamos las funciones y necesidades docentes de cara al alumnado. Si esa transmisión de conocimientos puede ser semejante, a grandes rasgos, entre los estamentos privados y públicos, ¿a qué es debido que en la educación pública se den, o se conozcan mejor, más casos del denominado “fracaso escolar”? La respuesta podríamos encauzarla hacia el conocido estribillo de que en la pública está acumulada la mayoría de alumnado con deficiencias académicas, de origen extranjero o de tipo étnico, por lo que las condiciones de partida no son uniformes, y por tanto eso significa un hándicap importante para obtener un deseado “éxito educativo”. Pero no puede ser el único motivo.


     La experiencia del docente en centros públicos de secundaria suele ser muy diversa. No es lo mismo dar clases en un instituto de una zona burguesa y pudiente, que en uno de barrios marginales y conflictivos. ¿Para qué entonces querer publicar, como ahora se pretende, listas de centros con resultados académicos para que los padres tengan una referencia antes de matricular a sus hijos? La decisión de un padre responsable está clara, ¿no?  Pero aun en los centros difíciles es posible ejercer la profesión docente con dignidad, sin agachar la cabeza, o ir atemorizados a enseñar. Reconozco que hay momentos duros y difíciles, pero se puede. ¿Cómo? Pues entendiendo que “enseñar” no es solo la transmisión de conocimientos tradicionales. En los primeros años de la LOGSE hubo muchos compañeros profesores que se resistían, y aún lo hacen, a ser denominados “educadores”, como si eso fuera una degradación en su ejercicio profesional. Muchos no entendían que ser “profesor”, que no “recitaconocimientos”,  es mucho más que lo que habitualmente estaban acostumbrados a hacer. Los más abiertos a acercarse a posturas de moderno enseñante progresista   (no hay nadie que se autodenomine otra cosa en ningún centro educativo) cayeron en la  seductora argucia intelectual de considerarse como “muy tolerantes” con el alumnado, y en especial con los que no cumplen con las más mínimas normas de convivencia, sin pensar que eso de la tolerancia lleva implícita una componente de superioridad que en absoluto es justa para con los demás, sean adultos o adolescentes.
     Y es ahí donde  varios de los comentarios que antes citaba de mis antiguos alumnos,  expresándome su agradecimiento durante los años que trabajé en el IES María Moliner de Zaragoza, se articulaban no hacia  los muchos o pocos conceptos, teorías, problemas, o postulados geológicos y biológicos que les pude haber enseñado, sino por haber, dicen con mucho sentimiento, ayudado a  educarles en el respeto. Reconozco  con orgullo que eso no es algo que haya oído muchas veces en mi ya dilatada trayectoria docente, pero después de reflexionar mucho sobre esa consideración, pienso que el no ejercer la tolerancia, en el sentido antes  expuesto, es algo bueno y constructivo, en lo que a educación se refiere. Estoy totalmente convencido que el respeto a personas e ideas (si son respetables) es capaz de estrechar muchos más lazos de unión y amistad que actitudes pseudoprogres de falsa tolerancia que no encubren  nada más que sentimientos frustrados de vivencias deseadas pero no ejercidas. Seguramente mi falta de tolerancia habrá sido considerada por más de uno como dureza o inflexibilidad; es posible que el obligar a respetar haya sido tomado como una imposición por algunos;  y que el propiciar un buen ambiente de trabajo en clase se considerase como un orden trasnochado y carente de sentido en una sociedad tan “tolerante” con casi todo. Pero, la verdad, no me arrepiento, sean los que sean los resultados “académicos” que se consiguieran, que siendo importantes para muchas opciones de vida, no los considero  los únicos fundamentales en la formación personal. Creo que es la mejor manera, la única en mi caso, que tengo de enseñar, de educar, en el sentido más profundo del término. Suelo agradecer muchísimo cuando me encuentro con un alumno por la calle que, sin decir nada antes, me recita de inmediato  algún concepto que les enseñé en su día, pero eso suele preceder a un entrañable saludo que se acompaña con frases que reflejan  una idea de alta valoración de la relación a la que llegamos, sin tolerancia, sin miedos, pero con mucho respeto mutuo.

jueves, 23 de febrero de 2012

Un libro de rocas y fósiles de Aragón


Portada del libro
       
       A Eladio Liñán y Leandro Sequeiros, paleontólogos.

       En los complicados tiempos de la transición democrática en España estaba empezando a funcionar la sección de geológicas en la Universidad de Zaragoza. Esta nueva carrera universitaria de la Facultad de Ciencias, poco conocida aquí, contaba con muy pocos alumnos matriculados, siendo la cuarta promoción de geólogos de Zaragoza, a la que pertenezco, una de las menos nutridas de la historia  de esta universidad, pues solo 12 alumnos conseguimos licenciarnos en 1981 de los 38 que empezamos en 1976. Teniendo en cuenta la consideración que todavía ahora se tiene de la geología como carrera “rara”  o minoritaria, imagínense entonces la opinión al respecto que tenían la mayoría de los que se dedicaban a otras disciplinas tradicionales de la ciencia, como muchos  químicos o matemáticos, por no mencionar ya  a los de humanidades. No era fácil encontrar un hueco comprensivo y respetuoso con esta ciencia en esa sociedad tan encorsetada.
     Pues es en ese difícil contexto social  cuando apareció la publicación motivo de este artículo de dos de nuestros profesores universitarios, andaluces ellos, que ejerciendo una emigración  de lujo, recalaron en la Universidad de Zaragoza y nos enseñaron, además de Geología, una de las disciplinas que más entusiasma  a jóvenes y mayores desde hace tiempo, como es la Paleontología. Los dos autores, Eladio Liñán y Leandro Sequeiros, actuales catedráticos de paleontología y reconocidos especialistas en trilobites del Cámbrico (Paleozoico) y ammonoideos del Jurásico (Mesozoico), respectivamente, fueron capaces de plasmar en su libro divulgativo titulado "Geología de Aragón. Rocas y fósiles", de la editorial Guara, y dedicado al gran científico aragonés Lucas Mallada, una necesaria serie de pinceladas básicas de la geología y paleontología aragonesas, tan desconocidas por casi todos, excepto por contadísimos especialistas, en esos primeros tiempos democráticos de avidez comunitaria de conocimientos científicos. La sencillez de su edición no disminuye en absoluto su utilidad, en especial para principiantes  y aficionados a temas geológicos, pues de una manera  clara y concisa logra obtenerse con su lectura un conjunto de conocimientos básicos respecto a la distribución de diferentes materiales geológicos en Aragón, así como se resaltan los principales lugares que han ofrecido a la investigación paleontológica numerosos y buenos ejemplares fósiles, hoy profundamente estudiados por el colectivo de paleontólogos  que, y desde entonces más aún,  han trabajado en la geografía aragonesa.
Una de las ilustraciones del libro. Autor: Leandro Sequeiros.

     Naturalmente que al contemplar hoy esa publicación muchos pensarán que, debido a su antigüedad y su contenido divulgativo, no es digna de mencionarse ni de tenerse en cuenta sus sencillos contenidos. Nada más lejos de la realidad. Por supuesto que es un trabajo antiguo; que sus esquemas y dibujos nada tienen que ver con los que acostumbramos a ver en la actualidad; que sus localizaciones de lugares de interés, yacimientos de minerales y fósiles, y las descripciones  geológicas son sencillas e intencionadamente poco detalladas. Pero, sin embargo, siguen siendo válidos sus sugerentes  propuestas de itinerarios geológicos,  su estructuración y descripción  general de las unidades morfoestructurales aragonesas, las descripciones y listados de fósiles  y, sobre todo, y aunque esto parezca algo subjetivo, su magnífica transmisión de entusiasmo que ellos hacen a la gente aficionada en general, y por supuesto también a su alumnado, en cuanto a la necesidad, urgente entonces, de tener que "hacer geología y paleontología", de tener que empezar a investigar y desentrañar los enigmas geológicos de una tierra que estaba despertando de un gran letargo. Y como muestra de lo que digo basta con leer este extracto de su Preliminar:

“Tiene en sus manos un libro popular y básico. No va dirigido a especialistas sino al hombre de la calle, al que viene y va por el Coso de Huesca, atraviesa el Viaducto de Teruel, recorre el Tubo de Zaragoza o vive en cualquier calle de nuestros pueblos.

Se dirige también a cuantos dedican su vida a la enseñanza y quieren interesar a los alumnos en los problemas geológicos de Aragón, así como despertarles la curiosidad científica, la observación y el sentido de la naturaleza.

Conocer Aragón significa también interpretar el entorno geológico que soporta nuestras ciudades, las obras públicas y las tierras de cultivo. Conocer el sentido de los profundos valles pirenaicos, la depresión del Ebro o las estribaciones de la Cordillera Ibérica”.

      Estaba en esas materias geológicas casi todo por hacer en Aragón, pero el empujón conceptual que supuso para muchos los contenidos de este pequeño libro, sin duda, permitió que muchas ramas y especialidades de la geología y paleontología tuvieran cabida en la mirada investigadora de muchos de los que  nos aventuramos entonces a estudiar y  hacer algo por el conocimiento geológico de nuestra tierra. Nos hizo sentirnos protagonistas. Aunque con muchos años de retraso, y por haber sabido enseñar y  transmitir ese entusiasmo, muchas gracias Eladio, muchas gracias Leandro.
 

Cita bibliográfica:

Liñán, E. ; Sequeiros, L. 1978.  Geología de Aragón. Rocas y fósiles. Colección Básica Aragonesa, nº 8. Guara Editorial, Zaragoza. 124 págs.

lunes, 20 de febrero de 2012

Las pirámides volcánicas de Güímar (Tenerife, Islas Canarias)

Pirámide de Güímar (Tenerife). Foto: E. Gil  (2009).


     Inicio esta entrada advirtiendo que, intencionadamente, en ningún momento doy en ella una  referencia bibliográfica de los datos que expongo a continuación, pues mi pretensión es comentar someramente lo peculiar y significativo que supone el estudio y contemplación de estas construcciones piramidales de Tenerife, en relación con la situación geológica de su entorno, y no un personal posicionamiento en cuanto a las afirmaciones tajantes, en varios y divergentes sentidos, que se pueden encontrar en las informaciones y referencias turísticas, históricas o científicas publicadas sobre este lugar.

     Con categoría de Bien de Interés Cultural y a unos 26 kilómetros de la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, se encuentra el Parque Etnográfico “Pirámides de Güímar” que ofrece la posibilidad de contemplar estas curiosas construcciones escalonadas, también llamadas  “Majanos de Chacona”. Se localizan en el municipio del mismo nombre en la costa sureste de la isla de Tenerife (Islas Canarias), siendo hasta  cinco las construcciones visibles con forma de pirámides escalonadas de base rectangular.


Pirámide. Detalle de las aristas con bloques tallados.

     Su construcción ha sido encuadrada históricamente por algunos en la segunda mitad del siglo XIX, época de la explotación económica en Canarias de la cochinilla, un insecto parásito de la chumbera del que se extrae un tinte muy apreciado. La explotación de la cochinilla resultaba entonces muy rentable, por lo que se prepararon para su explotación numerosas fincas de la zona que, hasta ese momento, habían permanecido estériles debido a la mala calidad agrícola del terreno volcánico. Al parecer, y siempre según el criterio arqueológico, las piedras extraídas en la limpieza de estas fincas se almacenaban formando las estructuras piramidales, y hasta hace pocos años la memoria oral de los muy ancianos del valle de Güímar recordaba esos trabajos de limpieza y amontonamiento de piedras. En el caso de las de Güímar, existen tanto un acta notarial de compra de la finca, fechada en 1854, en que la presencia de las pirámides no se menciona, y un documento de partición fechado en 1881 en el que estas extrañas estructuras son mencionadas por primera vez, por lo que la fecha de construcción queda acotada por los técnicos en el intervalo de 1854 a 1881.

Sección de un muro de la pirámide. ¿Amontonamiento de piedras? Foto: E.Gil (2009)
Pirámide con escaleras en su lado oeste.

Caldera de Pedro Gil, Tenerife.


     En 1991, varios investigadores del Instituto de Astrofísica de Canarias descubrieron que el complejo principal de las Pirámides de Güímar está orientado astronómicamente. Es decir, este complejo señala, por un lado, la puesta de Sol el día del solsticio de verano y, por otro, la salida del Sol el día del solsticio de invierno. Descubrieron también el fenómeno de la "doble puesta" o “baile del Sol” el día del solsticio estival: el Sol se oculta primero tras un saliente del borde de la caldera volcánica llamada de “Pedro Gil”, reaparece por un instante, no más de 5 minutos, al superar dicho saliente y se oculta, finalmente, por el fondo de la caldera. Las orientaciones solsticiales hicieron pensar a algunos que las Pirámides eran antiguos templos. No hay, no obstante, indicación alguna de ello y, en todo caso, de la orientación solsticial, por sí sola, no es posible concluir nada relativo a la fecha de construcción. Sin embargo, la orientación del complejo piramidal, de NO a SE en su eje mayor, junto a las supuestas pretensiones astronómicas del conjunto, parece que tiene que ver ahora, además, y siempre según esos investigadores en astrofísica, a las aficiones masónicas de los dueños decimonónicos del terreno en el que están las pirámides.

Vista general de las Pirámides de Güímar, Tenerife. Foto: E. Gil (2009)

Alineamiento de estructuras piramidales.

Alineamiento en sección.

    En fin, todo esto es el resultado de investigación de personas, en primer lugar, dedicadas a esclarecer lo misterioso de estas pirámides de Canarias, y por otro, por el empeño de científicos en desmontar el supuesto esoterismo que rezuma su origen y construcción. Los estudios arqueológicos concluyen que la datación de las pirámides es del siglo XIX. ¿En qué se basan para esta datación? Los métodos conocidos de datación son de tipo relativo y absoluto. Si han usado alguno relativo, ¿con qué han comparado? Si es absoluto, ¿qué técnica utilizaron sin mencionar ningún material datable? Por otro lado, las excavaciones hechas en las pirámides descubren que no son macizas con rocas iguales a las que se ven desde el exterior, sino que están rellenas de lapilli volcánico (material muy fino no superior a los 2 cms de tamaño), lo que se opone claramente a la idea de que son amontonamientos de piedras obtenidas en la limpieza de campos cercanos. Si en una de esas excavaciones hechas  allí se encuentran, como así fue, restos de habitación o cobijo con restos líticos y, al parecer, funerarios, ¿por qué no se dataron esos restos? Si tenemos en cuenta ahora las actuales ideas relacionadas con los masones, o su intervención en la construcción de las pirámides, y sus apetencias astronómicas, ¿era un entretenimiento colocar las piedras de limpieza de campos en forma piramidal para, de paso, satisfacer sus ideas esotéricas semiocultas y prohibidas en la época? Todo esto no se sostiene, aunque los científicos del Instituto de Astrofísica de Canarias lo diga y mantenga, pero, ¿realmente han demostrado algo claro? Yo creo que no. ¿De verdad ustedes piensan que las piedras sobrantes del acondicionamiento de los campos circundantes se ordenan así, formando esas grandes formas piramidales, tan perfectas, con esquinas de bloques tallados y alineados, para nada? ¿Por capricho esotérico de unos pocos canarios aficionados a la masonería y sus ocultismos? Creo que queda mucho por investigar. Vayan a ver esas pirámides, piensen y opinen, merece la pena.
Güímar al fondo, desde la cabecera de valle de la caldera de Pedro Gil






viernes, 17 de febrero de 2012

Las flores del jardín docente

Árbol de la ciencia

     A alguno que  lea  esto le parecerá una rabieta infantil; a otros  envidia; y a los que me conocen,  simplemente que es  un desahogo intelectual respecto a un tema hiriente que se vive a diario y con resignación en los institutos de hoy. Es difícil encontrar un claustro de profesores de secundaria en la enseñanza pública, la privada la dejo para otro día, en el que los profesores que lo componen hayan entrado a dar clases de ESO y Bachillerato por el mismo sistema de selección.
     A partir de 1977, con los famosos pactos de La Moncloa, se crearon en España muchos centros educativos que tuvieron que dotarse de un profesorado contratado, los interinos o PNN, para poder afrontar las necesidades educativas del momento. Muchos de ellos eran recién licenciados de  las universidades españolas que en los últimos años del franquismo, con tanto conflicto reivindicativo social, habían conseguido las calificaciones de ciertas asignaturas, aunque no en todas, claro está,  gracias al denominado “aprobado general” que muchos profesores universitarios, por miedo, por adhesión a la causa, o por comodidad, pusieron de moda durante ese decenio. Así pues, los años 1978 y 1979 los institutos se vieron florecientes de  jóvenes profesores, ávidos de democracia e igualdad, que manifestaban sin tapujos su progresista reivindicación a favor del cuerpo único, en detrimento del tradicional y rancio cuerpo de catedráticos de bachillerato. En los años  79 y 80 hubo oposiciones restringidas, no libres, para que esos profesores pudieran obtener una plaza de funcionario en el cuerpo de de agregados.  Hasta aquí nada que objetar  en este breve  relato de la situación de ese momento, pero la cosa se complica en  los 80.
     Durante esa década, los centros educativos se colapsaban  con el personal interino que no consiguió aprobar las oposiciones restringidas, siendo muy especiales y limitadas las convocatorias de oposiciones libres para ser profesor numerario titular, que aunque eran anuales, se caracterizaban por una ridícula cantidad de plazas convocadas, siendo solo 6, 8, o 40 como mucho, las plazas que se convocaban año tras año para toda España para hasta 3000 opositores por especialidad , con el consiguiente perjuicio producido a los nuevos licenciados que salíamos en esos años de la universidad, que se enfrentaban a una penosa situación personal en cuanto a perspectivas laborales. Mi esposa,  también geóloga como yo, obtuvo su plaza por oposición al Cuerpo de Profesores  Agregados de Bachillerato en 1987, pues no había convocatoria desde 1984 a catedráticos por las presiones  del “cuerpo único”, y yo en 1988, teniendo que realizar entonces nuestro correspondiente año de prácticas docentes durante ese curso  a partir de la fecha de aprobar la oposición. Pues bien, curiosamente, en 1990 se convocaron oposiciones “restringidas” para ser catedrático, o mejor dicho, para obtener la “condición de catedrático”, para lo cual era requisito imprescindible el llevar, al menos,  8 años de ejercicio de la profesión en centros públicos.  Vamos, como vulgarmente se dice “blanco y en botella”, era una maniobra para que la gente que a finales de los 70 entraron contratados y consiguieron ser funcionarios con oposiciones restringidas al poco tiempo, ahora,  se les premiaba una vez más  su labor convirtiéndoles, con otras oposiciones restringidas, en catedráticos. Y digo oposiciones restringidas por no decir mascarada total, pues consistían en algo así como presentar un trabajo didáctico que podía hacerse en común y exponerlo personalmente ante un tribunal. Imagínense la grotesca situación que se generó, todos los del “cuerpo único” y por tanto  contrarios a las cátedras,  presentándose ahora  a sus particulares oposiciones a cátedras a la señal de ¡ya!
Niños brazo en alto antes de entrar a su escuela. Años 50.
     Pero no acaba aquí la historia. A principios de los  años 90, se modificaron las enseñanzas de las antiguas Universidades Laborales, con lo que al profesorado de las mismas, y se pueden imaginar el comité y forma de selección que tuvo esa gente en época franquista, se les nombró, así sin más, catedráticos de instituto, con derecho a ocupar las plazas, en las que se valora la antigüedad en la enseñanza, en igualdad de competencia con el resto. Sin convocatoria de cátedras y con los “compañeros” docentes de las laborales en los institutos, era verdaderamente difícil acceder a una plaza deseada desde un destino impuesto por las circunstancias, que solía ser una pequeña localidad al margen de tus intereses personales. En esos años, comienzos de los 90, se unificaron también los cuerpos docentes de Formación Profesional con el de Agregados de Bachillerato, extinguiéndose también, a la vez, el Cuerpo de Catedráticos de Bachillerato, denominándose  a partir de entonces, y de manera unificada, Cuerpo de Profesores de Educación Secundaria (PES). Este hecho produjo de nuevo un gran  perjuicio  profesional   a  los agregados de bachillerato al equiparar dos cuerpos en los que las oposiciones eran diferentes en dificultad y contenidos, de 50 temas de temario de oposición en los de FP, mientras que los de agregados eran de 100 temas, por lo que había sido mucho más fácil obtener plaza en FP, o sacarla antes, consiguiendo destino definitivo con anterioridad  y acumular puntos para un concurso de traslados a centros y localidades deseadas también por los agregados. Además, a mediados de los 90, y con la nueva ley de educación (LOGSE) en marcha, se permitió a los profesores de Educación General Básica (EGB) que accedieran también a los institutos para dar el entonces primer ciclo de secundaria obligatoria, 1º y 2º de ESO, pues al eliminar esos cursos de los colegios de educación primaria podían “acompañar” a sus hasta ahora alumnos en su nueva andadura en el instituto. Este acompañamiento ha podido hacerse  hasta  los primeros  años 2000. Por supuesto, este hecho repercutió negativamente en la distribución horaria de cursos y grupos de los docentes, así como, y me atrevo a decirlo, a la “egebeización” de los centros de secundaria.
      Pues bien, después de todo esto, todavía  a día de hoy no se han convocado oposiciones a cátedras a instituto, contempladas en la Ley Orgánica de Educación (LOE) como concurso de méritos. Pero al margen de eso, cuando desde la administración se pide unidad de acción a los centros educativos argumentando que  es bueno pedagógicamente el que haya una intervención conjunta y uniforme en temas de conducta,  formas,  hábitos y contenidos,  y maneras de tratar el hecho educativo, sea verdaderamente complicado hablar en el mismo idioma docente o desde un punto de vista común, sobre todo  en cuanto a la necesaria consideración de valorar el esfuerzo personal para conseguir unos objetivos. Todo es distinto, desde la concepción de servidores públicos que muchos tenemos, hasta la consideración de los adolescentes como personas en formación; en el tratamiento educativo del alumnado con problemas, hasta la concepción de la educación democrática, progresista y de calidad que muchos, como docentes comprometidos, queremos para el segmento de nuestra sociedad más sensible, como es el de la adolescencia. ¡Menudo jardín! Afortunadamente, y gracias a la normativa democrática de la ley del funcionariado, esos mártires de la educación  que han sido esos colectivos docentes antes citados, se han ido jubilando poco a poco al cumplir los 60 años, salvo contadas excepciones. Por suerte, digo, vamos soltando lastre en educación.

miércoles, 15 de febrero de 2012

La Geología de Capadocia (Turquía) en la obra pictórica de Ertugrul Önalp

Chimeneas de hadas, Capadocia. Foto: E. Gil.

     Uno de los lugares más fascinantes del planeta, tanto desde un punto de vista histórico como natural es la región de Capadocia, en la zona central de Turquía. Quienes han tenido la suerte de visitarla habrán contemplado  las peculiaridades que se ofertan al viajero como auténticos caprichos de la naturaleza, respondiendo a  un tipo de modelado terrestre que no es ajeno a otras partes del globo, pero que allí, por tratarse de materiales de naturaleza volcánica sobre los que se produce, se manifiesta con fuerza y contundencia, siendo originado por la acción de feroces aguas de escorrentía superficial junto a la acción perfilante del viento.

Capadocia. Pintura de E.Onalp.

     Ertugrul Önalp,  abogado y catedrático de Filología hispánica por la universidad turca de Ankara, donde es profesor, se ha dedicado desde hace muchos años a una de sus pasiones: la pintura. Especialista en pintar imágenes y escenas nocturnas, intenta plasmar, desde su peculiar técnica pictórica, numerosos elementos naturales en los que aparece necesariamente el  soporte geológico del área natural  que refleja  en su pintura. Desde 1985 que visitó por primera vez España, viviendo durante un tiempo en Madrid, han sido muchas las veces que ha vuelto a nuestro país, tanto por razones profesionales como personales, razones por las que tuve el gusto de establecer con él, en sus también sucesivos viajes a Zaragoza, una fluida relación personal que me hizo conocer bien su obra. Nuestra modesta colección familiar de piezas artísticas se enriqueció decisivamente con la incorporación de varios de sus cuadros, muchos con escenas nocturnas de las calles zaragozanas, donde queda plasmada la gran habilidad y fino “oficio” que Arturo (esa es la traducción de Ertugrul) es capaz de transmitir a través de la pintura.
Chimeneas de hadas en Capadocia. Pintura de E. Onalp.
     Por todo ello creo necesario resaltar, y  especialmente  en un blog dedicado a la naturaleza geológica y educación, la aportación pictórica  de Arturo  en relación con la antes citada naturaleza geológica de la Capadocia. Los famosos relieves de esa zona geográfica denominados “chimeneas de hadas”, que presentan un peculiar “gorro” producido por la diferencia de dureza y resistencia a la erosión de distintos materiales, se muestran en sus cuadros como verdaderos guardianes de la quintaesencia natural de la zona, sin ser sometidos en ningún momento, ni su entorno, a la vorágine distorsionante de la modernidad. Los paisajes campestres con estructura urbana, que recuerdan en parte a algunas pinturas naif, hacen fijarse en su fondo o decorado natural rocoso, que no es sino el residuo erosivo de depósitos de naturaleza volcánica sometidos a los muy  intensos procesos  de remodelación que han actuado allí durante los últimos millones de años, lo que le confiere su peculiar y espectacular relieve. Localidades como Uchisar, uno de los  centros neurálgicos de la Capadocia, aparece pintado con su resalte pétreo de antigua ocupación cavernícola, como el bastión geológico de una zona castigada, pero preservada así  por la madre naturaleza, y que a través de sus fuerzas y expresiones geológicas ha permitido que ahora se contemple con tanta belleza natural.
Paisaje rural de Capadocia. Pintura de E. Onalp.
Paisaje con cárcavas en materiales volcánicos en Capadocia.
 Al fondo, Uchisar. Pintura de E. Onalp.
Piasaje "lunar" de Capadocia. Foto: E. Gil.
     La última exposición en Zaragoza  de Ertugrul Önalp fue en el año 2002. En ella participé diseñándole un modesto catálogo de la exposición de pinturas nocturnas hechas en Zaragoza, y  en el que introduje un preámbulo que creo,  y salvando las distancias, puede servir para entender mejor su pintura geológica de la Capadocia turca:

La contemplación de las pinturas
nocturnas de Arturo sugiere, al menos, dos
cosas. En primer lugar hace recordar
multitud de imágenes registradas y
almacenadas en nuestra memoria durante
las largas y frías, aunque animadas, noches
 invernales de las calles zaragozanas.

Y por otro lado, la precisa y
magistral pincelada del autor supera
barreras impresionistas para introducirnos
en estas escenas llenas de movimiento, de
prisas, casi vistas de reojo, pero inmersas en
un ambiente de sosiego, paz y tranquilidad
que solo puede plasmarse así en una pintura
cuando personalmente se posee este tipo de
cualidades.
Enrique Gil Bazán (2002).
Paisaje de Capadocia, con Uchisar al fondo. Pintura de E. Onalp.

Paseo de la Independencia, en Zaragoza. Pintura: E. Onalp.



lunes, 13 de febrero de 2012

La conservación de la Sierra de Javalambre (Teruel, Valencia)

Cartel promocional de Javalambre de "Ecologistas en Acción, OTUS" de Teruel.

     En mayo del 2007 se declaró Parque Natural la zona valenciana de la Sierra del Javalambre, en el Rincón de Ademuz, pese a las muchas protestas de los pocos vecinos de los pueblos circundantes. La zona aragonesa de la sierra sigue sin declararse Parque Natural, aun estando incluida como Espacio Protegido de la Red Natura 2000. Respecto a esta situación el grupo conservacionista “Ecologistas en Acción, OTUS” de Teruel, con la pretensión de promover el conocimiento y divulgación de esta preciosa sierra,  ha editado a comienzos de este año 2012 un póster en el que se presenta un montaje fotográfico con algunas imágenes relativas a los valores naturales del Javalambre. Con anterioridad, y desde 2008, han sido muchas las acciones de este y otros colectivos ecologistas las encaminadas a   impedir la instalación allí de un parque eólico para generar energía eléctrica, con diversas y variopintas manifestaciones junto a las pistas de esquí  y en el mismo vértice  geodésico del pico Javalambre.
     Ecologistas en Acción de Teruel, en su página web, expone diversas consideraciones respecto a la instalación de un parque eólico en el Javalambre, así como promociona la publicación del póster antes citado. Naturalmente que en la mayoría de sus postulados estamos totalmente de acuerdo, sobre todo en lo referente a la necesaria conservación medioambiental del entorno del monte Javalambre, intentando que no se prodiguen por allí demasiadas manifestaciones constructivas humanas que tanto distorsionan el entorno natural. Aunque creo que algunas de sus apreciaciones pueden malinterpretarse desde la ignorancia en temas ecológicos o distorsionar la idea que muchas personas de bien tienen de lo que es una “agresión ecológica”.
Destrozo del ecosistema de Javalambre para construir pistas de esquí.
     Si revisan esos artículos referentes a Javalambre verán que la información que se ofrece parece algo confusa y contradictoria. En primer lugar, se ensalzan las riquezas medioambientales de toda la sierra destacando sus maravillosos “paisajes” y  sus “singulares especies vegetales y animales”, sin que en ningún momento se nombre nada relacionado con las peculiaridades geológicas de la zona, que son muchas, y que han sido las principales causantes de que la sierra sea una sierra así, y no de otra manera. ¿Desconocimiento del tema? Seguramente  así sea. En segundo lugar, se señala como una futura agresión ambiental de gran impacto la intención de construir una carretera de acceso desde Camarena de la Sierra hasta la zona de las pistas de esquí. Que yo sepa esa carretera irá por el ya abierto hace años camino forestal, que acerca varios kilómetros esa localidad a la cima de la montaña. Por tanto, el  supuesto destrozo que  produciría la realización de un nuevo vial se vería minimizado al usar una infraestructura ya en uso. Me imagino que a sus reivindicaciones  en la cima del Javalambre no habrán subido por esa senda, llena de agujeros y terraplenes, sino por la buena carretera que asciende desde La Puebla de Valverde, porque ¿no habrán ido andando o en bicicleta, verdad? Y habrán aparcado cómodamente en la gran explanada asfaltada junto a las pistas de esquí ya existentes, e incluso se habrán tomado un café (esto es pura especulación) en el maravilloso bar-restaurante de la Estación de Esquí de Javalambre. Entonces, ecológicamente, ¿condenamos pues a las gentes de los pueblos del sur y oeste de la sierra a dar una considerable vuelta de 50 o más kilómetros para subir al Javalambre en las mismas condiciones que el resto? ¿Es que eso no produce mucho más consumo de gasolina (combustible fósil) y producción por tanto de mucho más CO2 a la atmósfera, con el consiguiente incremento del efecto invernadero que ayudará a acelerar el cambio climático? ¡Qué demagógico, ¿verdad?, diran algunos! Pero real. ¿O no oímos eso cuando se nos reprocha ir a un centro comercial de las afueras de las ciudades en coche?
Protesta ecologista en la cima del Javalambre en contra de los parques eólicos.

     Y en tercer lugar, la protesta airada y teatral (se representó una escena quijotesca en la cima del monte) en contra de los aerogeneradores, parece un tanto exagerada. Me explicaré. El proyecto de instalación del parque eólico supone  la instalación de 12 molinos. Puede que parezcan muchos o pocos, según cada cual, pero estarán situados a más de 20kms de la zona o espacio natural de especial protección: uno estará en Camarena de la Sierra, otro en la Puebla de Valverde, y diez en Cubla, localidad esta última muy alejada del entorno "bonito" y protegible y a una altitud mucho más baja. Además de estos, en Manzanera se instalarán, ya está decidido, dos aerogeneradores pequeños que permitirán reducir la factura de la luz a los vecinos de esa localidad. ¿De verdad esto es como para montar la que han montado los autodenominados ecologistas? Por supuesto que hay que estar alerta para que se conserve la naturaleza, que se estropee lo mínimo en cuestión de espacios naturales, que se vigile, se establezcan reglas, que no se destruya, que se respete… pero tenemos que plantear problemáticas reales que conduzcan al desarrollo de los pueblos, es decir, un verdadero desarrollo sostenible.
Mapa del Rincón de Ademuz indicando, en verde, la zona declarada Parque Natural.

     Desarrollo sostenible que no se consigue solo con la declaración de Parque Natural a todo espacio “verde y bonito” que nos encontremos. ¿Se han parado a pensar el porqué se ha declarado así a la porción valenciana de la Sierra de Javalambre en el Rincón de Ademuz que tanto se nos pone como ejemplo? Por sus valores medioambientales, seguro que sí, no nos cabe la menor duda..., pero hay más. Seguramente casi nadie sin formación en ecología caerá en la cuenta de que es mucho más barato gestionar una zona declarada de “interés natural”, ya que su normativa limita enormemente las posibilidades de uso  y por tanto de inversión en su terreno, por lo que así  se estrecha oficialmente la vía de solicitar desde la zona la ejecución de infraestructuras sociales, industriales, o de otro tipo. Los requerimientos ecológicos, desviados intencionadamente hacia lo “turístico”, suelen ser el principal argumento de aplicación respecto a zonas que no tienen interés hiperdesarrollista, están alejadas de la metrópoli (en este caso Valencia), o simplemente se quiere que no molesten en la ejecución de otros planes más rentables económicamente. La  comarca valenciana del Rincón de Ademuz, que casi no figuraba en los mapas hasta hace poco para los valencianos de la costa, con su legítimo derecho a progresar y solicitar mejoras sociales, se ha visto frenada radicalmente ahora por la “gran consideración” medioambiental que se ha tenido con ella al ser declarada por la Generalidad Valenciana, al menos en su mitad Este, como Parque Natural, con la oposición casi masiva de sus gentes, supongo que pretendiendo, y con el pretexto demagógico de conservar la naturaleza de la zona, de dejar allí aparcadas las esperanzas y anhelos de progreso, comunicaciones e inversiones de mantenimiento de lo poco que hay, de una población tradicional y secularmente olvidada. Ningún colectivo “ecologista”  ha protestado por eso, que yo sepa.  Como si los humanos no formáramos parte del ecosistema a conservar.