¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Zaragoza, Aragón, España.

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martes, 7 de diciembre de 2021

Crisis climática, Geología y Educación Secundaria

 

Reconstrucción paleogeográfica global durante el último máximo  glacial (hace 20 000 años). Fuente jan.ucc.nau.edu.

La proliferación en los últimos tiempos en nuestro país de modernas instalaciones museísticas dedicadas a la exposición de restos fósiles de diferentes edades, donde se mezcla lo lúdico y lo didáctico, ha permitido un descubrimiento y acercamiento masivo del gran público a la Paleontología, convertida en la actualidad en una de las especialidades de la Geología más populares. Sin embargo, la aparente sintonía existente entre el mundo de los fósiles y la sociedad, impulsada desde hace tiempo por la gran influencia de conocidas producciones cinematográficas y de los medios de comunicación, contrasta de manera muy significativa con la consideración objetiva que tiene nuestro sistema educativo por esas disciplinas, que se evidencia por sus casi inexistentes contenidos curriculares académicos incluidos en las leyes educativas. Esto justifica el lógico desconocimiento generalizado respecto a la necesidad de incentivar la investigación geológica y paleontológica, que junto al soporte técnico que ofrecen otras disciplinas, resulta ser la principal fuente de información utilizada como referencia obligada para comprender e interpretar científicamente distintos aspectos de la actual crisis climática y ambiental del planeta.

Los datos obtenidos al investigar épocas pasadas de la Tierra han permitido saber que los grandes fenómenos climáticos ocurridos a lo largo de su historia han sido la causa de procesos de extinción, aparición, y evolución de muchas especies de organismos, y han servido como base para la reconstrucción de variados ambientes paleoecológicos. Por ello, la  extrapolación actualista de la interpretación del pasado terrestre permite detectar mejor y comprender determinados indicios de cambios ambientales del presente, sea cual sea su origen, y servir para predecir, prevenir y corregir la repercusión planetaria de posibles eventos climáticos venideros. Por tanto, una adecuada formación académica paleoambiental se hace imprescindible para entender bien cómo el estudio y conocimiento de los eventos ecológicos del pasado conducen a una correcta interpretación de los argumentos científicos que explican el cambio climático actual. La falta de esa formación paleoambiental supone, en primer lugar, un importante vacío cultural en temas que son necesarios para comprender los porqués de los fenómenos climáticos actuales y pasados del planeta, y segundo, puede producir un más que probable error de interpretación del origen real de los problemas ambientales, naturales o antrópicos, que repercuten muy negativamente en el ecosistema humano actual, y posiblemente también en el futuro.

La formación de temática geoambiental recibida actualmente por el alumnado de Educación Secundaria de nuestro país se obtiene únicamente a través de  los contenidos curriculares de Geología incluidos en algunas materias de Ciencias Naturales. En concreto, en Biología y geología  en 1º y 4º de ESO (Educación Secundaria Obligatoria), y en Geología de 2º de Bachillerato (BAC). De estas, únicamente la de bachillerato presenta contenidos conceptuales con profundidad suficiente para que el alumnado pueda comprender el significado e importancia de la Paleontología, y la repercusión social que esto supone en la actualidad. Otra asignatura del bachillerato, también optativa, denominada Ciencias de la Tierra y medioambientales incluye algunos contenidos relacionados con el origen y evolución climática del planeta, lo que requiere poseer para su correcta comprensión conocimientos previos  de los ámbitos de la química, física y  geología.

En los últimos tiempos muchos colectivos sociales de todo el mundo han expresado la necesidad de una mayor concienciación ecológica e implicación de los países y sus gobiernos en ofrecer soluciones eficaces a la actual y muy conocida crisis medioambiental. Esta demanda surge como consecuencia del  incremento de interés y preocupación por la negativa repercusión en el entorno de multitud de eventos dañinos que atentan gravemente contra la conservación del planeta, estando este reivindicativo fenómeno social conservacionista también muy extendido en nuestro país. Sin embargo, este hecho contrasta, sorprendentemente, con el porcentaje mayoritario de alumnado que opta por no cursar las pocas asignaturas relacionadas con las ciencias naturales en la Educación Secundaria, lo que significa que casi la totalidad de la juventud que termina sus estudios secundarios se incorpora al mundo laboral o universitario sin haber recibido jamás formación específica básica en ciencias de la Tierra y medioambientales. Un bajo o nulo nivel académico en contenidos de geología, paleontología, o en ambientes ecológicos del pasado de la Tierra genera un importante problema de carencia formacional en nuestra sociedad de impredecibles consecuencias futuras, sociales y medioambientales.         

Los posicionamientos institucionales relativos a una actuación social ambientalista, respetuosa y vigilante de la conservación del entorno natural y enmarcada en los principios del desarrollo sostenible, deben estar fundamentados en los resultados ofrecidos por la ciencia, lo que implica un compromiso  que requiere una actuación urgente en nuestro sistema educativo que incremente la carga curricular geológica, paleontológica y medioambiental en más niveles de la Educación Secundaria, de forma general, transversal y no opcional, con el fin de asegurar el desarrollo de una futura sociedad verdaderamente preparada para interpretar las diferentes variables, naturales y antrópicas, del proceso de evolución climática en el que estamos inmersos. Ese objetivo pasa ineludiblemente por una intervención docente donde se describa, explique y fundamente más contenido educativo relacionado con la  contextualización geológica de los paleoambientes conocidos de la Tierra, sus posibles orígenes y causas, y su demostrable relación directa con el actual funcionamiento de la máquina climática terrestre.

 

 

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Geólogos y clima.


    


     ¡Qué difícil resulta hoy en día decir algo de cualquier tema que se separe  de lo políticamente correcto o de lo que diga la marea de opinión predominante! Y más cuando se trata de  temas relacionados con la ecología o  el medio ambiente. Parece que esa disciplina no admite ninguna opinión o crítica a la firme y mediáticamente establecida. No se trata de ser disidente  porque sí, o por llevar tozudamente la contraria. Se trata de querer y poder expresar de la manera más honesta, y con base científica,  una serie de datos y conclusiones contrastadas que no se acercan mucho a lo que desde los medios y  algunas instituciones políticas quieren que sea la información única y monolítica que se debe tener para  sentirse progresista sin tacha alguna, buena gente, solidarios, respetuosos con el entorno, y me atrevo a decir aún más, a no parecer  un reaccionario. Sí…, es muy difícil.

       Es tan difícil como  encontrar a alguien que no se haya enterado todavía de que se está produciendo el inicio de un cambio climático en el planeta. La machacona  información en los medios respecto a la necesidad de hacer algo en contra de actitudes  humanas que son las causantes de un incremento desmesurado del efecto invernadero por una mayor emisión antropogénica de gases, sobre todo el dióxido de carbono, el CO2 , es algo que asusta, aturde, cuando no aterroriza, a una multitud de bien pensantes que, sin tener mucha formación medioambiental, traga sin rechistar los augurios del negro futuro que le espera a la humanidad y del que es totalmente causante.
  
         La vida cotidiana de la gente de hoy  gira en torno a una serie de lógicas y necesarias recomendaciones/imposiciones en relación a lo natural. No hay día en que no se reciba información respecto a lo que hay que hacer. Reciclar todo tipo de materiales que se usen o reducir el consumo de agua son algunas de las indicaciones para que se viva en una necesaria armonía con la naturaleza. Todo esto está muy bien y es necesario generar una conciencia conservadora en la ciudadanía, aunque debería completarse con la tercera “R”. Lo de reutilizar se oye menos pues todo está hecho para usar y tirar y, claro, no les conviene. La última y más contundente recomendación en la actualidad es la reducción drástica del uso del plástico.



     Veamos ahora alguna cuestión que puede hacer pensar a los que siguen estos preceptos si realmente están más cerca o no de cuidar  la naturaleza actuando según lo establecido como correcto. Si se analiza con detalle el tipo de materiales y productos manufacturados que utilizamos en nuestras vidas occidentales veremos que es ingente la cantidad de recursos naturales que usamos y necesitamos. Por ejemplo, plástico por todas partes: cepillos de dientes (antes eran de madera y cerdas); vasos y recipientes alimenticios varios (incluso un cubo triple de plástico para el reciclado); material escolar y de oficina; ropa y zapatería (piel o plástico); más todo lo referente a la comunicación, móviles, ordenadores, etc. En lo relativo a la alimentación sería necesario todo un tratado al margen para desgranar el “abusivo” empleo de plásticos y otros derivados del petróleo en el transporte, distribución, empaquetado, exposición y venta al por menor de todos y cada uno de los alimentos que se consumen. Todo está pensado para que nuestra vida sea fácil y cómoda, a lo que se añaden conceptos relacionados con la higiene y la seguridad en el consumo. Nadie compra un producto alimenticio sin los comprobantes de haber pasado por todos los controles sanitarios que deben estar, y están, expuestos en una etiqueta impresa en el envoltorio. ¿Envoltorio de qué material?: de plástico, papel celofán, cartón, madera… Nos parece exagerado que así sea, pero, ¿lo compraríamos sin envoltorio y/o sin esa información sanitaria?

        Nos han educado y nos hemos acostumbrado a la comodidad y seguimos educando en el confort absoluto a toda nuestra juventud. Los hay que pasan penurias económicas en sus casas para alimentarse, pero no verás que les falte su teléfono móvil o sus actividades lúdicas de pago. Y también los hay que defienden enardecidamente las tesis ultraconservacionistas pero no dudan en comprarse un coche todo terreno cuando llegan a tener hijos, pues lo necesitan, les da mucha autonomía (dicen) y quieren lo mejor para su prole. A esos mismos les parece fenomenal que una pobre niña, utilizada y manipulada por padres y autoridades, vaya dando tumbos por el mundo diciendo que está llegando ya la sexta extinción masiva en el planeta. Dicen que esos gestos conciencian mucho. ¿Sobre qué? ¿Sobre, por ejemplo, la necesidad de reducir el transporte en avión por ser muy contaminante como ella hizo? Pues se debería pedir también, por coherencia, que se prohíba el consumo de alimentos que no son de proximidad. Desechemos aguacates, mangos, plátanos canarios o cualquier otro producto de fuera. Y, por supuesto, usar solo los electrodomésticos, ordenadores, móviles, y cualquier otra cosa que se fabrique aquí cerca. ¿Seremos capaces?


       Hay gente muy harta de ver a todos esos “defensores de la naturaleza” a ultranza hacer exactamente lo mismo que ellos. Usan el mismo ascensor, la calefacción de su vivienda, tienen coche, llevan a sus niños pequeños en cochecitos que parecen pequeñas naves espaciales, están a la última en productos tecnológicos, visitan de vez en cuando santuarios naturales como buenos amantes de la naturaleza que son, aunque estén a muchos kilómetros de su residencia, y procuran comer los productos llamados ecológicos y, si es posible, de comercio justo, pues así hacen algo por los prójimos que viven a 15.000 km, en países subdesarrollados, pero que hacen lo que pueden por salir adelante, entre otras cosas enviar para vender sus cafés y artesanías a  Europa, aunque se contamine mucho en el viaje. ¡Pero en ese caso tiene una justificación!

       Nadie medianamente formado, enterándose de lo que hace,  quiere destrozar el planeta ni su entorno inmediato. Y a la vez nadie quiere dejar de vivir rodeado de comodidades o anhelando tenerlas en breve. ¿Hay disposición a prescindir de algo de lo que tenemos o usamos a diario? ¿De qué prescinden los que señalan y denuncian a los demás como profanadores de la naturaleza por su modo de vida? ¿Dan ejemplo? Aún recuerdo que cuando hace unos años se hablaba mucho del deshielo de los glaciares pirenaicos (ahora ese tema está ya pasado de moda) por la excesiva emisión del CO2, y ante un claustro de profesores muy concienciado y “dispuesto a todo” por la causa, la caras de estupor y rechazo que pusieron cuando propuse reducir unos grados la temperatura de la calefacción del centro e ir a trabajar más abrigados. No dimos la talla.

       Sin embargo, hay muchos geólogos callados que no piensan que lo socialmente establecido ahora en este tema sea correcto e inamovible. Muy pocos son, y los hay,  los que animan y empujan a la protesta y manifestación fácil para la “lucha” contra el cambio climático, sin duda, con otros intereses distintos a los medioambientales. Quizás, esa manipulación esconda otros objetivos, incluso con buen fondo, como la movilización juvenil, la participación en reivindicaciones comunales casi místicas, o la confraternización entre iguales. Pero, desde luego, saben que no dan información completa y veraz a la gente para que opine con datos en la mano.  La formación geológica, fundamental para poder interpretar procesos naturales medioambientales, da instrumentos para contemplar y entender la sucesión de acontecimientos paleoclimáticos que a lo largo de muchos millones de años se han sucedido en la Tierra. Y esa formación hace disentir con muchas de las alarmas que se emiten ahora en los medios, o por lo menos permite hacer consideraciones y aclaraciones científicas que ayudan a desdramatizar y ser más comprensivos con nosotros mismos y los demás. Pero solo algunos pocos de ellos, bien preparados, se atreven a dar su criterio, basado en la ciencia y en la pura investigación geológica, tratando de matizar algunas de las conclusiones “oficiales”. Especialidades de la Geología, como la paleontología, estratigrafía, sedimentología y paleoclimatología, sobre todo,  ofrecen datos contundentes que no son la referencia utilizada  por los “miles” de científicos y paneles intergubernamentales que dicen estar en consenso para exponer sus apocalípticos avisos climáticos. La ciencia no ha funcionado nunca  por consensos.

        Recomiendo aquí este vídeo de Luis Pomar, catedrático jubilado de Estratigrafía de la Universidad de Baleares, (tv.uvigo.es/video/5b5b7b538f4208d6558eed69) , donde expone claramente algunas de las informaciones geológicas y paleoclimáticas básicas que hay que tener para poder empezar a hablar de todo esto. A finales del año 2018 impartió esta charla en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza y llenó, fundamentalmente de geólogos, uno de los salones más capaces del edificio. Uno de sus postulados/titulares es que el incremento de CO2  en la atmósfera no produce el cambio climático. Con esta frase la polémica social está servida. ¿Quién tiene arrestos para, tras formarse bien en el tema, usarla en una reunión familiar o de amigos?


Luis Pomar, catedrático de Estratigrafía.


viernes, 16 de junio de 2017

Los 27 de Aragón.

Edificio de Geológicas de la Universidad de Zaragoza.


     Ese es el número, 27, de personas que en la convocatoria de junio de la nueva selectividad (EVAU) se han examinado de Geología en todo Aragón. Aunque resulte increíble, ese es el dato oficial. Y no es de extrañar que hayan sido tan pocos . Se ha eliminado de las pruebas de acceso a la universidad  la posibilidad de examinarse de la veterana y necesaria asignatura “Ciencias de la Tierra y medioambientales” (CTM) sin dar una explicación convincente hasta la fecha, y con irrespetuosos titubeos respecto a aplicar esa medida hasta el mismo diciembre de este curso. La incorporación de la Geología, "a cambio", entre las materias troncales de ciencias   examinables no ha dado, de momento, buenos resultados. Y el motivo está más que claro.
     La mínima representación de grados universitarios en los que pondera  algo  la Geología para obtener  nota suficiente de acceso  es uno de los principales hándicaps que el alumnado tiene que afrontar para decidirse, primero, a cursarla en  bachillerato, y segundo, a examinarse en la EVAU de algo que prácticamente no les sirve de nada numéricamente para acceder a carreras de tipo científico y/o ambiental. Me consta que la coordinadora actual de la asignatura en la Universidad de Zaragoza está moviendo todos los hilos para conseguir una modificación de esas ponderaciones con el fin de que un tradicional grado universitario, como es Geología, que lleva impartiéndose en esa universidad casi cuarenta años,  no desaparezca por falta de alumnado. Pero es a lo que vamos.
     Si esta vez no se moviliza también todo el colectivo docente del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Zaragoza  y los geólogos de los departamentos de Ciencias Naturales de los institutos, estaremos acabados y con un futuro profesional y social más que negro. Una sociedad sin Geología es una sociedad fácilmente manipulable tanto por los colectivos y lobbys hiperdesarrollistas como por los defensores del  conservacionismo a ultranza.

viernes, 24 de junio de 2016

La Geología invisible en Educación Secundaria.



     Desde que se eliminó la Geología de las pruebas de acceso a la universidad y quedó relegada a ser  una optativa más a ofrecer al alumnado de 2º de bachillerato se han realizado muchas acciones reivindicativas en defensa de esa materia. La última, muy intensa, y en colaboración con el departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Zaragoza, se produjo en tiempos de la implantación de la LOGSE y su aplicación en Aragón. En el diseño curricular que se pretendía para la comunidad aragonesa no se contemplaba que hubiera Geología en los planes de estudio del bachillerato. Hubo que entrevistarse con varios responsables políticos de entonces y entablar una intensa batalla mediática para que, al final y casi haciendo un favor a la comunidad educativa, se “concediera” la inclusión de  la Geología a nivel de “optativa” en bachiller.
     Curiosamente, en la nueva ley de educación, la LOMCE de ahora, la Geología aparece como materia troncal con igualdad de trato que la Química, la Física, o la Biología. En eso los docentes de la Geología preuniversitaria estuvimos muy contentos, aunque la alegría duró poco al comprobar que otra de las asignaturas importantes del departamento de Ciencias Naturales de un instituto, y muy importante en la formación  ecológica de los jóvenes, como es Ciencias de la Tierra y Medio Ambiente (CTMA),  se relegaba en la aplicación de la LOMCE en Aragón a  impartirse con un 25% menos de carga lectiva, lo que se traduce en una reducción de 4 a 3 horas  de clase a la semana.
 

 

     Pero estos datos académicos o de gestión y/o aplicación de las leyes educativas, aunque muy negativos para  la docencia de las materias tradicionales de Ciencias Naturales, son los habituales respecto a la consideración que desde la administración, estatal o autonómica, se tiene de estas ramas de la ciencia menos conocidas por la sociedad. Las decisiones que se adoptan desde estos ámbitos, lejos de estar basadas en objetivos encaminados a la  formación del alumnado, suelen ser tomadas desde intereses puramente económicos o desde la ignorancia más supina de los responsables en gestionar la distribución de materias y asignaturas en un bachillerato científico. Seguro que no se plantean la disminución horaria o considerar como optativa a asignaturas tan “importantes” como  Matemáticas o Física, Lengua Castellana o Geografía e Historia. No. Esas no se tocan. Se modifican horarios  o se mutilan asignaturas de Ciencias Naturales, las cuales están consideradas por muchos indocumentados como una comparsa de las verdaderas gigantes de la enseñanza.
     Aunque lo  duro de aceptar del incesante ninguneo que se realiza desde hace tiempo con la Geología, por grotesco, se da cuando el desprecio se produce por parte del  gestor de un centro educativo cualquiera. De un “compañero”. No es difícil comprobar la absurda e incorrecta terminología que a veces se usa para determinar a las asignaturas de Ciencias Naturales. Basta con revisar, por ejemplo,  los carteles de aviso a alumnos y familias de un calendario de exámenes de septiembre cualquiera, siempre  expuestos en lugares públicos de los centros educativos, para ver que se les convoca alegremente para un examen de “naturales”, donde debería poner de “Biología y Geología” de 1º de la ESO; o que el de “Biología y Geología” de 1º de bachillerato aparece como “Biología I”, el cual precede al de Biología de 2º de bachiller, que figura como “Biología II”. Como se ve, y para no variar, la Geología deja de existir  y  además se modifica sustancialmente la denominación oficial de las asignaturas del departamento de Ciencias Naturales.  Se desconoce con seguridad el motivo de estas transformaciones lingüísticas tan desconsideradas y que trivializan importantes materias científicas, aunque bien puede relacionarse con una  ignorancia personal respecto a qué es y para qué sirve la Geología,  lo que puede llevar a algunos a ejercer  una incomprensible animadversión hacia esta materia. Sea lo que sea,  está claro que resulta muy poco profesional.
     ¿Qué se pretende con esto?  Es difícil contestarse, pero no debemos consentirlo. Son muchos años ya en los que el colectivo de geólogos de esta comunidad hace lo que está en su mano para demostrar la imperiosa necesidad de educar en Geología, se curse o no esa carrera universitaria, así como ubicar a esta ciencia en el lugar que le corresponde en la mentalidad de esta sociedad. Debemos seguir  situando y reivindicando a  la Geología en todos los ámbitos y niveles.
 

viernes, 15 de abril de 2016

El Cuaternario: datación y divisiones.



     El conocimiento del Cuaternario se ha convertido en los últimos años en un tema fundamental en la enseñanza de las ciencias ambientales y la geología, ya que se trata del Periodo Geológico más reciente, y  en el que se ha desarrollado la estirpe humana. Aunque el Cuaternario es uno de los términos geocronológicos más conocidos y utilizados en multitud de ámbitos y medios de comunicación, también ha sido uno de los más discutidos en lo que se refiere a su definición oficial. La discusión sobre su existencia ha durado desde el siglo XVIII hasta el pasado año 2009, que fue cuando oficialmente se reconoció como período geológico, extendiéndose desde hace 2,588 millones de años hasta la actualidad.
 
      En Geología, para que un período geológico se reconozca formalmente debe ser aceptado por la  Comisión International de Estratigrafía (ICS),  y ratificado por la Unión Internacional de Ciencias Geológicas (IUGS). Además, la definición geocronológica  debe estar apoyada por una sección estratigráfica tipo que lo represente (o que represente la base estratigráfica del período considerado), es decir, lo que llamamos Sección Estratotipo Global (GSSP).
 
      A finales del s. XVIII, el geólogo italiano Arduino (1714-1795) elaboró la que puede ser considerada primera división del tiempo geológico, en la  que la historia de la Tierra se sucede en cuatro órdenes, que consideraba como “grandes estratos dispuestos uno sobre otro” a los que denominó Primario, Secundario, Terciario y Cuaternario. No obstante, durante las primeras décadas del siglo XIX la fuerte influencia de la religión hizo que se relacionase la existencia de los depósitos no consolidados y discordantes sobre el Terciario, con restos fósiles más o menos abundantes, con el bíblico Diluvio Universal, por lo que se le llamó el período Diluvial. Pero la investigación en ese siglo hizo que el término Diluvial se abandonara paulatinamente hasta que Desnoyers, en 1829,  fuera el primero que aplicase el término Cuaternario para describir unos depósitos marinos más recientes que el Terciario en la Cuenca de París. Poco después Lyell, en 1839, revisó los límites del Mioceno y Plioceno y creó el término Pleistoceno para designar a los depósitos postpliocenos. La confusión en la terminología de estos episodios en el siglo XIX no acaba hasta comienzos del XX con Gignoux, que en 1913 reintroduce el término Neógeno, pero incluyendo tan solo al Mioceno y al Plioceno, de forma que el Pleistoceno quedó definitivamente fuera del Neógeno. El Pleistoceno y el Holoceno configurarán al Cuaternario hasta el final del siglo XX.
 
Extensión de los casquetes de hielo en el planeta en épocas glaciales.
 
 
     La segunda mitad del siglo XX se va a caracterizar por la creación de varias comisiones y grupos de trabajo científico cuya finalidad es unificar criterios para la definición oficial del límite Plioceno –Pleistoceno. Tras muchos años de trabajo, finalmente se define ese límite en la sección de Vrica (Aguirre y Pasini, 1985).  Y tras discusiones en diferentes foros científicos como el XVIII Congreso Internacional de INQUA de Cairns, Australia, 2007,  o el 33 Congreso International de  Geología (Oslo, 2008), desde el día 29 de Junio de 2009, el Cuaternario es un Sistema/Período geológico que comienza hace 2,588 millones de años (ma).
 
      Entre los diferentes criterios que se adujeron para situar el GSSP en la sección de Vrica, con una edad de 1,8 ma, estaba la aparición del foraminífero Hyalinea balthica, y el ostrácodo Cytheropteron testudo (ambos considerados fríos huéspedes nórdicos). Esta fauna fría se ha utilizado como indicadora del deterioro climático que debía representar el inicio del Cuaternario, consecuencia de la instalación definitiva de los casquetes polares en el Hemisferio Norte. En realidad los primeros indicios de enfriamiento en el Mediterráneo, tienen lugar entre 2,8 y 2,5 ma  y los primeros huéspedes nórdicos se registran hace entre 2,5 y 2,7 ma, como el foraminífero Neogloboquadrina atlántica.
 
      A escala global, entre 2,8 y 2,4 ma tienen lugar una serie de cambios progresivos y fundamentales relacionados con el sistema climático de la Tierra entre los que  destacan:
 
1.-  Desarrollo de una glaciación en Groenlandia, Escandinavia y Norteamérica (2,7 ma).
2.-  Cierre definitivo del Istmo de Panamá (2,7 ma).
3.-  Cambio en el tipo de vegetación, de subtropical a boreal, en Europa central (2,7 Ma).
4.-  Expansión de los glaciares continentales (2,6 ma).
5.-  Inicio del depósito de secuencias de loess en el Norte de China, como consecuencia de la intensificación del monzón de invierno y debilitamiento del monzón de verano (2,6 ma).
6.-  Aparición del género Homo (2,6 – 2,45 ma).
7.-  Aparición de grandes rumiantes modernos en el Norte de Eurasia (2,6 ma).
 
 
     Los indicios de un mayor enfriamiento en el Hemisferio norte son más abundantes y evidentes entre 2,5 y 2,7 ma, por lo que parece apropiado  establecer el inicio del Cuaternario en ese momento, sin olvidar que también coincide con la aparición del género Homo y la expansión de grandes rumiantes por el Norte de Eurasia. Todas estas consideraciones son las que han motivado que el límite inferior del Cuaternario se baje hasta hacerlo coincidir con el límite inferior del Gelasiense, anterior piso del Plioceno, establecido en 2,588 ma.
 
     El Período Cuaternario  se subdivide en dos Épocas: Pleistoceno y Holoceno. En cuanto al Pleistoceno inferior, se subdivide a su vez en Gelasiense y Calabriense, ambos con un GSSP aceptado y ratificado, que definen su límite inferior. En relación con el Gelasiense, en el sur de Italia afloran potentes  secuencias de sedimentos marinos profundos, de naturaleza margosa, entre los que se intercalan capas más oscuras ricas en materia orgánica,  desarrolladas en condiciones anóxicas, y a las que se denomina sapropeles. Estos sapropeles presentan una gran continuidad en el Mediterráneo por lo que son muy útiles para datar y correlacionar.  La edad astronómica del sapropel considerado como límite inferior del Cuaternario es de 2,588 ma., que prácticamente coincide con  el límite paleomagnético Gauss/Matuyama, se reconoce fácilmente a 1 metro por debajo del GSSP. En cuanto a la microfauna, la última aparición del foraminífero Discoaster pentaradiatus, que tiene lugar unos 80.000 años por encima de la edad del límite, se produce de una manera casi simultánea en latitudes medias y bajas.
 
 
 
     En lo que respecta al Calabriense, tal y como se ha mencionado más arriba, la base del Pleistoceno fue definida inicialmente por Aguirre y Pasini (1985) en la sección de Vrica, con una edad de 1,8 ma. Al bajarse el límite inferior del Pleistoceno hasta hacerlo coincidir con la base del Gelasiense (2,588 ma), esta sección  de Vrica ha pasado a ser el GSSP para la base del segundo piso del Pleistoceno, denominado Calabriense. Se define con una secuencia sedimentaria  muy similar a la del Gelasiense: más de 300 metros de sedimentos marinos profundos de naturaleza margosa, entre los que se intercalan capas de sapropel. Paleomagnéticamente se sitúa de 3 a 6 metros por encima del techo del evento de polaridad normal Olduvai.
 
Sur de Italia. Serie margosa con intercalación de niveles sapropélicos.
 La flecha indica el nivel usado en el límite inferior del Cuaternario, en 2,588 ma..
Serie de Vrica, Italia. La tetra "e" marca el nivel
 sapropélico datado como inicio del Calabriense.
 
 
      El GSSP del Pleistoceno medio está todavía sin definir, aunque en  el tránsito Pleistoceno inferior a Pleistoceno medio tienen lugar una serie de cambios importantes en la Tierra, fundamentalmente cambios relacionados con el clima, entre los que podemos resaltar:
 
1.-  Se pasa de unos ciclos climáticos de baja amplitud relacionados con los ciclos de oblicuidad orbital (ciclos de 41.000 años) a fluctuaciones de mayor amplitud y casi periódicas de 100.000 años.
2.- Entre 1,25 ma y 0,7 ma tiene lugar un aumento progresivo en el volumen total de hielo del planeta.
3.- Se intensifica el depósito de loess en el norte de Eurasia.
4.- Aparecen restos que acreditan que el ser humano comienza a controlar el fuego.
 
    Actualmente está totalmente asumido que el límite Pleistoceno inferior-medio, coincide con el límite entre las épocas paleomagnéticas Matuyama–Brunhes, momento en que tiene lugar una importante glaciación, hace casi 800.000 años.
 
      El GSSP para la base del Pleistoceno superior está también sin definir oficialmente. El Pleistoceno superior comienza tras la penúltima gran glaciación, es decir coincidiendo con el inicio del Último Período Interglaciar, hace 127.200 años. Este hecho se confirma debido a la expansión de bosques de abedules (Betula) debido seguramente a una mayor incidencia de radiación solar y la acción suavizante climática  de las corrientes cálidas del Atlántico Norte. Como GSSP de la base del Pleistoceno superior se ha considerado un sondeo de alta resolución efectuado en depósitos de la Estación Terminal de Ámsterdam (Holanda). En cuanto al Holoceno, que es la Época más reciente del Cuaternario, comienza hace 11.700 años con los indicios de calentamiento postglacial,  siendo el intervalo de tiempo más reciente de la historia de la Tierra. Como GSSP para la base del Holoceno se ha usado un sondeo profundo en los hielos de Groenlandia.
 
Representación de paleotemperaturas durante el Pleistoceno superior y Holoceno.
 
 
     
 
 
 
 

lunes, 4 de abril de 2016

El nacimiento del río Cuervo como ejemplo de uso y conservación de la naturaleza.




     Es un lugar turístico. El nacimiento del río Cuervo, junto a Tragacete (Cuenca), es anualmente visitado por miles de personas que aprovechan, la mayoría, su excursión a Cuenca y la ciudad encantada para acercarse hasta este lugar. Muy cerca de los Montes Universales, la zona está nutrida de abundantes nacimientos de ríos tan señeros en nuestra geografía como el Tajo, el Cabriel, el Ebrón, o el mismo río Cuervo, entre otros.
     El río Cuervo presenta un punto de nacimiento verdaderamente excepcional. Las aguas de lluvia y escorrentía son recogidas en las zonas altas de las muelas y resaltes calcáreos de la zona, infiltrándose en grandes cantidades por las grietas y fisuras que abundan en esos relieves debido a la existencia de un desarrollado modelado kárstico. El recorrido de las galerías y salas de esas cuevas allí formadas alcanza en profundidad hasta unos potentes niveles de dolomías y margas, que por su naturaleza más impermeable impide que las aguas infiltradas sigan en su recorrido natural hasta más abajo, por lo que afloran en superficie a través de surgencias por encima de esos niveles, al ser cortados por el relieve, y dando lugar a las famosas caídas de aguas del entorno natural del nacimiento del río.
 
Surgencia de la roca del río Cuervo (Cuenca). Vista desde el cercano acceso a la misma.
    
Imagen de la cascada principal del nacimiento del río.
 
     Esa  agua  favorece la formación de tobas travertínicas debido a la gran cantidad de carbonato disuelto que lleva, generando un bello espectáculo de cascadas, caídas y resaltes a modo de “estalactitas” que decoran y tapizan la ladera montañosa desde el nacimiento hasta el nivel del  cauce ya bien formado río abajo.
 
Muela calcárea karstificada, origen del río Cuervo.
    
     Desde un punto de vista geológico, aunque peculiar, se trata de un tipo de nacimiento común. Muchos ríos nacen en relación con fenómenos kársticos, aunque hay que reconocer que no es habitual el contemplar imágenes así de vistosas como las que nos ofrece el río Cuervo.  Sin embargo, uno de los principales atrayentes que este nacimiento de río tiene se basa en su fácil acceso hasta el mismo punto de afloramiento de las aguas en la roca. Y es muy posible, (lo desconozco hasta ahora, aunque es su práctica habitual), que haya colectivos conservacionistas que hayan emitido su crítica opinión respecto a la masificación de visitantes que supone el hacer “tan fácil” el acceso y visita a este espectáculo natural. Y, sobre todo, que no se hayan oído opiniones contrarias a la intrincada infraestructura de madera instalada para acceder hasta el mismo punto del amanadero de agua, resulta muy significativo y casi sospechoso.
 
Niveles apeldañados de tobas travertínicas en la base de la cascada.
  
   La instalación permite el acceso a todo tipo de personas, con o sin minusvalía física, por lo que ha sido necesario modificar el entorno de una manera contundente. Desde verjas metálicas aislando zonas de especial relevancia botánica en el camino de ascenso, hasta plataformas de madera flotantes que impiden que se pise el suelo y, por tanto, se deteriore con el pisoteo constante. Pero, sin duda, lo más sorprendente es el acercamiento de estas plataformas y senderos “artificiales” hasta el mismo punto de salida del agua del río Cuervo. Parece increíble, pero así es. El público puede disfrutar de esta belleza natural a no  más de 5 metros de la salida por una grieta del abundante caudal del río.
 
Infraestructuras de acondicionamiento del afloramiento: verjas, y plataforma volante de madera protectora del suelo.
 
 
Acceso de madera hasta el nacimiento fluvial.
  
Plataforma de madera elevada para la protección del entorno.
 
 Pues bien, aunque no sea objeto de protesta ecologista este tipo de infraestructura artificial distorsionadora de este entorno natural, y sea más que cuestionable el impacto ecológico que supone el acceso continuado (al menos en temporada turística) de tantas personas que irrumpen en un  entorno de gran valor natural, creo que esta iniciativa de desarrollo debe ser valorada muy positivamente. En primer lugar, la adecuación para la visita de este nacimiento fluvial es la base de su más que aceptable conservación actual. En segundo lugar, cuando los entornos naturales se conocen y aprecian por su belleza tienden a ser mayoritariamente respetados  y valorados por la sociedad. Y para ello, hace falta que se facilite el acceso y se acondicione el lugar para el disfrute de la mayor parte posible de la población. La naturaleza solo se respeta si se sabe el valor patrimonial natural que ofrece, y para ello hay que dar a  conocer lo mejor posible las características más peculiares del lugar a conservar. Por eso, la socialización de estos lugares naturales tan emblemáticos permite que una mayoría de personas los conozca y disfrute, lejos de ser exclusivos para expertos montañeros o especialistas en las ciencias naturales, lo que favorece la aceptación por parte de esa sociedad de las numerosas normas, restricciones, y requisitos exigidos para la visita que la propia administración de la naturaleza impone para su conservación. Y en este sentido el nacimiento del río Cuervo es un buen ejemplo de cómo usar turísticamente un entorno natural conservándolo a la vez.
 

domingo, 13 de marzo de 2016

Consideración de la Geología en el bachillerato.


     La asignatura de Geología que se imparte en el bachillerato fue materia examinable en las pruebas de acceso a la universidad hasta que  hace ya unos cuantos años  se eliminase de las mismas. Pasó a ser considerada desde hace más de una década como “optativa”, y por tanto, de menor rango que las de ciencias tradicionales como la Química, Física, Matemáticas o Biología. En estos momentos, y tras muchas vicisitudes y esfuerzos de muchos colectivos geológicos, se ha conseguido que las ciencias geológicas estén en igualdad de oportunidades de elección que el resto por los alumnos de bachillerato. Y veremos cómo queda en las nuevas pruebas de selectividad previstas.
     Pero la batalla no está ganada del todo. En cuanto a discriminación, no solo hay que luchar con los estamentos políticos encargados de hacer, rehacer, remodelar, o politizar, los currículos académicos que se imparten en la educación secundaria obligatoria y en el bachillerato, sino que hay que dar la talla para conseguir una adecuada  aceptación y una consideración de la geología como ciencia de primer orden por parte de muchos compañeros, sobre todo, de otros departamentos científicos de los centros educativos. No se trata aquí de  exponer un lamento victimista en relación con la situación que actualmente se vive la geología en muchos centros, pero sí  puede hacer un breve análisis de lo mucho que queda por hacer al respecto.


     Quien tenga un mínimo de relación con profesores universitarios del ámbito de las ciencias antes citadas se habrá percatado de la consideración que sobre la geología tienen algunos, por no decir muchos o casi todos. La geología es considerada por ellos como la hermana pequeña de las ciencias, la “maría” de todas ellas, por, argumentan, su simplicidad y casi infantil relato en todos sus campos o especialidades. No da la talla, dicen, como una ciencia “de verdad”. Por supuesto, los geólogos estamos para ellos muy por encima (son muy considerados…) de los profesionales de carreras universitarias consideradas de “letras”, como geógrafos, historiadores, filósofos, maestros, traductores, etc. En su opinión, estas gentes están en el tercermundismo académico respecto a los conocimientos que un universitario de altura debe tener.  Esto puede comprobarse fácilmente en algunas sutiles respuestas en entrevistas a científicos, en  reportajes escritos, o en famosas  series televisivas (Big Bang Theory, por ejemplo). En cada reunión anual  de coordinación de la asignatura “Ciencias de la Tierra y mediambientales”, que se realizan en la  facultad de geológicas, se suele hacer referencia a este tipo de encasillamiento académico y discriminación que sufre la geología, tomándolo en general con resignación y sin ver una posible solución inmediata, aunque entre abundantes  risas y con buen humor.


     Pero no solo es en la universidad donde se tiene así de bien considerados a los geólogos. En muchos departamentos docentes de ciencias de los centros de secundaria también hay ciertas reticencias respecto al “nivel” científico que se tiene siendo geólogo. Y no solamente viene este tipo de desprecio por parte de físicos, químicos y matemáticos, sino que en ocasiones (no siempre ni todos, por supuesto) son los propios compañeros del departamento de Ciencias Naturales, los biólogos o veterinarios, los que más demuestran su falta de consideración profesional hacia los geólogos. Seguramente muchos de los geólogos profesores de secundaria que lean esto habrán pasado por alguna experiencia penosa que habrán tenido que sortear con cierto ingenio y humor geológico,  ante las miradas por encima del hombro sufridas por sus sesudos colegas.
     No soy psicólogo. Pero a lo largo de los muchos años de experiencia docente se avivan una serie de percepciones con la gente, no solo con el alumnado, que te permite saber con quiénes te estás jugando los cuartos, en cuanto a desarrollo profesional se refiere. Y no se suele fallar en  el diagnóstico cuando se analiza con detalle el comportamiento de alguno de estos individuos que se creen algo especial por el hecho de ser de otra especialidad científica que no sea la geología. Suele ser habitual que esta gente padezca cierto nivel (normalmente muy alto) de complejo de inferioridad. Cuando se sufre este complejo puede surgir (no siempre) un impulso juzgador, autocomplaciente, agresivo y devaluador de todo el que te rodea, sea quien sea, que les hace sentir mejor, que no bien, y les hace su vida laboral un poco más llevadera en sus centros de trabajo, al menos momentáneamente. Lo que no tienen en cuenta, los pobres, es que se les conoce. Que casi siempre son observados por los demás como alguien que sufre, que padece su propia personalidad, y que dan pena más que otra cosa. Por eso pierden poco a poco  la energía académica necesaria para el día a día en un centro de secundaria (que es mucha), terminando casi siempre en una especie de amargura personal muy difícil de superar sin ayuda.


     Por suerte, desde que en los centros docentes de secundaria se han ido incorporando abundantes geólogos en los departamentos de Ciencias Naturales, la percepción que consigue el alumnado de la naturaleza se ha completado  por fortuna  de manera drástica, en cuanto a la comprensión de fenómenos relacionados con la dinámica terrestre,  la obtención de recursos materiales, y la generación de una conciencia medioambiental basada en conocimientos también geológicos. Y eso es debido, en esencia,  a la tendencia  docente a desarrollar con amplitud, en los currículos de los diferentes cursos académicos,  los bloques temáticos relacionados con la geología, los cuales fueron impartidos en muchos casos y durante muchos años como si se tratara de una pincelada sin importancia.