Ya está convocada la Mesa del Agua por la Diputación General
de Aragón para el 10 de febrero. Hacía falta. La pertinaz sequía está siendo
cada vez más intolerante con los usos que del agua hacemos en esta tierra. Y me
imagino a los integrantes de la misma a su alrededor mirándose a la cara
intentando decir cada uno la gran idea o frase ocurrente que sirva para
solucionar el que siga llegando agua a nuestros domicilios y negocios. La cosa no es para menos. La solución política
que se adopte tiene que contentar, además de cumplir con los objetivos
sostenibles acuosos, a la población en
general, a las comunidades de regantes, empresarios de las zonas más afectadas,
y a los grupos conservacionistas.
No hay agua suficiente, está claro. ¿Hemos usado mucha más
de la que habitualmente se usa, aunque con excesos y despilfarros innecesarios?
Respuesta: no, ¿no?. Y cuando no hay sequía, ¿de dónde se saca el agua?
Respuesta: de unos lugares donde se almacena el agua para todos los usos
humanos, también llamados embalses. Seguro que han oído comentarios, hechos
todos ellos con voz grave y gesto duro, respecto a la necesidad de la buena gestión, o eficaz, del agua. No hay colectivo
que muestre su preocupación por la escasez del agua que no tenga en su
argumentario algo parecido a eso de la “gestión eficaz”. Y es verdad que hay
que gestionar bien el agua, sin dejar que se pierda en las conducciones, que
sea realmente bien usada, en la medida necesaria, sin extralimitarse en su uso;
que los ciudadanos tengamos claro que el agua es un bien escaso y por tanto no
podemos despilfarrar el agua sin pensar; que los usos consuntivos del agua sean
los mínimos e imprescindibles, y que se vele entre todos por un consumo
responsable; que hay que depurar el agua usada y devolver al ecosistema la
utilizada con fines humanos. Por supuesto, todo esto y más hay que hacerlo con
el agua. Pero lo podremos hacer si se tiene agua, no si no se tiene. Esto, que
parece un comentario sin sentido o algo tonto nos conduce a considerar la gran
suerte que tenemos en este país al tener una red de embalses en nuestra
geografía que nos ha permitido almacenar agua para cuando la necesitásemos. Aún
así, se plantea a menudo la necesidad de ampliación o construcción de nuevos embalses para completar la posibilidad
de una futura reserva hídrica, lo que lleva emparejada una casi visceral
protesta ecologista, sin que la mayoría seamos informados honesta y claramente
del porqué se protesta. El recrecimiento
del embalse de Yesa, por ejemplo, al norte de la provincia de Zaragoza, para poder abastecer a su capital en parte, fue uno de los banderines ecologistas en contra
de lo que ellos llaman “falta de respeto por el ecosistema”. O el controvertido
proyecto de Biscarrués, en el pirineo aragonés, en el que para oponerse a su
ejecución (y que quede dicho que toda obra humana de esa envergadura destroza
ecosistemas y altera el entorno y a sus gentes), además de criterios técnicos
contrarios a su construcción dignos de tenerse en cuenta, se esgrimían
criterios como el descrito por Ecologistas en Acción (Huesca) en febrero de
2011:
Solicitamos la
Declaración de Impacto ambiental Negativo para el pantano de Biscarrués
El embalse
de Biscarrués-Mallos de Riglos supondría la
desaparición de un tramo del Río Gállego de gran belleza. Por sus valores
ambientales y sus condiciones para el turismo náutico, este tramo de río está
contribuyendo en estos momentos al desarrollo socioeconómico de la comarca de
la Galliguera, que recibe cada año 80.000 turistas para disfrutar de
actividades de rafting y kayak.
Hay más
criterios conservacionistas expuestos en contra de la construcción de embalses,
pero me parece especialmente significativo el de arriba, por lo que dejo a su libre consideración la interpretación que puede
hacerse en cuanto a la importancia y peso social de salvaguardar el derecho a
practicar esos relajantes deportes en relación con las necesidades hídricas
actuales y venideras en esta región.
Pero como última reflexión creo que sería necesario
estar atentos a las notas de prensa o artículos de fondo que durante estos días
puedan verse en prensa o televisión, para comprobar si los grupos señeros que
viven de lo que ellos llaman “ecologismo” se mueven, dicen algo, se mojan, y
explican a la ciudadanía su criterio,
postura, o propuesta respecto a qué hacer en tiempos de sequía para poder
seguir teniendo nuestro ritmo normal de vida, aun aprendiendo todos a controlar
y ser eficaces en el uso del agua: doméstica, industrial, agraria… ¿Qué propuestas ecológicas ofrecen esos grupos ante las medidas a adoptar
frente a una sequía? Supongo que si son capaces de captar la atención
televisiva cuando se desplazan en lancha a motor en el océano en tareas de desatasque
de una ballena encallada en el hielo (Greenpeace hace unos años), y consiguen
que eso sea noticia en todo el planeta, no les costará mucho comunicarse con el
pueblo y darles unas sencillas pautas a seguir y explicar su postura en estos
casos de sequía prolongada. Además de una eficaz gestión del agua, con la que
estamos totalmente de acuerdo, necesitamos de ellos respuestas a preguntas como
¿son necesarios los embalses, y son
suficientes los que tenemos? ¿es inamovible el tajante criterio “ecológico” de
no construir más embalses, o
recrecerlos? Es posible que esperen ver las decisiones políticas de la Mesa del
Agua, en este caso, y criticarlas, eso sí, muy ecológicamente. Pero eso es ver
los toros desde la barrera, a mi juicio. Si están tan convencidos de su postura
antiembalses, ¿qué les impide explicarla claramente para que todo el mundo pueda compartirla, por su bondad? Queremos
saber sus propuestas, pero no en tiempos de bonanza hídrica, no. ¡Ahora, con
sequía!
Esperaremos…

