¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

domingo, 5 de febrero de 2012

Cambio climático y Paleontología


Ammonites. Mesozoico.
          El estudio de los fósiles permite al paleontólogo saber cómo han sido los organismos que nos han precedido en la Tierra. Su forma, su variación con el tiempo, y los estudios biométricos que con ellos pueden hacerse, evidencian una intrincada red de parentescos entre especies y grupos de mayor rango que facilitan una mejor comprensión de sus adaptaciones a los medios circundantes en los que vivieron.
     Desde la explosión de vida del Cámbrico, primer período de la era primaria, hace más de 560 millones de años (ma), se han sucedido numerosos grupos de seres animales y vegetales que, debido a los procesos evolutivos facilitaron la aparición y diversificación de las estirpes de seres que todos conocemos, incluso la humana. Los ritmos de aparición y evolución de organismos no han sido homogéneos a lo largo de los millones de años. Por ejemplo, durante el conocido Jurásico, en plena era secundaria, y durante más de 30 ma, el ritmo de variación evolutiva  que establecen los paleontólogos para uno de los grupos más conocidos por los aficionados, los ammonites, es cerca de 1 ma para la evolución y aparición de una nueva especie, considerándose  este un ritmo “rápido” en el contexto evolutivo de los seres vivos. Pero, conforme nos vamos acercando a la actualidad y se detectan en el registro fósil distintos y cada vez más avanzados grupos de seres, como los mamíferos, la evolución parece que se acelera, se intensifica, dejando registrados en pocos millones de años una gran variedad de taxones relacionados evolutivamente entre sí.
     El Cuaternario, último período de la escala temporal de la Tierra, que comienza hace 2,5 ma, es uno de los episodios donde mejor han quedado registrados los cambios evolutivos de los organismos, y en especial, de los muchos grupos de mamíferos que ya poblaban el planeta desde ese tiempo. Los mamíferos más útiles para poder precisar cambios evolutivos son los micromamíferos, especialmente los roedores, que presentan una gran variedad de formas,  lo que facilita el estudio de sus adaptaciones a los variantes entornos en los que parece les tocó vivir durante el Pleistoceno, que coincide con el Cuaternario excepto los últimos 10.000 años de éste  que corresponden al Holoceno. Las asociaciones faunísticas y florísticas del pasado, estudiadas comprendiendo y relacionando las especies en ellas representadas,  son las que nos dan una idea aproximada de los ambientes paleoecológicos en los se desarrollaron.  Si de los mismos estratos se obtienen restos de especies relacionadas con cursos fluviales, por ejemplo, y propias, otras, de zonas boscosas, será difícil que se interprete un ambiente paleoecológico que caracterice una estepa. Por eso resulta imprescindible sacar conclusiones ambientales, y de sus cambios, teniendo en cuenta los estudios poblacionales de cada taxón representado, además de la valoración de su variación  en el contexto de la asociación registrada. Y para ello es estrictamente necesario un estudio estratigráfico previo al detallado muestreo y estudio paleontológico que permita diferenciar con claridad los posibles cambios de las sucesivas asociaciones de fósiles.
     La interpretación del cambio climático actual, o su inicio, debe estudiarse también aplicando los conocimientos que desde la paleontología han podido obtenerse. Y para ello, el estudio de los registros fósiles, y su sucesión, en los últimos 2 ma son imprescindibles para tal efecto. Y es en ese sentido donde la información que ofrece el estudio de los yacimientos de Atapuerca, donde tuve el honor de participar, en la provincia de Burgos, resulta primordial. La columna estratigráfica del conocido registro de Gran Dolina, en la Sierra de Atapuerca, se ha usado como referencia de correlación con los otros yacimientos, como Complejo Tres Simas (Cueva de los Zarpazos, Galería y Boca Norte); El Penal y Sima del Elefante, además de Sima de los Huesos, dentro de Cueva Mayor y alejado de los de la Trinchera del Ferrocarril, que es donde están situados los otros citados. Su estudio paleontológico del impresionante registro de fósiles de mamíferos, junto al estudio estratigráfico de los rellenos de sedimento y las dataciones cronoestratigráficas de diferentes niveles por técnicas de datación absoluta, han permitido establecer una sucesión de paleoambientes ecológicos como no se tiene referencia en ninguna otra parte del mundo, pudiendo así interpretar con claridad los numerosos cambios climáticos que se sucedieron en el último millón de años y que afectaron, al menos, a Europa occidental.
Situación geográfica de los yacimientos de Atapuerca (Burgos)

      La fauna y la flora ha sido cambiante, en el mismo lugar, en episodios que oscilan entre 30-40.000 años, y 70-80.000 años, con sus correspondiente pulsos climáticos fríos y cálidos en cada uno de ellos, lo que, si no calma las preocupaciones por los devastadores efectos vaticinados para el cambio climático actual, al menos, permitirá comprender que no es un fenómeno nuevo, ni únicamente originado por el hombre y sus antiecológicas actividades, ni algo que pueda modificar para siempre la vida del futuro. Es necesario ver el presente a la luz de los estudios del pasado  para enfocar mejor las decisiones y acciones a tomar de cara a las variaciones climáticas que empiezan ya a notarse en nuestro planteta.  Será necesario cambiar nuestros modos de vida actuales que nos conduzcan a un mayor respeto por nuestro entorno natural y humano, aunque sean difíciles de reconducir los caminos que, como siempre, ha tomado la naturaleza, y de los que ha dejado huella en los registros del pasado. La autoinculpación humana respecto a ser el único causante del cambio climático carece de sentido si se conocen los datos que pueden interpretarse del estudio de la sucesión de paleoambientes que nos precedieron, por lo que la paleontología es la clave para abrir y orientar, sin sensacionalismos ni extremismos, en la acertada interpretación de lo que hoy en día está ocurriendo.



Los cuadrados rojos corresponden a los niveles con restos humanos.

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