¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

El miedo a enseñar

IES María Moliner. Zaragoza.
Quiero dedicar esta entrada a todos mis antiguos alumnos del IES María Moliner de Zaragoza, siempre en mi recuerdo.

       Llevo muchos años enseñando en secundaria, en concreto en la especialidad de Biología y Geología, en ESO y Bachillerato, y he pasado por muchas situaciones que podría calificar de  difíciles, en el sentido de tener que arremangarse para poder dar las clases. En especial en el instituto María Moliner, del barrio Oliver de Zaragoza, en el que tuve la ocasión de ser docente entre los años 1992 y 2003, hasta que se modificó el régimen de enseñanzas del centro. Quienes conozcan ese barrio sabrán que no hablo de una zona especialmente privilegiada en cuanto a nivel sociocultural de la mayor parte de sus habitantes, por lo que la acumulación de desfavorecidos sociales y también de las llamadas minorías étnicas, sobre todo de raza gitana, hacían muy difícil que en el instituto se pudiera acceder y motivar los intereses de esas personas, en pleno desarrollo y formación, cuando se hace  de la manera establecida oficialmente, en contra de lo que oyen, hacen y practican de forma habitual en sus hogares. Peor aún así, y si lo leen esto algunos de mis entonces queridos compañeros de trabajo espero que lo constaten, nunca vi un miedo, en el sentido estricto de término, a “enfrentarse” a los innumerables problemas con los que teníamos a diario en ese centro. Además de ese colectivo realmente difícil en el trato, durante esos años tuve el privilegio de conectar con un maravilloso grupo de alumnos con los que todavía mantengo un fluido contacto, a los que he echado mucho de menos en numerosas ocasiones, y a los que volvería a tener de alumnos si por mí fuera: Antonio Tellado, Paco Nicolás, Marta Priego, Carlos Tello, Mónica Yagüe, Susana Pérez, Ester Orera, Leticia Pascual, Mariano Pina, y otros muchos (perdón por no poner a todos los demás, pero no es por no querer) los cuales hicieron que nuestras pretensiones docentes y académicas, además de amoldarse a las necesidades del duro entorno, permitieran desarrollar con ellos las ínfulas académicas propias del profesor, aunque sin perder de vista las necesidades  reales de todos ellos. Y mereció la pena. En un ambiente educativo comprometido y alejado de las idílicas escenas de institutos de series televisivas, supieron esforzarse con el objetivo de hacerse adultos responsables. El verlos hoy, ya mayores, con sus trabajos y profesiones ya asentadas (hay médicos, maestros,  informáticos, músicos,  constructores, policías,  albañiles, geólogos,  fontaneros, etc,  y algunos parados por necesidades del guión…) y sentir su cariño y arrope en los encuentros que hemos tenido desde entonces, te hacen sentir BIEN, en el significado más íntimo del término.
       Por eso, cuando compruebo que los alumnos actuales de Master  para ser Profesor de Educación Secundaria, requisito imprescindible hoy en día para ejercer de profesor, del que soy profesor de prácticas en el instituto,  te dicen que en las clases  teóricas de carácter psicopedagógico que reciben en la Universidad les advierten de la conflictividad  generalizada que reina en los centros de secundaria,  y vienen a sus prácticas literalmente acongojados, por no escribir otra cosa, no tengo más remedio que valorar casi con desprecio el nivel de conocimiento de la realidad y preparación real que tienen esos “profesionales” universitarios que, en vez de generar confianza y recursos en los alumnos, se entretienen en montar  o creer “bulos” o “leyendas urbanas” y darse paseos por las nubes en relación con la realidad docente preuniversitaria. No todos los alumnos son iguales. Por supuesto que ocurren incidentes en los centros escolares, tipo desacato o agresión, pero son aislados y esporádicos, como en todos los grupos sociales, por lo que no puede considerarse lo habitual.  Lo único que puedo esgrimir a favor de los que así piensan  es que no es una opinión sólo de ellos. Es la opinión ignorante generalizada de la sociedad, y por tanto, no hay que culparles de tenerla, sino de propagarla como si esa fuera la verdad. Los alumnos de Master quedan sorprendidos al ver que lo que les contaron no es así, que el alumnado, en su gran mayoría, es normal,  que no agreden al profesorado, que muchos, casi todos, quieren saber y aprender,  que son personas en formación con sus virtudes y defectos, y que si se les trata como personas responden como personas.  En poco tiempo de permanencia en los institutos los alumnos del Master se familiarizan con el alumnado de secundaria y destierran de sus cerebros la idea preconcebida de que tienen que enfrentarse a una cuadrilla de bárbaros e intransigentes sin civilizar que solo pretenden reventar la clase al profesor o ponerlo en evidencia. Dejan de tener miedo a enseñar, a ser profesor, profesión muy criticada y denostada por muchos, supongo que por ignorancia, lo que genera  atrevimiento en los juicios emitidos, pero que resulta ser una de las que más recompensas da en la vida si se actúa con sentido común y honestidad. Todo eso que antes aprendíamos solos respecto al trato a los alumnos, con la práctica y la experiencia, ahora se “aprende”, dicen, en clases teóricas. Puede que eso signifique un avance, pero hay que ejercer la práctica docente sin miedo.

8 comentarios:

  1. Para empezar darte las gracias por todos esos años en los que pasamos momentos inolvidables en los que ademas de aprender lo que era una falla o el granito aprendimos lo mas importante, sobretodo nos hiciste crecer a nivel personal, con todos los valores que conlleva y creeme que se te echa tambien mucho de menos, GRACIAS POR TODO!!!!!UN ABRAZO.Paco Nicolas

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  2. Gracias Enrique,yo estoy orgullosisimo de a ver estudiado la secundaria en el instituto de mi barrio, y de haber tenido profesores tan buenos y competentes como usted, la verdad que no cambiaria nada del tiempo que pase en este instituto, pues me ayudo a crecer y formarme profesionalmente y mas importante a ir creciendo como persona. Jose A.Granado

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  3. Darte las gracias y la enhorabuena por este gran articulo, pasamos muy buenos momentos en aquel instituto y tuvimos la suerte de compartirlos contigo, nos enseñaste tanto...que hoy en dia solo me queda decirte que Gracias gracias de corazon. Se te echa de menos como dice PAco. SUSANA PEREZ

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  4. Me siento orgullosa de haber estudiado en Maria Moliner y de haber vivido en el Barrio Oliver. Aprendí contigo muchas cosas pero sobre todo a vivir en el RESPETO. Pienso que el principal problema de la docencia es que no todo el mundo sirve para ello. Lo que hay que hacer es vivir con pasión lo que haces, que si te crees lo que haces puedes llegar a transmitir mucho. Y ahí no entra el miedo. Un beso enorme Marta Priego

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  5. Cuantas veces me acuerdo de tus clases de Geología, la lista de nombres científicos que me aprendí... Todos los profesores pusisteis un granito de arena para construir los adultos que ahora somos. Estoy orgullosa todo lo que allí pasé y no cambiaría nada. Y sobre todo... Muchas gracias!!
    Patricia Magallón

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  6. Estimado Enrique,
    Ayer me emocioné mucho leyendo tu artículo. Nos enseñaste Geología, sí, pero lo que más recuerdo es tu pasión para que nos esforzáramos por mejorar, por superarnos a nosotros mismos, y por enseñarnos a madurar y a reflexionar.
    Gracias por la dedicación que tuviste con nosotros en aquellos años... No obstante, como ya te he dicho hace poco, todavía sigo aprendiendo contigo. :) Un beso. Esther Orera.

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  7. Como he comentado en facebook, me dejáis sin palabras al leeros. Es un orgullo haber sido profesor de personas capaces de decir esas cosas con tanto sentimiento después de tantos años.Me alegro mucho de haberos servido de algo en la vida, incluso para aprender unas pinceladas de geología. Muchas GRACIAS a todos.

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  8. ¿Cuál es la recompensa por dedicarse a enseñar?
    La sonrisa de Inés, alumna del máster de la que eres profesor de prácticas, creo que puede ser una respuesta válida, igual que la de todas aquellas personas que te recuerdan con cariño, tanto por lo que les has enseñado como por el trato que les has dispensado. No hay que tener miedo a enseñar; hay que tener miedo a no ser honesto con las personas con las que estamos en el día a día. De las bicicletas y de sus carriles hablaremos personalmente.

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