¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Impactos visuales y cambio climático.


Molinos de La Mancha.

     Durante los últimos años nos hemos ido acostumbrando  a este término. Lo utilizamos de forma habitual para referirnos, generalmente,  a elementos que distorsionan, estropean o afean un paisaje o entorno. Por eso encontramos “impactos visuales” en todos los rincones de nuestras viviendas, parques ciudadanos, carreteras o  campo abierto.  Nos resultaría sencillo manifestarnos, en la mayoría de los casos, si nos preguntaran el porqué consideramos un impacto visual al objeto o motivo al que aplicamos tal denominación, aunque en otros parece más difícil el pronunciarse. Y es que no está del todo clara la razón por la que consideramos en un caso sí y en otro no que “eso” es un impacto visual.
Molinos de La Mancha.

Parque de aerogeneradores de La Muela (Zaragoza).

     Todo el mundo conoce los muldialmente famosos y quijotescos  molinos de viento de La Mancha, algunos de los cuales pueden visitarse para entender mejor su ancestral uso humano y disfrutar así de las maravillosas vistas que desde su ubicación se disfruta. Y esa vista es amplia y despejada debido a que se sitúan en las escasas altas crestas del relieve manchego, con el fin de aprovechar mejor las ráfagas de viento casi incesante que sopla en la región geográfica  donde se instalaron. A nadie con dos dedos de frente se le ocurre decir que esos molinos, de los que hay decenas todavía en pie, son o representan un “impacto visual” y que, por tanto, al no tener  un uso actual necesario, se debería eliminarlos lo antes posible y así “restaurar el paisaje original”. Aunque si alguien dijera eso habría que darle la razón, al utilizar un criterio pura y estrictamente conservacionista del entorno, pues esos molinos no forman parte del paisaje original de La Mancha. Desentonan. Además, y en consonancia con los argumentos de muchas asociaciones ecologistas utilizados en contra de la instalación de los modernos parques eólicos, donde centenares de aerogeneradores invaden nuestros páramos para producir electricidad, también esos molinos manchegos son generadores de “accidentes” con resultado de muerte y mutilaciones en aves que son incapaces de ver el giro de sus aspas, por no hablar de las  afecciones cerebrales de las ovejas (en Aragón decimos que se “vuelven modorras”) al pastar en los campos próximos a los molinos. Son útiles para generar energía limpia y sostenible pero a costa de un importante riesgo  para diversas especies animales,  además de generar un grave impacto visual en el paisaje.
     Podríamos poner muchos más ejemplos de impactos visuales. Otro que seguramente les sonará es el de la costa almeriense, en concreto la zona de El Algarrobico, junto a la población de Carboneras. Este ha sido tristemente famoso por  la no destrucción hasta la fecha de un inmenso hotel semiacabado situado a menos de 50 metros de la línea de costa en terreno del Parque Natural del Cabo de Gata.


 Hotel en obras de El Algarrobico (Almería).

El Algarrobico en el Parque Natural Cabo de Gata.
El Algarrobico, Almería.

     Al parecer hay ya cinco sentencias judiciales respecto a la necesidad de tirar esas obras que invaden un terreno protegido sin que se consiga que se aplique la ley en ese rincón de Andalucía. Al ver imágenes del  hotel resulta verdaderamente impactante que se pudiera o pretendiera construirse ese inmenso mamotreto junto al mar en zona natural protegida. Naturalmente los grupos ecologistas de la zona están movilizados muy activamente para conservar su patrimonio natural e impedir que se deshaga el  interesante y seco ecosistema del Cabo de Gata. De todas formas resulta a veces difícil de seguir las acciones de estos grupos, o de difícil entendimiento más bien, pues sin salir de la provincia de Almería, y teniendo como centro de un círculo de unos 30 kms de radio a la población de El Egido, podemos disfrutar de uno de los mayores impactos visuales de España: los invernaderos de plástico, también llamada la zona como el “mar de plástico”. Miles de estructuras de plástico cubren literalmente cientos de  kilómetros cuadrados para producir hortalizas, que consumimos nosotros y se exportan a Europa, sin que veamos por televisión una campaña activista semejante a la del hotel El Algarrobico. Ni protesta, sentada, acampada con tiendas de campaña, o manifestación pacífica, pero vistosa, como suelen ser las suyas. ¿Cómo es posible que no se movilice la gente, o al menos los sensibilizados ecológicamente, para recuperar ese entorno natural tan deteriorado por los invernaderos en un fragmento tan grande de la provincia almeriense? Lo más impactante que he leído en un intento de divulgar las bondades de los invernaderos por parte de investigadores de la Universidad de Almería, (http://emiliomarquez.com/2008/10/19/los-invernaderos-como-solucion-al-cambio-climatico/)  es el considerar que los plásticos, al aumentar el efecto albedo de esa zona de la tierra (se refiere ese término a la cantidad de luz solar reflejada del total recibida) es capaz de rebajar el incremento de temperatura del aire circundante,  por lo que se colabora en combatir al cambio climático. En mi opinión, y aunque se considere una bajada de temperaturas en la zona por el efecto antes mencionado, no solo se justifica así la instalación y mantenimiento del inmenso mar de plástico sino que se le da la vuelta al argumento y ahora resulta que es útil para un fin medioambiental, aun reconociendo el grave impacto visual.

Frutos de Almería.

Vista aérea del mar de plástico de Almería.

Mar de plástico, en Almería.
Mar de plástico junto a El Egido (Almería).

     Supongo que es un problema de difícil solución hoy en día, por la gran cantidad de problemas “colaterales” de tipo económico y social que puede generar, pero esos mismos problemas no han hecho temblar en otras ocasiones la mano de los conservacionistas convencidos. ¿Por qué el mundo ecologista no interviene contundentemente en este caso como suele hacerlo? ¿Falta de coherencia ? Lo dudo. Tiendo a pensar que hay intereses ocultos detrás de esa aparente inactividad.
Estructura del hotel El Algarrobico, junto al mar, en el Cabo de Gata, Almería.

No hay comentarios:

Publicar un comentario