¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Memorias de Atapuerca con Emiliano Aguirre.

Emiliano Aguirre Enríquez




A modo de introducción...


     No   pretendo con esta entrada hacer aquí otra biografía científica de Emiliano Aguirre al estilo de las muchas ya existentes. De ser así tendría que ocupar mucho tiempo y espacio escrito, y no diría nada que no se hubiera publicado ya. Prefiero "comentar" solo  algunas de las muchas experiencias personales que viví junto a Emiliano especialmente durante los años que pertenecí al Proyecto Atapuerca, desde 1980 hasta 1991. Experiencias que no tienen por qué ser de carácter científico, algunas sí que lo son, sino más bien un repaso desde mi memoria y vivo recuerdo  de episodios muy queridos e íntimos para mí durante aquellos maravillosos años trabajando junto a él en Atapuerca.
     Es posible que muchos no conozcan en absoluto al personaje, aunque he de decir que los que me han rodeado, familiar y profesionalmente hablando, seguro que me han oído nombrar a Emiliano Aguirre miles de veces al contar anécdotas de Atapuerca o al referirme  a él como mi "amado jefe" o un "grande" de la ciencia de estos tiempos.  A otros muchos les suena el nombre de Emiliano Aguirre por relacionarlo únicamente con el famosísimo yacimiento de Atapuerca, en la provincia de Burgos. Él fue quien comenzó las investigaciones sistemáticas en el año 1978, justo el año en el que ejercía como catedrático de paleontología en la Universidad de Zaragoza, teniendo yo la inmensa suerte de ser su alumno de Paleontología General, en 2º de carrera. También se le conoce, y ya en un ámbito más cerrado y científico, por haber sido uno de los pioneros en la investigación en Paleontología de Vertebrados y Humana en España, en las difíciles épocas de los años 60 y 70 del pasado siglo, siendo sus trabajos científicos y de divulgación  muy bien considerados por la comunidad científica internacional.

     Hasta el año 1991, fecha de su jubilación formal, pues sigue investigando y publicando, me atrevería a decir que más que nunca, desarrolló y fijó unas bases de investigación interdisciplinar en el proyecto de Atapuerca difíciles de ver reflejadas en otros sitios de investigación prehistórica, incluyendo ahí los lugares investigados por algunos de sus discípulos. En 1997 se otorgó el Premio Príncipe de Asturias a la Investigación Científica y Técnica a Emiliano y su equipo, al que tuve el honor de pertenecer.



Atapuerca. Trinchera del Ferrocarril.


Los inicios en Atapuerca: 1978 y 1980.

    
     Desde su cátedra de paleontología de la Universidad de Zaragoza Emiliano Aguirre organizó la primera campaña de excavación en la Trinchera del Ferrocarril de la Sierra de Atapuerca. Allí fuinos a excavar varios de los que componíamos entonces su grupo de alumnos de paleontología de 2º de geológicas. La mayor parte del tiempo se ocupó en trabajos de infraestructura básicos, como limpiar de vegetación la parte superior de Gran Dolina, uno de los registros estratigráficos más famosos de Atapuerca, o comenzar a reducir los numerosos amontonamientos de tierras de la después llamada Cueva de los Zarpazos y Galería, también en la trinchera. Eran los inicios de la excavación y todo el mundo comprendía las penurias económicas para afrontar los innumerables gastos que un proyecto así generaba, compensados por el gran entusiasmo juvenil y vitalidad que se puso al servicio de la investigación.




Relleno sedimentario de Cueva de los Zarpazos, Galería y Tres Simas, Boca Norte, en la Trinchera del Ferrocarril de la Sierra de Atapuerca. Año 1980.

    
      Fue en 1980 cuando empezó, digamos, "en serio", el proyecto de investigación. En el proyecto de Emiliano figuraba también el paleontólogo del Instituto Jaume Almera de Barcelona, Dr. Francisco Villalta, así como se incorporó también el arqueólogo Eudald Carbonell. En esos primero momentos se acertó en el diseño de una excavación en rellenos kársticos ordenando las intervenciones desde un conocimiento geológico y estratigráfico de esos rellenos, pasando por los muestreos preliminares de sedimento, nivel a nivel, para ver su potencial paleontológico, hasta la excavación sistemática de niveles con técnicas arqueológicas. Este orden y proceso metodológico en una excavación prehistórica, muy lejos de ser lo habitual en otros lugares, marcó una pauta de actuación interdisciplinar que ha permitido obtener los resultados científicos que se conocen  de Atapuerca gracias a la visión integradora y moderna de Emiliano Aguirre.



Atapuerca, 1980. Vaciado de sedimento estéril de la Cueva de Los Zarpazos.
Foto hecha por Emiliano Aguirre con mi cámara.
De izquierda a derecha y de arriba a abajo: Manolo Hoyos, sedimentólogo del CSIC; Juliá, estudiante de arqueología; Carlos Díez, estudiante de arqueología; Eudald Carbonell, arqueólogo; Dr. Francisco Villalta, paleontólogo del CSIC; Javier Cuchí, estudiante de geología; Aurora Martín, arqueóloga; Enrique Gil, estudiante de geología; Esteba, estudiante de arqueología; Rodolfo Gozalo, estudiante de geología.




En la década de los 80.

      El año 1982, recién licenciado,  Emiliano  confió en mi persona al encomendarme la realización de una tesina de licenciatura en Atapuerca. Se trataba de estudiar los fósiles de micromamíferos de los primeros niveles fértiles de la Cueva de Los Zarpazos, dirigida por Carmen Sesé, especialista en micromamíferos del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid,  e involucrada también en el proyecto burgalés. Eran momentos de tantear el gran potencial paleontológico de Atapuerca comenzando a realizar pequeños trabajos de investigación en los numerosos rellenos kársticos de la trinchera, con el fin de situar claramente, en cuanto a registro fósil y edad allí representada, el intervalo de tiempo que representaban estos restos en sus agrupaciones de estratos. Ese pequeño esfuerzo dio paso a plantearse que hiciera a continuación mi tesis doctoral sobre bioestratigrafía de roedores de todos los rellenos kársticos de la trinchera excavados por aquel entonces: Gran Dolina y Complejo Tres Simas. Fue leida en 1987 en Zaragoza con la presencia en el tribunal de grandes especialistas en mamíferos fósiles europeos, aparte de la presidencia de Emiliano Aguirre, como Nieves López, de la Universidad Complutense de Madrid, y Albert van der Meulen, de la Universidad de Utrech (Holanda).



Niveles estratigráficos diferenciados en el perfil de Galeria (Complejo Tres Simas). Trinchera del Ferrocarril,  Atapuerca.





En plena faena de investigación en micromamíferos. 1984.

En la furgoneta de la excavación rumbo al río Arlanzón con sedimento para lavar.
Carmen Sesé, mi directora de tesis, y detrás Enrique Gil y Robert Sala, arqueólogo.
(Las piernas son de Gerardo Benito, geomorfólogo) 1984.


     Durante los años de realización de mi tesis, desde 1983 hasta 1986, fue necesario hacer uno de los trabajos geológicos principales y necesarios para obtener un buen resultado paleontológico: la estratigrafía de los rellenos sedimentarios. El muestreo de esos materiales sedimentarios por niveles requería de unas labores previas de limpieza y perfilado de los rellenos kársticos, para lo que era necesario contar con la ayuda y visto bueno contínuo de Emiliano para todas las propuestas que se le hacían. Él se encargaba con entusiasmo y decisión de solicitar la ayuda de las autoridades militares de los acuartelamientos cercanos y de gestionar la contratación de máquinas excavadoras para cortar los niveles y ver así su potencia y desarrollo horizontal, lo que facilitaba enormemente su descripción y posterior muestreo. Ese estudio geométrico-descriptivo de los niveles resultó más complicado de lo esperado, contando en todo momento con la ayuda y opinión de Emiliano Aguirre y mis amigos Rodolfo Gozalo, Javier Cuchí, Gerardo Benito y Ernesto Lanchares, que me acompañaron durante varios años en la excavación hasta 1986. En 1987 y 1988 Ana Rosa Soria y Jorge Muñoz formaron también parte del equipo de Zaragoza en Atapuerca. La arqueóloga y miembro del grupo de espeleología Edelweis de Burgos, Ana Isabel Ortega, se encargó de coordinar el impresionante y arriesgado trabajo de acercamiento del andamiaje hasta el sedimento, en especial de Gran Dolina, para el muestreo.



Rodolfo Gozalo observando la acción de la pala excavadora perfilando Galería, 1982.


Andamiaje de Gran Dolina. 1982.

     Durante los primeros años de la década de los 80 siguieron incorporándose al proyecto de investigación muchas personas, algunas de las cuales hoy en día son populares, como José María Bermúdez de Castro y Juan Luis Arsuaga, especialistas en paleoantropología. A este último  me encargó Emiliano que le enseñara y pusiera al día de los avances que teníamos en estratigrafía de Gran Dolina y  Galería, con el fin de avanzar coordinadamente en todos los frentes de excavación abiertos. Con Emiliano no solo se trabajaba excavando, sino que se participaba activamente en las decisiones a tomar en los "fuegos de campamento" que habitualmente hacíamos todos los participantes para estar al día de todos los avances y hallazgos que se hacían en el desarrollo de la excavación, con lo que todos los integrantes del equipo comprendíamos la necesidad de actuar de una u otra manera en el yacimiento.




 Foto hecha por José María Bermúdez de Castro del equipo de excavación en 1984. Fila de arriba, de izquierda a derecha: Marian Cañas, Ana Isabel Ortega, Aurora Martín y Enrique Gil; Nuria y Robert Sala. Fila central: Juan Luis Arsuaga, Antonio Rosas, Gerardo Benito, Yolanda Fernández Jalvo y Carlos Díez.
Fila inferior: Almudena García, Emiliano Aguirre, Alicia Cañas y su amiga, Eudald Carbonell.

      
      De sobras son conocidos los restos de homínidos de Gran Dolina, en el nivel TD6, que se han determinado como Homo antecessor. Estos fósiles se obtuvieron en la excavación del año 1994 dentro del programa de excavación sistemática por niveles que se venía haciendo desde el inicio del proyecto de Atapuerca. Por eso mismo resulta muy significativo el siguiente dato que ahora voy a revelar. En las  imágenes  siguientes se muestra una representación gráfica de la estratigrafía de la Gran Dolina de Atapuerca. Ese dibujo  es de 1986. Hasta ahí nada anormal o extraño, pues para esas fechas teníamos muy bien controlado el registro estratigráfico de los rellenos de la trinchera. El dibujo, aunque los datos los tomáramos entre los dos, es de Emiliano, y en él se muestran los lugares de donde se extrajo sedimento para el muestreo que sirvió entonces para hacer  datación paleomagnética de esos niveles de Gran Dolina. Si se fijan bien, a la altura del nivel TD6, a la derecha del gráfico se ve, con letra de Emiliano la anotación "ocup. hu?". ¡Si, sí, están viendo bien! En el año 1986, Emiliano Aguirre ya sospechaba o presuponía que  el nivel TD6 de Gran Dolina era un buen nivel para contener restos fósiles de hombre prehistórico, y lo dejó anotado. ¿Cómo se quedan?


Perfil estratigráfico de Gran Dolina realizado por Emiliano Aguirre y Enrique Gil, con los lugares de muestreo para datación paleomagnética.




Emiliano Aguirre: anotación "ocup. hu?" en TD6.

     También durante los años 80 se afianzó el estudio de todos los grupos de vertebrados fósiles de Atapuerca. Numerosos especialistas se hicieron cargo de su estudio, permitiendo así recomponer los decorados paleoecológicos sucesivos en el tiempo que podían deducirse para nuestros antepasados prehistóricos. Jorge Morales y Loli Soria, para carnívoros; Enrique Soto, Begoña Sánchez y Esperanza Cerdeño para herbívoros; Carmen Sesé y Enrique Gil  para micromamíferos; Antonio Sánchez para aves; y Borja Sanchíz para anfibios y reptiles. La cantidad de personas relacionadas con la investigación de las diferentes parcelas científicas crecía a gran velocidad y siempre, Emiliano, desde su coordinación, se encargó de que la interdisciplinaridad con arqueólogos y paleontropólogos fuera efectiva y verdadera, creando un ambiente en el que todo el mundo se podía sentir miembro de un mismo equipo.



 Haciendo "gestiones" por Burgos en 1983. De izquierda a derecha: Enrique Soto, Enrique Gil, Javier Cuchí (detrás), Aurora Martín, Rodolfo Gozalo, Inmaculada Rus, Emiliano Aguirre. Sentada: Almudena García.



A partir de los 90.

     El año 1992 fue especialmente rico en hallazgos paleontológicos en Atapuerca, en especial en la Sima de los Huesos, de Cueva Mayor. Varios cráneos humanos de Homo heidelbergensis, algunos muy completos, se exhumaron del osario de la sima. Aunque Emiliano se había jubilado ya en 1991, y la investigación en Atapuerca no estaba en sus manos, casi nadie duda que solo fue posible al gran trabajo de coordinación democrática de la que dio ejemplo durante todo el tiempo en que dirigió Atapuerca. Pocos años después, en 1994, se encontraron en el nivel TD6 de Gran Dolina los restos de un homínido (Homo antecessor) en niveles de mayor antigüedad que los de Sima de los Huesos. Lo de Atapuerca era ya imparable, explotando de éxito científico con el reconocimiento a Emiliano Aguirre y su equipo en 1997 con el Premio Príncipe de Asturias a la Investigación Científica y Técnica.

     También en esa ocasión Emiliano dio muestras de su gran calidad humana al registrar dentro de "su equipo de premiados" a las personas que estuvieron con él desde los inicios de la investigación en Atapuerca, entre los que me incluyo.






     Son muchos los recuerdos de Atapuerca que aún me quedan en la memoria vividos junto a Emiliano Aguirre. Aquí únicamente he citado unos pocos hechos y anécdotas que permiten intuir alguna de las múltiples sensaciones que él transmite. Por último, creo importante reseñar  que en  la población zaragozana de Ricla, en el año 2009, se rindió a Emiliano Aguirre un homenaje muy especial de reconocimiento a su gran labor, tanto fuera como dentro del marco de las Jornadas de Paleontología Aragonesa que allí se celebran desde hace muchos años, y en las que él participa activamente. Su buen amigo médico Javier Castellano se encargó de recoger de muchas personas que quieren a Emiliano una aportación escrita para ser publicada en un volumen monográfico con ese contenido: recuerdos emotivos vividos con o cerca de Emiliano.  

     Transcribo aquí  mi aportación personal a esa publicación, referida a una preciosa anécdota que ocurrió en Atapuerca en 1984:




           Me resulta muy difícil seleccionar una anécdota  de las muchas que recuerdo haber vivido junto a Emiliano. Las hay de todo tipo: divertidas, serias, entrañables… pero la que describo a continuación no es fácil de calificar pues es de las que llegan directamente al corazón y te hacen vibrar.

 Sucedió en el verano de 1984 en Atapuerca. Todos estábamos ansiosos por descubrir en el marco del proyecto de investigación en el que participábamos algún fósil de hombre en la Trinchera del Ferrocarril o en la Sima de los Huesos. Pero se hacían de esperar. Eran muchos los sacos de sedimento de la Sima que se lavaban a diario en el río Arlanzón por el equipo de micromamiferistas que allí estábamos, aunque los fósiles de homínidos no aparecían. Pero una tarde de lavado, y justo antes de una visita de Eudald Carbonell con más sedimento, ocurrió lo esperado. Habíamos encontrado la primera pieza dentaria de hombre del proyecto de Atapuerca. La alegría fue inmensa. Y la ilusión se desbordó aquella noche en la cena de la excavación. Sin embargo, y en una reacción confusa para nosotros, Emiliano permanecía callado y serio. Aunque nos extrañó, pensamos que diría algo más tarde, durante los paseos de las largas veladas en Ibeas de Juarros, sede del equipo. Pero no fue así. En los postres, que regamos en esa ocasión con cava, oímos un tintineo de copas. Era Emiliano que reclamaba nuestra atención. Estábamos expectantes. Y fue entonces cuando nos llevamos verdaderamente la gran sorpresa del día. Comenzando a hablar con sus entonces típicos “bueno, bueno” levantó su copa para hacer un brindis. Por supuesto, dijo, se alegraba de que, por fin, hubiéramos encontrado restos de hombre en Atapuerca, pero que no sólo brindaba por ello, sino que sobre todo lo hacía por su equipo de excavación, pues era por quien verdaderamente merecía la pena brindar.

El silencio fue sepulcral durante unos interminables segundos. No hubo estallido de júbilo y nadie hizo ningún comentario mientras brindábamos. Varios nos miramos muy emocionados, y no porque nos dijera eso Emiliano, sino por ser conscientes de tener la gran suerte de estar ante un verdadero gigante como persona y poder compartir con él uno de los momentos más emocionantes de nuestras vidas.

Son innumerables las veces que yo he contado esta anécdota a familiares y amigos como ejemplo de “tener clase” en la vida, y todavía me estremezco al recordarla, aunque sea la primera vez que la comparto con Emiliano públicamente, pues formaba parte de mi archivo íntimo. He sido un gran afortunado al conocer a alguien así.

 Brindo por ti Emiliano.




                                              

Enrique Gil Bazán



Ricla (Zaragoza), 2008. De izquierda a derecha: Cristina Gil, Mercedes González,Enrique Gil, Carmen Bule, Emiliano Aguirre, y Enrique Gil, hijo.




1 comentario:

  1. Tuve el placer de recibir una charla , por parte de Enrique Gil , que resultó ser muy interesante .

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