¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

martes, 10 de febrero de 2015

Limpiar el Ebro: criterio ecológico y contrastación de ideas.




     El desarrollo de una conciencia ecológica suele traer a veces conflictos internos difíciles de solucionar. En muchas ocasiones la gente que se preocupa por ser un buen ciudadano, respetuosos con la naturaleza, aunque sin dejar de vivir en consonancia con los tiempos modernos, suele dudar sobre qué hacer o cómo comportarse ante tal o cual situación en la que se ponen en duda sus principios medioambientales. La exposición de sus ideas parece que tienen que estar siempre tamizadas por lo políticamente correcto. No todo el mundo se puede manifestar con claridad y transparencia  delante de los demás, por el qué dirán.
     La gente desea antes contrastar ideas o acciones llevadas a cabo antes de decantarse públicamente sobre algo. Por ejemplo, si los grupos ecologistas se manifiestan en contra del dragado de los ríos para evitar desbordamientos y toda la colección de daños colaterales que producen las mismas, será muy difícil  que, aunque pensando lo contrario, encuentres personas dispuestas a “opinar” sobre el tema. Pasa con adultos “formados” y con alumnos en fase de preparación. No están acostumbrados a afirmar y exponer ideas contrarias a la corriente pseudoecológica y pija que representan muchas veces los pseudocientíficos grupos  que practican el ecologismo actual.
El Ebro desbordado, cerca de Zaragoza.
     Volvamos al ejemplo del desbordamiento de los ríos. Y en concreto al río Ebro, que tanto destrozo ha causado en los últimos días (hoy 8.000 hectáreas anegadas... y esperemos otro destrozo cuando se derrita la ingente cantidad de nieve caída…). Desde la DGA y la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) se insinúa que habrá que “limpiar el cauce del Ebro”, es decir, que habrá que dragarlo. Pues bien, todos sabemos que ese es un tema especialmente sensible para los grupos conservacionistas. Es como echarles un gato a la cara decir que se dragará el río. El quitar grava del fondo de su cauce para que no haya desbordamientos lo consideran una gran agresión al río considerado como un ecosistema. Y en parte no les falta razón. Cualquier intervención sobre un ecosistema natural es una agresión al mismo. Por ejemplo, el arar un campo para cultivar calabacines es una agresión ecológica de primer orden. Y en el río pasa igual.
     Pero parece que los tajantes contrarios a esos dragados no cuentan en sus acervos culturales con la sencilla idea de que los ríos estacionales, como el Ebro, tienen una dinámica fluvial natural muy agresiva. Me explico. Hay dos procesos geológicos, denominados “divagación lateral” e “incisión lineal” que actúan conjuntamente en el río y que ejercen una acción muy semejante a la que se pretende hacer antrópicamente. Un ejemplo de la acción de esos procesos puede verse, por ejemplo, visitando el bonito Museo del Puerto Fluvial de la Zaragoza romana, en la Plaza de san Bruno de la capital. Allí puede contemplarse la altura a la que pasaba el río en tiempos de los romanos, desde hace ya casi 20 siglos, nivel que se sitúa unos 8 metros por encima del nivel actual. Esa “incisión” la ha realizado el río solito, sin ayuda de nadie. Naturalmente, los millones de toneladas de sedimentos “excavados”, “dragados”, de forma natural por la corriente fluvial han sido llevados aguas abajo hasta el Mediterráneo. Así mismo, en el Ebro y en muchísimos ríos que atraviesan ciudades ha sido necesario poner diques de contención en sus orillas (El Sena , en París), o escolleras de bloques de piedra (en Zaragoza), para evitar esa “divagación” y por tanto daños importantes en los barrios colindantes.
     Por supuesto que la acción del río es destructiva y atenta contra la integridad del ecosistema fluvial. Y no hay nada que hacer. Es un hecho totalmente natural. Eso es así, está claro. Pero si la civilización nos ha hecho afincarnos en las orillas de los ríos (por razones obvias) y los cultivos necesarios se instalan en las planicies de las terrazas de los mismos, tendremos que hacer un uso de los cauces para el provecho humano. Y si ese uso supone que se modifique en parte la orografía del río y, por ende, la estructura del ecosistema fluvial, habrá que entender que nuestra existencia está dependiendo de esas “agresiones” a los ecosistemas. Vivimos en y de la naturaleza. Habrá que respetar al máximo, con dedicación y normativas estrictas, todas las actuaciones que se pretendan hacer con el fin de conservar  todo lo que nos rodea, pero no podemos ser tan ilusos como para pensar que nuestro paso por la vida es sin tocar el medio natural en absoluto. Vivimos de él.
Inundaciones causadas por el Ebro.
     Por eso no se entienden posturas como las que ahora estamos viviendo con el Ebro. Por un lado, los políticos dicen que van ahora a hacer lo posible por dragar el río y así evitar los males producidos, año tras año, con las inundaciones de las zonas ribereñas. Y por otro lado, están desparecidos del mapa los grupos ecologistas dejando huérfanos a muchos de sus seguidores, aunque la gente no parece ahora muy sensibilizada con los daños sufridos por los ribereños con las inundaciones. No dicen nada, ni la gente ni los grupos conservacionistas. No opinan, o no se les oye. ¿Por qué?  ¿No saben qué hacer en estos casos? ¿No protestan ante un intento claro de agresión (DGA y CHE) al ecosistema fluvial? En otros  momentos, o mejor dicho después de otras riadas, una de las opiniones de manual que  argumentan es la genial idea de realizar unos canales laterales al cauce actual como lugar de llenado de aguas “sobrantes” del río en épocas de avenidas, a modo de pistas de frenado de urgencia en las carreteras con gran pendiente. Esta solución, que aparece como propuesta de actuación  incluso en numerosos libros de texto de ciencias ambientales, no deja de ser una especie de cohete artificial demagógico, pues  en la realidad es una solución inviable. ¿En qué terrenos de huerta  se realizarían esos canales afectando las haciendas de muchos? ¿Eso no es destrozar también los ecosistemas circundantes al del río? ¿Eso es conservar un ambiente sedimentario fluvial?
     Como puede verse, el tema es controvertido y de difícil solución. Y más aún que esa solución deje contentos a todos: pueblos ribereños, agricultores, ecologistas y a la gente en general. Espero que los que quieren oír ideas para contrastar, de esta índole u otras parecidas respecto a lo que hay que hacer para dar soluciones de urgencia a una situación ya insostenible, las oigan de los que siempre parece que son los portadores de la verdad medioambiental, aunque las suelen dar cuando otros han dado ya otra solución, aunque sea errada. Por experiencia recomiendo que esperen sentados.

1 comentario:

  1. Me parece interesante lo que escribes acerca de este tema tan candente de la llamada "limpieza" del Ebro. Como bien dices la cosa se complica desde el momento en que se habla de "limpieza" y de que el río esta "sucio", cuando en realidad de lo que se habla es de dragar el río. Llamar suciedad a las gravas que se acumulan en algunos tramos no tiene ningún sentido. Por esa regla de tres habría que llamar suciedad también a todas las fértiles tierras de labranza ribereñas que no son más que sedimentos que el río va dejando en cada crecida. Incluida la de estos días y las que vendrán en el futuro.
    Pero el principal problema que veo yo es que , en mi opinión y en la de muchos expertos en dinámica fluvial, los dragados, por muchas toneladas de gravas que se extraigan, tienen una utilidad nula. Dicho de otra manera: no hay dinero ni medios técnicos en el erario público para movilizar ni un 10% de los sedimentos que en una sola avenida el río redistribuye a su antojo sin ningún esfuerzo. Es como cuando estamos en la playa y excavamos una zanja que nos parece indestructible. Al día siguiente no quedará ni rastro de la obra. Pero como aquí lo que prima es el politiqueo, pues seguramente se acabará invirtiendo una buena cantidad de millones en acallar a los alcaldes de turno. Millones que por supuesto se llevará el río en la siguiente riada.Y vuelta a empezar.

    Saludos.
    Ramón

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