¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

martes, 3 de febrero de 2015

De Olimpiadas geológicas.



     Hay gente que piensa que eso de presentarse a las olimpiadas culturales que las facultades de ciencias organizan para promocionarse es un acto lúdico más de los que se ofrecen hoy en día. El día 6 de febrero se celebrarán las VI Olimpiadas de Geología de Aragón. Y allí estaremos. Esta vez solo con mis dos únicos alumnos de Geología de 2º de bachillerato (así están las cosas…), Jorge Nogueras y Pablo Aguilar, muy buenos estudiantes y personas. Veremos cómo nos va, pues la competencia es fuerte y el nivel de las pruebas cada vez más alto.
      Y esto de que el nivel de las pruebas es cada vez mayor es otra de las cosas que mucha gente tampoco se cree o pone en duda. Además de pasar una prueba inicial con multitud de preguntas de casi todas las especialidades de la geología, han de superar una prueba práctico-teórica, a modo de gymkana por la facultad en la que se les pone “pistas” de tipo geológico o paleontológico con las que elaborar una hipótesis-conclusión sobre un acontecimiento terrestre importante. La del año pasado consistía en deducir en qué momento de la historia geológica de la Península Ibérica se había producido la apertura  de la Cuenca del Ebro hacia el mar Mediterráneo. ¡Casi nada! Me gustaría  saber cuántos profesores que diseñaron las pruebas de la olimpiada sabían deducir a sus 17/18 años, antes de entrar en la universidad, este tipo de cosas. Yo, desde luego, no. Por eso la preparación del alumnado para que se puedan presentar a estas pruebas es ardua y difícil. Y en eso estamos.

Mallos de Riglos (Huesca).
     No es cuestión de regalar nada a nadie, y menos unas pruebas donde se marca, de alguna manera, el nivel que en la comunidad se tiene de geología entre los alumnos de bachillerato. Pero tampoco en querer aparentar gran nivel en el diseño de las pruebas, o pretender que los alumnos lleguen a la facultad con una capacidad hipotético- deductiva   que seguramente muchos de los responsables han desarrollado en sus años de doctorado, o después. Este hecho contrasta con la habitual protesta de parte del profesorado universitario respecto al “mal” nivel con el que llegan los alumnos a la facultad, en cuanto a contenidos, capacidad de expresión oral y escrita, o escasa capacidad de razonamiento, cosa que en muchos casos puedo atestiguar que no es cierto. Tanto los que se presentan, en general, como los que las superan, en especial,  son gente concienciada y bien preparada, con ganas e ilusión geológica.  Y aunque esto es  tema de otro tiempo que no toca ahora, recuerdo la confusión que teníamos respecto a estas virtudes personales antes descritas cuando éramos alumnos nosotros de esa facultad, hace 30 años, pues a muchos de los, les llamaremos profesores por educación, no resultaba nada fácil el saber de qué hablaban en sus clases. Y no se sabía no por ser cortos o limitados los alumnos, sino por sus grandes limitaciones dialécticas (muchos acababan de aterrizar en Zaragoza usando un andaluz cerradísimo ininteligible), de capacidad de transmisión de conocimientos, de organización profesional didáctica, y de intercomunicación con el alumnado. ¡Llegamos a pensar que era dificilísimo e inalcanzable el contenido de alguna asignatura! Y no era así.  Después, con los años de la práctica docente, comprobamos que eran gente poco “apropiada” y “preparada” para dar clase en la universidad. Algunos de ellos aún siguen por allí, y espero que lo hagan mejor. Tengo la certeza que ellos no sabían entonces cuándo se abría la cuenca del Ebro hacia el Mediterráneo…, ¡y ahora se les pide a los chavales de bachillerato!
     Pero por suerte hay, además,  en nuestra facultad de geológicas actual de Zaragoza,  una buena colección de profesores, preparados,  entregados y con ganas de sacar adelante la geología aragonesa,  que se enfrascan en esto de llevar a cabo las olimpiadas geológicas, lo que supone tiempo y dedicación. El generar entusiasmo entre el alumnado es fundamental para que se conozca y respete cada vez más todo lo relacionado con la geología y sus aplicaciones, tan distorsionadas y desenfocadas en los últimos tiempos desde ópticas conservacionistas pseudocientíficas.  No sé si se conseguirá, aunque intentaremos ayudar lo que haga falta, entre otras acciones, con nuestra participación en las VI Olimpiadas Geológicas en Aragón.

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