¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

jueves, 26 de febrero de 2015

Alumnado indefenso.



     Casi todo el mundo sería capaz de relatar algún amargo incidente que le ha pasado en sus años mozos con profesores un tanto, digamos, especiales. ¿Quién no recuerda algún encontronazo basado en una reclamación de la nota de un examen, una sucesión de momentos de controversia verbal, o por, simplemente, pensar que este profesor o profesora me tiene “manía”? Yo creo que todo el mundo recuerda un episodio así. Es muy frecuente.
     Los silencios y sumisiones que hace muchos años existían respecto al profesorado fueron dejando paso, sobre todo desde la implantación de la LOGSE en 1996, a una situación en la que los derechos  de los alumnos, los desplantes, las injusticias, o los desprecios profesorales, eran reivindicados y contestados con contundencia e incluso violencia por parte de muchos alumnos despechados y sus familiares. Es de sobras conocida la escena, a modo de chiste en los medios de comunicación, donde un profesor es vilipendiado y agredido por unos furibundos padres que le van a pedir explicaciones por determinada actuación con su hijo.
 


    
     Por supuesto, estas situaciones, que en ocasiones rozan lo grotesco, deben ser evitadas  por completo. Cualquier  discrepancia con la actuación del profesorado debe ser canalizada por los conductos racionales, legales y democráticos de nuestra sociedad. Debe ser así, sin paliativos. Pero dicho esto, y muy lejos del corporativismo, debemos también como profesores hacer un poco de autocrítica en relación con el comportamiento que algunos de nosotros tienen con el alumnado en general.
     Veamos. Se dan situaciones en los centros educativos (y me refiero a los de Educación Secundaria públicos) que son  de difícil comprensión.  Es difícil de entender cómo alguien que trabaja como profesor puede someter a alumnos de bachillerato de un instituto (de hasta 18 años) a un insoportable nivel de aguante y sumisión ante su comportamiento cotidiano en las clases.  Existen “profesores” que, por desgracia,  amedrentan con mal tono al alumnado  con continuos e insidiosos  comentarios en clase  sobre  las religiones del amplio abanico confesional  de los alumnos de  las aulas actuales de los institutos; que las calificaciones o notas de los exámenes solo sean dichas en clase, sin mostrar nunca la corrección de los mismos, y diciendo que el que quiera ver el examen tiene que ir al departamento pero que de allí se puede salir con otra nota…, generando así  un ambiente de miedo e inseguridad; o que se monten escándalos por opinar “diferente” en  clase sobre cualquier tema que se trate. Y todo esto no son casos aislados. Pero  resulta más increíble aún el ver cómo esos mismos alumnos sí  son capaces de ejercer su derecho a la huelga y salir en masa a protestar (con todo el derecho y a mi juicio, con razón) por las nuevas agresiones del gobierno (sistema universitario 3+2, por ejemplo…), pero sin la más mínima intención ni propósito de rebelarse ante las kafkianas situaciones que viven a diario con determinados personajes durante el curso.
     No parece coherente, pero es así. Hay que entenderlo. Y es que, cuando corre peligro tu nota académica se está indefenso ante cualquier presión. Aquí se es muy temeroso y educado a la vez. Se aguanta demasiado ante la amenaza personal y se envalentona uno mucho ante una actuación reivindicativa en masa. Si nos toca de cerca,  nos achantamos y soportamos lo que nos echen encima. O eso parece.
     Este tipo de asuntos es de difícil solución. Los hechos que arriba he expuesto, y que  ocurren desde hace años en los centros educativos, suelen ser conocidos por la mayoría del claustro de profesores y por el equipo directivo del mismo. ¿Y qué se hace para evitarlo? Pues poco se puede hacer sin una denuncia en toda regla. Y a eso la gente no está dispuesta, sintiéndose, por  tanto,  indefensa.  La prudencia debe estar, claro,  presente en todas las iniciativas que se proponen para dar solución a este conflicto. Una conversación  con el individuo en cuestión debería ser suficiente para convencerle de que está tratando con personas en formación y que su actitud dictatorial, chulesca y arbitraria no cabe en un sistema educativo democrático. ¿Por qué hay gente  tan déspota en el trato con personas? ¿Son gente tóxica?
     Cuando  los alumnos  explican la situación que están viviendo y les escucho avergonzado las hazañas de ese tipo de personajillos, en el fondo muy  acomplejados y torturados mentalmente por su propia incapacidad y falta de desarrollo personal, me dan ganas de querer abanderar junto a ellos una verdadera “rebelión en las aulas”. No se merecen ese trato inhumano por parte de docentes.  Además del pataleo solo nos queda esperar a que la dirección del centro, una vez enterada del problema que eso supone, haga algo y trate de encarrilar la situación. Aunque no lo tiene fácil pues  a veces uno se enfrenta con un muro de inoperancia, catetismo y prepotencia que es muy difícil de romper.
     No recomiendo a nadie que se aguante y calle con este tipo de situaciones, pero sí que trate de sacar algo beneficioso aunque sea de esta bochornosa situación “educativa”. Siempre se aprende algo. Por lo menos, para estar más prevenidos para la próxima.  ¡Ánimo chavales, no estáis solos!

2 comentarios:

  1. A veces es necesario que alguien te haga ver las incoherencias de tus actos y me alegro de ver un escrito como este, que a la vez de hacer que me de cuenta de la incongruencia que supone unirse a una manifestación y a su vez cargar con injusticias como las que describes sin ni siquiera alzar un dedo en señal de protesta, consiga darnos ese empujón necesario para poder hacerlo, para poder vivir fuera de lo que puede ser un martirio continuo si en tu vida te atreves a dar tu opinión.

    Quiero darte las gracias por el apoyo que nos das ya que como dices no es lo mismo protestar rodeado de gente que en una situación más directa como la que describes; estas cosas te hacen pensar y querer que se sepa lo que piensas, algo fundamental para no vivir sin ser una persona que vive constantemente con miedo a expresarse. Es más difícil pero habrá que afrontarlo...

    Más vale quedar mal que pasar desapercibido.

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    1. Hola Pablo. Gracias por comentar esta entrada. Me alegro de que sirva para que reaccionéis e iniciéis vuestra defensa ante esos "malos tratos" e injusticias que vivís a diario. Con educación y asertividad puede defenderse y exponer cualquier idea. Es bueno también que te abras un poco más y defiendas tus derechos. Hasta la próxima.

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