¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

viernes, 10 de enero de 2014

Vuelve a sobrar agua...


 
Extracto de Heraldo de Aragón del 9 de enero de 2014:
“Después de que la presidenta de Castilla-La Mancha, Maria Dolores de Cospedal, haya defendido esta tarde el uso de agua "sobrante" de un río para abastecer a zonas que lo necesitan y haya opinado que es una "barbaridad" que "no se aproveche el agua en otros ríos, singularmente en el Ebro", el Gobierno de Aragón ha rechazado una vez más que se produzca una transferencia de agua de este tipo".
 
    
      Ya se mueven de nuevo. Las fuerzas vivas políticas del partido que gobierna empiezan a dar pasos otra vez. Y con el mismo argumento de hace años: que sobra agua del Ebro para trasvasar a tierras deficitarias. No nos sorprende. Sabíamos desde que llegaron en 2011 que tarde o temprano resucitarían el tema. Y una vez más juegan con la ignorancia de muchos paisanos que, muy solidarios ellos, no dudarían en dar el agua “sobrante” a los necesitados hídricos.
     El manido concepto o idea de que sobra agua lo basan en el establecimiento de otro un tanto relativo: el caudal ecológico. Seguro que lo han oído mil veces de las bocas de políticos y aficionados a la ecología hídrica. Este se establece en función de las necesidades hidrológicas mínimas para que el ecosistema fluvial pueda mantenerse con garantías de que las fluctuaciones propias de los ríos estacionales, como el Ebro, no afecten al desarrollo de las biocenosis del entorno. Pero al establecer un mínimo caudal intocable por necesidad ecológica no se aplica la necesidad de respetar que el ecosistema fluvial que lleva al mar millones de litros de agua es un complejo entramado de variados y necesarios elementos para mantener la estabilidad fluvial y litoral. Y esto es debido a que, una vez más, se suele diluir en el concepto ecológico de río la componente geológica del mismo.
 

 

     Al mar es necesario que llegue agua fluvial pero también, y casi con mayor importancia, un conjunto de sedimentos fluviales que engloban una gran lista de nutrientes y otras sustancias que repercutirán directamente en la pervivencia de las biocenosis marinas. Sin esos aportes la riqueza pesquera disminuirá drásticamente, así como se acentuarán una serie de acontecimientos  de remodelación del litoral que, por supuesto, seguirá funcionando al margen de si tiene o no depósitos sedimentarios que redistribuir, por lo que el incremento de efectos erosivos es más que probable. Basta un claro ejemplo para entender bien esta cuestión. Desde que se construyó hace casi  4 décadas la presa y embalse de Mequinenza en el Ebro, propiedad de Endesa, la proporción de sedimentos fluviales ha disminuido tanto en el delta marino del río Ebro que éste ha retrocedido, por erosión del mar, más de 2 km tierra adentro, dejando sumergido a 12 m de profundidad un antiguo faro costero. Así es el mar y su dinámica costera, aunque los que piensan y diseñan trasvases no lo quieren saber.
      Si se deja solo el caudal ecológico del río todo el ecosistema se verá afectado de forma  irreversible, además de influir negativamente en los posibles y futuros usos de esa agua por las tierras ribereñas,  que se hipotecan al verse sometidas sus gentes a un uso del agua muy regulado y condicionado.
Delta del Ebro.

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