¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

jueves, 26 de abril de 2012

Impacto visual junto a la cascada del Molino de San Pedro (Río Cabriel, El Vallecillo, Teruel).


     El Vallecillo es un pequeño pueblo situado en el lado oeste de la Sierra de Albarracín, en Teruel. En sus proximidades nace el río Cabriel, famoso hace unos años por la lucha llevada a cabo entre la comunidad de Castilla-La Mancha y el gobierno central con motivo del trazado del AVE a Valencia, desde Madrid, y la conservación de las famosas Hoces del Cabriel. Es el mismo río.
     Cerca del nacimiento, a unos 500 metros, se sitúa la cascada llamada del Molino de San Pedro, foco de atracción turística local, muy visitada en verano casi en exclusiva por excursionistas de los alrededores, ya que el lugar, en mi opinión precioso, no es demasiado conocido ni reconocido por el público en general, debido a que los accesos son difíciles, los servicios e infraestructuras turísticas escasos o inexistentes, además de quedar alejado de las rutas turísticas que se promocionan del interior peninsular. En resumen, que queda lejos de casi cualquier sitio. Precisamente por ese motivo es muy apreciado por gentes que en busca de algo “muy natural” y “sin tocar” se acercan hasta allí.
Cascada del Molino de San Pedro, El Vallecillo, Teruel.
Foto: Óscar Pardo de la Salud.
     Hace unos años que no visito el lugar, pero gracias a Óscar Pardo de la Salud, en su blog, he descubierto una novedad en ese precioso entorno de la cascada del Molino de San Pedro (http://blogdeoscarpardodelasalud.blogspot.com.es/2012/04/el-vallecillo-teruel-sale-en-defensa-de.html). Se trata de la construcción de nueva planta de un edificio destinado a alojamiento rural. Un pequeño hotel cuya obra está inconclusa debido, al parecer, a la paralización de las obras debido a la acción de protesta de un colectivo de personas que, inquietas y preocupadas por la conservación del medio ambiente de este entorno, han conseguido  este hecho. Y parece que  han conseguido parar las obras debido a alguna cuestión legal incumplida claramente, desde un punto de vista medioambiental.
     Creo que se pueden argumentar una serie de cuestiones respecto a la oportunidad y necesidad, o no, de construir ese edificio junto a la cascada de El Vallecillo. Y en primer lugar quiero dejar claro que el impacto visual que muchos de los que han visto el edificio en obras es el mismo que el que puedo sufrir yo al verlo, por lo que comparto con Óscar Pardo su preocupación por la aparente destrucción visual de ese entorno. Está claro que visto ese edificio así, junto al agua de la cascada, en un paraje tan hermoso, resulta muy provocativo y supone una señal de alarma ante cualquier persona mínimamente sensible con la naturaleza. Pero dicho esto, hace falta decir que para ir en contra de esa construcción, como parece que va ese colectivo de personas, para apuntalar un argumentario consistente y rotundo que demuestre que ese edificio es todo un atentado ecológico y, en definitiva, demostrar que nuestro descontento  se basa en principios conservacionistas, hay que tener claras unas cuantas cuestiones medioambientales, las cuales no pueden ir teñidas de demagogias, tópicos o convencionalismos ideológicos que parecen ir de la mano de otros intereses.
Cascada de El Vallecillo, Teruel. Obras paralizadas del hotel junto a la cascada.
Foto: Óscar Pardo de la Salud.
     Para decir que no me gusta que se construya un edificio junto a la cascada del Molino de San Pedro no puedo argumentar, bajo la apariencia de conservacionismo y pureza ecológica, cuestiones esgrimidas por esas personas, como las siguientes:
1.- Que ese hotel va a generar una serie de residuos que se verterán al río, “recién nacido”. Desde luego, casi seguro que será así, pero ¿nadie se ha parado a pensar dónde van los residuos del pueblo cercano desde siempre? ¿Esos residuos no cuentan en sus puros  ideales ecológicos?
2.- Que será mayor el impacto ecológico producido por la conducción eléctrica hasta la instalación hotelera que el propio hotel. Por supuesto, no es algo “natural”  ver unos cables eléctricos y postes por el monte hasta llegar al hotel, pero, ¿cómo llega al pueblo la luz? ¿O a cualquier otro sitio?
3.- El impacto visual que el hotel genera tan próximo a la cascada es evidente. No hay duda.  ¿Y el que generaba el molino que estaba justo debajo del hotel y que nadie parece que ha pretendido derribar hasta ahora? ¿Y el ramal de obra  de la acequia para llevar agua hasta el antiguo molino, que todavía está, por qué no se derriba para conseguir así una perspectiva mejor de la cascada?
4.- Pretender que este rincón sea “reserva de la biosfera”, en fin, no quiero quitar ilusiones a nadie, pero me parece apuntar demasiado alto con tan poca escopeta. Es un lugar agradable, geológicamente curioso, entrañable para los amantes de este tipo de rincones bucólicos, pero pretender esa denominación solo indica que las personas que lo proponen, con todo mi respeto, han  debido de viajar poco por el mundo  o no conocen demasiados espacios naturales de especial relevancia.
     Sin embargo, y ya que una marcha atrás se ve algo complicado, ¿no podemos pensar en positivo con este edificio? ¿Tan difícil es querer adaptar la construcción a las especiales características de su peculiar entorno? Respecto a esto podemos hacer un ejercicio de adecuación de nuestros principios ecológicos a las necesidades de progreso y “salir adelante” que cualquier persona o colectivo tiene en la vida, incluidos los de El Vallecillo, en Teruel. Veamos.
1.- Ese edificio, ya que está allí, sobre las ruinas de otro preexistente, podía camuflarse convenientemente para que encajara mejor con su entorno. Me refiero a un forrado de sus paredes con piedra, ventanas de madera, tejado romano, o cualquier otro elemento que permita difuminar ese contundente bloque constructivo junto a la cascada.
2.- Exigir, para autorizar la terminación de su edificación, un compromiso de afectar lo mínimo posible al entorno, a través de minidepuradoras de aguas residuales, tratamiento de basuras, adecuación ecológica de servicios, y dotar a la casa de estructuras blandas respecto a su impacto visual en el entorno. Todo ello según los preceptos de una necesaria, urgente  y exigente evaluación de impacto ambiental (EVA).
3.- Resulta casi milagroso, si es que se cree, que en un pueblecito de 60 habitantes alguien haya decidido moverse y construir un hotel rural que dinamice la zona. ¿No es posible centrarse y llegar a entender que esto es todo un ejemplo a seguir en cuanto a la posible rehabilitación de ese pobre, abandonado y olvidado núcleo rural de la Sierra de Albarracín? ¿Podría ser un revulsivo turístico para la deprimida zona? Es muy posible que el hotel lleve consigo un adecentamiento del entorno natural: caminos, accesos,  ajardinamiento, esparcimiento infantil, u otros elementos,  con el consiguiente aprovechamiento por parte de todos de este recurso natural.
    No sé si con estos argumentos podré ayudar a convencer a alguien respecto a las múltiples opciones que se tienen en esta vida de ser, no condescendientes con el que hace las cosas mal, pero sí comprensivo, aun sin dejar de ser exigente ecológicamente, con esta especie de “brote verde” que en cuanto a dinamismo y querer hacer algo por su pueblo supone el levantar un negocio, con nuevo hotel, en los alrededores de la cascada de El Vallecillo. Creo que hace falta ser muy valiente para hacerlo.
     A juzgar por lo que he leído en el blog de Óscar Pardo, o eso  interpreto yo, creo que los que están en contra de esta actuación, aunque les presupongo buena fe,  no parece que   conozcan muy bien los muchos inconvenientes ecológicos que CUALQUIER actuación antrópica produce en la naturaleza, desde hacer  una carretera, camino, acequia, conducción eléctrica,  urbanización, pueblo,  casa de campo,… o hasta  un hotel como aquí, y de las cuales se aprovechan a diario. Todo lo que hagamos influye en la naturaleza, sea lo que sea.  No nos cabe la menor duda de que la idea que ha movido a este colectivo respecto a  querer conservar, cuidando y respetando sus caracteres naturales, el entorno de la citada cascada, es buena, necesaria  y conveniente. Pero no es de recibo, en mi opinión,  atender solo  las inquietudes y supuestas preocupaciones medioambientales de los que van en “todoterreno” un día de sus vacaciones a bañarse al río desde la cuidada y desarrollada ciudad en la que viven,  pretendiendo que en su pueblo de origen  o de visita veraniega  conserven sus entornos  en estado de semiabandono, sin arreglar,  sin desarrollar, sin adecuar para todos,  por el mero hecho de querer que cuando ellos vayan se les ofrezca un panorama que denominan “natural”, según su criterio y recuerdos de cuando eran niños, e interpretando que cualquier acción o intervención humana en ese entorno  es un “atentado ecológico”.
     Probablemente se olvidan de que el disfrute de la naturaleza no es un derecho de unos pocos, sino de todos, por lo que se hace imprescindible crear las condiciones necesarias para que la gran mayoría sea capaz y tenga la posibilidad material de contemplarla. La adecuación de un lugar con peculiaridades naturales para el recreo, esparcimiento y aprovechamiento humano lleva implícita  la utilización de esos recursos naturales. Ese uso conduce inexorablemente, en la mayoría de los casos y si se hace bien, a la prudente y cuidadosa modificación parcial del entorno, pero  con el fin último, repito,  de acercar el lugar a la mayor cantidad de personas posible. Por eso debe atenderse prioritariamente a  diseñar un adecuado sistema de acceso; procurar comodidad en la respetuosa visita e interrelación con la naturaleza, y, sobre todo,  comprensión del entorno natural a través de una labor formativa y divulgativa. Solo así, ese punto de interés natural, que puede y debe ser  patrimonio de todos, llegará a ser socializado bajo pautas de un verdadero desarrollo sostenible.

miércoles, 25 de abril de 2012

Datos sobre la extinción de los dinosaurios.

¿Qué nos pasó...?

     Una extinción masiva  es  la desaparición de diferentes  especies  de seres vivos como consecuencia de un  proceso de degradación biológica o acontecimiento geológico global. La  más conocida es la que se produce a finales del Cretácico, hace 65 millones de años (ma), aunque no ha sido la única que se ha producido durante los últimos 570 ma (Fanerozoico),  período de tiempo   con registro de fósiles pertenecientes a multitud de grupos faunísticos y florísticos. Y es la más conocida debido al esfuerzo de investigación, y divulgativo,  que se ha hecho en las últimas décadas con el fin de dar una explicación convincente a la desaparición de  uno de los grupos de seres vivos más llamativos y atrayentes para el gran público que habitaron nuestro planeta, como es el de los dinosaurios.
      Como mucha gente sabe, los dinosaurios se extinguieron  al final de la Era Secundaria, o Mesozoico. Además de ellos, se extinguieron también los reptiles voladores (Pterosaurios) y los marinos  (Plesiosaurios); y en cuanto a invertebrados, muchos braquiópodos y todos los ammonoideos  desparecen entonces de la Tierra.



     La hipótesis más aceptada sobre esta gran extinción fue emitida por científicos norteamericanos en 1980. Consiste en una explicación basada en la llegada a la Tierra de un meteorito que pudo caer sobre la superficie terrestre a una velocidad de más de 10 m/s, por  lo que  esa colosal transferencia energética sobre  la corteza y la atmósfera hizo que se produjeran enormes fenómenos catastróficos, como olas gigantes, terremotos e incendios forestales. Las evidencias de este hecho se basan en el estudio del Iridio, un metal raro y escaso en la Tierra, pero habitual en la composición de los meteoritos estudiados. Este metal está en cantidades poco frecuentes en el nivel arcilloso que señala el límite Cretácico/ Terciario, conocido como el K/T. Esto solo sería posible si en esa época la atmósfera y los mares estuvieran “cargados” de este material, por lo que su depósito sería posible. Además, en las rocas próximas al evento K/T, se detectan rarezas geológicas, como granos de cuarzo astillados y marcados por grandes presiones, así como  gotitas solidificadas de roca fundida, o esférulas,  que se cree son el resultado de las grandes presiones y temperaturas sufridas por los materiales en la zona del impacto meteorítico. Entre las áreas candidatas a ser la que recibió el fuerte impacto se encuentra la del cráter de Chicxulub, en el Yucatán mejicano, donde hay un nivel de esférulas de hasta 50 cms de espesor. También se encuentran mezclados en los depósitos mejicanos materiales marinos con abundancia de restos vegetales continentales, probablemente fruto de grandes tsunamis originados por el impacto. Otro dato lo ofrece la alta proporción de Iridio en las rocas del centro del cráter, que han sido datadas por el método del Argón en 65,2 ma, lo que coincide con el sesgo detectado entonces en el registro fósil.


Nivel arcilloso K/T con acumulación de Iridio.


 
     Solamente los grupos de seres vivos que estuvieran diseminados por todo el planeta tuvieron posibilidades de sobrevivir. Es posible que algunos mamíferos, que ya llevaban mucho millones de años coexistiendo con los grandes reptiles, pudieran salvarse después del impacto, además de valorar para este hecho su autorregulación térmica corporal y la adaptación a diferentes hábitats, incluso los de tipo subterráneo, donde  encontrarían mejores condiciones para sobrevivir y diversificarse evolutivamente.

     Además de la hipótesis del meteorito es posible reseñar otras que, lejos de representar una explicación alternativa, pueden ser consideradas como  posibles acontecimientos que pudieran conducir o facilitar la extinción masiva que se produjo a finales del Cretácico. Algunas de las más consistentes se refieren a la competencia ecológica mamíferos-reptiles, y a la variación mesozoica de la cobertera vegetal.

     Respecto a la primera, la aparición y diversificación de grupos de pequeños mamíferos en el Mesozoico pudo generar una verdadera competencia ecológica con los reptiles, entonces dominantes, por lo que la incompatibilidad de ambientes y el solapamiento de nichos ecológicos de diferentes especies de estos grupos condujeron a un debilitamiento de las poblaciones de reptiles, con la consiguiente y progresiva disminución de taxones de dinosaurios.

     Por otro lado, está comprobada paleontológicamente la paulatina desaparición en muchas zonas de la Tierra de las plantas Gimnospermas, sin flores vistosas,  a lo largo del Mesozoico, con la consiguiente diversificación y conquista de diferentes biotopos de las Angiospermas. La sustitución ecológica entre estos grupos de Espermafitas  va acompañada de una explosión de olores y colores de las vistosas  flores de las Angiospermas, que bien pudieron atraer como reclamo alimenticio a los dinosaurios herbívoros, si es que eran capaces de percibirlos,  los cuales y ante una ingesta indiscriminada de estas plantas, pudieron captar sustancias tóxicas para ellos que precipitaron su desaparición. El resto del proceso de extinción puede explicarse por el inevitable enlace de eslabones tróficos entre herbívoros y carnívoros, por lo que todo el grupo reptiliano se sometió a un proceso de muerte segura.

 
     Sin entrar en  precisiones y como consideración final, añadir que la extinción de los dinosaurios producida a finales del Cretácico no ha sido la única que se ha producido a lo largo de la historia de la vida en la Tierra. Cuatro extinciones importantes le han precedido en los últimos 570 ma, siendo la del K/T la menos importante, ya que en esta extinción “solo”  desaparecieron un 11% de las familias de seres vivos que habitaban nuestro planeta. La más importante en cuanto a número de taxones desaparecidos se produce en el tránsito entre las Eras Primaria y Secundaria, entre el Pérmico y el Triásico, en la que desaparecen hasta el 52% de los grupos.


viernes, 20 de abril de 2012

Montañismo y actitud ecológica.

El Himalaya.

     El denominado “montañismo” engloba una larga serie de actividades relacionadas con la montaña. Todo el mundo sabe, en general, a qué se refiriere el término  sin necesidad de desglosarlo aquí en sus variadas alternativas. Sobre todo, y por lo visto en televisión en los últimos tiempos, se relaciona especialmente con la escalada y sus muchas variedades, además de algún moderno deporte extremo de montaña. Aunque el término preciso se usa poco, es el “himalayismo” una de esas actividades de montaña más conocidas, espectaculares y arriesgadas que existen, aunque para practicarlo sea necesario usar y conocer a la perfección las ténicas más refinadas.
     Casi todo el mundo ha practicado o practica alguna de las versiones del montañismo, aunque sea la más liviana y apta para todos los públicos, como es el senderismo. Pero si algo está considerado como una actividad de alto riesgo, difícil y complicada, donde hay que poner los cinco sentidos para poder practicarla, y que suele ser considerada por muchos como algo digno de admiración, es la escalada de aventura de alta montaña. Todo el mundo conoce programas televisivos, como “Al filo de lo imposible” donde unos cuantos “especialistas” en montaña se jugaban la vida (algunos han muerto en accidentes al practicar ese deporte) para subir a altísimas cimas montañosas, habitualmente de la cordillera del Himalaya, donde, al parecer, estas personas se demostraban a sí mismos y al mundo entero  que esa práctica era merecedora de los mejores parabienes y consideraciones sociales. ¡Qué hombría! ¡Qué héroes! (perdón por el toque machista de estas frases). ¿Se puede conseguir humanamente algo más grande que subir a 8.800 metros de altura? Es como para dejar con la boca abierta al más pintado, ¿no les parece? Pero analicemos el asunto.
     Para empezar, hay que tener claro qué tipo de personas se dedican a estos menesteres. La mayoría de estos “especialistas” suelen dedicarse por completo, su vida profesional, al alpinismo. No se trata de hablar aquí de un vecino suyo  que sube al monte algún fin de semana para desfogarse del trabajo,  aunque sea  escalando la primera pared de roca que se encuentre. No, estos a los que me refiero viven del negocio personal de la escalada y la aventura en la montaña. Es su vida. Son verdaderos “emprendedores”. Emprendedores, pero con dinero, y mucho. Dinero que les hace falta en grandes cantidades para sufragar los gastos que generan sus expediciones. Viajes hasta el Himalaya u otra cordillera, contratación de los “sherpas” que acarrearán con el “equipo” técnico, aunque no salgan en la foto, y  mucho material. Material que, lejos de las cuerdas de esparto de los primeros alpinistas de finales del siglo XIX, está constituido por los mejores logros de la técnica hiperdesarrollista moderna, por su resistencia, calidad y fabricados especialmente  con los componentes precisos y más sofisticados del mercado.
Equipo de "Al filo de lo imposible" en plena faena.

      Pero lo desconcertante radica en que si llegas a ver a algún montañista en una “rueda de prensa” o en fotos de promoción, te encuentras con alguien que bien puede pasar por ser el más representativo de los ecologistas al uso: una puesta en escena en la que no falta un disfraz “superhipermegaecológico”, por lo que nada desentonaría subido en la cubierta de  un barco de Greenpeace o encabezando una manifestación antitaurina. Deben ir así pues quieren representar ante la sociedad que son  la “quintaesencia del saber contactar con la naturaleza”, aunque tengan que utilizar esos maravillosos materiales. Con su pose nos dan clases a todos de medioambientalismo, conservación  del medio natural, y de amor por la montaña,¡faltaría más!  Y si les preguntas las razones de su afición, suelen contestar que es tan intensa la sensación espiritual, en su interior,  que sienten al estar allá arriba, de realización personal completa, de sentirse realmente humanos y a la vez cerca y en comunión con la Madre Naturaleza, que necesitan hacerlo. Sin más. Les faltan palabras, dicen, para expresarse, pero sus sensaciones  parece que traspasan lo material. Pero, además, están convencidos de que si la gente entendiera y participara de ese amor por la montaña, la vida en la Tierra sería mucho mejor. Nos dejan mudos  y, sobre todo, emocionados.

     Pero, claro, todo esto lo sienten mejor si colocan una banderita de la comunidad autónoma que le subvenciona, por supuesto con dinero público, en la cima de la montaña. Suelen ser contrarios a cualquier tipo de frontera, división de tierras u otras trabas administrativas, son auténticos ciudadanos del mundo, pero si ponen esa pequeña y pacífica “pica en Flandes” en cualquier cima del Himalaya se sienten reconfortados y seguros de haber hecho algo por su patria chica. Y es más, saben que desde aquí, los representados por esa gesta  casi épica que están protagonizando estaremos pendientes de sus progresos, de sus subidas y bajadas al campamento base, de si han cogido frío o estornudan demasiado, por si no pueden llegar el  sagrado día de San Jorge, patrón de Aragón y otras tierras aledañas, a la cima del mundo. Sí, a la cima del mundo, en nuestro nombre, y con nuestro dinero.


Basura en uno de los campamentos base del Himalaya.

     Pero lo más bonito de todo esto es la maravillosa actitud ecológica que rezuman por todos los poros de su cuerpo. Y para comprobarlo solo hay que fijarse en el especial cuidado que suelen tener en no dejar rastro de su paso. Si nos fijamos en las laderas de los picos del Himalaya y las zonas donde acampa esta gente, veremos que parece Nápoles en temporada de huelga de basuras. ¡Qué sensibilidad! ¡Qué cuidadosos con el entorno! Pero no importa. No hay que preocuparse por este pequeño dato incoherente en relación con lo que luego nos enseñan, pues su descuido higiénico es fuente de trabajo y riqueza para los lugareños, esos que no salen en la foto, pues son ellos los encargados de limpiar periódicamente las muchas toneladas de inmundicias que los naturalistas montañeros dejan en la cima del mundo. ¿Por qué no agradecen estas gentes a los alpinistas el trabajo que les proporcionan? ¡Si es que esta gente del tercer mundo son unos desagradecidos!
     Y mientras, aquí, esperando que bajen sanos y salvos para rendirles un homenaje a estos héroes. Por favor, que se envuelvan  en la bandera de Aragón para la foto. Se lo merecen.

"Romería" de alpinistas en el Himalaya.

lunes, 16 de abril de 2012

Apuntes de paleontología humana: registro fósil y esquema evolutivo.

Cráneo de H. heidelbergensis de Sima de los Huesos, en Atapuerca.

     Se han producido  muchos  avances y modificaciones  en los últimos años respecto al conocimiento de la evolución de los homínidos, tanto por el hallazgo casi continuo de numerosos y significativos  restos fósiles de hombre,  como por el desarrollo de la investigación en esta especialidad de la paleontología. Esto, que desde un punto de vista científico resulta fascinante,  dificulta al interesado no especialista el poder estar al día en este complicado tema, cada vez más solicitado por numerosos aficionados con el fin de descifrar y entender los vericuetos que se han sucedido desde la aparición del hombre sobre la Tierra hasta nuestros días. Exponemos aquí, de forma esquemática, los datos más significativos y actualizados de los obtenidos, aceptados  y establecidos científicamente a fecha de hoy  de  la evolución humana.


Una visión general de la evolución humana.
     La cuna de la Humanidad es África. Allí se lleva a cabo la primera parte de la evolución humana, desde los primeros homínidos bípedos hasta que se produce  la primera salida del continente africano, hace  más de un millón de años, hacia Europa y Asia.  Homo sapiens, nuestra especie, pertenece al grupo de los Primates, los cuales aparecen registrados paleontológicamente desde  finales del Cretácico, hace casi 70 millones de años (ma). Este grupo se diversificó por evolución, apareciendo en el Mioceno, hace 25 ma, el grupo de los Hominoideos, al que pertenecemos los humanos junto a los  simios antropomorfos como gorilas, chimpancés, orangutanes y  gibones.


Árbol evolutivo de los Primates.


     Ardipithecus  ramidus,  de vida parecida a la de los chimpancés y gorilas, en ambientes cerrados y arborícolas,  aparece hace 5 ma  y es  el primer antepasado del género humano. A  los 4 ma y de ambientes más abiertos, Australopithecus anamensis  es ya claramente bípedo, a partir del cual se desarrollan dos grupos distintos. Uno, de 3 ma, Australopithecus afarensis, y  otro grupo del que proceden Australopithecus africanus y el  primer representante del género Homo: Homo habilis, que coexiste entre  2 y 1,4 ma con otras dos especies de hombre: Homo rudolfensis (algunos investigadores la consideran una variedad de Homo habilis) y Homo ergaster.  Todas ellas conviven en  África con, hasta su desaparición,  todos los parántropos ( Paranthropus aethiopicus, Paranthropus boisei y Paranthropus robustus), hasta que los descendientes de Homo ergaster, muy posiblemente pertenecientes a la especie Homo antecessor,   abandonan el continente africano por primera vez hace aproximadamente 1,5 ma hacia Asia y Europa. Los Paranthropus proceden de la línea ancestral de los Australopithecus, de los que son morfológicamente distintos, aunque se duda de la asignación a Australopithecus de las especies de Paranthropus antes citadas. Igualmente perdura  la discusión científica sobre la necesidad de incluir o no las especies Homo habilis y Homo rudolfensis en el género Homo, como se hace ahora, o en Australopithecus.




Esquema evolutivo humano  (José Luis Arsuaga e Ignacio Martínez) referido en el texto de esta entrada.

Esquema evolutivo humano con ligeras modificaciones respecto al texto aquí
registrado y al esquema  anterior.
     
      La especie migradora procedente de la evolución de Homo ergaster  da lugar a los pobladores de Asia: Homo erectus, que viven desde  1 ma hasta los 250.000 años. En Europa, sin embargo, hay muy pocos restos fósiles humanos entre 1 ma y  400.000 años, exceptuando Atapuerca con Homo antecessor de 0,8 ma, antes de la aparición de los neandertales (Homo neanderthalensis), los cuales viven desde los 250.000 hasta los  30.000 años. Esta última fecha es en la que  desaparecen pues los neandertales, al igual que los Homo erectus en Asia,  como consecuencia de la llegada hace 50.000 años a Eurasia, desde África,  de la moderna especie Homo sapiens, y como resultado de su evolución africana. Por otro lado, la aparición reciente de Homo floresiensis en la isla indonesia de Flores parece indicar un frente nuevo de investigación respecto a las peculiaridades evolutivas de Homo erectus  en el continente asiático.



Australopithecus anamensis: son homínidos muy primitivos, que presentan molares muy anchos y esmalte espeso. Ocupó la zona de Kenia entre 4,2 y 3,9 ma.

Australopithecus afarensis. Su capacidad para transmitir sonidos no sería muy superior a los actuales chimpancés. Situado entre 3,9 y 2,7 m.a.


Australopithecus bahrelghazali: único encontrado fuera de África oriental. Recibe su nombre del oasis de Bahar- el- Gazhal, en Chad. Situado entre 4 y 3 ma.
Australopithecus africanus: cráneo más globular, con mayor capacidad cerebral. Aproximadamente unos 450 cm³. Situado entre 3 y 2,5 ma.
Australopithecus garhi: tiene especiales características craneales y, sobre todo, faciales. Capacidad craneal de unos 450 cm³ y discutidos indicios de proto-industria lítica. Situado hace 2,5 ma.
Australopithecus sediba: una mezcla de características lo acercan tanto a Homo como a Australopithecus y algunos paleontólogos lo ubican como el antepasado directo más factible de los humanos. Tiene solo 2 millones de años, por tanto es el  Australopithecus más reciente.





Homínidos europeos.
     Anteriores a los neandertales son muy escasos los restos fósiles de hombre  que se tenían localizados en Europa antes de los hallazgos de Atapuerca. Podemos reconocer la existencia de tres grupos de yacimientos con fósiles humanos de características anteneandertales, de tres intervalos de edades diferentes.


Grupo 1, entre 500.000 y 415.000 años.

     Engloba  al fósil más antiguo conocido de Europa, la mandíbula de Mauer, de Homo heidelbergensis, de cerca de 0,5 ma; de edad similar son los restos de la misma especie de Boxgrove, en Inglaterra, y de cerca de 0,4 ma los de Aragó, en Francia, y Visagliano en Italia.

Grupo 2, entre 415.000 y 254.000 años.

     Entre 0,4 y 0,25 ma, se encuentran los restos craneales de Bilzingsleben y Reilingen, en Alemania, Swanscombe en Reino Unido; Vérstesszöllös  en Hungría, y Petralona en Grecia, junto a los numerosos restos craneales y postcraneales que han sido determinados como Homo heidelbergensis de la Sima de los Huesos de Cueva Mayor, en Atapuerca (España).

Grupo 3, entre 254.000 y 190.000 años.

     Estos homínidos se encuentran representados, y  ya muy entroncados con caracteres neandertales (algunos pueden ser considerados de esa especie), entre 0,24 y 0,19 ma,  en muchos yacimientos europeos, entre los que destacan Ehringsdorf, en Alemania; Pontnewydd, en Reino Unido; Lazaret, Biache Saint Vaast, La Chaise-Abri Suard, en Francia; o  Pinilla del Valle (Madrid), Bolomar (Valencia), Tossal de la Font (Castellón), Lezetxiki  (Guipúzcoa) y  Valdegoba (Burgos), en España.

     Fuera de esta enumeración y de edad mucho más antigua, aunque con una clara relación con los llamados "anteneanderthales", se encuentran los restos de Homo antecessor del nivel TD6 del yacimiento de Gran Dolina de la Trinchera del Ferrocarril de Atapuerca, en España, de cerca de 0,8 ma, los cuales se relacionan con los fósiles de Dmanisi, en Georgia , que pueden ser datados en casi 1,5 ma.

   
Yacimientos europeos con restos de hombre anteriores a los neandertales: 1, Heidelberg; 2,Boxgrove;
 3, Aragó; 4,Visogliano; 5, Reilingen y Bilzingsleben; 6, Swanscombe; 7, Vértesszöllös; 8, Petralona;
 9, Steinheim; 10, Ehringsdorf; 11, Pontnewydd; 12, Lazaret; 13, Biache.Saint.Vaast;
 13, La Chaise.Abri Suard; 15, Pinilla del Valle; 16, Bolomor; 17, Lezetxiki; 18, Tossal del Font; 19, Valdegoba;
20, Sima de los Huesos.


     Los neandertales (Homo neanderthalensis) se localizan en Europa  aproximadamente  desde hace 250.000 años, estando bien representados en  numerosos yacimientos datados hasta los 30.000 años de antigüedad. Sus caracteres morfológicos y biométricos nos permiten saber que eran humanos diferentes, aunque próximos, a nosotros. Algunos yacimientos especialmente significativos por la información que han ofrecido sobre su tipo de vida (posibles enterramientos, cuidado de  sus mayores, ofrendas mortuorias,  tecnología lítica elaborada…) son Le Moustier y La Ferrasie, en Francia; y Cueva del Castillo (Cantabria), Cova Negra (Valencia), o Zafarraya (Málaga) , en España.
      La última migración desde África, hace casi 50.000 años, de Homo sapiens moderno,  el cual aparece como consecuencia de un proceso  evolutivo que pasa por  Homo antecessor (?)Homo rhodesiensis, con nuevas tecnologías líticas y caracteres morfológicos propios, hizo que comenzara una sustitución, seguramente de naturaleza y rango  ecológico, de  la especie Homo neanderthalensis  por Homo sapiens. Esto supone  que desaparezca por completo del registro fósil , por lo menos  hasta el presente,  la especie  neandertal hace aproximadamente unos 30.000 años. 




Bibliografía recomendada:

Aguirre, E. (2010). Homo hispanicus. Ed. Espasa-Calpe. S.A. 348 pp.

Arsuaga, J.L; Martínez, I. (1998). La especie elegida. La larga marcha de la evolución humana. Ed. temas de Hoy. 342 pp.

Chaline, J. (1972; versión en español de 1982). El Cuaternario. La historia humana y su entorno. Akal editor. 311 pp.

viernes, 13 de abril de 2012

La caliza de Calatorao (Zaragoza): recurso geológico e impacto ambiental.

Iglesia y castillo de Calatorao (Zaragoza).

     Las calizas negras de Calatorao, también conocidas como el “Mármol de Calatorao” se obtienen de varias canteras situadas en las proximidades de esta localidad zaragozana de la comarca de Valdejalón, junto a La Almunia de Dª Godina y Épila. Estas canteras, o  explotaciones mineras a cielo abierto, por lo general de pequeño tamaño, de las que se obtienen rocas industriales, ornamentales o áridos, se conocen en funcionamiento desde el siglo XVI, aunque se tienen datos de la utilización de estas rocas con anterioridad, pues de época musulmana hay referencias de  extracción de caliza  para la elaboración de piezas relacionadas con estructuras de riego locales. Es a finales del siglo XIX cuando se “industrializa” la explotación de las canteras, quedando registro del envío  en 1876 de muestras de roca a una exposición internacional en Filadelfia (EEUU),  estando a mediados del pasado siglo XX  a pleno rendimiento.
Actividad minera en la cantera de caliza de Calatorao.

Cantera de calizas en Calatorao.
     Las rocas calizas que afloran en la zona y que son objeto de extracción industrial para uso sobre todo ornamental, son de la formación Chelva, del jurásico medio, correspondientes a los pisos Bajociense y Bathoniense, lo que les confiere una antigüedad que ronda los 170 millones de años. La estructura geológica de la explotación se corresponde con un laxo anticlinal jurásico perteneciente a las primeras estribaciones mesozoicas de la Cordillera Ibérica, rama aragonesa, en contacto con los materiales terciarios de la Depresión del Ebro. Al ser suave la curvatura del pliegue de esos materiales, los estratos de calizas, que no superan los 2 m de espesor o potencia, afloran aparentemente en lechos casi horizontales, lo que facilita su extracción. Estas calizas, cuyo origen sedimentario hay que situarlo en una plataforma  marina de no mucha profundidad, presentan un gran contenido en materia orgánica que se depositó a la vez que el carbonato en condiciones fuertemente reductoras, razón por la que su color es negro en sección pulida, apareciendo de color gris en corte natural. Los sucesivos estadios diagenéticos de transformación de estos sedimentos  calcáreos en roca completaron y facilitaron consolidar su excelente grado de cristalinidad, lo que le hace ser tan apreciada como roca ornamental. Algunos de los niveles estratigráficos de estas calizas llegan a contener tal cantidad de materia orgánica que resulta muy  fácil comprobarlo al ser sometidas a un fuerte impacto puntual,  detectándose de inmediato un fuerte y desagradable olor pútrido, por lo que se  les denomina también como “calizas fétidas”.
Formaciones y facies  aflorantes de la Cordillera Ibérica
 a lo largo de los tiempos geológicos.
Corte geológico esquemático con los niveles del jurásico (en azul) donde se encuentran las canteras de Calatorao.

Estratos de calizas en la cantera de la formación Chelva (Jurásico medio).

Bloques de caliza. Canteras de Calatorao (Zaragoza).
Gran extensión de terreno ocupada por bloques calcáreos extraídos de la cantera.
     Numerosos edificios religiosos y civiles del renacimiento, barroco y neoclásico aragonés, con especial  mención al Pilar de Zaragoza,  contienen revestimientos decorativos usando los mármoles  o calizas de Calatorao, que por su homogéneo y bello color negro, en pulido, permite hacer juegos cromáticos con otras rocas más claras, como las calizas algales de la Puebla de Albortón, de tonos amarillentos. En las últimas décadas la caliza de Calatorao ha sido muy utilizada en las restauraciones de antiguos palacios aragoneses, así como para el adoquinado ornamental  y señalización con bolardos de muchas de las calles del Casco Viejo de Zaragoza, donde puede encontrarse en numerosas vías urbanas.
Bolardo de caliza de Calatorao, en Zaragoza.
     Al menos cuatro marcas empresariales se encargan de la explotación de las calizas en Calatorao. Y lejos de ser una actividad discreta y silenciosa, cualquiera que quiera acercarse hasta las canteras en activo podrán comprobar la gran extensión de terrenos intensamente afectados para la extracción mecánica de la caliza, así como para su posterior tratamiento de corte en bloques y láminas; pulido y almacenaje; proceso  que termina en un necesario transporte del material desde las canteras hasta los lugares desde los que se solicita el producto. Es por todo ello que sorprende el inhabitual silencio de los grupos conservacionistas, tan aparentemente sensibles en otros casos de agresiones ambientales,  que hasta la fecha no ha manifestado públicamente el acostumbrado e incisivo reproche respecto al destrozo del suelo, fauna  y vegetación de la zona afectada,  con el consiguiente impacto ambiental. Hay que reconocer que ese gran impacto se produce de manera inexorable si se quiere extraer un recurso minero, en este caso el de Calatorao, por lo que todas las previsiones, precauciones y cuidados son pocos en el adecuado tratamiento medioambiental  que debe darse al entorno del lugar de la explotación minera.
     Sin embargo, parece que las conocidas manifestaciones ecologistas que pretenden preservar de la mano destructora del hombre a la naturaleza, casi siempre y en toda situación, aquí no se producen. Resulta sorprendente que grupos conservacionistas como Greenpeace,  que es capaz de movilizarse mediáticamente saliendo en todos los informativos televisivos  cuando intentan rescatar desde una barca a una ballena encallada en el Ártico, enmudezcan ahora ante el gran impacto ecológico y visual generado desde hace muchos años (siglos) por la explotación a cielo abierto de este recurso geológico.  Ello puede ser debido por, a mi juicio, el gran interés socioeconómico que las canteras suponen a la comarca entera de Valdejalón, donde el número de puestos de trabajo directos, junto a los indirectos y derivados de la explotación minera, son lo suficientemente  numerosos y necesarios para la vida de la zona como para que la protesta ecologista se difumine o desaparezca por completo. De ser esta suposición cierta cabría pensar que las actuaciones y reivindicaciones ecologistas, además de pasar una peculiar criba selectiva, y desde luego con criterios un tanto desarrollistas, podrían interpretarse como trufadas de extraños intereses y objetivos, por lo que disminuiría drásticamente la confianza que muchas buenas gentes, aunque ignorantes en temas de ecología, ponen hoy en esos grupos.
     De todas formas, y al margen de aceptar ciegamente  los muchos y claros inconvenientes ambientales que una intervención humana en la naturaleza como la de estas canteras genera, es necesario sopesar también las muchas ventajas de su explotación, no sólo económicas, sino las sociales, de dinamización y puesta en valor de una zona rural que no pretende más que utilizar estos recursos geológicos de su entorno con el fin de mantener un nivel y calidad de vida de sus habitantes equiparable al de las sociedades urbanas  modernizadas. Una actuación minera de la trayectoria histórica y  dimensión como la de Calatorao, junto al silencio ecologista, hace pensar que quizás se esté llegando allí a algo parecido al “desarrollo sostenible”…
Escultura realizada con caliza de Calatorao.
Fotografías: del autor y José María Sesé.
Gráfico: página web de unizar.es: patrimonio natural aragonés.

miércoles, 11 de abril de 2012

El alabastro aragonés.


Cristal de yeso.

     Considerada como la piedra del arte por excelencia, el  alabastro ha sido desde la antigüedad clásica hasta hoy uno de los materiales más utilizados por arquitectos y escultores debido a sus peculiares características geológicas, como su escasa dureza,  compacidad y translucidez. Su nombre procede del  pueblo egipcio Alabastron, cerca de Tebas, donde afloraba un material calcáreo usado para elaborar entonces  los conocidos recipientes (vasijas y vasos) llamados “alabastrones”, nombre que también usaron, y se ha seguido  utilizando con posterioridad, en general, para denominar a los elaborados con yeso.
Bolo de alabastro. Canteras de Fuentes de Ebro, Zaragoza.
Formación del alabastro.
     Por el término alabastro se conoce hoy en día a una variedad criptocristalina del yeso, translúcido, de escasa porosidad, y formado por cristales  de un tamaño que oscila entre las 10 y 80 micras, siendo los alabastros constituidos por cristales finos los más translúcidos y de mayor calidad.  Su composición es sulfato cálcico hidratado: CaSO4 .2H2O.  El yeso puede deshidratarse, perdiendo moléculas de agua por el efecto de la presión y temperatura, pudiendo pasar a Bassanita y Anhidrita.

     Para entender cómo se forma el alabastro es necesario partir de la precipitación masiva de yeso en el fondo de lagos y lagunas (1) que sufren una intensa evaporación,  por lo que en el fondo se acumulan pequeños cristales (2). Estos materiales cristalinos del fondo  deben ser protegidos por la posterior llegada  de otros materiales sedimentarios (3) que cambian las condiciones fisicoquímicas del yeso, debido al aumento de la presión y temperatura a la se le somete, por lo que el yeso se transforma en anhidrita, que es más estable en esas condiciones. Estos cambios se dan a partir de una profundidad de enterramiento de 200 m, reduciendo su volumen inicial un 40% (4). Si las condiciones de ese entorno cambian, por elevación estructural y erosión, en presencia de agua y pérdida de temperatura y presión, se produce el proceso inverso, pasando de nuevo la anhidrita a yeso (5). Si la incorporación del agua es rápida, no pueden formarse cristales bien desarrollados de yeso, por lo que se da una masa criptocristalina por solapamiento y entramado de microcristales, menores de 0,05 mm, produciendo así el alabastro.
Sucesión de procesos de formación del
 alabastro, con numeración referida en el texto.
El alabastro en Aragón.
     Una gran parte de la extracción mundial actual de alabastro se realiza en el centro del Valle del Ebro. En otros lugares de España ha habido explotaciones que fueron abandonadas por la dificultad de acceso, extracción, bajo rendimiento, o  costes muy elevados, siendo las únicas que siguen en actividad las canteras aragonesas. En Aragón, los yacimientos de alabastro se localizan en dos áreas: en la zona de Calatayud, y en  el Valle del Ebro, cerca de Fuentes de Ebro y Azaila.

Canteras de alabastro de Fuentes de Ebro, Zaragoza.
Área de Fuentes de Ebro- Azaila.
     Esta zona, con una extensión de potencial explotación de hasta 120.000 Ha, se sitúa en depósitos  de la Era Terciaria (Oligoceno y Mioceno) con estratigrafía horizontal  o escasa inclinación. Las capas en las que aparece el alabastro son de hasta 1 m de espesor, estando distribuidas a diferentes cotas, aunque  las de mayor calidad se  sitúan a 250 m de altitud.
     Aparecen aquí dos tipos de alabastros: el “transparente”, en capas más o menos continuas;  y el tipo “buñuelo”, que aflora en nódulos ovoides inmersos en arcillas.
Área de Calatayud.
     Situada  en la franja que va junto al río Jiloca entre Villafeliche y Calatayud, se formó durante el Mioceno, en un ambiente fuertemente evaporítico, dando bancos de yesos de entre 4 y 12 m de espesor. Este alabastro resulta peculiar pues  engloba en sus bolos nódulos de sílex de color marrón.

Zonas de extracción de alabastro en Aragón.
Utilización.
     El alabastro se utiliza hoy en día en escultura, decoración de interiores y, sobre todo, en la  fabricación de  aparatos de luz decorativos. Pero su uso se remonta a la época romana, sin que aparezcan restos o señales de uso prerromano. En época musulmana está acreditado su empleo en el Palacio de la Aljafería de Zaragoza: muralla, capiteles y decoración interior. El arte románico utiliza el alabastro en ventanas de iglesias y ermitas, siendo durante los siglos en los que predomina el arte gótico y renacentista el período de tiempo de mayor profusión en la utilización del alabastro, tanto para edificios religiosos como para civiles, en palacios de la nobleza o edificios oficiales.
Sillares de alabastro en la muralla de la Aljafería de Zaragoza.

Edificio del antiguo Pabellón de Aragón en la Expo de Sevilla.
 Las paredes son de alabastro por lo que se hace patente su translucidez.

     La arquitectura actual también ha utilizado el alabastro aragonés, como puede verse en el Museo de la Fundación Miró de Palma de Mallorca, el edificio de la Asamblea de Madrid, o la Catedral de Los Ángeles, en Estados Unidos. En Aragón, además de usarse habitualmente en obras de restauración de edificios antiguos, el alabastro ha sido empleado  en la construcción del pabellón de Aragón de la Exposición Universal de Sevilla de 1992, o en el Auditorio de Zaragoza.

Catedral de Los Ángeles (EEUU), de Rafael Moneo. Exterior.
Interior de la Catedral de Los Ángeles (EEUU).
 Pared derecha de bloques de alabastro aragonés.
Lonja de Zaragoza.
Detalle de los ventanales con alabastro.
Plancha de alabastro (detalle) en un ventanal de la Lonja de Zaragoza.

 
Sillares de alabastro con lapiaz superficial en la fachada
de S. Juan de Los Panetes, en Zaragoza.
Lapiaz superficial en alabastro de S. Juan de Los Panetes, Zaragoza.

Bibliografía.
Julián Artigas, Mª Pilar. (2009).  El alabastro in: El recorrido de los minerales en Aragón.  Dpto. de Comercio, Industria y Turismo. Dirección General de Energía y Minas. Diputación General de Aragón. 14 págs.