¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

miércoles, 25 de abril de 2012

Datos sobre la extinción de los dinosaurios.

¿Qué nos pasó...?

     Una extinción masiva  es  la desaparición de diferentes  especies  de seres vivos como consecuencia de un  proceso de degradación biológica o acontecimiento geológico global. La  más conocida es la que se produce a finales del Cretácico, hace 65 millones de años (ma), aunque no ha sido la única que se ha producido durante los últimos 570 ma (Fanerozoico),  período de tiempo   con registro de fósiles pertenecientes a multitud de grupos faunísticos y florísticos. Y es la más conocida debido al esfuerzo de investigación, y divulgativo,  que se ha hecho en las últimas décadas con el fin de dar una explicación convincente a la desaparición de  uno de los grupos de seres vivos más llamativos y atrayentes para el gran público que habitaron nuestro planeta, como es el de los dinosaurios.
      Como mucha gente sabe, los dinosaurios se extinguieron  al final de la Era Secundaria, o Mesozoico. Además de ellos, se extinguieron también los reptiles voladores (Pterosaurios) y los marinos  (Plesiosaurios); y en cuanto a invertebrados, muchos braquiópodos y todos los ammonoideos  desparecen entonces de la Tierra.



     La hipótesis más aceptada sobre esta gran extinción fue emitida por científicos norteamericanos en 1980. Consiste en una explicación basada en la llegada a la Tierra de un meteorito que pudo caer sobre la superficie terrestre a una velocidad de más de 10 m/s, por  lo que  esa colosal transferencia energética sobre  la corteza y la atmósfera hizo que se produjeran enormes fenómenos catastróficos, como olas gigantes, terremotos e incendios forestales. Las evidencias de este hecho se basan en el estudio del Iridio, un metal raro y escaso en la Tierra, pero habitual en la composición de los meteoritos estudiados. Este metal está en cantidades poco frecuentes en el nivel arcilloso que señala el límite Cretácico/ Terciario, conocido como el K/T. Esto solo sería posible si en esa época la atmósfera y los mares estuvieran “cargados” de este material, por lo que su depósito sería posible. Además, en las rocas próximas al evento K/T, se detectan rarezas geológicas, como granos de cuarzo astillados y marcados por grandes presiones, así como  gotitas solidificadas de roca fundida, o esférulas,  que se cree son el resultado de las grandes presiones y temperaturas sufridas por los materiales en la zona del impacto meteorítico. Entre las áreas candidatas a ser la que recibió el fuerte impacto se encuentra la del cráter de Chicxulub, en el Yucatán mejicano, donde hay un nivel de esférulas de hasta 50 cms de espesor. También se encuentran mezclados en los depósitos mejicanos materiales marinos con abundancia de restos vegetales continentales, probablemente fruto de grandes tsunamis originados por el impacto. Otro dato lo ofrece la alta proporción de Iridio en las rocas del centro del cráter, que han sido datadas por el método del Argón en 65,2 ma, lo que coincide con el sesgo detectado entonces en el registro fósil.


Nivel arcilloso K/T con acumulación de Iridio.


 
     Solamente los grupos de seres vivos que estuvieran diseminados por todo el planeta tuvieron posibilidades de sobrevivir. Es posible que algunos mamíferos, que ya llevaban mucho millones de años coexistiendo con los grandes reptiles, pudieran salvarse después del impacto, además de valorar para este hecho su autorregulación térmica corporal y la adaptación a diferentes hábitats, incluso los de tipo subterráneo, donde  encontrarían mejores condiciones para sobrevivir y diversificarse evolutivamente.

     Además de la hipótesis del meteorito es posible reseñar otras que, lejos de representar una explicación alternativa, pueden ser consideradas como  posibles acontecimientos que pudieran conducir o facilitar la extinción masiva que se produjo a finales del Cretácico. Algunas de las más consistentes se refieren a la competencia ecológica mamíferos-reptiles, y a la variación mesozoica de la cobertera vegetal.

     Respecto a la primera, la aparición y diversificación de grupos de pequeños mamíferos en el Mesozoico pudo generar una verdadera competencia ecológica con los reptiles, entonces dominantes, por lo que la incompatibilidad de ambientes y el solapamiento de nichos ecológicos de diferentes especies de estos grupos condujeron a un debilitamiento de las poblaciones de reptiles, con la consiguiente y progresiva disminución de taxones de dinosaurios.

     Por otro lado, está comprobada paleontológicamente la paulatina desaparición en muchas zonas de la Tierra de las plantas Gimnospermas, sin flores vistosas,  a lo largo del Mesozoico, con la consiguiente diversificación y conquista de diferentes biotopos de las Angiospermas. La sustitución ecológica entre estos grupos de Espermafitas  va acompañada de una explosión de olores y colores de las vistosas  flores de las Angiospermas, que bien pudieron atraer como reclamo alimenticio a los dinosaurios herbívoros, si es que eran capaces de percibirlos,  los cuales y ante una ingesta indiscriminada de estas plantas, pudieron captar sustancias tóxicas para ellos que precipitaron su desaparición. El resto del proceso de extinción puede explicarse por el inevitable enlace de eslabones tróficos entre herbívoros y carnívoros, por lo que todo el grupo reptiliano se sometió a un proceso de muerte segura.

 
     Sin entrar en  precisiones y como consideración final, añadir que la extinción de los dinosaurios producida a finales del Cretácico no ha sido la única que se ha producido a lo largo de la historia de la vida en la Tierra. Cuatro extinciones importantes le han precedido en los últimos 570 ma, siendo la del K/T la menos importante, ya que en esta extinción “solo”  desaparecieron un 11% de las familias de seres vivos que habitaban nuestro planeta. La más importante en cuanto a número de taxones desaparecidos se produce en el tránsito entre las Eras Primaria y Secundaria, entre el Pérmico y el Triásico, en la que desaparecen hasta el 52% de los grupos.


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