¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

viernes, 13 de abril de 2012

La caliza de Calatorao (Zaragoza): recurso geológico e impacto ambiental.

Iglesia y castillo de Calatorao (Zaragoza).

     Las calizas negras de Calatorao, también conocidas como el “Mármol de Calatorao” se obtienen de varias canteras situadas en las proximidades de esta localidad zaragozana de la comarca de Valdejalón, junto a La Almunia de Dª Godina y Épila. Estas canteras, o  explotaciones mineras a cielo abierto, por lo general de pequeño tamaño, de las que se obtienen rocas industriales, ornamentales o áridos, se conocen en funcionamiento desde el siglo XVI, aunque se tienen datos de la utilización de estas rocas con anterioridad, pues de época musulmana hay referencias de  extracción de caliza  para la elaboración de piezas relacionadas con estructuras de riego locales. Es a finales del siglo XIX cuando se “industrializa” la explotación de las canteras, quedando registro del envío  en 1876 de muestras de roca a una exposición internacional en Filadelfia (EEUU),  estando a mediados del pasado siglo XX  a pleno rendimiento.
Actividad minera en la cantera de caliza de Calatorao.

Cantera de calizas en Calatorao.
     Las rocas calizas que afloran en la zona y que son objeto de extracción industrial para uso sobre todo ornamental, son de la formación Chelva, del jurásico medio, correspondientes a los pisos Bajociense y Bathoniense, lo que les confiere una antigüedad que ronda los 170 millones de años. La estructura geológica de la explotación se corresponde con un laxo anticlinal jurásico perteneciente a las primeras estribaciones mesozoicas de la Cordillera Ibérica, rama aragonesa, en contacto con los materiales terciarios de la Depresión del Ebro. Al ser suave la curvatura del pliegue de esos materiales, los estratos de calizas, que no superan los 2 m de espesor o potencia, afloran aparentemente en lechos casi horizontales, lo que facilita su extracción. Estas calizas, cuyo origen sedimentario hay que situarlo en una plataforma  marina de no mucha profundidad, presentan un gran contenido en materia orgánica que se depositó a la vez que el carbonato en condiciones fuertemente reductoras, razón por la que su color es negro en sección pulida, apareciendo de color gris en corte natural. Los sucesivos estadios diagenéticos de transformación de estos sedimentos  calcáreos en roca completaron y facilitaron consolidar su excelente grado de cristalinidad, lo que le hace ser tan apreciada como roca ornamental. Algunos de los niveles estratigráficos de estas calizas llegan a contener tal cantidad de materia orgánica que resulta muy  fácil comprobarlo al ser sometidas a un fuerte impacto puntual,  detectándose de inmediato un fuerte y desagradable olor pútrido, por lo que se  les denomina también como “calizas fétidas”.
Formaciones y facies  aflorantes de la Cordillera Ibérica
 a lo largo de los tiempos geológicos.
Corte geológico esquemático con los niveles del jurásico (en azul) donde se encuentran las canteras de Calatorao.

Estratos de calizas en la cantera de la formación Chelva (Jurásico medio).

Bloques de caliza. Canteras de Calatorao (Zaragoza).
Gran extensión de terreno ocupada por bloques calcáreos extraídos de la cantera.
     Numerosos edificios religiosos y civiles del renacimiento, barroco y neoclásico aragonés, con especial  mención al Pilar de Zaragoza,  contienen revestimientos decorativos usando los mármoles  o calizas de Calatorao, que por su homogéneo y bello color negro, en pulido, permite hacer juegos cromáticos con otras rocas más claras, como las calizas algales de la Puebla de Albortón, de tonos amarillentos. En las últimas décadas la caliza de Calatorao ha sido muy utilizada en las restauraciones de antiguos palacios aragoneses, así como para el adoquinado ornamental  y señalización con bolardos de muchas de las calles del Casco Viejo de Zaragoza, donde puede encontrarse en numerosas vías urbanas.
Bolardo de caliza de Calatorao, en Zaragoza.
     Al menos cuatro marcas empresariales se encargan de la explotación de las calizas en Calatorao. Y lejos de ser una actividad discreta y silenciosa, cualquiera que quiera acercarse hasta las canteras en activo podrán comprobar la gran extensión de terrenos intensamente afectados para la extracción mecánica de la caliza, así como para su posterior tratamiento de corte en bloques y láminas; pulido y almacenaje; proceso  que termina en un necesario transporte del material desde las canteras hasta los lugares desde los que se solicita el producto. Es por todo ello que sorprende el inhabitual silencio de los grupos conservacionistas, tan aparentemente sensibles en otros casos de agresiones ambientales,  que hasta la fecha no ha manifestado públicamente el acostumbrado e incisivo reproche respecto al destrozo del suelo, fauna  y vegetación de la zona afectada,  con el consiguiente impacto ambiental. Hay que reconocer que ese gran impacto se produce de manera inexorable si se quiere extraer un recurso minero, en este caso el de Calatorao, por lo que todas las previsiones, precauciones y cuidados son pocos en el adecuado tratamiento medioambiental  que debe darse al entorno del lugar de la explotación minera.
     Sin embargo, parece que las conocidas manifestaciones ecologistas que pretenden preservar de la mano destructora del hombre a la naturaleza, casi siempre y en toda situación, aquí no se producen. Resulta sorprendente que grupos conservacionistas como Greenpeace,  que es capaz de movilizarse mediáticamente saliendo en todos los informativos televisivos  cuando intentan rescatar desde una barca a una ballena encallada en el Ártico, enmudezcan ahora ante el gran impacto ecológico y visual generado desde hace muchos años (siglos) por la explotación a cielo abierto de este recurso geológico.  Ello puede ser debido por, a mi juicio, el gran interés socioeconómico que las canteras suponen a la comarca entera de Valdejalón, donde el número de puestos de trabajo directos, junto a los indirectos y derivados de la explotación minera, son lo suficientemente  numerosos y necesarios para la vida de la zona como para que la protesta ecologista se difumine o desaparezca por completo. De ser esta suposición cierta cabría pensar que las actuaciones y reivindicaciones ecologistas, además de pasar una peculiar criba selectiva, y desde luego con criterios un tanto desarrollistas, podrían interpretarse como trufadas de extraños intereses y objetivos, por lo que disminuiría drásticamente la confianza que muchas buenas gentes, aunque ignorantes en temas de ecología, ponen hoy en esos grupos.
     De todas formas, y al margen de aceptar ciegamente  los muchos y claros inconvenientes ambientales que una intervención humana en la naturaleza como la de estas canteras genera, es necesario sopesar también las muchas ventajas de su explotación, no sólo económicas, sino las sociales, de dinamización y puesta en valor de una zona rural que no pretende más que utilizar estos recursos geológicos de su entorno con el fin de mantener un nivel y calidad de vida de sus habitantes equiparable al de las sociedades urbanas  modernizadas. Una actuación minera de la trayectoria histórica y  dimensión como la de Calatorao, junto al silencio ecologista, hace pensar que quizás se esté llegando allí a algo parecido al “desarrollo sostenible”…
Escultura realizada con caliza de Calatorao.
Fotografías: del autor y José María Sesé.
Gráfico: página web de unizar.es: patrimonio natural aragonés.

1 comentario:

  1. Las calizas de Calatorao tienen para mi un significado emocional. Cuando llegué a Zaragoza en 1975 las visité con Antonio -de Calatorao y alumno de Geologia - Fue mi bautizo geológico en Aragón..

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