¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

lunes, 30 de enero de 2012

Un ejemplo de posible esoterismo geológico en Torrebaja (Rincón de Ademuz, Valencia).



San Roque, en la iglesia parroquial de Torrebaja, Valencia.
     Quiero dejar claro de antemano que lo que van  leer no es el resultado de una alucinación o de un estado de “éxtasis” especial en el que he entrado últimamente. Solo mi interés por la historia, el arte, la geología y, por qué no decirlo, lo insólito, oculto y misterioso, junto a mis observaciones por los sitios por los que paso o visito, me hacen reflexionar y exponer, de la mejor manera que sé y  puedo,  mis dudas y averiguaciones  sobre temas tan controvertidos como la relación entre el entorno natural  geológico y sus misterios circundantes.
      La pequeña comarca valenciana a caballo entre Aragón y Castilla-La Mancha ha sido objeto de bastantes estudios históricos y científicos a lo largo de los últimos decenios. Al estar en un lugar de paso y siempre en conflicto de posesiones entre reyes peninsulares se vio como escenario seguro de infinidad de incursiones, ocupaciones e imposiciones que no han hecho más que ayudar a forjar, sin duda, la manera de ser actual de sus gentes. Pero como en casi todos los  sitios. Esta especial ubicación  la ha hecho deficitaria, a mi juicio, en ser objeto de interés por parte de investigadores  en otros campos del conocimiento. La paleontología, sin ir más lejos, espero que dé un buen número de aportaciones a la ciencia desde los registros paleontológicos que en esta tierra se encuentren y estudien en el futuro.
      En general, la geología, que ha sido tan generosa en manifestaciones de todo tipo  e  intensidad en la zona, es otra de las grandes ausentes, en profundidad, en el compendio de conocimientos que se pueden obtener en todo el Rincón de Ademuz. En esta entrada comentaré alguna cuestión, a mi entender relevante, que siempre me ha intrigado, seguramente por mi afición a determinadas cuestiones esotéricas, respecto al especial “decorado” geológico que le rodea,  y la localización de ciertos elementos arquitectónicos, a  la población del rincón que más frecuento, como es Torrebaja. Seguro que muchos de los lectores conocerán que estamos hablando, desde un punto de vista geológico, de la zona final de la Depresión Calatayud-Teruel-Mira, de relleno sedimentario calcáreo, arcilloso y arenoso,  en esencia, del  terciario, enmarcado éste en unos márgenes rocosos, fundamentalmente calcáreos, del mesozoico o  era secundaria (ver en este mismo blog la entrada “Geología y Paleontología del Rincón de Ademuz”). Esto no es nada raro o fuera de lo normal, claro está, aunque si lo unimos a algunos datos históricos de la población de Torrebaja  la cosa cambia.
Mapa topográfico a escala 1:25.000 de Torrebaja, con indicación del Puntal del Mediero, y las ermitas de san José y san Roque.
       La antigua ubicación del  primitivo poblado de Villar de Orcheta, a los pies de La Loma, junto a Torrebaja, donde se  han localizado restos de cerámica y huesos animales, parece responder al asentamiento inicial (posiblemente ibérico) y con reocupación medieval, por sus características de estilo y forma de sus restos. Todo ello puede ser la expresión cultural, respecto al Medievo y épocas posteriores, de unos ocupantes que bien podían  ser  los moriscos que parece ser que ocuparon hasta inicios del siglo XVII, con su expulsión,  buena parte del sur de Aragón y estas tierras valencianas, después de la primera reconquista de la zona hecha por  Pedro II de Aragón   en el siglo XIII (1210), y más adelante Jaime I de Aragón,  tal y como está documentado históricamente. Es en ese contexto donde resulta un tanto extraño la construcción de un edificio religioso católico en (y junto a) ese yacimiento de Villar de Orcheta, la ermita de San José, justo al paso del camino real de Aragón a Valencia, con una orientación poco relacionada con la necesaria orientación hacia el sur, muy  habitual en el urbanismo y los caseríos en esa zona, por razones de protección ante las inclemencias del tiempo. El eje mayor de la ermita de san José  presenta una dirección de N117ºE, es decir, está mirando, respecto al norte, 117º hacia el este, dirección que es muy aproximada a la que marca, desde el lugar, a La Meca, en la actual Arabia Saudí.
Vista desde san Roque del monte piramidal "El puntal del Mediero".
     
El Puntal del Mediero.

El Puntal del Mediero.
    
      Este dato anterior, que puede ser fruto de la casualidad y no algo intencionado por los constructores, tal y como muchos pueden haber pensado al leerlo, se completa con otro de la misma localidad y que tiene que ver con otra ermita, la de san Roque, situada en un promontorio de materiales terciarios que sirve de “quilla” rocosa a las dos partes del pueblo: la aireada y azotada por el cierzo del norte, y la soleada y tranquila zona sur del pueblo, climáticamente hablando. Y en lo alto, en el límite y división entre el lado “bueno” y el “malo”, se encuentra a citada ermita, cuya orientación tampoco pasa desapercibida al que tiene inquietudes esotéricas. Se trata de una construcción más reciente que la ermita  de san José, aun siendo del siglo XVII, de factura neoclásica, y que recientemente ha sido restaurada, incluyendo sus pinturas murales del interior. Pero una de las cuestiones que resultan extrañas de esta ermita es también su orientación. Su eje mayor y orientación del portal delantero presentan una dirección de N100ºE, algo menos que la ermita de san José, desviándose de una aparente dirección también a La Meca,  lo que puede explicarse y  justificarse con otro dato de interés.
San Roque, en Torrebaja.
      El santo al que está dedicada esta ermita, san Roque, nacido en siglo XIII (1295),  tiene una connotación esotérica muy interesante. Como muchos sabrán, ese santo protector de los animales, sobre todo de los perros, y benefactor de muchedumbres en casos de epidemias, catástrofes naturales o calamidades, fue sanado (al lamerle su perro) de una gran infección en la que se llagó por todo el cuerpo, siendo representado en la imaginería tradicional mostrando su rodilla izquierda y señalando en ella, o un poco más arriba según la escultura que se contemple, una llaga, en señal o mensaje de su influencia salvadora y sanadora. Pues bien, imaginería tradicional desde el siglo de oro español, pues con anterioridad a esa época  en las representaciones de su rodilla no había llaga alguna. Y esto es debido a que ese gesto tan poco usual  en un santo, como es “arremangarse el faldón” para enseñar la rodilla y pierna,  es señal inequívoca para los expertos de tratarse de un santo “iniciado” en el conocimiento críptico, esotérico y poco ortodoxo, respecto a los mandatos oficiales de la iglesia tradicional. Y qué casualidad que esa desviación de grados en la dirección geográfica en su ermita, siete menos que la de san José, repito, respecto a esa posible orientación a La Meca, se compense con un alineamiento de la “mirada” de san Roque con uno de los promontorios montañosos más señeros y significativos del Rincón de Ademuz: el Puntal de Mediero. Ese monte,  curiosamente de forma casi  piramidal, achatado  en su cima, preside señorialmente  con su estructura geológica calcárea del jurásico, de hace  casi 100 millones de años desde su formación,  y casi aislado por erosión en el relieve al que pertenece, el área donde más extensa es la zona habitable por el hombre de todos los alrededores, al presenciar la desembocadura del río Ebrón en el Turia, con una formidable vega que ha servido de sustento a muchas  generaciones. ¿Cuál es la razón por la que no se orienta una ermita hacia el sur, por cuestiones climáticas, o hacia el caserío original del siglo XVII de Torrebaja, al que pertenece,  y sí se hace hacia un monte singular, dedicando la titularidad del sitio a un santo iniciático? ¿Se consideraba ese monte como lugar propicio para notar o percibir allí las llamadas por los expertos en esoterismo “fuerzas telúricas” de nuestra Tierra? ¿Su conexión con un san Roque iniciático, disponiendo de una ermita de dirección peculiar, puede servir como señal o aviso a generaciones posteriores de algo políticamente incorrecto para la época? No tengo la respuesta a todas estas preguntas pero no me resisto a hacerlas aun corriendo el riesgo de ser tachado por los poseedores, según ellos,  de  la verdad, como de fantasías, elucubraciones inmaduras o retorcimiento de datos inconexos que no conducen a nada. Si alguien sabe algo al respecto que, por favor, me lo diga.
Rezando mirando a La Meca.

Oración a san Roque, por si acaso… :
      Glorioso San Roque, te agradecemos que desde tu sencillez nos recuerdes que Dios también está cerca de nosotros, cuando recibimos la conmoción del dolor y la enfermedad. Ayúdanos a vivir estas situaciones con serenidad y paz, agradeciendo el servicio de los que nos ayudan. Que no olvidemos que nuestra vida, es avanzar por el camino de Jesucristo, sirviendo y amando desde la pobreza, y para que siempre luchemos, contra todo lo que degrade y destruya la dignidad humana y la convivencia social. Querido San Roque, protector y guía de nuestra comunidad, se para nosotros testimonio de fortaleza y paz. Oh, Santo Patrono, San Roque, ruega por nosotros. Amén.

domingo, 22 de enero de 2012

Los fósiles de mamíferos y la investigación del cambio climático.


    
      Seguro que conocen a muchas personas que se consideran a sí mismas como amantes de los fósiles y de la Paleontología. Y es posible que esas personas tengan en sus casas unas buenas colecciones de ejemplares de fósiles de todas las edades que enseñan y exponen con regocijo. Está claro que los coleccionistas han sido siempre grandes recolectores y buscadores de fósiles, localizando, lo que es de agradecer, numerosos yacimientos paleontológicos que sirvieron a los científicos para poder estudiar diferentes grupos de organismos del pasado, y así emitir sus hipótesis sobre los posibles hilos evolutivos de los mismos.
     Todo el mundo reconoce  los espectaculares fósiles de dinosaurios  que se exponen en instalaciones museísticas variadas. Hace un par de décadas había que ir al Inglaterra, o a Alemania o Estados Unidos,  para ver fósiles reales o reproducciones de los mismos, siendo patrimonio de los investigadores  e aficionados iniciados la clasificación y estudio de sus formas, costumbres y hábitats. Hoy existen en nuestro moderno país varios complejos expositivos en los que se muestra al gran público una recopilación de los escenarios ecológicos  asignados a los restos de  fósiles, sobre todo, de grandes reptiles. En Granada, Asturias o Teruel pueden contemplarse excelentes muestras de la investigación de los paleontólogos españoles, donde se suele incluir también información respecto al entorno natural en el que vivieron los organismos del pasado. Esos datos, además de ser obtenidos partiendo de un amplio estudio geológico de los yacimientos de fósiles, suelen obtenerse gracias al análisis de las asociaciones de taxones fósiles que componen las paleobiocenosis encontradas. Es lógico que los datos sean más  fiables y aplicables a la deducción del entorno cuanto  mejor se pueda realizar un estudio comparativo con las asociaciones faunísticas contemporáneas, por lo que la modernidad de los fósiles favorece este estudio. Gracias a ese análisis comparativo podemos reconstruir  la ecología  del medio natural en el que vivieron y  desarrollaron las especies de organismos que aparecen representadas, a pesar de sus sesgos, en el registro fosilífero.

     Y es en este sentido cuando hay que reconocer el peso documental que supone la utilización de los mamíferos en las reconstrucciones paleoecológicas.  Ese gran grupo, al que pertenecemos, está representado en el registro fósil desde el Jurásico, desde una edad de no menos de 100 millones de años (ma), diversificándose en el Terciario, durante  el Eoceno y Oligoceno, de entre 50 y 25 ma, siendo el Neógeno, compuesto por Mioceno y Plioceno, los periodos de mayor expansión de grupos de mamíferos,  muy semejantes ya  a los actuales, y que llegan  hasta el Pleistoceno , desde 2,5 ma, y hasta la actualidad, con una gran cantidad de especies descritas. Todos los grupos conocidos de mamíferos actuales de nuestras latitudes aparecen en la escena de la vida durante el Terciario, en unas condiciones ambientales diferentes a las que hoy reinan en nuestro planeta, con proporciones de dióxido de carbono muy superiores a las actuales, al igual que las paleotemperaturas, según todos los estudios. Aún así, los procesos evolutivos se abrieron camino entre los grupos mamiferoides hasta dar lugar a la aparición de los primeros grupos de primates que forjaron la estirpe humana en los últimos 5 ma.

     Los yacimientos de mamíferos son excepcionales. No ocurre lo mismo con otros grupos de seres, como los moluscos o los braquiópodos, que suelen ser generosos en sus apariciones en descubrimientos por aficionados o profesionales. Los mamíferos, al vivir la mayoría en un medio aéreo, suelen tener dificultades para ser enterrados y sometidos a los procesos de fosilización de sus restos esqueléticos, por lo que su hallazgo se complica mucho, y eso hace que su localización y extracción deba ser tratada con todas las garantías técnicas, recomendadas y coordinadas por especialistas en la materia. Dicho con todos los respetos, cualquiera no puede extraer  fósiles de mamíferos de los estratos. Es necesario tener suficientes conocimientos técnicos como para acometer ese delicado trabajo.

     Pero también dentro de los mamíferos hay distinciones en cuanto a la información científica que pueden ofrecer. Los grandes mamíferos, como elefántidos, jiráfidos, cérvidos, úrsidos, u otros, suelen dar restos  tremendamente vistosos y espectaculares, siendo, junto a los reptiles dinosaurios, los grupos más representados en las exposiciones antes mencionadas. Sin embargo, son los micromamíferos: quirópteros (murciélagos), insectívoros (musarañas), lagomorfos (conejos), y especialmente los roedores, los que más y mejor información ofrecen al investigador y a la ciencia. Esta información se articula en dos vertientes claramente diferenciadas. La primera se orienta en torno a la datación que puede hacerse, con los micromamíferos,  de los niveles o estratos en los que aparecen, sirviendo para precisar edades, comparar secuencias estratigráficas, y correlacionar registros estratigráficos. Y en segundo lugar, ofrecen la posibilidad de obtener una importante información paleoecológica del entorno donde vivieron esos organismos, pues sus preferencias de hábitats, sus  afinidades con los elementos y parámetros naturales, así como incluso su biometría, quedan reflejadas en los elementos morfológicos  de su esqueleto, especialmente en sus piezas dentarias, que utilizadas poblacionalmente son los elementos esqueléticos empleados en la clasificación. Estos criterios constatan la gran importancia que supone el adecuado estudio de estos vertebrados fósiles, pues su conocimiento permite, también junto al de otros tipos de fósiles, comprender los paleoecosistemas del pasado, lo que incluye una buena dosis abiótica de ambientes y climas reinantes durante muchos millones de años, y sus cambios, lo que facilita, por extrapolación y comparación, la mejor comprensión de los vaivenes de las zonas climáticas actuales y, sobre todo, la influencia que el hombre puede ejercer ahora sobre los mismos. Muchos datos que hoy en día se ofrecen a la sociedad respecto al cambio climático y su desarrollo se basan en el conocimiento de las asociaciones de vida del pasado, y sus sucesivos cambios. La Paleontología de vertebrados, y en especial  la de micromamíferos, resulta  un arma indispensable en la búsqueda de la verdad climática y sus consecuencias para la humanidad.

     Es necesario, por tanto, concienzarse de que la gran información que todavía está enterrada en los sedimentos terrestres a través de su contenido fosilífero puede y debe ser obtenida con el mayor detalle posible. Para ello es necesario localizar con precisión  más yacimientos o lugares con registro paleontológico,  los cuales serán sometidos a la consideración de personal cualificado  que determinará la mejor forma de proceder para obtenerla. Si actuamos así permitiremos que se interprete adecuadamente cómo ha sido este lugar que habitamos en las épocas que nos precedieron. Y solo conociendo nuestro pasado ecológico  podremos asentar las bases de nuestro complicado fututo en la Tierra.

jueves, 19 de enero de 2012

La Geología aragonesa en Educación Secundaria ha cumplido 3 años.


      De los firmantes del artículo de opinión del que se adjunta copia en esta entrada, y que se publicó el 2 de junio de 2008 en Heraldo de Aragón,  Rosa Clavo y Enrique Gil,  eran  dos de los responsables encargados de "aragonesizar" el currículo  de Ciencias Naturales en la Educación Secundaria aragonesa. Para esa fecha todavía no se había decidido en la Consejería de Educación si la asignatura "Geología", que se imparte en segundo de bachillerato, con la categoría de optativa, iba a ser mantenida entre las que podrían ser ofertadas en el bachillerato  que tradicionalmente se ha denominado de "ciencias", y que, como el resto de asignaturas con referencias aragonesas, debía entrar en vigor en septiembre de ese mismo año.

      No sabemos si realmente el contenido de este artículo, ustedes pueden opinar, sirvió para decidir finalmente que se incluyera  esta asignatura en el bachillerato, o mejor dicho, que no se dejara de incluir, y así se mantuviera la tradición de muchos años de impartir en los centros aragoneses sus necesarios contenidos, pero al final de la misma mañana del día de su aparición en prensa, el 2 de junio, recibimos en el instituto el "visto bueno" oficial para que confeccionáramos y presentásemos, eso sí, urgentemente, el currículo de geología para su aprobación.  A comienzos de septiembre de ese año, en el curso 2008/09, se impartieron ya los contenidos de dicha asignatura teniendo en cuenta las peculiaridades geológicas de Aragón.  ¡Hemos tenido suerte!




domingo, 15 de enero de 2012

Gitanos y educación.


Bandera gitana.
     En el año 2002, a través de un decreto de la Diputación General de Aragón se cambiaron las enseñanzas del IES María Moliner, en Zaragoza, para que  el profesorado del mismo pudiera salir de allí. Y no por dejar de estar conformes con su destino y  plaza docente, sino por una reivindicación permanente a las instituciones educativas de soluciones para no padecer una situación académica insostenible, en especial durante los últimos cinco años anteriores, a causa de los problemas generados por un alumnado marginal y, en su mayoría ya entonces, de raza gitana. La agradable relación y ambiente de los años anteriores entre profesores y muchos alumnos de los que he hablado en otras entradas anteriores se esfumó como por arte de magia. Más de una vez recibí el ánimo de nuestro compañero de matemáticas, y secretario del centro,  José Antonio Sánchez (yo ejercía de jefe de estudios junto a Isabel Cavero de directora) de escribir nuestra  ajetreada historia final en el instituto, labor que puede que acometa en el futuro.
     Mantengo datos muy frescos en mi memoria de los avatares y anécdotas, algunas dolorosas, que vivimos con muchos alumnos  que eran gitanos.  Y aún aparecen en mi mente más frescos cuando leo en la prensa de hoy,  15 de enero,  en “Heraldo de Aragón” noticias respecto a la educación que se dispensa a la población gitana y la escasez de recursos aplicados en conseguir objetivos y superar la ESO:
 http://www.heraldo.es/noticias/aragon/el_los_alumnos_gitanos_que_viven_aragon_supera_eso_172418_300.html
     Por eso, si leen con detenimiento esa noticia comprenderán que se enciendan en mí ciertas alarmas. El proceso de discriminación positiva que se hizo desde la administración educativa, tanto del PP como del PSOE, aunque con finalidades diferentes, hizo que un  dignísimo instituto de barrio como era el María Moliner haya terminado en ser hoy una especie de escondido armario de minorías étnicas, en especial la gitana, con supuestos profesores “superespecialistas” y aptos para tratar a las mismas, que en mi opinión, y por la información que he obtenido de allí desde  el 2002 que nos fuimos casi todo el claustro de profesores por lo anteriomente expuesto, no es nada más que un decorado educativo, incluso premiado oficialmente hace unos años por sus “logros formacionales”, y que no han hecho nada más que encubrir las deficiencias personales y grupales del alumnado. La adecuación de los instrumentos didácticos a la naturaleza del alumnado ha sido tan grande que resulta difícil ver su progreso y acercamiento a formas civilizadas y educadas, y su relación con los contenidos de la ESO, aun habiendo sido  aplaudidos los “logros” conseguidos por estos “marines educativos”.
Fachada IES María Moliner, Zaragoza.

     La falta de motivación de estos jóvenes gitanos, al parecer condenados desde su nacimiento a estar hacinados, recluidos y apartados de la misma sociedad que dice querer integrarlos, viene dada desde sus familias, lógicamente, pues no se ha avanzado casi nada en eso, y  además, en la “falta de apoyo”, según ellos, que se les ofrece en los centros educativos. Apoyo que, por cierto, y lo digo por experiencia, en general solo valoran si hay  dinero de por medio. Es necesario “pagar” una cantidad a sus familias por tener a sus hijos escolarizados; adaptarse a sus horarios y costumbres, pues no crean que están todos dispuestos a entrar al centro (a las 8.30h allí) como los demás y venir todos los días; Regalarles todo el material, no solo los libros de texto, y reponerles sus pérdidas; y aguantar a diario sus desprecios e insultos, como “payo de mierda” o “racistas” (que es su preferido) a cualquier hora y situación, como expresión de su idiosincrasia. Y por supuesto, los diseños curriculares deben ser adaptados a sus escasísimos intereses y conocimientos para llegar a tenerlos tranquilos y “entretenidos” sin que se generen en el aula situaciones  violentas de enfrentamientos entre ellos o con el profesorado.
     Habrá gente que considere que es así como hay que tratarles, que es lo que “necesitan” al proceder de situaciones sociales desfavorecidas y de marginalidad en muchos casos. De hecho, los sucesivos claustros de profesores que desde el 2002 han pasado por allí, en comisiones de servicio la mayoría para no tener que ir a su plaza como funcionario en un pueblo, aparentan, ante un equipo directivo sumiso ante la administración, y dicen que capaz y eficaz en integrar y tratar a esa población, que consiguen grandes avances educativos con el colectivo gitano, al que mantienen en el “guetto”  del barrio, bien recogido y sin salpicar a nadie.  No estamos de acuerdo con ese procedimiento, pero además está claro que a eso no se le puede llamar EDUCACIÓN, ni mucho menos  enmarcar eso en algo lleno de términos  propios de la ley  educativa que enmascara ese tipo de engaño oficial y social a esta gente. Y es que el error es de planteamiento. No es de recibo que se siga manteniendo a la población gitana escondida y apartada de los demás como si fueran apestados. Sobre todo cuando los centros privados concertados, al menos alguno del barrio, casi no recogen personas de esa raza, y si lo hacen duran poco tiempo. Pero la culpa no solo la tienen esos centros, que con sus artimañas consiguen de la administración que se consienta que los alumnos problemáticos, sin pedigrí, desescolarizados en años, sean destinados a la enseñanza pública, donde se les amontona. Así no se integra a nadie, y más teniendo en cuenta que la norma legal dice que los alumnos con necesidades educativas especiales (ACNES)  serán distribuidos por igual entre todos los centros subvencionados con fondos públicos. Respecto a esto algún inspector conocido como muy progresista contestaba que había que respetar la libertad de elección de centro de los padres, no viendo el pobre iluso, interesado, o actuando cual comisario político, que esa libertad de elección solo se ejerce en igualdad de condiciones. Si tengo que escolarizar a un hijo y las alternativas son un centro donde la mayoría son ACNES,  u otro en el que no hay ninguno, la decisión está clara como padre, pero no es una decisión libre, sino muy condicionada por las circunstancias.
     Esta situación no ocurre con otras etnias ni nacionalidades. Al contrario, en los centros donde conviven personas de los distintos países hispanoamericanos, o del este europeo o africanos, hay una corriente educativa muy diferente. Es cierto que la diferencia de niveles con los que llegan  hace difícil el educar adecuadamente a los distintos grupos, pero hay una base común, por lo general,  de respeto al profesor, de querer saber, o de intentarlo al menos, que difiere mucho de las peripecias docentes que se requieren para acercarse a un alumnado gitano. Deberían tener en cuenta también las asociaciones gitanas que su “integración” no puede convertirse  únicamente en “convivencia”, que en su particular idea se traduce en “que nos aguanten”. Y eso comienza por pedir ellos mismos que los separen en pequeños grupos  y  los destinen a centros diferentes, privados concertados y públicos, donde tener una referencia distinta a la que están acostumbrados en sus vidas y mucho más real. No pueden seguir existiendo guettos para ellos. Los hay felizmente integrados en la sociedad, pues algunos han comprendido que, y sin renunciar a sus tradiciones y rasgos culturales, los valores     de la sociedad paya moderna les son más útiles y convenientes . Si no se deshace su particular aislamiento, muchos de los jóvenes gitanos actuales, sus hijos y los hijos de sus hijos darán pie a que se escriban dentro de muchos años el mismo tipo de artículos en el periódico que ahora.  De lo contrario se seguirán produciendo situaciones racistas e indignantes, y pongo como ejemplo ésta pero recuerdo cientos, como la que un chaval de raza negra tuvo que abandonar el instituto después de recibir una paliza de sus considerados compañeros gitanos. La razón: “es que estos negros nos van a quitar el puesto” ¿?.
      Si se consideran españoles y europeos, como ellos dicen en el artículo periodístico, deben vivir como los demás, o al menos intentarlo. Y si necesitan ayuda, se les presta, pero no a cambio de nada. Hay unos mínimos sociales que todos debemos cumplir, y el  de conseguir la educación necesaria para integrarse es, en mi opinión, prioritaria. Y en eso queda mucho por hacer.





viernes, 13 de enero de 2012

Nos vemos en la Plaza del Pilar


    
      Y nos vemos allí  no precisamente para dar una vuelta y tomarnos algo. Me pongo en plan "Rappel" y hago la predicción, ojalá me equivoque, pero dentro de un año o dos, como mucho, será necesario manifestarse en la Plaza del Pilar en contra de un nuevo intento de trasvase del Ebro. Lo digo por intuición y por los datos que voy leyendo en estos días del nuevo gobierno. Yo lo llevo haciendo toda la vida. Ya casi lo echaba de menos estos últimos tiempos. Y es que para un aragonés de mi generación el manifestarse en contra de un trasvase de (con perdón) "nuestro" río Ebro hacia tierras levantinas es ya una tradición. Se intentó llevar sus aguas a Cataluña en los 70, algo que se consiguió en parte después; y otra vez hace unos años para llevar agua a nuestros hermanos valencianos, murcianos y andaluces orientales. En la última ocasión, en el 2004,  se nos dijo de todo menos bonito,  por parte de las "autoridades" de entonces,  por mantener desde aquí una oposición clara y contundente en contra del trasvase,  manifestándonos en masa donde siempre, en nuestra plaza favorita de Zaragoza. Y creo recordar que un tal Cañete, ministro de  uno de nuestros gobiernos, se puso ciego de llamarnos lo que mucha gente se cree que somos los de Aragón.

      Desde luego es una pena ver que hay cosas que no cambian, y que van a peor a gran velocidad. En el enlace que les dejo al final de este post ya se ven los primeros intentos de empezar de nuevo con la vieja canción, insinuando cambios en la ley de costas y dejando caer que ahora, como son de la misma cuerda en Castilla La Mancha, La Rioja, Aragón, Murcia y Valencia, se va a poder abastecer de agua a las zonas "deficitarias" del levante peninsular. No sé, pero si a Zapatero le dijeron que con un par de tardes se ponía al día en economía, y  dicen que lo consiguió el muchacho, incluso yo me ofrecía a recibir como oyentes en algunas de mis clases de Ciencias de la tierra y medioambientales (CTMA) a los políticos que quieran de los que mandan ahora, y les ofrecería datos convincentes del porqué no puede ni debe hacerse un trasvase, ni el del Ebro ni ningún otro. No los sacas de que "sobra agua", "cuencas sobrantes" , o "el agua se pierde en el mar" que es la que más me gusta. ¡Qué cuadrilla de ignorantes! Por muy  ingenieros  de todas las ramas o abogados que sean no parece que tengan ni idea de cuestiones medioambientales. ¿Será que pretenden otra cosa? Si revisan con detenimiento el artículo de El País del que doy el enlace, verán que representan o destapan como la quintaesencia del hiperdesarrollismo moderno. Parece que les importe un bledo todo lo conseguido en preservación ecológica de nuestro entorno. De todas formas ahora espero ansioso  la respuesta inmediata de Ecologistas en Acción y Greenpeace en defensa de lo poco conseguido con la ley de costas, y por supuesto, una contundencia total en relación al trasvase, aunque esperaré sentado, por si acaso. Por suerte somos de una comunidad española en la que solemos sacarnos las castañas solicos, casi sin la ayuda de nadie, y sin usar medidas violentas. Solo nos manifestamos 400.000 personas, lo que supone un tercio de la población de Aragón, a la señal de ¡ya! para defender que no se lleven de aquí el agua que se sigue necesitando para abastecer y desarrollar esta tierra. ¡Y en la Plaza del Pilar, casi nada! ¿Conocen alguna otra región española que sea capaz de movilizar a tanta gente para defender algo que consideran muy suyo y que la mayoría no vive de ello?  Yo no. Y como respuesta se nos insulta y ningunea, pero allí hemos estado y seguiremos estando. Somos así, como se dice en la canción de Labordeta. Sin más, solo con nuestra presencia y tozudez. Y como dice un refrán en aragonés (idioma que no nos hace falta hablarlo en masa para sentirnos de aquí) y que traduzco: "El que quiera agua, que se venga a buscarla". Dicho queda, nos vemos en la Plaza del Pilar.
Enlace:
http://sociedad.elpais.com/sociedad/2012/01/13/actualidad/1326463973_371408.html

jueves, 12 de enero de 2012

Parques urbanos



     Hace ya un tiempo que tengo la intención de escribir una breve entrada sobre este tema. Los parques de las ciudades, esos "refugios de naturaleza en la selva de asfalto", como algunos han llamado en ocasiones, creo son merecedores de alguna consideración, aunque sea breve, pero distinta a lo habitual. A fecha de hoy el grupo Ecologistas en Acción ha denunciado la gran contaminación en las abarrotadas calles madrileñas, siendo los parques urbanos los únicos sitios, según ellos, donde se puede respirar con cierta normalidad y sin peligro de perjudicarse la salud. Y seguro que tienen razón. Si visitan las páginas webs de parques españoles comprobarán que incluso hay un concurso on line en vigor en el que se pretende elaborar una lista con los diez parques más "bonitos". Y es que ¿quién no se ha maravillado alguna vez en un parque urbano con sus elementos decorativos? El Retiro de Madrid, el de Maria Luisa de Sevilla, o la Ciudadela de Barcelona son casi de visita obligada en esas ciudades, pudiendo comprobar in situ la gran cantidad de dinero que allí se invierte en "conservar" y "adecentar" sus instalaciones. Se usa una naturaleza domesticada por el hombre para solaz y descanso visual de los habitualmente ajetreados urbanitas. Si serán sitios adecuados medioambientalmente que incluso se respira bien allí, en relación, claro está, con el resto de la ciudad. Pero, ¿qué tienen esos parques urbanos, en general, de "refugios naturales"?
Parque Oliver, Zaragoza.

Zona de juegos en Parque Oliver, Zaragoza.
Viviendas junto al Parque Oliver, Zaragoza.

     Lo único que no solemos tener en cuenta muchos de los que nos preocupamos por la conservación del medio ambiente es algo tan sencillo como comprobar si ese precioso decorado "natural" es el que corresponde al ecosistema propio del área climática en el que está la ciudad en cuestión. No nos damos cuenta ni nosotros ni los guardianes de la ortodoxia ecologista, pues no he tenido  la ocasión de ver ni una sola reivindicación de grupos conservacionistas que pida o exija a la administración que el principal criterio a usar en toda intervención dirigida a la realización de un espacio de ocio de tipo "natural", como un parque,  no puede saltarse a la torera las leyes que la propia naturaleza impone. Y respecto a este asunto les propongo que recuerden las imágenes que retuvieron en sus retinas de sus visitas a los parques urbanos en los últimos años. Si lo hacen comprobarán que el diseño actual de esos parques, lejos de aproximarse al ecosistema circundante, quiere mostrar al visitante una distribución de espacios obtenida de un sesudo diseñador, habitualmente minimalista y creyéndose muy concienciado ecológicamente, que no dudará en dejar su impronta artística personal, justificando que ese diseño se ajusta a las verdaderas necesidades humanas en cuanto al auténtico contacto  con la naturaleza. Por eso recordarán que los parques actuales se conciben, sea cual sea la ciudad española, con unas grandes extensiones abiertas de césped, sin apenas arbolado y cobijos, con lo que el impacto visual que se percibe en esos recintos  explica y justifica  una naturaleza sometida por completo,  siempre bajo nuestros pies. Seguro que conocen otros tipos de parque, pero estos que describo someramente son los que en las dos últimas décadas han decorado los nuevos barrios de nuestras ciudades.
     Pero el problema no es de ese especial diseño, en sí mismo, sino de lo apropiado o no que resulte  teniendo en cuenta las condiciones ambientales del lugar donde se construya. Que una gran extensión de verde césped se disponga en un parque de Asturias o Galicia a nadie le puede parecer extraño, pues todos sabemos el nivel de precipitaciones de  esas zonas. Pero es que, casi tomando modelo del londinense Hide Park, se hacen igual en Andalucía, Valencia, Murcia o Aragón. Y se habrán fijado que las tres primeras comunidades citadas son, dicen, deficitarias en aguas. En Aragón, ya saben, "sobra agua" para muchos, pero eso no significa que se puedan hacer parques como los que se ven en las fotos. Se trata del Parque Oliver, en el barrio zaragozano del mismo nombre, inaugurado en 1993 tras una larga insistencia de la asociación de vecinos que desde años atrás pedía tener en su barrio  un parque como los demás. Y ya ven, les hicieron "eso": grandes extensiones de césped, un lago con patos, grandes corredores con bancos, ¡ah! y sin olvidarse de unos pequeños huertos para jubilados. Un "completo". El vecindario del barrio quedó encantado, se entusiasmó con el nuevo parque y desde entonces es centro de actividades recreativas. Lo curioso es que no vimos jamás una protesta o reproche ecologista respecto al diseño y construcción de un parque en el que para su conservación  hacen falta miles y miles de litros de agua para mantener verde una gran extensión de terreno (130 ha) inmersa en el bello ecosistema estepario, seco y gris, de los alrededores de Zaragoza. Y lo más grotesco es ver a los mismos responsables medioambientales de la ciudad que protestaban por las escolleras de las riberas del Ebro cuando la Expo 2008, defender unos años antes, y promover socialmente, un parque con unas necesidades hídricas descabelladas. Ante su insistencia para que usáramos didácticamente el parque durante nuestra práctica docente en el barrio, se les contestó que lo usábamos, pero para explicar cómo NO debería ser un parque.
     Comprenderán después de estas consideraciones que sigue resultando  urgente un proceso de intensa formación de la ciudadanía en temas de naturaleza ecológica, sin extremismos ni demagogias. No debemos confundir nunca “verde” con “bonito”, y ni mucho menos con algo “natural y ecológico”. Pueden ser sinónimos, pero de casualidad.


sábado, 7 de enero de 2012

Cementerios nucleares

     Ya pasó. El Gobierno español decidió dónde tiene que instalarse el ATC (Almacén Temporal Centralizado) o cementerio de residuos nucleares que hasta ahora se mandaban, previo pago, a la vecina Francia para su almacenaje y ocultación. Hasta la fecha, además de en Francia, los residuos españoles de baja y media intensidad iban a la central de residuos de El Cabril, en Córdoba, y en las piscinas de las nueve instalaciones nucleares españolas. Pero para los de alta intensidad no eran el lugar apropiado. Desde luego es posible que a partir de ahora nos ahorremos unos millones de euros por tal servicio, pues ahora somos nosotros los que tendremos nuestro particular cementerio nuclear. La localidad agraciada ha sido Villar de Cañas, en la provincia de Cuenca, como ya sabe casi todo el mundo. Y la elección del lugar  ha sido realizada entre las numerosas localidades que se ofrecieron voluntarias para albergar ese cementerio.


     Y ahí es donde viene lo desconcertante y paradójico. Está claro que no estamos tratando de un tema superficial o que no suscite la respuesta social inmediata. Ha sido y será caldo de cultivo ideal para los grupos que están en contra radical de la energía nuclear, así como para muchos de sus simpatizantes, que con o sin idea, proclaman a los cuatro vientos sus reticencias e inconvenientes, sin que hasta la fecha se haya  oído alguna cuestión que tenga que ver con algo que siempre se olvida, se margina,  se ignora, cuando no se menosprecia: la geología del terreno elegido. Independientemente de posturas a favor o en contra de la energía nuclear, ¿han escuchado a alguno de los que protestan por el cementerio nuclear que ese no es un terreno geológico apropiado? Es muy posible que algunos de los lectores de este post se queden algo sorprendidos al ver que ellos tampoco habían pensado nunca en que para poder poner una instalación de ese calibre es necesario saber con total claridad las peculiaridades geológicas del lugar. Pues sí, hace falta saberlo. Y seguro que otros pensarán que los técnicos del ministerio de industria, o como ahora se llame, habrán  tenido en cuenta la geología del terreno para tal menester. Y la verdad, eso mismo pensaba yo hasta hace poco. Hasta que vi cómo un gobierno lanzaba, hace más de un año, a la opinión de los ayuntamientos españoles la idea de que ya estaba levantada la veda para ofrecer su municipio para instalar el cementerio nuclear español. Casi me caigo de espaldas al oírlo. ¿Cómo es posible que se haga esa oferta cuando se sabe que las condiciones geológicas del lugar son decisivas para poder tener una instalación que requiere una seguridad tectónica total? No todos los sitios son válidos para eso.



     La geología del lugar elegido para la ATC de Villar de Cañas consta fundamentalmente de materiales terciarios del mioceno inferior (Ageniense), sedimentarios, en estratigrafía suavemente deformada en forma de sinclinal, en la que alternan arcillas y yesos. Estos últimos materiales, los yesos, son tremendamente solubles, siendo los causantes de la formación de dolinas y otros desperfectos del terreno cuando se disuelven, como ha pasado y pasa muy a menudo en la depresión del Ebro. Así, en principio, no parece ser una estructura geológica potencialmente peligrosa, pero no es la totalmente adecuada para ello. Además, la proximidad a la cordillera Bética, donde se producen habitualmente terremotos de no tan baja magnitud, acordémonos de Lorca, creo que son datos suficientes para replantearse la decisión actual. ¿Habría sido elegida la zona para la instalación del cementerio si no se hubiera ofrecido su ayuntamiento? ¿El ministerio se hubiera interesado por este sitio por su adecuación para lo nuclear?
     Creo que casi todos tenemos la respuesta a esas dos preguntas anteriores, aunque se nos presenten dudas al hacerlo. Pero es que el error es de planteamiento. Solo después de ver qué zonas son las geológicamente más seguras y recomendables para ello  en España es cuando se puede acotar y restringir geográficamente la oferta social para optar, como localidad, a tener algo tan sensible, complejo y peliagudo como una central de residuos nucleares. Parece increíble y produce sonrojo tener autoridades que sean capaces de iniciar este proceso de la ATC  sin contar adecuadamente con los informes previos geológicos que afirmen y constaten qué zonas de nuestra geografía son las óptimas para ese fin, independientemente de ofrecimientos municipales deseosos de que les caiga la “lotería nuclear”. Estoy convencido de que si así hubiera sido, la localidad elegida no sería la conquense. El  Ilustre Colegio de Geólogos da el visto bueno a la construcción de la ATC, tal y como apareció en prensa, como solución totalmente temporal, pues se considera que es un AGP (Almacenamiento Geológico Profundo) el instrumento más seguro y definitivo para enterrar los residuos nucleares, y no necesaria y únicamente en Villar de Cañas.
¡Que no nos pase nada!

El "mármol" de Vallanca (Rincón de Ademuz, Valencia)

              
"Mármol" de Vallanca (Valencia)

               Vallanca es una pequeña localidad situada en el Rincón de Ademuz, comarca valenciana del interior,  entre las comunidades de Aragón y Castilla La Mancha. Desde hace unos meses se explotan en sus cercanías unas canteras de “mármol” por la empresa Levantina, fundada en 1959 y en activo desde entonces , que ya tiene puestos en marcha  más de 68 puntos de extracción de rocas ornamentales por toda la geografía peninsular,  exportando diferentes tipos de rocas a numerosos países.

Rincón de Ademuz (Valencia).

                Desde un punto de vista geológico la zona  se encuentra en la zona terminal, al sur, de la depresión Calatayud-Teruel-Mira, en la que predominan y  la rellenan los depósitos sedimentarios de la era terciaria. Estos  afloran en la zona  sin aparente deformación tectónica,  especialmente las  arcillas, margas y calizas que adoptan una estratificación horizontal y casi siempre discordantes sobre materiales de la era secundaria,  en concreto del jurásico y cretácico, que son los que enmarcan los márgenes y límites de esa depresión. Esos materiales terciarios son del mioceno y plioceno basal en su mayoría, destacando los del mioceno superior (del  Vallesiense y Turoliense) que abarcan desde hace no más de 12 hasta los 5 millones de años. De esta edad son los materiales calcáreos correspondientes a facies medias y externas o distales de los grandes abanicos aluviales que en esa época rellenaron la cuenca, desarrollando zonas lagunares de no mucha profundidad donde pudieron depositarse los carbonatos cálcicos que dieron posteriormente a los “mármoles” que nos ocupan.


Vista desde la cantera de Vallanca de la zona final de la Depresión Calatayud-Teruel-Mira. Al fondo a la derecha el pico con nieve del Javalambre. En el centro de la foto el monte piramidal jurásico llamado "El Puntal del Mediero", en Torrebaja.

                El mármol es una roca metamórfica que procede del metamorfismo intenso, por incremento de presión y temperatura, de calizas. Las calizas suelen presentar impurezas químicas que son las causantes de las coloraciones y veteados que suelen presentar los “mármoles” que todos conocemos. Geológicamente el auténtico mármol  es el que presenta una cristalización en granos equigranulares, finos o muy finos, de caliza pura, siendo de color blanco. Hay muchas rocas de gran belleza y vistosidad que se denominan “mármol” cuando en realidad son calizas marmóreas.  Por otro lado se oye muy a menudo la denominación “travertino” refiriéndose a calizas travertínicas, que son formadas en áreas fluviales o fluviolacustres con abundante vegetación. El agua muy cargada de carbonato cálcico permite que esta sal  precipite en torno a las estructuras vegetales, que al sedimentarse y amontonarse en el fondo da lugar a una masa oquerosa carbonatada de diversos colores y tonalidades. En ellos es fácil distinguir restos de vegetales que facilitaron la precipitación del carbonato, y restos de organismos, especialmente gasterópodos y otros moluscos. Pues bien los “mármoles” de Vallanca deben interpretarse como procedentes de una formación híbrida entre los dos procesos anteriormente descritos. Las zonas palustres en las que se depositaron las calizas del mioceno superior lo hicieron en áreas con vegetación suficiente como para dar unos niveles estratigráficos con apariencia más travertínica que otros. La compactación diagenética posterior, por depósito de abundante material, da lugar a un endurecimiento y un ligero aspecto en bandas de semicristalinidad de la roca que permite una extracción de grandes y consistentes bancos pétreos, de colores que van del blanco al  marrón claro (crema) que es el que puede usarse con fines industriales.

Frente de extracción en la cantera de Vallanca.

La cantera excavada en las calizas miocenas de la depresión.

Vista parcial. Cantera de Vallanca.
 En primer plano bloques de "mármol".
Además de estas consideraciones geológicas creo que puede resultar útil hacer  una reflexión respecto a la repercusión medioambiental que puede tener la extracción de la roca de Vallanca. Resulta extraño que hasta la fecha no se hayan oído, ni siquiera por la zona, las voces habituales de protesta ecologista respecto a la extracción de roca, con el consiguiente desmantelamiento de cobertera vegetal  del ecosistema  de los alrededores. Y no creo que sea por no enterarse pues es "vox populi"  en toda la comarca. Si se dan un paseo por los alrededores de la cantera podrán comprobar que la agresión medioambiental es importante y que el impacto ecológico que está generando la extracción del material es  considerable. Esto no hay quien lo dude, aunque no se hayan pronunciado los grupos ecologistas por ahora. Pero ¿qué hacemos con ese recurso mineral? ¿Es conveniente sacarlo de las entrañas de la naturaleza? ¿Lo dejamos ahí por no generar impactos ecológicos?

Caliza marmórea de Vallanca.

Frente de extracción de roca.

Entrada a la cantera de la empresa Levantina.

Sección sur de la formación de calizas del mioceno superior en las que se encuentra localizada la cantera de "mármoles" de Vallanca. Al fondo, el pico Javalambre.

 Esas y otras muchas preguntas nos las podemos hacer sin tener en cuenta el interés económico del empresario que interviene, ni la influencia socioeconómica que pueda ejercer en los escasos habitantes  de los pueblos circundantes. Desconozco la repercusión económica y social que está ejerciendo esta actuación minera en la comarca, y sería muy justo pedir que sí la tuviera, pues el recurso minero se  extrae de su territorio. Pero ecológicamente el destrozo está servido. Y a falta del tradicional folklore de grupos ultraconservacionistas debemos adoptar una postura sensata, clara  y  coherente entre nuestras ideas medioambientales y el concepto de desarrollo social y calidad de vida. ¿Debemos renunciar a su extracción para preservar ecológicamente su entorno? ¿Puede explotarse esa cantera sin alterar el ecosistema? ¿Es aceptable y necesario extraer el “mármol” de Vallanca? Todos tenemos una respuesta.

Superficie de calizas del mioceno superior. A la derecha instalaciones de la cantera de calizas marmóreas de Vallanca. ¿Impacto ecológico?