¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

jueves, 12 de enero de 2012

Parques urbanos



     Hace ya un tiempo que tengo la intención de escribir una breve entrada sobre este tema. Los parques de las ciudades, esos "refugios de naturaleza en la selva de asfalto", como algunos han llamado en ocasiones, creo son merecedores de alguna consideración, aunque sea breve, pero distinta a lo habitual. A fecha de hoy el grupo Ecologistas en Acción ha denunciado la gran contaminación en las abarrotadas calles madrileñas, siendo los parques urbanos los únicos sitios, según ellos, donde se puede respirar con cierta normalidad y sin peligro de perjudicarse la salud. Y seguro que tienen razón. Si visitan las páginas webs de parques españoles comprobarán que incluso hay un concurso on line en vigor en el que se pretende elaborar una lista con los diez parques más "bonitos". Y es que ¿quién no se ha maravillado alguna vez en un parque urbano con sus elementos decorativos? El Retiro de Madrid, el de Maria Luisa de Sevilla, o la Ciudadela de Barcelona son casi de visita obligada en esas ciudades, pudiendo comprobar in situ la gran cantidad de dinero que allí se invierte en "conservar" y "adecentar" sus instalaciones. Se usa una naturaleza domesticada por el hombre para solaz y descanso visual de los habitualmente ajetreados urbanitas. Si serán sitios adecuados medioambientalmente que incluso se respira bien allí, en relación, claro está, con el resto de la ciudad. Pero, ¿qué tienen esos parques urbanos, en general, de "refugios naturales"?
Parque Oliver, Zaragoza.

Zona de juegos en Parque Oliver, Zaragoza.
Viviendas junto al Parque Oliver, Zaragoza.

     Lo único que no solemos tener en cuenta muchos de los que nos preocupamos por la conservación del medio ambiente es algo tan sencillo como comprobar si ese precioso decorado "natural" es el que corresponde al ecosistema propio del área climática en el que está la ciudad en cuestión. No nos damos cuenta ni nosotros ni los guardianes de la ortodoxia ecologista, pues no he tenido  la ocasión de ver ni una sola reivindicación de grupos conservacionistas que pida o exija a la administración que el principal criterio a usar en toda intervención dirigida a la realización de un espacio de ocio de tipo "natural", como un parque,  no puede saltarse a la torera las leyes que la propia naturaleza impone. Y respecto a este asunto les propongo que recuerden las imágenes que retuvieron en sus retinas de sus visitas a los parques urbanos en los últimos años. Si lo hacen comprobarán que el diseño actual de esos parques, lejos de aproximarse al ecosistema circundante, quiere mostrar al visitante una distribución de espacios obtenida de un sesudo diseñador, habitualmente minimalista y creyéndose muy concienciado ecológicamente, que no dudará en dejar su impronta artística personal, justificando que ese diseño se ajusta a las verdaderas necesidades humanas en cuanto al auténtico contacto  con la naturaleza. Por eso recordarán que los parques actuales se conciben, sea cual sea la ciudad española, con unas grandes extensiones abiertas de césped, sin apenas arbolado y cobijos, con lo que el impacto visual que se percibe en esos recintos  explica y justifica  una naturaleza sometida por completo,  siempre bajo nuestros pies. Seguro que conocen otros tipos de parque, pero estos que describo someramente son los que en las dos últimas décadas han decorado los nuevos barrios de nuestras ciudades.
     Pero el problema no es de ese especial diseño, en sí mismo, sino de lo apropiado o no que resulte  teniendo en cuenta las condiciones ambientales del lugar donde se construya. Que una gran extensión de verde césped se disponga en un parque de Asturias o Galicia a nadie le puede parecer extraño, pues todos sabemos el nivel de precipitaciones de  esas zonas. Pero es que, casi tomando modelo del londinense Hide Park, se hacen igual en Andalucía, Valencia, Murcia o Aragón. Y se habrán fijado que las tres primeras comunidades citadas son, dicen, deficitarias en aguas. En Aragón, ya saben, "sobra agua" para muchos, pero eso no significa que se puedan hacer parques como los que se ven en las fotos. Se trata del Parque Oliver, en el barrio zaragozano del mismo nombre, inaugurado en 1993 tras una larga insistencia de la asociación de vecinos que desde años atrás pedía tener en su barrio  un parque como los demás. Y ya ven, les hicieron "eso": grandes extensiones de césped, un lago con patos, grandes corredores con bancos, ¡ah! y sin olvidarse de unos pequeños huertos para jubilados. Un "completo". El vecindario del barrio quedó encantado, se entusiasmó con el nuevo parque y desde entonces es centro de actividades recreativas. Lo curioso es que no vimos jamás una protesta o reproche ecologista respecto al diseño y construcción de un parque en el que para su conservación  hacen falta miles y miles de litros de agua para mantener verde una gran extensión de terreno (130 ha) inmersa en el bello ecosistema estepario, seco y gris, de los alrededores de Zaragoza. Y lo más grotesco es ver a los mismos responsables medioambientales de la ciudad que protestaban por las escolleras de las riberas del Ebro cuando la Expo 2008, defender unos años antes, y promover socialmente, un parque con unas necesidades hídricas descabelladas. Ante su insistencia para que usáramos didácticamente el parque durante nuestra práctica docente en el barrio, se les contestó que lo usábamos, pero para explicar cómo NO debería ser un parque.
     Comprenderán después de estas consideraciones que sigue resultando  urgente un proceso de intensa formación de la ciudadanía en temas de naturaleza ecológica, sin extremismos ni demagogias. No debemos confundir nunca “verde” con “bonito”, y ni mucho menos con algo “natural y ecológico”. Pueden ser sinónimos, pero de casualidad.


1 comentario:

  1. Enrique, tu reflexión me parece muy acertada, sensata y equilibrada y estoy conforme contigo en que la base de este problema -como el de tantos otros- es la educación... Pero si la mayoría carece o carecemos de una buena educación general, ¿cómo vamos a tener formación medioambiental? Con todo, tus observaciones me parecen estupendas y necesarias: poco a poco irán calando en la sensibilidad común y ayudándonos a entender mejor el medio ambiente y el mundo donde vivimos; al menos eso espero... Saludos.

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