¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

viernes, 16 de marzo de 2012

Nuevas especies de roedores fósiles en Atapuerca.

Roedor actual.

     Muy a menudo nos encontramos con noticias referentes al hallazgo y definición de nuevas especies de organismos. Las más llamativas y conocidas suelen ser de dinosaurios  o de homínidos, pues son los grupos  de mayor repercusión mediática. Sin embargo, y aunque no aparezcan en los medios de comunicación, muchas  especies de otros   grupos de seres vivos, tan importantes como los antes citados y que vivieron en épocas pasadas de la historia de la Tierra, se descubren también para la ciencia a medida que  se avanza en el estudio del registro fósil.
     Hace unos años, en 1996 y 1997, publiqué varias  especies de micromamíferos, en concreto roedores, que había descubierto, descrito y estudiado durante la  realización de mi tesis doctoral en Atapuerca entre 1984 y 1987. Se trata de las especies Microtus lignani, dedicada al ponente de mi tesis en la Universidad de Zaragoza, el catedrático de paleontología D. Eladio Liñán; Terricola seseae, a la directora de la tesis e investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas  (CSIC),  Dª Carmen Sesé; y  Terricola  atapuerquensis, dedicada al yacimiento de Atapuerca, de donde proceden. Y aunque estos datos no son novedosos para la ciencia creo interesante hacer aquí una pequeña reseña divulgativa  respecto al cómo se realiza su estudio y el  método que se aplica en el descubrimiento y definición  de unas especies nuevas, en este caso de roedores, que se han conservado en el registro fósil de los yacimientos de Atapuerca, donde vivieron hace varias centenas de miles de años.

 
Vista oclusal de las piezas dentarias de una especie de Arvicola (rata de agua) de Atapuerca.
El M1 inferior es la pieza clave para la clasificación.
Estructura dentaria general, y fórmula dentaria, de los roedores. Observar el gran disatema entre incisivos y molares.

     El estudio de los fósiles de mamíferos, en general, se basa en el estudio detallado de los restos fosilizables de los mismos, que es el conjunto de huesos de su esqueleto. De éste, la pieza fundamental para determinar a qué grupo de organismo pertenecen es el cráneo, sin descartar el esqueleto postcraneal, que es determinante también para la clasificación de ciertos grupos. En lo que respecta a los roedores, considerados en su conjunto como micromamíferos aunque algunos de ellos sean de mayor tamaño que otros macromamíferos, los elementos clave para clasificar son las piezas dentarias de los mismos, pues es allí donde se registran las variaciones morfológicas y biométricas que reflejan los grados de evolución y parentesco entre diferentes taxones fósiles, pudiendo así asignar especie a los restos fósiles en relación con esos criterios.

      Esas tres nuevas especies de roedor de Atapuerca pertenecen a la familia Cricetidae, subfamilia Arvicolinae. Los arvicólidos presentan un tipo de dentición un tanto especial. Además de compartir con el resto de los mamíferos myomorfos el poseer un grandiastema entre los incisivos y los molares, estas últimas piezas dentarias, el primer molar (M1), el segundo (M2) y el tercero (M3), tanto superiores como inferiores, se caracterizan por ser arrizodontos e hipsodontos, es decir, sin raíces y de corona alta, y con crecimiento continuo, lo que favorece el necesario desgate en relación con su régimen alimenticio herbívoro. La corona del diente, parte aérea del diente, presenta una forma conocida como de “árbol de navidad”, visto el diente en superficie oclusal, es decir, desde arriba, por donde muerde el animal, por estar constituida por unos pliegues del esmalte de forma triangular que engloban su relleno de dentina o marfil, y protegidos exteriormente casi siempre por finas capas de cemento dentario. Las muchas variaciones que pueden presentar esos pliegues, la profundidad de los ángulos entrantes y salientes, su confluencia o no de esos triángulos, junto a las medidas que en ellos pueden tomarse de sus estructuras, permiten muchas veces determinar a qué género y especie pertenecen esos restos fósiles. Hay que señalar queúnicamente es el M1 inferior, el primer molar de la mandíbula, el que sirve para clasificar, siendo el resto de las piezas molares desechadas para tal objetivo, excepto el M3 superior de algunas especies, como el de Microtus brecciensis que también es usado para la sistemática. Cuando las formas detectadas y los parámetros e índices medidos en ellos se asemejan y coinciden con las formas anteriormente descritas por la ciencia, la clasificación de los restos se adapta a esa nomenclatura científica, adjudicándoles los nombres de las especies que se conocían hasta el momento. En caso contrario, si las formas y biometría están lejos de parecerse a las especies descritas es posible que se esté ante ejemplares que correspondan a un nuevo taxón, como fue el caso de las especies de Atapuerca. Por supuesto estas determinaciones sistemáticas se realizan haciendo estudios poblacionales, es decir, considerando la similitud de morfologías y metrías dentarias en un número importante y con significado estadístico, si se puede, de ejemplares de esas características comunes, con el fin de realizar una asignación taxonómica dotada de rigor científico.
     Las superficies oclusales, o superiores, de los primeros molares inferiores de esas nuevas especies de Atapuerca son las que siguen, reflejando en negro el esmalte dentario, en blanco la dentina, y la superficie punteada el cemento:
M1 inferior de Terricola atapuerquensis Gil, 1996.
 Obsérvese la confluencia entre los triángulos T4 y T5, característica propia de Terricola.
Ápice labial marcado.


M1 inferior de Terricola seseae Gil, 1997.
Obsérvese la confluencia entre los triángulos T4 y T5, carácter propio de Terricola.


M1 inferior de  Microtus lignani Gil, 1997.
Obsérvese la alternancia entre los triángulos T4 y T5 en Microtus.

    
Trinchera del Ferrocarril de Atapuerca.  Corte de Cueva de los Zarpazos, Galería, y Boca Norte.
En rojo aparecen marcados los niveles estratigráficos con Terricola atapuerquensis Gil, 1996.

Relleno de Gran Dolina, tramo basal.
 En negro los niveles donde aparecen las especies Microtus lignani y Terricola seseae, Gil, 1997.

Gran Dolina, tramo superior.
 En rojo el nivel (TD10) donde aparece la especie Terricola atapuerquensis Gil, 1996.
    
Mandíbula de microtino del nivel TG11 de Galería,  Atapuerca.

      Las especies Microtus lignani y Terricola seseae se registran en niveles del relleno de Gran Dolina (TD4 y TD5), en su tramo basal, lo que les confiere una gran antigüedad según los datos obtenidos técnicamente para esos niveles, superando con toda seguridad el millón de años, mientras que Terricola atapuerquensis, aparece en niveles de una edad comprendida entre hace 300.000 y 120.000 años (TG19, TG11, TN4,TN5, TN6, y TD10).

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