¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

martes, 26 de enero de 2016

Significado y utilidad en Ciencias Naturales de las actividades extraescolares.




     El diseño de programaciones a comienzo de curso incluye habitualmente una serie de actividades docentes de tipo extraescolar para el alumnado de todos los cursos de secundaria. En el caso de los departamentos de Ciencias Naturales  de los centros, las programaciones han de atender las necesidades educativas de los cuatro cursos de la secundaria obligatoria (ESO) y de los dos cursos del bachillerato. En muchas ocasiones se pretende dar un complemento educativo al alumnado. Esto se refiere a que el desarrollo de unidades didácticas a lo largo del curso necesita que se complemente, o en otros casos se aplique lo “aprendido” en el aula o en el laboratorio, con actividades que se realicen fuera del centro. En esa actividad se suele contemplar  un amplio barrido de elementos educacionales a adquirir fuera del tradicional esquema que supone la vida diaria en el aula.
     En Ciencias Naturales este objetivo suele ser de fácil aplicación y obtención. No es difícil encontrar propuestas para estos complementos educativos realizadas desde instituciones públicas o privadas, como museos, instalaciones didácticas en centros de investigación,  o recorridos naturales dirigidos por especialistas, que facilitan nuestra labor en este sentido. Es habitual recibir propaganda en los centros en los que se recomienda la visita a diferentes lugares  de interés científico, en el ámbito de la naturaleza, donde poner en práctica lo ya visto teóricamente, y completar una formación cada vez más exigente con  los alumnos de hoy en día. También suele ser habitual el diseño en los departamentos  de concienzudas y completas excursiones a lugares de especial interés natural del entorno. Es tan grande pues la oferta  que resulta a veces muy difícil decidir a qué actividad conviene ir o no, y cuál es la más recomendable o se adapta mejor a los diferentes niveles educativos.
 

 

     Aún así, la realización de actividades de este tipo en los centros no siempre resulta sencilla. En numerosas ocasiones se tropieza con la falta de coordinación por departamentos de las mismas (que en muchas ocasiones termina siendo una simple ordenación temporal), lo que suscita más de una  discrepancia entre las personas encargadas de llevarlas a cabo, o de coordinarlas adecuadamente. Hay que poner entonces una solución inmediata que debe contemplar varios criterios educativos importantes. El principal, entre otros muchos, consiste en acertar en la consideración respecto al grado de necesidad que una actividad tiene para un nivel cualquiera: si es necesario y/o imprescindible el hacer la actividad en concreto para uno o varios niveles; o si es posible aglutinar o hacer coincidir  en una sola salida las varias previstas por diferentes departamentos; o si compensa hacer una salida del centro en relación con las “horas perdidas” de otras asignaturas. El decidir con criterio en este sentido es algo que debe hacerse colegiadamente, con criterio serio,  sentido común y generosidad a comienzos de curso, que es cuando se proponen las actividades departamentales a realizar en lugares externos al propio centro educativo. Una vez aceptada esa propuesta ya solo queda lidiar con la multitud de inconvenientes que seguro surgen  durante la organización concreta de una actividad: por ejemplo, la necesidad de cubrir con su realización las necesidades educativas del alumnado en cada nivel; considerar los problemas presupuestarios que cualquier acto de este tipo supone hoy en día para muchos alumnos carentes de recursos; o el aprovechamiento y rendimiento educativo de una actividad que puede llevar un día entero de duración, o más, y que eso puede desarticular la aplicación temporal de los programas docentes de otros departamentos. Es todo un reto.
 

 

     La puesta en marcha de una actividad extraescolar hoy en día no resulta fácil ni cómoda. Son muchos más los impedimentos que se encuentran a diario que los beneficios y logros profesionales que supone el hacerlas. Y eso sin contar con otros sorprendentes ajustes y encajes  que se hacen necesarios en la dinámica profesoral, como suelen ser algunas incomprensiones respecto a la utilidad docente o importancia real que algunos otorgan a la realización de estas actividades. Está claro que las clases directas en el aula, teóricas o prácticas, con la dirección  programada del profesor,  es una actividad docente necesaria y muy útil para la formación del alumnado. Pero el conjunto de beneficios que se obtiene al realizar una extraescolar, con su vertiente socializante además de la estrictamente formacional, suele generar en el que la vive un fuerte vínculo con la materia  tratada en la misma (siendo esto muy patente en el caso de las Ciencias Naturales), y algo que no puede ni debe separarse del  tradicional  método docente. No se entiende hoy en día una labor educacional en esta ciencia sin  la aplicación de un intenso abanico de actividades que conlleven el estudio, contemplación, contacto, interrelación, y puesta en valor por experimentación personal del alumnado, de actividades realizadas fuera del aula. No puede educarse a nadie en ciencias de la naturaleza tan solo a través de imágenes impresas o en una pantalla, o realizando unas simples prácticas de laboratorio. El éxito educativo está en juego.  La visión que debe inculcarse de la naturaleza y su conservación a los alumnos pasa por la contemplación en directo de fenómenos y elementos naturales relacionados con disciplinas y especialidades propias de la biología y la geología. No puede entenderse de otra manera salvo que retrocedamos unos cuantos decenios en nuestra práctica profesional. De ahí su importancia y significado.
 

 

     Es tan beneficiosa la realización de actividades extraescolares de Ciencias Naturales en secundaria que participar en ellas  suele repercutir  muy positivamente en la consideración del alumnado respecto a disciplinas en las que casi no se hacen. Materias tradicionalmente impartidas por un método que se basa en la clase directa, teórica, casi magistral, son mejor aceptadas y asumidas (sin casi resignación) por un alumnado que invierte parte de su tiempo de formación al estudio y visita programada de lugares de interés natural. No conozco ningún estudio científico de rigor hecho al respecto, pero esta afirmación se basa  en  una constatación personal hecha curso a curso durante muchos años de docencia personal.  Sería conveniente pues el confiar más en la eficacia y la gran inversión educativa que supone la realización de estas actividades docentes relacionadas con la naturaleza, que permiten conocerla, respetarla, y vivirla en directo, sin la casi obligada intermediación y sustitución en el método docente aplicado  de las nuevas tecnologías, tan útiles para casi todo,  pero que jamás equivalen a una vivencia personal de contacto directo con lo natural.
 
 

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