Seguro que resulta extraño leer un título así hoy en día.
Responde al estado de alarma que entre los geólogos, especialmente los docentes,
se ha producido ante el nuevo proyecto de ley de educación (LOMCE) que el
gobierno de la nación ha mandado a las Cortes para su tramitación. En ese
proyecto desaparece la asignatura Geología del conjunto de materias a impartir
en el nuevo bachillerato que se propone. Y no es la primera vez que ocurre. La
anterior reforma educativa también eliminaba esta materia, aunque algunas
comunidades autónomas la mantuvieran como optativa en 2º de bachiller.
Puede que mucha gente crea que no es tan grave. Que las
protestas y reivindicaciones que se están iniciando a nivel estatal, en todos
los lugares de nuestra geografía, son oportunistas y de tipo político. O que
piensen que la Geología no es necesaria
en la formación preuniversitaria para nada. Incluso he conocido gente que
comenta que los geólogos estamos “acabados”, sin futuro, y sin posibilidades de
competir con otras materias que tienen una gran proyección social, como es la
Geografía. Supongo que se dice por pura ignorancia. Como botón de muestra de
esta ignorancia, y esto es comprobable, hace unos días he visto publicado en un
periódico aragonés (Heraldo de Aragón) un artículo sobre la enseñanza de la Geología,
refiriéndose a Geografía. ¡Se confunde el término desde ámbitos periodísticos,
que ya es caer bajo!
En Aragón, hace 40
años que se imparte con mucho éxito y aceptación en la Universidad de Zaragoza la licenciatura (ahora Grado)
de Geológicas. Ese sería un buen motivo para mantener la opción de estudiar en
el bachillerato la asignatura de Geología, pero desde luego no es, a mi juicio,
ni debe ser, la principal razón por la que mantener esos estudios vigentes.
Existen verdaderos argumentos sociales por los que defender su existencia en
los planes de estudio. El principal debe enfocarse no solo desde el puro y académico
conocimiento de la Tierra y sus recursos
minerales, sino desde la perspectiva más egoísta del ser humano, que es su
defensa y autoprotección ante la multitud de riesgos derivados de los fenómenos
geológicos que todos conocemos. De ellos, los volcanes y terremotos son los más
vistosos y conocidos mediáticamente, pero no hay que olvidar otros que en
nuestras latitudes nos afectan y hacen
sufrir sobre manera: inundaciones, hundimientos, avalanchas y desprendimientos. Todos ellos
estudiados, detectables y evaluables desde la Geología, y por geólogos.
Muchos piensan, por supuesto incluyo aquí a los políticos, que los servicios estatales de Protección
Civil están para evitar los daños producidos por los fenómenos antes citados,
sin pararse a pensar en la necesaria formación geológica que esos efectivos
deberían tener para poder enfrentarse a ellos. En referencia a este asunto, me
consta que muchos efectivos integrantes de las abundantes y populares “brigadas
medioambientales” (conozco a bastantes), que muy dignamente ayudan en la extinción de
incendios y realizan trabajos en el monte, desconocen por completo el más simple concepto o técnica cartográfica
o de reconocimiento geológico de un lugar. Otros creen que los estudios de
ordenación del territorio hechos desde organismos estatales, autonómicos o
municipales, por personas relacionadas, técnicos dicen ellos, con el urbanismo,
mediambientalismo y paisajismo, son un aval para pensar que donde ellos decidan
hacer cualquier infraestructura pública o privada es un lugar adecuado para
ello. Por supuesto, en muchas de las evaluaciones de impactos ambientales (EVA)
preceptivas para realizar esas obras y obtener permisos, y en esto se ha
avanzado mucho en los últimos tiempos, brillan por su ausencia cualquier tipo
de informe geológico del lugar elegido, aunque el documento lleve todas las
firmas pertinentes del político de
turno, “técnico medioambiental”, o consejero de guardia. Y por ese motivo se
ven y sufren desastres como el producido en 1996 en el camping de Biescas
(Huesca), construido en el cono de deyección de un torrente; las múltiples
inundaciones de lugares habitados
a lo largo de nuestra geografía, por permitir construir, eso sí con todos los
permisos legales, en zonas de llanura de inundación fluviales; o agrietamientos y derrumbes de edificios por
levantarlos en áreas de deslizamientos
de rocas, fallas, o de producción de
dolinas.
Por mucho que se esfuercen los geógrafos, dicho esto con
todo mi respeto hacia los mismos, en ocupar puestos de responsabilidad social
en diferentes organismos, los informes
pertinentes para decidir lo adecuado o no de un
lugar para una actuación urbanística o de ejecución de grandes infraestructuras,
deben ser realizados por geólogos. Y solo por ellos. Y para que esto sea así,
deben formarse geólogos en nuestras universidades. Y para que los alumnos
tengan la iniciativa de enfrascarse en la realización de una carrera
universitaria como esa, deben ser iniciados en esos conocimientos geológicos en
sus estudios preuniversitarios. Y para ello debe conservarse, aunque sea como
asignatura optativa, la Geología en los niveles de bachillerato. Por todo ello esta sociedad debe seguir
formando geólogos, pues los necesitamos. ¡Son imprescindibles!
Por eso no entendemos que la administración central pretenda
eliminar de su proyecto de ley educativa una materia tan necesaria como esa. Sin embargo no se olvida de incluir otras,
algunas de ellas incluso en el bachillerato científico, que son interesantísimas y muy necesarias en
una adecuada formación académica, pero que seguro que pueden salvar menos vidas
que la Geología, como Griego, Literatura
universal, o Historia de de Filosofía, entre otras. Por poner, finalmente, un
ejemplo, cuando enfermamos y vamos al
médico y nos tiene que hacer un análisis de sangre, queremos que los resultados
estén cuanto antes y con el mínimo
margen de error, los cuales serán emitidos con la alta precisión que nos da una máquina diseñada para ese fin. Pues
bien, seguro que comprendemos que ese aparato no lo ha diseñado alguien experto en
Literatura universal ni en Griego. Pues
igualmente, cuando queremos que se nos prediga cuándo se va a producir un
terremoto, o qué terreno es inundable, o se analice la estabilidad de una
ladera, tampoco recurriremos al
especialista en Lengua o Historia de la Filosofía, sino al geólogo. No queremos competir con nadie. Solo deseamos
que esta sociedad se dé cuenta del gran
daño que puede hacerse a sí misma si decide eliminar las enseñanzas de Geología
de la programación de bachillerato. Hay que seguir enseñando Geología, nuestro
futuro y calidad de vida está en juego.
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