¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Niveles educativos


       Hay confusión. Muchos alaban y consideran el informe PISA como la prueba del algodón educativo. Sus pruebas, cuestionarios y encuestas varias dan como resultado que el nivel que tienen muchos de los alumnos de este país no llega ni a la suela del zapato a muchos de nuestro “entorno” inmediato y no tan inmediato, como los países nórdicos. De sus sesudos análisis se deduce que  la enseñanza en España es de bajo nivel, aburrida y poco formativa, en especial en la educación secundaria. Y esto lo dicen y secundan desde cualquier ciudadano de la calle hasta alguno de los mejores catedráticos del panorama universitario español.
       Por experiencia sé que hay muchos profesores universitarios que abominan del nivel académico con el que “llegan” a sus universidades estos pobres estudiantes, teniendo que recurrir a estrategias docentes poco habituales en sus trayectorias profesionales, no por innovadoras o creativas, sino por, de alguna manera, tener que reciclarse en la manera de dar sus clases para que los recién llegados a la universidad les “entiendan”. ¡Pobre gente, lo que les toca vivir!

        En ocasiones comparto con algunos de  esos eminentes profesores  las pruebas de acceso a la universidad, donde suelo ir a formar parte de los tribunales de las PAU casi cada año, y suelo rebajar su ansiedad y disgusto recordándoles ciertas cosillas y datos, sobre todo si son de una edad parecida a la mía, de nuestros tiempos de los años 70, repasando juntos y recordando algunos de los “densos” contenidos con los que llegábamos nosotros a la universidad. Y los pobres, sacándoles de su amnesia y aunque les cuesta reconocerlo, llegan  a  considerar como   escasa la formación, en comparación con la de ahora, con la que nos hacíamos universitarios. Porque entonces nadie sabía ni palabra de informática, ya que no existía, ¿saben?  En 1987 leí mi tesis doctoral en Paleontología en la Universidad de Zaragoza, y fue la secretaria de ese departamento quien pasó a máquina de escribir el texto de la tesis, pues no había ni un solo ordenador en todo el departamento de Ciencias de la Tierra. Ahora  los alumnos de 2º de bachillerato dominan perfectamente el manejo de un ordenador, y muchos años antes, con el consiguiente tiempo de aprendizaje que ello conlleva. En mi tiempo llegué a la universidad sabiendo  francés (no se daba inglés), y yo diría que bastante bien pues se me dan bien los idiomas, pero algunos de mis compañeros entraron por  lo que entraron, pero no por saber ningún  idioma. Hoy en día muchos estudiantes de secundaria estudian dos e incluso tres idiomas.
       Una queja seria es la de sus conocimientos en ciencias, especialmente de matemáticas. Claro, los pobres estudiantes no tienen tiempo, como lo tuvimos nosotros, de dedicar un par de meses en nuestro bachillerato a hacer cientos de logaritmos decimales con las tablas de logaritmos, claro, a mano. Esa experiencia, con la que los alumnos de ahora no cuentan, supondrán lo que nos ha enriquecido en la vida, y el entusiasmo que desde entonces tuvimos todos por las matemáticas. ¡Eso si que era motivación y gracejo a la hora de “aprender “¡ En otra asignatura de ciencias, como la Biología o la Geología  se están impartiendo ideas y conceptos que yo aprendí en la universidad y otros, fuera de ella, muchos años después. Pero ahora  parece que es imprescindible que se sepan para entrar en la universidad. Hay días que a mis protestones  compañeros del instituto  respecto del nivel del alumnado les paso a leer alguno de los exámenes que les pongo a mis alumnos de 2º de ESO, por no abusar dándoles uno de bachillerato, y leen las preguntas sin entender absolutamente nada de lo que pone. ¿Pero no fueron educados en una época con un nivel casi inmejorable? ¿No saben contestar esas preguntillas?  ¿Cómo pueden quejarse del nivel de los alumnos, si ellos tampoco lo tienen? Algo pasa, y muy serio.


       Pero la gente cree que las informaciones que se dan en los medios de comunicación, avaladas por el informe PISA, eso sí, son reales y ciertas. Ellos no tendrán ni idea de la contestación adecuada de las muchas disciplinas del bachillerato actual, pero están completamente convencidos que el nivel académico de los alumnos de hoy es bajo, malo, y casi rayano en el ridículo. Y ni se paran un segundo a comparar con el que ellos mismos tenían cuando fueron a la universidad, si es que fueron. Otros grandes teóricos y aparentemente contestatarios profesores e investigadores universitarios ponen sobre la palestra datos referentes a  la consideración como educación de gran calidad a la de los países nórdicos, como Finlandia. Aquí os dejo un interesante enlace (http://www.yorokobu.es/la-confianza-clave-del-exito-educativo-en-finlandia/)  respecto al supuesto  gran descubrimiento sobre el funcionamiento de la educación en ese país. La gran aportación a la educación y sus logros se basan en la “confianza” del alumnado sobre el profesorado, la motivación, la transparencia, y la libertad de actuación docente en el aula, dando criterios de búsqueda de información, creatividad y asentamiento de ideas fuera de la norma propia de la Ilustración de memorizar abusivamente. Supongo que al leer esto se habrán quedado de piedra al ver  lo atrasados que estamos aquí, ¿no? Si por hacer “eso” en clase se consiguieran resultados deslumbrantes, aquí seríamos una colección de Premios Nobel. Y debe ser por eso por lo que en Finlandia destacan en el mundo absolutamente en todo, claro, además de en excelentes resultados académicos registrados en el informe PISA.
       Que la memoria no debe ser la pauta de comportamiento en el aula es algo en que la gran mayoría del profesorado de secundaria está de acuerdo, pero también estamos de acuerdo en que la suposición de que un alumnado, sea el que sea, está permanentemente motivado por saber, necesitando para conseguirlo un método de búsqueda de la información en un ambiente de libertad y transparencia de ideas, es algo tan utópico e infantil que casi no merece la pena rebatirlo. Las muchas asignaturas de cada curso, los muchos contenidos en cada una de ellas, los encorsetamientos temporales, cuando no climáticos y temperamentales (no sé si entienden de eso en Finlandia) hacen que la realidad sea bien distinta a las necesidades conceptuales de teóricos ambiciosos, poco amigos de la tiza en general, y que se permiten “pontificar” sobre cómo debemos hacerlo. Hacerlo los demás, claro. Por supuesto que con confianza, admiración hacia el profesor, y ejemplo diario en el aula se consigue mucho más y mejor en cuanto a resultados, pero, seamos serios, hay que saber y tener conocimientos que solo con un duro esfuerzo y trabajo diario, del de siempre, se consigue tener y adquirir en tan poco tiempo como el que se dispone. No he tenido nunca un alumno finlandés, pero si noruegos y de otras naciones, que por su “buen” expediente les concedieron venir becados a España a estudiar su bachillerato y de paso practicaban español . Los pobres, y con todo mi respeto, no tenían ni idea de nada de lo que aquí se sabe y aprende a su edad: ni de matemáticas, de ciencias naturales,  ni química. ¿Qué aprenden allí? ¿La transparencia, confianza y  libertad   no dejó huella en su aprendizaje? No sé en qué conocimientos se basarán los informes académicos en sus países, pero lo que sí puedo decir es que aprendieron tantas cosas de la vida, además de académicas, aquí, con sus compañeros españoles, que están deseando venir cada año  por vacaciones. Eso que aprendieron ¿no forma parte del aprendizaje de una persona? Qué lástima que no se valoren esos aprendizajes en ningún informe ni consten en sus expedientes.
       A mis alumnos de segundo de bachillerato siempre les digo que no tengan en cuenta las muchas informaciones demoledoras que oyen, ven y leen respecto al bajo nivel académico que se tiene al acabar sus estudios secundarios. Qué más quisieran, los que eso dicen,  que haber tenido el nivel que ahora tienen los chavales de 17/18 años al entrar en la universidad. Con el esfuerzo, trabajo y dedicación que le dedican al estudio muchos de ellos, y lo mucho que se preocupan por sacar una media de nota adecuada para poder entrar en la carrera elegida, y que además se diga y considere en esta sociedad que ese nivel conseguido es bajo, es, simplemente, indignante, mentira y casi obsceno. La ignorancia es muy atrevida.


2 comentarios:

  1. Muy bueno, hay que tener sentido crítico para ver más allá de lo que dicen los medios de comunicación.

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  2. ¿Quremos mejorar?
    Primero debemos ser conscientes del punto en el que nos encontramos.

    Segundo, definir el modelo al que queremos llegar: una formación más humanista, científica, lingüística, integral...
    Pero hemos de reconocer que una formación más integral no puede tener el mismo nivel científico, humanístico, lingüístico que una formación de carácter más científico, etc etc etc.

    Tercero, planificar muy bien los currículos en las enseñanas primaria y secundaria y muy, muy, muy, muy bien la de la universidad, que NO tiene que ser hecha a la medida del profesorado, como se hace hoy en día.

    (¿Cómo vamos a quitar esta asignatura? ¿Qué va hacer su profesor? La cambiamos de sitio, de nombre, lo que sea pero que continúe)

    Nos adaptamos mejor los profes de primaria y secundaria a los cambios que los universitarios

    Cuarto, establecer un sistema justo y equitativo de acceso a la universidad

    Quinto, los profes universitarios son los primeros que tendrían que hacer los masters en educación, saber, saben mucho pero de pedagogía NADA.

    Sexto, una planificación correcta de los tiempos de los profesores para innovar, mejorar etc etc todas esas funciones que NO son DAR clase pero que son fundamentales para que la clase sea un éxito.

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