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Skyline de Torrebaja (Rincón de Ademuz, Valencia). Dibujo de Mario Monterde, 2014. |
Es difícil no asombrarse cuando se ve recortada en el cielo
la imagen lejana de una ciudad, que eso es a lo que se refiere el término
anglosajón “skyline”. Y más cuando la ciudad es una de las grandes del planeta.
Nueva York, Paris, o Madrid presentan unos skylines verdaderamente espectaculares.
Y en esa asombrosa vista tiene mucha importancia la abundancia de edificios
singulares o especiales que allí haya. Sorprende y causa gran admiración a
muchos esta visión de las ciudades, pero para otros resulta algo tan agresivo para sus conciencias medioambientales
que podría parecer que ellos vivieran en lugares sin ningún tipo de skyline
y que su lugar de residencia fuera algo totalmente acorde y respetuoso con la naturaleza. Todos los
lugares donde la humanidad habita, desde una favela en Río de Janeiro hasta la
urbanización más exclusiva de Dubai son agresiones al entorno original que allí
habían antes de edificarse.
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Zaragoza |
Y aunque todo lo que en un famoso skyline se contempla y admira sea habitualmente el fruto de la más rancia actividad del
desarrollismo a ultranza que en las últimas décadas se ha impuesto como
sinónimo de avance social y desarrollo de la población (zonas residenciales,
rascacielos, aeropuertos, puertos marítimos, monumentos, etc…), no dejan de ser
también sorprendentes algunas concepciones un tanto inmovilistas, cuando no ya
muy trasnochadas, de determinados grupos conservacionistas respecto a las
acumulaciones humanas en ciudades y sus necesidades urbanísticas. Construcciones
de viviendas unifamiliares del extrarradio urbano o altos edificios en el entramado de las ciudades, por ejemplo, no parecen ser del agrado de estas gentes que
aparentan desear vivir en “otros entornos”, los cuales quedan sin especificar, por supuesto. Suelen ser colectivos de personas muy
concienciadas con el medio ambiente (dicen), pero que viven fundamentalmente en
ciudades. Las usan, aprovechan las facilidades de vida que allí se ofrecen, y
no suelen hacer ascos a la multitud de comodidades de las que en esos lugares
se dispone. Pero es igual. Su conciencia ecológica les dicta que todo lo que
les rodea hace daño al entorno, es algo agresivo con la naturaleza, y `por
tanto, algo deleznable y evitable. Aunque nunca nos enteramos de cuál es su
alternativa a ese modelo de vida, si es que tienen alguna. Dejo aquí un enlace del artículo referente a
la ciudad de Barcelona publicado por Ecologistas en Acción, que puede ser ilustrativo
respecto a lo que aquí se dice: http://www.ecologistasenaccion.es/article14726.html.
Desde luego que nuestra vida en las ciudades debe ser más
cuidadosa con lo natural de lo que es, en general, y no deberíamos conformarnos con actitudes
pseudoecológicas como el reciclado masivo, sin antes empeñarnos en consumir
bastante menos y mejor. Las ciudades
pueden y deben cambiar mucho ambientalmente. Es tarea de todos, como lo es el
exigir a las instituciones que se regulen muchas prácticas sociales que son
contrarias al desarrollo de un comportamiento socioambiental correcto. Pero
todo esto no puede enturbiar la sana admiración y regocijo que muchos sienten con la contemplación de algo
tan humano y asombroso técnicamente como un
cielo recortado en el horizonte por la línea de altos edificios de una ciudad.
En algunos casos es, simplemente, fascinante.
Como siempre un lujazo pasear por tu blog. Un abrazo amigo ;)
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