¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

martes, 11 de noviembre de 2014

La "mala preparación" del profesorado de instituto.



     Una de las conclusiones derivadas del estudio del informe PISA sobre educación, en relación con Aragón (aunque esto es extrapolable a todo el Estado), es que una de las principales causas del denominado fracaso escolar es la deficiente preparación del profesorado. Incluso algunos medios escritos españoles han ridiculizado vilmente a este colectivo hace unos meses al hacer públicas algunas contestaciones curiosas y erróneas, tomando la parte por el todo, a preguntas triviales y concretas que se les hacía a los aspirantes a ser profesores de Primaria. Todo un placer, casi orgásmico, para muchos detractores o inquisidores de la labor docente. No analizaré ahora la connotación freudiana que sugiere la obtención de placer por ese método tan bajo y rastrero, pero sí podemos hacer alguna consideración referente a la preparación, mucha o poca, del profesorado.

    
     Para ser un simple profesor de instituto (casi nada…) es necesario haber pasado por unos cuantos filtros académicos. El ser licenciado o graduado universitario es imprescindible para poder presentarse a una dura oposición. Unos cuantos profesores, cada vez más, poseen el título de doctor, lo que supone una acreditación de conocimientos superiores en un tema de investigación concreto. Además, hoy en día, y como requerimiento imprescindible para ser opositor es necesario realizar un máster universitario especial para ser profesor de educación secundaria (hace unos años era necesario un certificado de aptitud pedagógica de la universidad, el CAP, que se conseguía tras dos cursos de formación), por lo que se puede suponer que “ser” profesor en un centro de secundaria  público no lo es cualquiera que se encuentra uno por la calle, tal y como parece según muchas informaciones.


     Pero, cuando se argumenta que al profesorado le falta preparación, ¿sabemos a qué preparación se refieren? Creo que no. Desde 1996, año en el que se introdujo la ley de educación conocida como LOGSE en los centros, se obligó al alumnado a permanecer en ellos hasta los 16 años. Esta medida, de cuya bondad sociológica nadie duda, daba por hecho que los alumnos tenían (todos) una voluntad y deseo efervescente de querer aprender. Como se comprenderá, este gran error de planteamiento, por supuesto emitido desde ámbitos sociopedagógicos desde los que jamás se había tratado con alumnos de esas edades, ha pasado factura, y muy cara, por supuesto. Si a esto le añadimos la masificación reciente de las aulas con la desgraciada ley LOMCE y el apoyo masivo de las sucesivas  administraciones  a la educación privada, sea  religiosa o no, a través de los famosos conciertos educativos, el desajuste social que hoy en día se vive en el ámbito educativo es preocupante.


      Pero estos dos pilares conceptuales (obligatoriedad hasta los 16 años y masificación) de la mala situación educativa actual tienen poco que ver con la supuesta mala preparación de los profesores que dicen es la causante del fracaso educativo. Los profesores, desde sus departamentos didácticos, han tenido que adaptar sus conocimientos en la materia de la que son especialistas a un variado repertorio de tipos de alumnado (con o sin motivación; procedentes de familias desestructuradas o sin formación previa; con hábitos de estudio o sin ellos, etc…) aplicando un sinfín de “actividades” paralelas con  alumnado extraño, y muchas veces irreverente, que lejos de querer aprender y superarse, tienden más a preguntarse el porqué tienen que ocupar, allí atornillados,  su vida adolescente en adquirir conocimientos variadísimos en los que deben aplicar métodos de estudio metidos con embudo para poder llegar a “aprobar” algo. Muchos de los temas y conocimientos que, por ejemplo, desde mi departamento de Ciencias Naturales,  estamos impartiendo, fueron adquiridos por el profesorado durante nuestra estancia en la universidad o en cursos de especialización posteriores. Pero todo ahora parece  ser “necesario” para salir a la calle todos los días, sin ver y discernir que la masa de alumnos, de todos los tipos y condiciones, está muy alejada de esa exigencia, por lo que su brillantez en resultados académicos se hace esperar, o no llega nada más que para unos pocos casos.
     El profesorado no fracasa en su intento de enseñar. Lo que fracasa y nadie (administración y sociedad) quiere verlo, es el sistema abrumador, envolvente, abusivo, y discriminador en distintos ámbitos  que se aplica en la educación actual para nuestros adolescentes. No se puede querer que la gente deba y tenga que saber tantas cosas en tan pocos años. No es bueno ni humano. El alumnado se desmotiva al verse desbordado por tantas materias, temas, asignaturas comunes, troncales, de modalidad y  optativas que cual catarata educativa le cae sobre su cabeza. No saben muy bien qué elegir (¡quién lo sabía a sus años con seguridad…!), ni por dónde encaminar sus pasos. Todo parece importante y se les hace creer que si no se marcan un camino oficial de los previstos su vida será  de “segunda”, cuando hay que ser, siempre, de “primera”. Y si no es así, serán unos fracasados sociales. Aunque desde los centros se intenta paliar este problema con un apoyo y orientación individual, cuando puede hacerse, el sistema les encamina a una especie de “todo o nada”, “o entras o sales”, “o titulas o no titulas”, “si no llegas a esto, tienes otra salida”, etc. Desesperante.
     El profesorado, desde hace muchos años ya, está preparado, muy preparado. Jamás el sistema educativo de nuestro país ha dispuesto de profesorado tan preparado académica y didácticamente como ahora. Pero es un profesorado que está sometido a la confluencia en él de una serie de complejas variables provenientes de una sociedad que empuja a la gente a lanzarse por un tobogán que no se sabe muy bien dónde  acaba. Y algunos, está claro, se estampan. Esto solo cambiará si, y sin ejercer complejos comparativos con otras sociedades, se humanizan los requerimientos exigidos para  ser efectivos en el hecho de “educarse”.
 

 
 

2 comentarios:

  1. Muy de acuerdo con lo que dices. En la comunidad catalana nos ocurre lo mismo y los docentes son culpabilizados del fracaso escolar vigente.
    Esa carta me la publicaron en prensa hace unos meses
    Suerte

    MALOS MAESTROS
    Com a docent cada dia veig, decebut, companys que busquen qualsevol excusa per escapar de l’aula. Ells no s’hi troben a gust, alumnes i pupitres els provoquen urticària. El greu del cas és que aquests personatges són els que acaben col·locant-se en algun racó del Departament d’Ensenyament coordinant cursos per als mestres en actiu, o el que resulta encara més pervers, assessorant als creadors de la nova llei catalana d’educació, la LEC. Són aquests botiflers, en part, els qui dictaminen noves idees per canviar, que no millorar, el sistema educatiu, són ells els qui critiquen als professors en actiu per acabar sent, de vegades, escoltats per polítics que busquen assessorament educatiu. En fi, que ells, els docents desertors, estan podrint el sistema educatiu, i no els docents a peu d’aula. No em creuen? A la pàgina quatre del primer esborrany de la LEC ben clar ho van redactar aquests penques, “la reforma educativa va fracassar perquè els docents en actiu no la van saber assimilar”, i aquesta és la llei que s’ha aprovat, una llei en contra dels mestres catalans que parla més d’avaluar i fer pressió sobre aquests que no pas de millorar les dues causes flagrants del fracàs escolar nacional: la cultura de l’esforç perduda durant la reforma i l’increment de les famílies absents amb els seus fills. Però el més vergonyós és que la LEC no vagi en contra dels docents que van abandonar l’aula i que ara teoritzen receptes de despatx que no poden aplicar-se a l’aula, una aula que mai no van estimar. Alguns d’ells m’apareixen ara per l’escola impartint cursos de com hem de fer classes els que encara sí vivim, que no sobrevivim, a la classe. I el conseller Maragall cec a tot això. Tot plegat, quina barra!

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  2. Enrique ,como suele ocurrir, estoy de acuerdo contigo en lo que expones en el artículo. Desde mi larga experiencia como formador y consultor he visto con pesar como se busca enseguida a un "culpable" de lo mal que está la educación y, curiosamente, los menos indicados señalan al profesorado y su "falta de preparación" como la madre de todos los males que nos afectan al ser un país con mucho fracaso escolar.
    Desgraciadamente vivimos en una sociedad en el que impera la frase de "yo no lo hago bien pero tú lo haces peor". Estamos en los tiempos en que la mediocridad reina en todos los niveles , sea administración sea educación sea lo que sea.
    Sin embargo , hay un colectivo, entre los que me encuentro y es el de los profesores que ESTAMOS muy contentos y satisfechos de contribuir al aumento de la cultura y del nivel de conocimientos de nuestros alumnos y por ende de nuestras generaciones posteriores. Ojalá llegue el día en el que se valore adecuadamente el trabajo que hacemos el profesorado, a pesar de los inconvenientes que se nos ponen continuamente, preparando nuestras clases, actualizando nuestros conocimientos para poder transmitirlos adecuadamente y que la cultura sea un río que inunde toda nuestra sociedad.
    Es hora de que se distinga muy claramente, porque es totalmente distinto, entre un lector de powerpoint y un profesor.
    Por mi parte yo seguiré ,y animaré a seguir, enseñando porque me genera un placer inmenso el recibir los comentarios y las gracias de muchas personas por haberles dedicado mi tiempo ya que se dan cuenta de que un buen profesor es un bien que NINGUNA sociedad se puede permitir el lujo de menospreciar y menos de perder.
    Te felicito por tu artículo y piensa que somos muchos los que pensamos como tú y nuestra vocación de servicio es tan grande que nunca habrá una Administración y/o sociedad que nos "tumbe", en sentido metafórico porque el profesorado, en su inmensa mayoría nos comportamos como adultos, no nos preocupamos sino que nos ocupamos y no nos gusta crear problemas sino intentar resolverlos de manera inteligente y eficaz.
    Un abrazo. Rafael (Rafa)

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