¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

domingo, 2 de junio de 2013

Enseñanza: escrache a la religión.


     La religión católica se consolida en la educación. Cuando entre en vigor la nueva ley educativa (LOMCE) la nota de la asignatura de religión contará en la media de bachillerato. Y me temo que en los debates parlamentarios no va a haber marcha atrás. Ese “no adoctrinamiento” que dicen que supone esta norma se basa en que la asignatura en cuestión no es de obligatoria elección (¡faltaría más!) por lo que, en principio, do debe afectar a los que no la elijan. Sin embargo, cuente o no,  la religión ha estado muy mimada en los tiempos democráticos por todos los gobiernos de España. Esos pactos, a modo de concordato, con la Iglesia desde hace más de 30 años, y al parecer inamovibles, son el poso sobre el que se cimenta la situación actual y de la que ahora nos quejamos de repente. Durante todos estos años parece que  el “adoctrinamiento” nos daba igual, no nos dábamos cuenta, o pensábamos que no nos afectaba… Así somos.


    Solo algunos indignados con el asunto, hace años, muy iluminados y aconfesionales ellos, quisieron equilibrar la balanza de la oferta educativa religiosa con la sorprendente idea de introducir  en los centros educativos las enseñanzas de otras religiones, como el islamismo, por ejemplo. En algunos lugares se consiguió que los alumnos musulmanes tuvieran cubierto ese “derecho” de formación religiosa. Y a eso le llamaron algunos progres “libre ejercicio del derecho a la enseñanza religiosa”. Sin palabras. Ahora, también muy indignados por la nueva ley de educación, muchos reaccionan también contra la religión, formando parte, aunque no importante a mi juicio,  de un paquete de reivindicaciones . Y no me parece mal, pues aunque tarde, ha llegado. De todas formas  veremos lo que dura  pues supongo que en cuanto se reordene la situación laboral de los interinos, sobre todo, seguro que el tema religioso pasa de nuevo a ser invisible.


  Se han realizado protestas y manifestaciones, incluso concentraciones sonoras, delante de las viviendas de los políticos responsables, los nuevos “escraches”, en las que se ha dicho de todo a los  técnicos educativos que han impulsado  esta reforma. Se ha considerado que hay, y va a haber, un retroceso general en educación: en su calidad, en libertad docente, aumento de ratios, en condiciones laborales de los educadores, en medios técnicos, con incremento de prebendas a la enseñanza privada. Pero no se ha visto contundencia en la exigencia de eliminar de los centros educativos, de una vez por todas, de la religión, sea cual sea. Esto no se ve, o no queda claro. Y yo me pregunto, ¿por qué no se hacen escraches delante de los arzobispados para protestar de su arrogante influencia en el sistema educativo español? ¿Tanto miedo se les tiene? ¿Por qué nadie argumenta ahora un “diálogo” con ellos? No lo sé con seguridad, pero tengo varias certezas basadas solo en mi experiencia docente.


     Docentes y religiosos son dos colectivos muy poliédricos y que en muchas ocasiones presentan una imagen en exceso solapada. Por un lado, durante mis muchos años de docencia en la enseñanza pública he estado rodeado de muchos compañeros con una gran inquietud renovadora de la enseñanza. Siempre me han parecido atentos y beligerantes  ante cualquier atisbo de imposición administrativa y siempre dando una imagen de querer una educación progresista y de calidad, lejos de ideologías y doctrinas. La sorpresa me la llevaba con algunos cuando descubría, pues siempre lo ocultaban, que sus hijos estaban escolarizados en la enseñanza privada, casi siempre religiosa. Ahora ya no me sorprende nada este asunto, será cosa de la edad tal vez, ni tampoco que haya gente que ocupe cargos directivos de los centros, los hay a patadas, que siendo muy reivindicativos ellos y opuestos (dicen) a la religión en los centros educativos,  y lejos de oponerse a las medidas restrictivas que en educación se vienen imponiendo desde la administración, no han sido capaces  siquiera de presentar testimonialmente su dimisión ante la avalancha de estas medidas, aunque eso sí, vistiendo “religiosamente” su camiseta verde un día a la semana. Suelen estar bien comprados con reducción de horas lectivas semanales y otras prebendas económicas, por lo que se les nublan las ideas y principios. Patético. Por todo ello no soy optimista en cuanto a liberar al sistema educativo de la religión. Muchos educadores están infestados del virus religioso, aun sin saberlo, y eso se transmite. Y estamos, y me parece que por mucho tiempo, en la cresta de la ola.

     ¡El próximo escrache delante del arzobispado!





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