¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

jueves, 18 de mayo de 2017

Educar sin camiseta verde.


      Las protestas que  protagonizó el colectivo docente hace  tres años en las puertas de los centros, vestidos de verde, ya no se hacen. Los grandes males que  en educación se veían venir de la mano del PP y su LOMCE parece que ya no hacen mella  ni importan en la comunidad educativa. Se argumentaba entonces, y con mucha razón, que distintos aspectos de la nueva ley iban a ser desastrosos para la educación de nuestros jóvenes. Pero, además, se hacía hincapié en el mal trato que el profesorado recibía de las autoridades educativas.
 
 
     Se protestaba por que poco a poco se fueron recortando “derechos” y situaciones de relativo bienestar en la diaria vida laboral de los centros. Por ejemplo, los profesores veteranos que llegaban a los 55 años vieron cómo se les negaba una merecida reducción de horas lectivas semanales, como se les aplicaba hasta entonces,  por cuestiones “económicas”.  A la vez, el número de horas de clase a la semana que se debía impartir se vio incrementada hasta desbordar la capacidad docente,  con el regocijo de algún indocumentado  e incluso  la “casi” comprensión y aceptación de la medida por buena parte de la sociedad. Más importante, desde un punto de vista educativo  y con mayor repercusión social,  fue la reducción drástica de las plantillas de profesorado, en especial  las dedicadas a los alumnos con necesidades especiales o de atención individualizada.  Además, la capacidad de decisión de los equipos directivos se mermó  hasta dejarlos como meros gestores burocráticos de los centros (aunque algunos eran y siguen muy sumisos y obedientes con el poder…). El sistema de justificación de faltas del profesorado se endurecía  hasta rozar la humillación (es cierto que anteriormente hubo abusos por parte de una minoría que repercutía en la mala fama de todo el colectivo, pero eso no justifica una medida injusta de aplicación generalista ). Y por último,  por no seguir, las famosas ratios (número de alumnos por aula) se elevaron, por ejemplo en el bachillerato, hasta 35 alumnos e incluso más en muchos casos, los cuales se sienten hacinados en cuartos que fueron diseñados para no más de 25. Y lo que es peor, argumentando a la vez que con la aplicación de  medidas así  se quiere conseguir una mayor calidad de  enseñanza además de  un nivel de excelencia educativa apabullante. Pues bien, por todas  estas cosas, y otras muchas más, se protestaba con fuerza y  mucha dignidad hasta antes de las elecciones autonómicas en la totalidad de las comunidades españolas.

    
     Pues bien, casi tres años después, al menos en Aragón, y salvo la reducción  de una hora lectiva semanal a los docentes, todo lo demás, repito, todo lo demás,  está igual que  antes. ¿De qué nos ha servido cambiar de color del gobierno autónomo a fuerzas supuestamente más progresistas, cuando no revolucionarias? ¿Se han olvidado de todas estas reivindicaciones  que se hacían cuando algunos de los ahora situados en la administración estaba en la calle luciendo camiseta verde? ¿Por qué no nos movilizamos ahora? Creo tener la respuesta…, y muchos de los que lean esto también.

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