¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

domingo, 7 de junio de 2015

Suspenden a Aragón en calidad medioambiental.


 
      Supongo que lo que quieren es llamar de nuevo la atención. Me refiero a los chicos de Greenpeace y su reciente informe sobre la calidad ambiental de las autonomías españolas. Y supongo que pretenderán despertar conciencias sobre lo muy mal que se hace en todas ellas respecto a la conservación del medio ambiente. Aragón queda posicionada en el último lugar de todas, dicen que, sobre todo, por la ingente cantidad de hectáreas dedicadas allí al cultivo de transgénicos, además de citar otras causas para estar en esa posición como la construcción de grandes infraestructuras (¿será posible?) que dañan el ambiente y contribuyen así al cambio climático.
      De 456 puntos negros que han detectado en territorio español,  Maria José Caballero y Julio Barea, directora y responsable  de esta campaña de Greenpeace, han destacado como especialmente nefastos  los proyectos energéticos, la especulación urbanística, la privatización del agua, gestión de residuos, las puertas giratorias, el despilfarro de dinero público en proyectos "sin viabilidad" y la corrupción”. Además en cada comunidad autónoma señalan aspectos positivos y negativos  conseguidos allí respecto al medio ambiente, utilizando para ello hasta 24 indicadores medioambientales.
      Desconozco con exactitud los términos concretos en los que expresan los indicadores utilizados, pero entre los “datos” o hechos que ellos consideran como positivos medioambientalmente y diseminados por la geografía española destacan, por ejemplo, que el 40% del territorio de Madrid esté bajo protección ambiental; el movimiento antifracking en varias comunidades, o la pesca y marisqueo porque “da empleo”; el abandono del uso de pesticidas en los cultivos murcianos, o el movimiento en contra de los transgénicos en Aragón. Por otro lado, señalan como malos indicadores  ambientales algunos como la construcción masiva en las costas valencianas (citan Marina d,Or, en la provincia de Castellón), los vertidos tóxicos al mar y a las marismas en Galicia, País Vasco o Andalucía; o la continuidad de funcionamiento de las centrales nucleares junto a la instalación de un cementerio nuclear en Villar de Cañas, en Castilla La Mancha. Hay más datos en lo que se conoce de su informe, pero todos son del mismo estilo.
     Entonces, ¿qué es lo que aporta esta información? Seguramente para alguien que no siga las andanzas de esta ONG y se entere con este informe de la posición que ocupa su comunidad en cuestión de conservación medioambiental puede suponer el  escandalizarse por completo. Y con razón... Sobre todo cuando sean inoculados con alguna de las conclusiones “tan ecológicas” como lo de las “puertas giratorias” o “la corrupción” y se pregunten qué tiene eso que ver con la conservación de la naturaleza. Pero los ciudadanos que han desarrollado un nivel aceptable de conciencia ecológica  comprobarán que se están mezclando cuestiones ecológicas con ideológicas, utilizando una concienzuda supuesta evaluación de impacto ambiental (que no lo es en absoluto) sobre cada una de las actuaciones que se han llevado a cabo en este país en los últimos 30 años.
Marina d,Or, en Oropesa (Comunidad Valenciana).
     Sin embargo, y aceptando, como no puede ser de otra forma, muchas de sus consideraciones que denuncian como contrarias a la conservación medioambiental, se echa de menos otra lista de propuestas efectivas para luchar a favor del conservacionismo. Con decir que lo nuclear es malo no se soluciona ni se propone un sistema ecológico 100%de obtención de energía; ni se argumentan (ni en este informe ni en otros mucho que se conocen) claramente unos criterios contundentes en contra de los cultivos transgénicos: no basta con decir que no son buenos, hay que demostrarlo para convencer, aunque les resultará difícil pues hay muchos científicos a favor y no creo que todos estén vendidos a Monsanto que es la multinacional que negocia  en medio mundo con las semillas. La especulación urbanística lleva haciéndose en este país hace medio siglo, y curiosamente los principales colectivos de activistas se localizan, además de en las grandes ciudades, en áreas urbanizadas de la costa, formando parte de ese 75% de la población española que vive en la periferia. Encontramos pocos ecologistas al uso en las zonas casi despobladas del interior, excepto en las ciudades. Parece que los más conservacionistas estén en zonas “destruidas”. Pocos viven duramente en las secas, áridas, e infradesarrolladas regiones rurales del interior donde sus habitantes, sin saberlo, desarrollan muy a menudo una conciencia conservadora del entorno que se desconoce en otros sitios. Deberían fijarse algo más en esos lugareños.
      No dicen nada nuevo. Todo se sabe ya desde hace tiempo. En cuestiones de todo tipo de vertidos de contaminantes químicos a ríos y al mar, está claro que podrían y deberían pararse de inmediato con más controles y sanciones contundentes, pero  lo demás forma parte del desarrollo insostenible reinante en el mundo occidental y que solo con un buen repaso educativo puede llegar a cambiarse a sostenible para las generaciones futuras. Habrá que ir cambiando la concepción de desarrollo. De momento, y salvo que se nos proponga una alternativa clara, ecológica, e igual de efectiva en su uso, para cada acción que hoy realizamos, ¿a qué estamos dispuestos a prescindir manteniendo el mismo nivel y calidad de vida? No es fácil la respuesta.

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