¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

viernes, 22 de mayo de 2015

Apercibimientos y trato con el alumnado.




     La aplicación de un reglamento de régimen interior en un centro de educación secundaria, en especial el apartado relacionado con el incumplimiento normativo de los alumnos, no suele ser del agrado de ningún equipo directivo. Y sobre todo si se trata de amonestar o apercibir severamente a alguien por haber cometido una infracción. Pero aunque es en muchos casos desagradable suele ser casi la única herramienta utilizada hoy en día para solucionar problemas de comportamiento.
     Los apercibimientos se suelen poner por muy variadas causas. Desde una pelea entre dos compañeros, pasando por insultos al profesor, y hasta por caérsele a un alumno en clase un bolígrafo. Hay de todo. Y de esto doy fe pues como tutor de grupo he de supervisar y firmar las muy variadas amonestaciones de mis alumnos tutorizados. Y resulta sorprendente, lo aseguro.
     Estoy totalmente de acuerdo con el sentido de una amonestación cuando la falta cometida por el alumno que infringe las normas se repite una y otra vez o no hace caso de las reiteradas indicaciones del profesorado. Y también cuando se produce un claro enfrentamiento con compañeros o profesores por cualquier cabezonería. Es entonces cuando el apercibimiento tiene una clara finalidad y su uso es efectivo. Pero en otros muchísimos casos las amonestaciones solo sirven para devaluar aún más la autoridad del profesorado, pues no son en absoluto efectivas en cuanto a la medida correctiva que se pretende tener con ellas.
 

    
     No es de recibo que, por ejemplo, una frase de un chaval de 13 años de tinte machista para un adulto dirigida a una compañera suya sea reprimida de inmediato con la contundencia y poder de una amonestación represiva, sin dar más explicaciones. Debe haber una conversación y amonestación verbal con la clara indicación de que eso que ha dicho no es oportuno. Habitualmente se encuentran situaciones familiares detrás de esas frases que te hacen entender la razón del por qué ese alumno comete esa infracción. Y en esa situación la amonestación pierde sentido, aunque algún colega  la considere ejemplarizante. Otras veces es un mismo profesor el que amonesta masivamente a un grupo  numéricamente elevado de alumnos por portarse inadecuadamente en sus clases, o lo que ese profesor considera inoportuno, claro, que deja mucho que desear, sin pararse a pensar cuál es la causa de ese masivo comportamiento anómalo: ¿falta de pericia para manejar a un grupo de adolescentes? ¿cansancio? ¿demasiada intransigencia? Se planteó en tiempos  la posibilidad de crear unas “escuelas de profesores” como solución (muchos las consideran humillantes), en la que se arbitren comportamientos y acciones del profesorado coincidentes y encaminadas a una resolución de conflictos en las aulas que, al menos, sea parecida en formas y resultados, a la vez que se cubrían las carencias del profesorado en cuanto a las necesarias y fluidas relaciones profesor-alumno. No conozco resultados si es que se ha llevado a cabo en algún sitio, pero la cuestión es que hay gente que las necesita claramente. U otro tratamiento.
     Estoy totalmente convencido de que las medidas represoras no conducen a educar mejor. Suele conseguirse lo contrario. La reflexión, la puesta en común de problemas e incidentes y una contundente actuación en cuanto al debido orden, respeto  y disciplina suele ser suficiente para que el alumnado respete al profesorado. Hay que dar ejemplo de comprensión y buen hacer con los demás, y en especial con los alumnos más jóvenes, pues son el vivero de la sociedad del futuro.  Si a la mínima de cambio se esgrimen reglamentos y medidas represoras la gente se rebela, se encorajina y termina enfrentada a un sistema que supuestamente tiene que educarle y lo que hace es someterle simplemente. Y eso no es educar.
 

    
     Hay personas que se dedican a la docencia, y no digo “profesores” pues ese es un término que se consigue con los años y que valoro muchísimo, que no se deben de acordar qué hacían ellos en sus tiempos mozos, y de cuántas contemplaciones tuvieron con ellos para que pudieran llegar a ser lo que ahora son. Sólo saben aplicar reglamentos amenazantes. Y no sé si será casualidad, pero puede comprobarse que cuanto más jóvenes son los docentes más contundentes se comportan y abusan de los apercibimientos, en contra de los alumnos. Está claro que algo hemos hecho mal a lo largo del tiempo en la resolución de conflictos en educación. Y eso que llevo años diciendo a muchos compañeros jóvenes cuando se quejan del mal comportamiento de sus alumnos que para ejercer la docencia hacen falta cuatro cualidades que procuro  aplicar con los míos (seguro que hay muchas más, claro), que son entusiasmar, convencer, sentido común y humanidad. ¿Tampoco es tan difícil, no?

4 comentarios:

  1. Enrique, me ha encantado tu artículo y suscribo totalmente tus puntos de vista. Desde mi perspectiva de formador profesional, sin título de docente oficial, observo , demasiado frecuentemente, como se quejan mis "colegas" de lo malos que son los alumnos y del poco caso que les hacen en sus sesiones de formación. Cuando analizas en profundidad cada situación detectas , casi siempre, una mala preparación de los contenidos de la formación, una empatia nula con los alumnos, una falta de entusiasmo y credibilidad en la exposición, una muy mala comunicación tanto en el lenguaje verbal como en el lenguaje no verbal , etc.. siempre son las mismas causas.
    Me encantan tus cuatro verdades o cualidades que se necesitan para ser un buen docente a las que yo añadiría , basada en mi experiencia, la de una comunicación , verbal y no verbal, eficaz y eficiente, una resiliencia a prueba de bomba para adaptarse a todos los cambios que se producen en las exposiciones , una mente amueblada con los objetivos definidos y muy claros, una elevada dosis de recibir críticas y no responder con agresividad y autoridad desbordada y... finalmente vocación de querer enseñar y , lo escribo en mayúsculas, PROFESIONALIDAD Y MUCHO SENTIDO DEL HUMOR. Veo que muchos docentes se están convirtiendo en simples "lectores " de transparencias y eso, aparte de ser una falta de respeto, aburre hasta a las ovejas.
    Resumiendo, te felicito por este artículo y , sólo para tu información y no quiero ninguna mala interpretación ni sensibilidades heridas, te puedo confirmar que mis peores grupos y en los que tengo que llamar más de una vez la atención por su comportamiento no adecuado durante la formación como el uso de móviles, hablar a todas horas, hacerse los simpáticos e interrumpir la dinámica de la formación, intentar chafar la reunión con preguntas a destiempo, posturas no adecuadas, no dejar hablar a nadie, etc. suelen estar compuestos de DOCENTES o PSEUDO INTELECTUALES o PSEUDO TÉCNICOS, etc.
    Cada año, para no olvidar y enriquecerme como profesor y docente, suelo dar formaciones a colectivos muy marginados y castigados por esta sociedad tales como jóvenes , menos jóvenes, mayores y más mayores desempleados y con un riesgo de exclusión fuerte del mercado laboral, con personas que tienen problemas grandes de depresión a los que hay que elevar su nivel de autoestima y recuperar para la sociedad y te puedo asegurar que ME ENCANTA observar y constatar como les vuelve la alegría y las ganas de volver a empezar y las ganas de aprender y las ilusiones. Hay una frase que se me repite y que me dicen muchos de mis "alumnos" y es "Ojalá hubiera encontrado antes más profesores como tú que me entusiasmaran, que me enseñaran valores de honestidad, que me convencieran y sobretodo fueran humanos y con sentido del humor y estoy seguro que mi vida hubiera cambiado". Estos comentarios no reflejan ni de lejos que yo sea un superprofe, como me llaman, sino que hay que hacer una autocrítica fuerte en cómo estamos enseñando y preparando a las actuales generaciones para no preocuparnos sino ocuparnos y revertir la situación.
    Como siempre un fuerte abrazo de Rafa

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    1. Enrique Gil Bazán22 de mayo de 2015, 12:35

      Muchas gracias Rafa por tus consideraciones. No me extraña que consiguieras esa admiración con los alumnos de tus cursos. Conmigo lo conseguiste hace mucho. Nos vemos pronto. Un abrazo!

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  2. Muy buena entrada, como siempre, como bien describís tu y Rafa, se están dando muchos casos de personas dando clase que no se asemejan a lo que es un profesor. He tenido la suerte de ser alumno tuyo y comprobar que sí hay gente dedicada y entregada a la docencia, capaz de encandilar a sus alumnos dando clase. Por ello te apoyo en todo lo que dices, aunque discrepo en la última parte. Creo que la edad no va ligada a los métodos correctivos, igual me equivoco, pero en mi experiencia, creo que han predominado las actitudes correctivas en instructores más mayores que los profesores más jóvenes que de una manera u otra consiguen llevar la situación, como dice Rafa, con humor. Igual es simplemente una intuición pero actualmente mis instructores más rígidos y con actitudes más contundentes respecto a los distintos comportamientos que se pueden dar en una clase, resultan ser los más mayores de edad.

    Es lo único en lo que no estoy de acuerdo con ésta entrada, ya que está perfectamente redactada y presenta situaciones que todo alumno y profesor puede contemplar en su centro. Buena entrada una vez más, y un abrazo.

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    1. Enrique Gil Bazán23 de mayo de 2015, 5:49

      Pablo: es normal que sientas que son los profesores más mayores los que más te han incomodado estos cursos. Tu experiencia te hace pensar eso. pero, por desgracia, hay gente que no es tan mayor y actúa totalmente en contra de como cabría esperar de gente progresista y moderna en ideas educativas. Ánimo, que ya sales y vas a un mundo lleno de libertades. Un fuerte abrazo de tu exprofesor Enrique...!!!

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