¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Zaragoza, Aragón, España.

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sábado, 22 de agosto de 2020

Los "años oscuros" que iluminaron Atapuerca.

 

Hombre de la Sima.


    Es muy posible que el término “años oscuros” lo hayan leído u oído muchos de los interesados por los fósiles hallados en Atapuerca. Su significado exacto nunca ha sido aclarado por los actuales codirectores del proyecto de investigación que allí se está desarrollando, pero en multitud de publicaciones, así como en algunas secciones del Museo de la Evolución Humana de Burgos, se sigue utilizando. Hay que ser poco inteligente como para no interpretar que ese término esconde una consideración despectiva respecto a esos “años”, que van desde 1978 hasta 1991, coincidiendo con los que la investigación fue dirigida por el profesor Emiliano Aguirre.

    Aunque procuro estar al día de los nuevos descubrimientos en el yacimiento, no sigo las muchas publicaciones de tipo divulgativo que se hacen del mismo. Sin embargo, este verano cayó en mis manos el libro de Olivier Hochadel titulado “El mito de Atapuerca. Orígenes, Ciencia, Divulgación”, de UAB Ediciones, del año 2013. Lo leí pensando que podría aportarme algún dato científico señalado que no conociera, aunque, por desgracia, me he encontrado solo con una buena recopilación y ensalzamiento de acontecimientos  protagonizados por los tres codirectores del proyecto de investigación,  Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell. Y poco más. Por supuesto el término “años oscuros” aparece en numerosas ocasiones, como dejando caer su cansina e innecesaria miguita de desprecio hacia lo hecho hasta 1991.


Sima de los Huesos.


    Por ello pretendo aquí hacer un pequeño repaso,  aunque incompleto, a lo mucho hecho durante esos años en Atapuerca de la mano de Emiliano Aguirre, intentando relacionar lo que entonces se hizo con lo que después se ha realizado sobre esa base. Si con ello consigo que alguien descubra que la investigación en Atapuerca no comenzó en 1991 ya habré conseguido algo.

    Los primeros pasos de la investigación dirigida por Emiliano Aguirre se dieron en 1978 durante una breve campaña de excavación en la Trinchera del Ferrocarril. Ese año solo se esbozaron las líneas de actuación a seguir  en el futuro, reconociendo, incluso bautizando, los principales yacimientos que hoy en día se conocen como Gran Dolina, Galería, Tres Simas, boca norte,Sima del Elefante y Covacha de los Zarpazos. Desde 1980 los trabajos de reconocimiento de esos sitios se intensificaron, empezando con el indispensable levantamiento de detalladas columnas estratigráficas de los rellenos sedimentarios de origen kárstico que allí afloraban. Ese trabajo, que ahora parece como si fuera algo asumido automáticamente por todos los que hablan de Atapuerca, fue realizado como base de mi tesis doctoral referente al estudio bioestratigráfico de los micromamíferos de los estratos de esos rellenos, con el lujoso apoyo de Emiliano Aguirre, y también de Rodolfo Gozalo, amigo mío, paleontólogo, y profesor de la Universidad de Valencia. El levantamiento de las columnas estratigráficas en rellenos kásticos no es fácil. Su tremenda complejidad radica, sobre todo, en lo confuso de los límites de niveles y subniveles, las interdigitaciones centimétricas de diferentes materiales, así como la detección de colapsos sedimentarios que han podido mezclar diferentes estratos, con la confusión consiguiente en la identificación de restos fósiles que podrían ser de diferentes edades. Pues bien, esa base estratigráfica, básica para poder trabajar en paleontología se hizo entonces y se sigue usando ahora. Es decir, cuando se hace ahora referencia al nivel TD6 en Gran Dolina, por citar solo un ejemplo, el nivel donde se dice que encontraron restos de Homo antecessor, se hizo usando la estratigrafía realizada y publicada por nosotros en uno de esos “años oscuros”.Pero no termina ahí la cosa.

    Muchos de los niveles diferenciados estaban plagados de fósiles, sobre todo de mamíferos. Su estudio requería de un muestreo preliminar exhaustivo en todos ellos para poder enmarcar y averiguar  qué tipo de asociaciones faunísticas  había, si era una o varias, si había interrupciones de registro señaladas, etc. La valiosísima información obtenida de ese estudio sentó las bases de lo que se conoce hoy como una sucesión de asociaciones faunísticas y paleoecosistemas cuaternarios continentales única en el planeta. Poco a poco, en los primeros años de trabajo, nos dimos cuenta también de algo muy importante, como que la tradicional comparación de nuestros fósiles con los de otros yacimientos europeos dejaba de tener sentido al ser Atapuerca el registro paleontológico con el que  irremediablemente tendrían que comparar y correlacionar sus yacimientos.

    Se establecieron, pues, las bases científicas de trabajo prehistórico en el que por primera vez en España la paleontología y la arqueología iban de la mano, a la par, con criterios comunes aplicados en el tratamiento de un macroyacimiento excepcional e irrepetible. Emiliano Aguirre se preocupó de formar un equipo interdisciplinar de verdad. Uno en el que la participación de renombrados especialistas extranjeros no fuera más que anecdótica, con el fin de relanzar la ciencia paleontológica española, a tenor de las grandes expectactivas y potencialidades del sitio, a los primeros puestos de la investigación internacional.

    No recuerdo ninguna intervención en el yacimiento en aquéllos años que no se hiciera bajo la supervisión de Aguirre, pero con el consenso de todos los que allí participábamos. Estuvimos haciendo ciencia en equipo. Aún recuerdo cuando en 1983 apareció en la excavación por primera vez Juan Luis Arsuaga y Emiliano Aguirre me encomendó que antes de nada le explicara la estratigrafía de Gran Dolina y Galería para que tuviera un marco de referencia estratigráfico donde ubicar los fósiles que se estaban sacando en las campañas. Todo lo extraído se debía referir a la unidad y nivel correspondiente. Y gracias a esa labor, se supo con exactitud cuál era la procedencia, y más tarde la edad, de los fósiles. Por eso, y pasándonos al presente, no se entiende que cuando se visita el yacimiento ahora, el guía te diga que en el relleno denominado Sima del Elefante, que no se excavó hasta bien entrados los años 90, un fragmento de mandíbula humana encontrado allí no se sepa a qué nivel pertenece.

Emiliano Aguirre excavando en Galería, en la
Trinchera del Ferrocarril de Atapuerca.

    En relación con la famosa Sima de los Huesos, en Cueva Mayor, lugar de acumulación de cientos de restos de preneandertales, pueden hacerse varias consideraciones. Resulta significativo que fuera el año 1992, el “año de los cráneos”, el que se obtuvieran de allí numerosos huesos de homínido, incluído el bien conservado cráneo del conocido “Miguelón”. ¿Por qué hasta esa fecha lo único que se sabía de la Sima eran los restos estudiados y publicados por Emiliano Aguirre y Trinidad de Torres en 1976?  Pues sencillamente por que mientras duró la dirección de Emiliano se hicieron los preparativos necesarios para la extracción de sedimento de la misma con total garantía. En primer lugar se discutió la necesidad de hacer una cata en el sedimento de relleno de la sima para saber su potencial estratigráfico y paleontológico. Las reticencias de los paleoantropólogos a  ello paralizó esta actuación, pues al parecer suponía un riesgo y “desperdicio” por y para el sedimento, supuestamente rico en fósiles humanos, e hicieron que se fuera postponiendo la decisión, lavando únicamente sedimento de los 25 cm superiores del relleno por considerarlo “revuelto” por expoliadores y buscadores de tesoros. Además, el traslado de ese sedimento superficial en mochilas hasta el portalón de entrada a Cueva Mayor suponía un penoso esfuerzo que tuvo que subsanarse con el estudio y final ejecución de un conducto vertical horadado en la roca caliza de la montaña,  desde el exterior hasta la denominada sala de los Cíclopes, justo por encima y en la vertical de la Sima de los Huesos. Con esta infraestructura la extracción de fósiles de la Sima se facilitó muchísimo, aunque no estuviera resuelta su ubicación exacta en ese relleno.

    Todo esto enlaza directamente con el “baile” de dataciones que se han venido sucediendo en los últimos años respecto a la “datación” de la Sima. Si se revisan las publicaciones referentes a esta cuestión, se deduce con facilidad que cada vez que se dan nuevos datos se aumenta casi milagrosamente la antigüedad de los restos. Se ha pasado de, aproximadamente, 350.000 años, a 400.000, y a  470.000. Pero, ¿qué se está datando? Fundamentalmente se toman muestras de las costras estalagmíticas calcáreas que cubren sedimentos en la Sima. Por técnicas radiocronológigas basadas en isótopos radioactivos del Calcio y del Torio se consiguen las fechas de la formación de las costras. Pero lo más sorprendente es ofrecer datos sucesivos en cuanto a edad de depósitos sin ofrecer el respaldo imprescindible de una columna estratigráfica a la que referirse. Simplemente, no se conoce la estratigrafía de la Sima de los Huesos. No se quiso entonces que se hiciera, por mucho que yo me empeñé. Y así hasta ahora. Con lo que los resultados de datación se deben corresponder con las cronologías ofrecidas por las costras  que recubren cada episodio de sedimentos arcillosos que contienen fósiles  humanos. Por tanto, los fósiles de la Sima de los Huesos pueden corresponderse  a diferentes  episodios de sedimentación, y  con gran intervalo temporal entre ellos. Creo que es un error considerar de modo general, como  perteneciente a un único registro, al llamado “Hombre de la Sima”. Si hubiera estratigrafía hecha allí, se podrían referenciar esos restos, sin duda, a las diferentes poblaciones de homínidos de la Sima, pues a cada episodio de sedimentación registrado se podrían atribuir diferentes restos y poblaciones.

    Por todo ello, y por concluir,  considerar como “años oscuros” los que precedieron a la codirección del triunvirato de Atapuerca resulta, al menos, obsceno. Todos y cada uno de los descubrimientos que desde 1991 hasta la fecha se han realizado en Atapuerca han podido realizarse gracias a una imprescindible preparación, diseño y correcta articulación de intervenciones geológicas y paleontológicas en unos rellenos kársticos únicos. El conocimiento geológico de esos rellenos, excepto en la Sima de los Huesos por los motivos antes apuntados, ha permitido conocer la sucesión de acontecimientos paleontológicos y paleoclimáticos acaecidos desde al menos un millón de años  en el continente. Por tanto, sin duda, esos “años oscuros” iluminaron Atapuerca.


Charla del autor en un instituto para explicar
 la Atapuerca de Emiliano Aguirre.

domingo, 5 de julio de 2020

Un SOS por Atapuerca




     Los yacimientos prehistóricos de Atapuerca vuelven a estar de actualidad. Y no precisamente por un importante nuevo hallazgo fósil o por algún otro acontecimiento paleontológico. Resulta alarmante la noticia aparecida recientemente en prensa. En ella se pone de manifiesto a través de dos investigadores en prehistoria y geología, relacionados con el Museo de la Evolución Humana de Burgos, de la larga espera de más de 20 años  (y al parecer todavía continúa)  para el depósito del material científico ya estudiado en el Museo de Burgos, que fuera extraído en su día de los yacimientos y  con el fin de poder disponer del mismo para la comparación y estudio por otros investigadores. https://www.eldiario.es/castilla-y-leon/investigadores-atapuerca-junta-castilla-leon_1_6050167.html

     Parece un tanto borroso el enfoque de esta noticia, o al menos parece un intento de denuncia de algo irregular que distorsiona  la hasta ahora imagen que en general se tiene de Atapuerca. Sobre todo estando acostumbrados a la casi machacona y estelar presencia mediática de los tres actuales codirectores del proyecto. Es habitual desde hace años ver en los medios a Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell  resaltar  la importancia de los hallazgos del yacimiento e intentar convencer de la  necesidad imperiosa de seguir invirtiendo económicamente para que la investigación continúe, o incluso dando su visión profética para la humanidad como en estos tiempos de pandemias.

Arsuaga, Carbonell y Bermúdez de Castro

     Aunque lo llamativo y chocante de esta noticia/denuncia no es de extrañar para muchos. En especial a algunos de los que formamos equipo investigador con el profesor Emiliano Aguirre entre 1980 y 1991, año de su jubilación, con el que se pusieron las bases sólidas de actuación en ese fantástico yacimiento, y en el que pude realizar mi tesis doctoral en bioestratigrafía de micromamíferos. El ser sustituida su dirección por la de los tres codirectores antes citados y el alejamiento de muchos de nosotros de allí, ha sido suficiente para ver desde la distancia cómo en nuestro querido Atapuerca se iban desarrollando trabajos que ni en sueños hubieran sido propiciados o avalados por Aguirre. En este mismo blog, en los últimos años, he publicado varias entradas en las que ponía de manifiesto mi opinión respecto a cómo se estaban haciendo allí las cosas. La datación de la Sima de los Huesos, por ejemplo,  que debería haber sido uno de los elementos punteros por ser el yacimiento de anteneandertales más importante del mundo del último medio millón de años de antigüedad, parece un embrollo de sucesivos y distintos datos que se han ido ofreciendo a la luz pública sin referencia estratigráfica en la que basarse. O la totalmente desconocida relación de los restos fósiles humanos con un determinado nivel o estrato del relleno kárstico de la Sima del Elefante, en la Trinchera del Ferrocarril (esto, incluso lo mencionan casi como una gracia los guías del yacimiento). O la poco clara asignación al nivel estratigráfico TD6 de Gran Dolina, también en la Trinchera (capillita incluida), de los restos de Homo antecessor,  en el que hay (o había) evidentes trazas de derrumbes o hundimientos de depósitos de niveles superiores, lo que puede cuestionar la localización exacta, en relación a su estrato, de unos restos humanos que les sirvieron para definir esa nueva especie de homínido, de entre 600 y 900 mil años, y que no demasiados especialistas en antropología la aceptan (por cuestiones puramente técnicas de tipo paleoantropológico) ni están dispuestos a incluir sin reparos en los esquemas filogenéticos para la evolución humana establecidos hasta la fecha.

     Pero aparte de la problemática planteada en los medios me resulta mucho más interesante poner de manifiesto que, como escribí en este mismo blog, Atapuerca es mucho más que hombres fósiles y su industria lítica asociada. Afortunadamente el inmenso registro paleontológico  de multitud de grupos de mamíferos del, al menos, último millón de años, está perfectamente referido a la distribución temporal y espacial de los estratos en los que se encontraron. Y ese dato de ubicación y distribución ha permitido descifrar cuál ha sido la sucesión de biomas en el tiempo, con las consiguientes implicaciones bioclimáticas y paleoecológicas y su posible aplicación en los estudios de los cambios climáticos, en cuanto a su origen y sus repercusiones. Por eso, Atapuerca ha sido, es y será el referente mundial para interpretar la evolución, no solo de humanos y otros organismos, sino de las variaciones a lo largo de decenas de miles de años de los “decorados ambientales” que han permitido a la humanidad llegar hasta el momento actual.

Emiliano Aguirre

     Se ha hecho mucho y queda mucho por hacer allí. La memoria del trabajo paleontológico realizado por Emiliano Aguirre en Atapuerca no puede emborronarse por actuaciones como las descritas últimamente en la prensa por el  aporte de varios investigadores hartos, seguramente,  de aguantar actuaciones o situaciones poco aceptables en quien se dedica a la ciencia y que deben generar repulsa. Esperemos que los próximos sustitutos de los actuales directores  estén a la altura de lo que un proyecto de investigación de la envergadura de Atapuerca se merece.

lunes, 18 de enero de 2016

Atapuerca es mucho más que fósiles de hombre.



Instrumento lítico de Atapuerca.

 

     Cada vez que hablo sobre Atapuerca  compruebo el nivel general de conocimiento que se tiene sobre ese yacimiento. Es difícil encontrar a alguien que no haya oído hablar nunca sobre el sitio y los fósiles humanos que allí se han encontrado,  e incluso es habitual que se conozca algún chiste en relación con la antigüedad de algo haciendo referencia al famoso “hombre de Atapuerca”. Pero eso es todo. Del “decorado” de vida  que envolvió a nuestros antepasados o los muchos descubrimientos respecto a la geología de los yacimientos de la sierra burgalesa, las muchas y variadas asociaciones faunísticas que se han sucedido en el último millón y medio  de años, o los adelantos en cómo interpretar bien  la funcionalidad de los artefactos hechos por el hombre prehistórico, nada de nada.
     Y todo esto no deja de ser normal. Es consecuencia directa de cómo se transmite la información científica a la población.  La gente de la calle, por muy interesada que esté en el tema, no dispone de los recursos suficientes para ilustrarse en la materia convenientemente. Además de publicar  multitud de trabajos científicos (de interés para especialistas), se han hecho reportajes televisivos, se escribieron varios libros de divulgación, e incluso novelas con el tema principal en torno a los yacimientos de Atapuerca, pero no es suficiente. No se pueden hacer largas pausas temporales sin mantener un adecuado ritmo divulgador. Muchos  siguen sin “conocer” que esa esencia científica que representa el hallazgo en España de unos restos fósiles de humanos tan antiguos debe ser debidamente enmarcada en los resultados ofrecidos por disciplinas científicas muy distintas a la paleoantropología. La información geológica, arqueológica y de otras ramas paleontológicas (en especial de otros vertebrados), en relación con el contexto de Atapuerca, tiene que estar presente ya en el conocimiento de base de la población. Además, hoy en día es posible visitar turísticamente una buena parte de los yacimientos de Atapuerca. El visitante, por lo general, termina una visita sin sentir ni terminar de ver la importancia científica de lo que está viendo: modelado kárstico, depósitos sedimentarios de cuevas, y registro estratigráfico con importante registro fósil. Todo esto, debería ser transmitido como el fundamental y necesario contexto de los fósiles humanos, claro está, pero sin restarle ni un ápice de importancia al impresionante conjunto de datos científicos, de primer orden, que han aportado a lo que se sabe hoy en día sobre Atapuerca. Esa visita suele completarse con un paseo por las instalaciones del Museo de la Evolución Humana de Burgos donde se supone que se ven restos fósiles y reconstrucciones paleoecológicas del entorno de unos antepasados nuestros que vivieron hace  varios centenares de miles de años. Este museo, en el que la museística formal ha marcado un hito de modernidad en sus instalaciones, destaca por una sorprendente escasez de contenidos fósiles museables, siendo generoso en ilustraciones e interpretaciones paleobiológicas y paleoecológicas. Aquí, quizás, sobra contexto y faltan fósiles.
   Con lo expuesto anteriormente puede interpretarse fácilmente que el público interesado tiene serios problemas para conseguir una buena información general sobre Atapuerca, uno de los yacimientos más importantes del mundo del Pleistoceno. Es necesario que se haga un esfuerzo mayor en conectar los datos obtenidos en numerosos estudios de paleontología y arqueología de Atapuerca con el público en general, y el estudioso e interesado en particular, que es quien contribuye y costea desde hace muchos años el carísimo mantenimiento de una infraestructura necesaria para la excavación del lugar, y la labor científica de muchos investigadores dedicados a alguna de las disciplinas y especialidades que en este yacimiento confluyen hacia un objetivo común.

Entrada actual a la Trinchera.

    
      Atapuerca comenzó en la década de los 70 del siglo pasado con el hallazgo de restos fósiles de hombre, y se lanzó al estrellato mediático en la de los 90 con otro hombre más antiguo aún. Esos restos, y la infraestructura básica del yacimiento,  fueron introducidos desde entonces, como ejemplo de investigación en Cuaternario,  en casi todos los libros de texto preuniversitarios de ciencias naturales, donde se pondera sobre todo la punta del iceberg que supone haber encontrado aquí restos de hombre tan antiguos. Pero, por ejemplo,  la necesaria referencia al contexto de las paleobiocenosis sucesivas que se han estudiado, y la gran información paleoclimática deducida para más de un millón de años, tan importante y tan en boga en estos últimos tiempos, queda relegada en el mejor de los casos a una pincelada informativa, casi decorativa, sin importancia, cuando es la esencia y la base, y da sentido, al gran proyecto de investigación comenzado y dirigido durante muchos años por el profesor Emiliano Aguirre.
 
Información paleontológica y paleoclimática deducida en los diferentes yacimientos
 de Atapuerca en relación con la fauna fósil y el estudio esporopolínico de sus sedimentos.
    
      Es tanta la información que se sabe ahora del último millón y medio de años pleistoceno gracias a Atapuerca que la ciencia del Cuaternario no ha sido la misma desde que se conocen con detalle los datos aportados desde este macroyacimiento. Pero todo esto hay que seguir transmitiéndolo a la población, y hacerlo bien. Y no solo con esporádicas apariciones en los medios informativos con algún nuevo dato deslumbrante (o pretendiéndolo) de los últimos resultados puntuales obtenidos en las campañas anuales de excavación, sino ejerciendo un flujo constante de información divulgativa que constituya un verdadero cuerpo doctrinario respecto a lo que se debe saber, en general, de este gran yacimiento, y valorar  su importancia en el conjunto de las investigaciones mundiales cuaternarias.
 


 

sábado, 24 de octubre de 2015

Atapuerca en el IES María Moliner de Zaragoza.



     Desde el año 2003 hemos dado en multitud de lugares charlas en relación con lo que se ha hecho en Atapuerca desde los comienzos de la intervención en esos yacimientos en 1978. El profesor Emiliano Aguirre, director y propulsor de la investigación en Atapuerca, y  Premio Príncipe de Asturias de Ciencia y Tecnología del año 1997, me llamó a finales del año 2002 para que junto a él, y con Carlos Díez, arqueólogo, Raquel Mosquera, también arqueóloga del equipo, y  Pilar Julia,  paleoantropóloga, diéramos desde entonces,  a través de charlas coordinadas, una visión coherente de lo que han supuesto para el conocimiento del Cuaternario los hallazgos de Atapuerca, en la provincia de Burgos. Así se ha hecho durante varios años por toda España.
     Además de la Diputación de la Coruña y la Universidad SEK de Segovia, mi charla sobre la situación geológica, la estratigrafía y la paleontología de vertebrados de los yacimientos de Atapuerca  he podido impartirla en muchos institutos, asociaciones, colegios, y en actos académicos organizados en salas de la Diputación General de Aragón. Siempre gustoso de hablar de Atapuerca, me propuse dirigir esta intervención como un acercamiento de la paleontología hacia la gente llana interesada que oye hablar de estos sitos emblemáticos sin saber muy bien qué es lo que allí se ha encontrado ni la repercusión científica que ha tenido, y, a la vez, teniendo claro que se debía estar muy lejos de posiciones egocéntricas y elitistas,  como muchas a las que nos tienen acostumbrados algunos de los actuales responsables de la investigación en el yacimiento burgalés.
Fachada del IES María Moliner, en Zaragoza.
     Pero aunque la divulgación científica realizada por ese equipo primigenio de Atapuerca, dirigido por Emiliano Aguirre,  es un hecho en el que he estado involucrado directamente en el último decenio, tenía  (tengo todavía…) una espina docente clavada. Me refiero al hecho de no poder haber transmitido aún a mis queridos exalumnos del IES María Moliner de Zaragoza la charla sobre Atapuerca, tal y como está montada y diseñada en la actualidad, pues dejé de verlos en el año 2002.
     Espero sacar esa espina en breve. En uno de los contactos recientes que he tenido con alguno de esos exalumnos (en concreto el eficiente, gran persona, y siempre dispuesto Paco Nicolás) se ha podido acordar que se podría organizar el dar la charla en el instituto María Moliner para todos ellos. Así va a ser, al fin,  estando previsto que sea el día 5 de noviembre en el precioso salón de actos de ese centro educativo. Seguro que además de hablar de Atapuerca hablaremos también de multitud de anécdotas vividas allí que, desde distintos puntos de vista, todos recordaremos con agrado.
     No tengo claro si la labor docente con unos alumnos acaba cuando dejas de ser su profesor, como muchos de mis colegas actuales dicen. Creo que no. Yo era terriblemente joven cuando les di clase a los chicos del María Moliner, pero parece que fue ayer cuando dejé de verlos y de enseñarles algo de geología. Y no les olvido. Por eso, en su plena edad de madurez personal, es del todo gratificante que hayan querido organizar este encuentro en el que, con la excusa de hablar de Atapuerca, volvamos a estar juntos en un centro que tantas experiencias de vida nos dio a todos. ¡Nos vemos en el María Moliner…!

miércoles, 18 de febrero de 2015

El primer hallazgo de Homo heidelbergensis del Proyecto Atapuerca.



Homo heidelbergensis

     Mucha gente sabe que en Atapuerca se han descubierto restos fósiles de dos especies extintas de hombre: Homo heidelbergensis y Homo antecessor. El segundo se ha hecho especialmente famoso por haberse descubierto en niveles intermedios del yacimiento denominado Gran Dolina, en la Trinchera del ferrocarril de la Sierra de Atapuerca. En el sistema kárstico de esa misma sierra, en la Sima de los Huesos de Cueva Mayor está la mayor acumulación de restos de Homo heidelbergensis que pueda imaginarse. Tras publicar Aguirre, Basabé  y Torres la aparición de una mandíbula de ese lugar en 1976, el Proyecto Atapuerca desarrolló sus actividades desde 1980, en esa sima como en la trinchera con sus múltiples yacimientos fosilíferos.
     Hasta el verano de 1984 se estuvieron realizando los trabajos de estudio estratigráfico de los yacimientos de la trinchera y se acometieron  las primeras intervenciones en la sima de Cueva Mayor. Se consiguieron restos fósiles abundantes de muchos grupos de mamíferos que permitieron tener una visión de conjunto de los intervalos de edad en los que se trabajaba, así como las variaciones en el tiempo de diferentes paleoecosistemas sucesivos en un período no inferior al millón de años antes del actual. Pero los restos de homínidos no llegaban. Por más interés y ahínco que se ponía en conseguir restos humanos en alguno de los yacimientos excavados, el fruto requerido no aparecía por ningún lado.
Equipo de excavación de Atapuerca de 1984. Caras no demasiado alegres por parte del equipo: Con gorra, arriba, Eudald Carbonell; debajo de él, de azul, Juan Luis Arsuaga,; el mismo Emiliano Aguirre, el 4º empezando por la derecha; incluso yo, el de amarillo, 2ª fila por la derecha.
     En la trinchera, los yacimientos se excavaron y muestrearon con criterios puramente geológicos, con un control riguroso de los niveles estratigráficos a los que se sometía su estudio. Sin embargo en la Sima de los Huesos la cosa cambiaba. Muchos años de aparente expolio por parte de curiosos aficionados a la espeleología habían destrozado  la capa superficial del relleno de sedimento repleto de fósiles (humanos y de oso, sobre todo), por lo que el muestreo se hacía casi imposible de hacer con  buen criterio estratigráfico. Se optó entonces, y no sin que eso supusiera grandes discusiones metodológicas entre los componentes del equipo de excavación, por sacar por completo la primera “capa” de depósito, de hasta 30 cm de espesor, para ser sometido a lavado y recoger los restos óseos que allí hubiera. Del lavado de ese sedimento se obtuvieron, por fin, los primeros restos de homínidos de la sima bajo la dirección del profesor Emiliano Aguirre del proyecto Atapuerca. Esto ocurrió en el verano de 1984.
     La vida de una excavación puede verse desde el exterior como algo, aunque duro físicamente, muy placentera y apetecible. Y es en parte así, desde luego, pero cuando hay compromiso científico de sus participantes surgen roces y tensiones, como en cualquier colectivo humano, en especial cuando los resultados y hallazgos no son los que se esperan. Al menos en paleontología del cuaternario esto suele suceder muy a menudo. La investigación avanza pero siempre se quiere más, y más espectacular si puede ser. La alegría llegó, por fin, y las caras cambiaron. Había esperanzas de que en la Sima de los Huesos hubiera muchos más restos de Homo heidelbergensis. Y así ha sido comprobado después.
Mostrando orgullosos los primeros homínidos encontrados en Atapuerca dentro del proyecto de investigación.
De izda a dcha: Almudena Muñoz, Enrique Gil, Yolanda Fernández Jalvo, y Gerardo Benito.
Los mismo de la foto de arriba pero con Carmen Sesé, mi directora de tesis.
 
     Aunque la estratigrafía del relleno de Sima de los Huesos no se haya hecho y los resultados o conclusiones a las que llegan los responsables actuales del equipo de Atapuerca respecto a las variadas edades de los agrupamientos de restos humanos en la sima  pueden ser cuestionadas científicamente, la riqueza paleontológica de este fenomenal yacimiento cuaternario es incuestionable en todos los sentidos. Y el haber contribuido desde el primer momento a conocer la reserva fosilífera de Atapuerca nos llena de emoción y orgullo a los que estuvimos junto a Emiliano Aguirre en aquellos difíciles e intensos momentos.
     Las fotos que ilustran este documento muestran perfectamente el estado de ánimo de los excavadores durante ese verano. La primera, donde posamos todos con gesto serio y de circunstancias está hecha unos días antes del feliz hallazgo de los homínidos de la sima. Las otras, en la zona de lavado, con Almudena Muñoz, Yolanda Fernández, Carmen Sesé (una de mis directoras de tesis), Gerardo Benito y yo, con los primeros dientes de homínidos encontrados en el sedimento lavado de la sima, lo dicen todo. Esa misma noche, en la cena de la excavación, pudimos vivir uno de los momentos emocionalmente más intensos de nuestra vida en Atapuerca. Con ocasión de un homenaje a Emiliano Aguirre en Ricla (Zaragoza) pude recordarlo y transcribirlo para su publicación. Lo  expongo aquí en su recuerdo:
     Me resulta muy difícil seleccionar una anécdota de las muchas que recuerdo haber vivido junto a Emiliano. Las hay de todo tipo: divertidas, serias, entrañables… pero la que describo a continuación no es fácil de calificar pues es de las que llegan directamente al corazón y te hacen vibrar.
     Sucedió en el verano de 1984 en Atapuerca. Todos estábamos ansiosos por descubrir en el marco del proyecto de investigación en el que participábamos algún fósil de hombre en la Trinchera del Ferrocarril o en la Sima de los Huesos. Pero se hacían de esperar. Eran muchos los sacos de sedimento de la Sima que se lavaban a diario en el río Arlanzón por el equipo de micromamiferistas que allí estábamos, aunque los fósiles de homínidos no aparecían. Pero una tarde de lavado, y justo antes de una visita de Eudald Carbonell con más sedimento, ocurrió lo esperado. Habíamos encontrado la primera pieza dentaria de hombre del proyecto de Atapuerca. La alegría fue inmensa. Y la ilusión se desbordó aquella noche en la cena de la excavación. Sin embargo, y en una reacción confusa para nosotros, Emiliano permanecía callado y serio. Aunque nos extrañó, pensamos que diría algo más tarde, durante los paseos de las largas veladas en Ibeas de Juarros, sede del equipo. Pero no fue así. En los postres, que regamos en esa ocasión con cava, oímos un tintineo de copas. Era Emiliano que reclamaba nuestra atención. Estábamos expectantes. Y fue entonces cuando nos llevamos verdaderamente la gran sorpresa del día. Comenzando a hablar con sus entonces típicos “bueno, bueno” levantó su copa para hacer un brindis. Por supuesto, dijo, se alegraba de que, por fin, hubiéramos encontrado restos de hombre en Atapuerca, pero que no sólo brindaba por ello, sino que sobre todo lo hacía por su equipo de excavación, pues era por quien verdaderamente merecía la pena brindar.
      El silencio fue sepulcral durante unos interminables segundos. No hubo estallido de júbilo y nadie hizo ningún comentario mientras brindábamos. Varios nos miramos muy emocionados, y no porque nos dijera eso Emiliano, sino por ser conscientes de tener la gran suerte de estar ante un verdadero gigante como persona y poder compartir con él uno de los momentos más emocionantes de nuestras vidas.
      Son innumerables las veces que yo he contado esta anécdota a familiares y amigos como ejemplo de “tener clase” en la vida, y todavía me estremezco al recordarla, aunque sea la primera vez que la comparto con Emiliano públicamente, pues formaba parte de mi archivo íntimo. He sido un gran afortunado al conocer a alguien así.
      Brindo por ti Emiliano.

 
 

miércoles, 26 de febrero de 2014

Atapuerca: ¿enterramientos en la Sima de los Huesos?



Homo heidelbergensis. Reconstrucción.

 
     Mucho se ha escrito en los últimos tiempos sobre la edad de los restos humanos encontrados en la Sima de los Huesos de Atapuerca. Los paleoantropólogos  responsables de ese yacimiento acaban de modificar la edad de los humanos allí encontrados, una vez más, y esta vez llegan  hasta casi los 600.000 años. Es necesario recordar que la costra estalagmítica que recubría el sedimento de la sima fue datado en los primeros estudios que se hicieron en  cerca de  350.000 años, lo que resulta un tanto paradójico con la nueva datación.
 
      En un artículo anterior de este blog introduje la idea del solapamiento y acuñamiento de niveles sedimentarios, y con finos lechos de costras intercaladas, que se suceden en el relleno de la sima. No tenemos ningún motivo para dudar de la veracidad de los nuevos datos ofrecidos en cuanto a la edad registrada en la sima obtenidos con diferentes métodos, pero la existencia de varios niveles de costra, o rezumes carbonatados,  datables, sugiere edades diferentes (se han dado ya varias) para los episodios de sedimentación, y para sus fósiles englobados.  Eso, a mi juicio, pone en duda el monolitismo ofrecido en cuanto a la datación, aunque cambiante, de unos restos humanos (de casi la treintena de individuos),  pues bien podrían corresponder los fósiles a diferentes poblaciones humanas, sucesivas, y por tanto de distinta edad.
 
¿Enterramientos?
    
      Pero además de esta discusión sobre la edad del relleno de esa cueva, la explicación de cómo llegaron hasta allí los restos humanos y de osos también es objeto de interpretaciones un tanto fantásticas. La idea más divulgada se centra en explicar dicha acumulación ósea a través de ritos funerarios humanos. Oficialmente se estableció la existencia en Atapuerca de una ancestral tradición  funeraria en la que los humanos preneandertales (Homo heidelbergensis) eran capaces de honrar a sus muertos con ciertos ritos consistentes, en esencia, en un “enterramiento” basado en arrojar sus restos al fondo de esta sima de casi 17 metros de profundidad. Una de las pruebas que apoyarían estas ideas sería el hallazgo entre los sedimentos y huesos de un bifaz de cuarzo (el famoso “excalibur”) considerado como ofrenda especial a esos muertos.
 
Bifaz de piedra: "excalibur".
 
     La verdad es que esta cinematográfica hipótesis queda hasta bonita. A no ser por la coincidencia de que  ese mismo sedimento haya ofrecido miles de huesos de oso (Ursus deningeri), los cuales no parece muy posible que nadie los echara allí a propósito. Esta hipótesis del enterramiento podría quedar más bien como idea exótica y pionera en el mundo entero en cuanto a una posible reconstrucción paleoecológica y comportamientos humanos se refiere de los homínidos de Atapuerca.
 
     Se  han pensado otras posibilidades a la hora de explicar el origen de  la amalgama de huesos de la sima. Una de las ideas muy a tener en cuenta, en mi opinión,  es la de acumulación de restos por la llegada de flujos masivos de sedimentos con  humanos y osos como consecuencia de avalanchas de sedimentos producidas en el interior de la cueva. Estas se producirían a causa de  episodios exteriores de lluvia torrenciales, puntuales pero intensos, cuyos lodos arrastraban  los restos humanos desde las amplias salas kársticas situadas en cotas por encima de la sima. Además, no han aparecido ejemplares humanos completos en el relleno de  la Sima de los Huesos, solo un 40% de los  esqueletos aproximadamente, lo que desmantela la hipótesis de los enterramientos voluntarios de cuerpos muertos. ¿Qué pasó con el resto de las piezas esqueléticas? También la presencia masiva de osos (aunque no son la única especie registrada) se puede  justificar con el mismo argumento de arrastre por lodos  de restos acumulados en oseras del interior de la cavidad. La depredación y/o carroñerismo interespecífico permite explicar la asociación de estas especies en el yacimiento.
 

Esquema de la Sima de los Huesos. Atapuerca.
 
 
     Emiliano Aguirre, primer director del Proyecto Atapuerca entre los años 1979 y 1990 y Premio Príncipe de Asturias a la Investigación Científica y Técnica de 1997, y a cuyo equipo tuve el honor de  pertenecer, ha argumentado y expresado en numerosas ocasiones la posibilidad de la depredación y arrastre posterior de restos humanos y de osos. El gran proyecto de investigación de la Sierra de Atapuerca se vio sometido desde la jubilación de Emiliano Aguirre en 1991 a una codirección que es responsable de lo que mediáticamente se ha dado a conocer de ese yacimiento, incluida la hipótesis de los enterramientos rituales de humanos en el fondo de la Sima de los Huesos. Pero quedan muchos datos poco explicados o muy confusos. ¿Cómo se explica en un enterramiento humano masivo la ausencia de casi el 60% de los cuerpos estando el 40% restante con signos de mordidas en sus huesos por otros animales? ¿Y la acumulación masiva de osos en el mismo lugar? ¿Y cómo se justifica paleontológicamente la amalgama, cual barro “granosostenido”,  de tantos huesos en general, en un poco potente sedimento arcilloso? ¿Y por qué no se diferencian niveles o subniveles  en ese registro estratigráfico cuando son (eran…) totalmente reconocibles? ¿No se han visto? ¿Y qué explicación se da a la falta significativa de otras especies de mamíferos grandes en ese relleno? Esta y otras muchas preguntas deben ser seriamente contestadas a la sociedad por el colectivo científico responsable del estudio de Atapuerca en la actualidad.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Edades de la Sima de los Huesos de Atapuerca.


Cráneo de Homo heidelbergensis (Miguelón) de
 la Sima de los Huesos, Atapuerca.


     Vuelve a estar en los medios la Sima de los Huesos de Atapuerca. Quienes siguen el tema, por profesión o por interés cultural, saben que se denomina así al yacimiento kárstico con abundantes restos fósiles de Homo heidelbergensis, unos supuestos antecesores de los famosos neandertales. Al fondo de unas galerías y  conductos de muy difícil acceso por las entrañas kársticas del complejo  Cueva Mayor, en la Sierra de Atapuerca  de Burgos, se llega a una pequeña sima de no más de 20 metros de profundidad en la que se encuentra el mayor “santuario” de fósiles humanos del mundo. Doy fe de ello, pues mientras pertenecí al equipo de Atapuerca, desde sus comienzos en el año 1978 hasta 1990, pude bajar tres veces inolvidables, tanto por la emoción juvenil de la aventura como por su  deslumbrante contenido científico.
Miguelón...

 

     Aunque las cosas han cambiado mucho desde que leí mi tesis doctoral sobre la bioestratigrafía de micromamíferos (roedores) de  Atapuerca en 1987 hay cosas que,  por lo que sé, no han cambiado. Entonces, cuando yo estaba,  se hicieron las primeras dataciones de los rellenos sedimentarios de la Trinchera del Ferrocarril de la sierra: Gran Dolina, Cueva de los Zarpazos/Galería, y Boca Norte, así como de las costras estalagmíticas de la Sima de los Huesos. En este último yacimiento se dató una costra que cubría parte de los sedimentos en casi 325.000 años (con intervalo de +/- 25.000) de antigüedad. Ahora los datos obtenidos con otros métodos sobre la edad de ese “mismo yacimiento” casi se duplican, dicen que hasta casi 600.000 años, para una costra descubierta más “abajo” de buena parte de los registros de arcillas con fósiles ya excavados. La confusión, pues, parece estar servida.
 




     Hay investigadores británicos (http://www.theguardian.com/science/2012/jun/10/fossil-dating-row-sima-huesos-spain) que ponen en duda la veracidad de la denominación de los fósiles de la sima como Homo heidelbergensis, debido a  la edad que ahora se da. Y otros que no son británicos ven en el nuevo avance científico-mediático (las relaciones de parentesco evolutivo de Homo heidelbergensis con una variedad de neandertales, los “denisovanos” siberianos, en base al  estudio genético del  ADN de un fémur humano de la sima “datado” en casi 400.000 años), algo con poca  claridad, confuso, y sin confianza en noticias e intervenciones televisivas de marcado corte sensacionalista. Pero, ¿por qué hay esta desconfianza y se duda a nivel científico, y en la calle cada vez más, de la verosimilitud de los datos ofrecidos? Respecto a esta pregunta creo que puedo aportar un dato poco conocido.
Posibilidades de relación entre Homo heidelbergensis y los neandertales.
 

 
     De lo que nadie habla, ni ha hablado hasta ahora, es el porqué en todos los yacimientos que se estudian en Atapuerca, los antes citados, todos  los fósiles se refieren a los niveles estratigráficos establecidos en sus perfiles  y que, con ligeras modificaciones hechas en el transcurso de las excavaciones y los años, son los que pude identificar en las columnas estratigráficas levantadas por mí en esos rellenos kársticos al realizar mi tesis doctoral. El famoso nivel TD6 de Gran Dolina, como los demás, se estudiaron y publicaron por primera vez en 1987 en un monográfico preliminar sobre Atapuerca, siendo desde entonces los mismos niveles de referencia del proyecto. Resulta curioso, por decir algo, que de la Sima de los Huesos no se nombre nunca ningún nivel estratigráfico.  Eso es debido, sencillamente,  a que no hay una estratigrafía hecha de ese yacimiento. Y recuerdo bien  la insistencia de Emiliano Aguirre y mía para hacerla al certificar en nuestras visitas a la sima la existencia de más de un  nivel en un perfil lateral del sedimento, excluyendo un poco potente  nivel "estéril y revuelto" de la superficie.  Insistencia que  obtuvo siempre la  más  contundente negativa por parte  de los paleoantropólogos del equipo para levantar allí  una columna estratigráfica donde identificar y delimitar los niveles de sedimentos acumulados en el fondo de la sima. Ello habría  permitido asignar nivel y lugar a los fósiles extraídos de la misma con un necesario e imprescindible criterio científico. No se quiso hacer, sin más. ¿Razones? Oficialmente se desconocen, pero el control  de las intervenciones y objetivos a conseguir de la excavación  en la Sima de los Huesos en tiempos de la dirección del proyecto de mi querido Emiliano Aguirre, fueron diferentes a los aplicados al resto de los yacimientos.
 
Fémur del que se ha estudiado su ADN.
 
     Por eso, a mi juicio, las dataciones por distintos métodos (radioactivos, resonancias,…) que se han obtenido en los últimos años para las costras estalagmíticas (carbonatadas) de la Sima de los Huesos, tan dispares e incoherentes entre sí, pueden reflejar, lejos de una duda respecto a la valía y precisión técnica de las mismas, un aparente muestreo lítico datable y  del registro paleontológico, poco preciso y/o confuso. Esto se refiere a que, muy probablemente, a nivel de suposición, se han podido datar hasta ahora  niveles de costras diferentes, de edades y posiciones variadas, y con posible, por habitual en medios kársticos, intercalación de depósitos o lechadas de sedimentos que pueden representar distintos episodios temporales de llegada, por relleno del fondo, de sedimentos con contenido óseo, humano y no humano. Los  hallazgos paleontológicos de la Sima de los Huesos podrían  pertenecer a  registros sedimentarios no masivos,  más complejos y seriados,  pudiendo estar diversificados espacial y temporalmente  más que lo que se está interpretando en la actualidad. En definitiva, otros resultados diferentes. No sé si estaré en lo cierto, pero me temo que ya no lo sabremos jamás.
Entrada a Cueva Mayor, en Atapuerca.
 

viernes, 16 de marzo de 2012

Nuevas especies de roedores fósiles en Atapuerca.

Roedor actual.

     Muy a menudo nos encontramos con noticias referentes al hallazgo y definición de nuevas especies de organismos. Las más llamativas y conocidas suelen ser de dinosaurios  o de homínidos, pues son los grupos  de mayor repercusión mediática. Sin embargo, y aunque no aparezcan en los medios de comunicación, muchas  especies de otros   grupos de seres vivos, tan importantes como los antes citados y que vivieron en épocas pasadas de la historia de la Tierra, se descubren también para la ciencia a medida que  se avanza en el estudio del registro fósil.
     Hace unos años, en 1996 y 1997, publiqué varias  especies de micromamíferos, en concreto roedores, que había descubierto, descrito y estudiado durante la  realización de mi tesis doctoral en Atapuerca entre 1984 y 1987. Se trata de las especies Microtus lignani, dedicada al ponente de mi tesis en la Universidad de Zaragoza, el catedrático de paleontología D. Eladio Liñán; Terricola seseae, a la directora de la tesis e investigadora del Consejo Superior de Investigaciones Científicas  (CSIC),  Dª Carmen Sesé; y  Terricola  atapuerquensis, dedicada al yacimiento de Atapuerca, de donde proceden. Y aunque estos datos no son novedosos para la ciencia creo interesante hacer aquí una pequeña reseña divulgativa  respecto al cómo se realiza su estudio y el  método que se aplica en el descubrimiento y definición  de unas especies nuevas, en este caso de roedores, que se han conservado en el registro fósil de los yacimientos de Atapuerca, donde vivieron hace varias centenas de miles de años.

 
Vista oclusal de las piezas dentarias de una especie de Arvicola (rata de agua) de Atapuerca.
El M1 inferior es la pieza clave para la clasificación.
Estructura dentaria general, y fórmula dentaria, de los roedores. Observar el gran disatema entre incisivos y molares.

     El estudio de los fósiles de mamíferos, en general, se basa en el estudio detallado de los restos fosilizables de los mismos, que es el conjunto de huesos de su esqueleto. De éste, la pieza fundamental para determinar a qué grupo de organismo pertenecen es el cráneo, sin descartar el esqueleto postcraneal, que es determinante también para la clasificación de ciertos grupos. En lo que respecta a los roedores, considerados en su conjunto como micromamíferos aunque algunos de ellos sean de mayor tamaño que otros macromamíferos, los elementos clave para clasificar son las piezas dentarias de los mismos, pues es allí donde se registran las variaciones morfológicas y biométricas que reflejan los grados de evolución y parentesco entre diferentes taxones fósiles, pudiendo así asignar especie a los restos fósiles en relación con esos criterios.

      Esas tres nuevas especies de roedor de Atapuerca pertenecen a la familia Cricetidae, subfamilia Arvicolinae. Los arvicólidos presentan un tipo de dentición un tanto especial. Además de compartir con el resto de los mamíferos myomorfos el poseer un grandiastema entre los incisivos y los molares, estas últimas piezas dentarias, el primer molar (M1), el segundo (M2) y el tercero (M3), tanto superiores como inferiores, se caracterizan por ser arrizodontos e hipsodontos, es decir, sin raíces y de corona alta, y con crecimiento continuo, lo que favorece el necesario desgate en relación con su régimen alimenticio herbívoro. La corona del diente, parte aérea del diente, presenta una forma conocida como de “árbol de navidad”, visto el diente en superficie oclusal, es decir, desde arriba, por donde muerde el animal, por estar constituida por unos pliegues del esmalte de forma triangular que engloban su relleno de dentina o marfil, y protegidos exteriormente casi siempre por finas capas de cemento dentario. Las muchas variaciones que pueden presentar esos pliegues, la profundidad de los ángulos entrantes y salientes, su confluencia o no de esos triángulos, junto a las medidas que en ellos pueden tomarse de sus estructuras, permiten muchas veces determinar a qué género y especie pertenecen esos restos fósiles. Hay que señalar queúnicamente es el M1 inferior, el primer molar de la mandíbula, el que sirve para clasificar, siendo el resto de las piezas molares desechadas para tal objetivo, excepto el M3 superior de algunas especies, como el de Microtus brecciensis que también es usado para la sistemática. Cuando las formas detectadas y los parámetros e índices medidos en ellos se asemejan y coinciden con las formas anteriormente descritas por la ciencia, la clasificación de los restos se adapta a esa nomenclatura científica, adjudicándoles los nombres de las especies que se conocían hasta el momento. En caso contrario, si las formas y biometría están lejos de parecerse a las especies descritas es posible que se esté ante ejemplares que correspondan a un nuevo taxón, como fue el caso de las especies de Atapuerca. Por supuesto estas determinaciones sistemáticas se realizan haciendo estudios poblacionales, es decir, considerando la similitud de morfologías y metrías dentarias en un número importante y con significado estadístico, si se puede, de ejemplares de esas características comunes, con el fin de realizar una asignación taxonómica dotada de rigor científico.
     Las superficies oclusales, o superiores, de los primeros molares inferiores de esas nuevas especies de Atapuerca son las que siguen, reflejando en negro el esmalte dentario, en blanco la dentina, y la superficie punteada el cemento:
M1 inferior de Terricola atapuerquensis Gil, 1996.
 Obsérvese la confluencia entre los triángulos T4 y T5, característica propia de Terricola.
Ápice labial marcado.


M1 inferior de Terricola seseae Gil, 1997.
Obsérvese la confluencia entre los triángulos T4 y T5, carácter propio de Terricola.


M1 inferior de  Microtus lignani Gil, 1997.
Obsérvese la alternancia entre los triángulos T4 y T5 en Microtus.

    
Trinchera del Ferrocarril de Atapuerca.  Corte de Cueva de los Zarpazos, Galería, y Boca Norte.
En rojo aparecen marcados los niveles estratigráficos con Terricola atapuerquensis Gil, 1996.

Relleno de Gran Dolina, tramo basal.
 En negro los niveles donde aparecen las especies Microtus lignani y Terricola seseae, Gil, 1997.

Gran Dolina, tramo superior.
 En rojo el nivel (TD10) donde aparece la especie Terricola atapuerquensis Gil, 1996.
    
Mandíbula de microtino del nivel TG11 de Galería,  Atapuerca.

      Las especies Microtus lignani y Terricola seseae se registran en niveles del relleno de Gran Dolina (TD4 y TD5), en su tramo basal, lo que les confiere una gran antigüedad según los datos obtenidos técnicamente para esos niveles, superando con toda seguridad el millón de años, mientras que Terricola atapuerquensis, aparece en niveles de una edad comprendida entre hace 300.000 y 120.000 años (TG19, TG11, TN4,TN5, TN6, y TD10).