¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Zaragoza, Aragón, España.

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sábado, 12 de septiembre de 2015

De geoturismo por el volcán Etna (Sicilia).

El humeante volcán Etna, visto desde Taormina (Sicilia).


     Es el volcán puntual más estudiado de Europa. El Etna, situado en la costa sureste de Sicilia supera los 3300 metros de altitud, siendo ésta cifra muy variable por su continua actividad volcánica. Las dataciones científicas apuntan a que se formó hace casi unos 200.000 años, cercano al límite de las placas tectónicas africana y euroasiática.
 

Subiendo al Etna.


Superposición de coladas volcánicas en la base turística, a 2000 metros del altitud, en el Etna.
 
     De gran actividad alternante entre efusiva y eruptiva, este estratovolcán ha sido el causante de un acontecimiento volcánico importante, datado aproximadamente  en unos  6000 años AC, que ha repercutido en la configuración de la historia y cultura occidental. Se trata de  un gran derrumbe hacia el mar del cono volcánico del Etna generando una gran brecha,  el denominado “Valle del buey”. Es más que probable que ese desmoronamiento produjese un gran tsunami en el mar Mediterráneo siendo la causa del arrasamiento de varios poblamientos de la actual costa de Israel, Libia y de Egipto, y diera lugar al famoso mito del Diluvio Universal.
 
Contemplando conos adventicios alineados en el Etna.

     Aunque el territorio volcánico del Etna no es comparable, ni en espectacularidad ni extensión, con otros complejos volcánicos europeos como, por ejemplo, el de la Caldera de Taburiente en Tenerife (Canarias), u otros, resaltan aquí las numerosas y potentes coladas de lava, muchas de ellas superpuestas, que tapizan sus laderas, además de abundantes conos adventicios, de varios tamaños, que aparecen casi alineados en direcciones radiales respecto al cono principal del volcán, lo que da idea de la intensa actividad de diversificación del magma en la cámara magmática principal.
 
Vista desde el aparcamiento del Etna de la zona que fue destruida por
una colada volcánica a finales del siglo pasado, al fondo.
Allí se ha reconstruido parte de las infraestructuras.

Infraestructura turística a 2000 metros, en el Etna.
     La base de operaciones turísticas se encuentra a 2000 metros de altitud, que por un lado facilita el acceso y la visita a las zonas más elevadas del volcán, y por otro, genera un impacto visual bastante agresivo al entorno natural. En pleno paisaje volcánico, junto a las infraestructuras turísticas,  pueden apreciarse las últimas “proezas” del volcán realizadas a finales del siglo XX y que causaron el derrumbe y posterior construcción de estructuras y edificios dedicados al turismo, aunque es la población de Nicolosi, casi en la base del Etna, la que más ha sufrido en su historia a causa de este emblemático volcán.
Vista del volcán desde el teatro grecorromano de Taormina (Sicilia).
 

martes, 18 de marzo de 2014

Ocho kilos.



Cordillera del Himalaya.
     Esos son los kilogramos de basura que las autoridades nepalíes exigen ahora a los alpinistas que bajen de la cima del mundo, en el Everest, cada vez que suban. Parece mentira pero es verdad. Miles de toneladas de basuras se esparcen por las montañas del Himalaya dejadas por los muchos montañeros que suben hasta allí, no sé muy bien para qué.
¡Basuras ecológicas!
 

Basuras en el Himalaya. ¿Esto es necesario y no evitable?
     Resulta que en muchas ocasiones los estamentos públicos subvencionan generosamente a estas cuadrillas de héroes mediáticos para que cumplan sus sueños subiéndose a las montañas más altas del planeta, como las himalayas. Y está claro que no suben “a pelo” ya que para llegar a más de 8.800 metros de altura hacen falta unas infraestructuras y  medios materiales, además de la  ayuda humana de los locales, que solo se consiguen en el mundo occidental. Mochilas, vestimentas sintéticas, calzados especiales, cuerdas, alimentos casi imperecederos, dispensadores de oxígeno, además, dicen ellos, de mucha “preparación psicológica”. Nada de lo que parece ser necesario para subir tan alto tiene tintes de “natural”. Todo ello es fabricado con ese fin desde los más especializados talleres europeos y norteamericanos que se encargan de utilizar las  tecnologías más avanzadas para que estas gentes puedan clavar en lo más alto del mundo la banderita de su país, comunidad,  ciudad , o de la empresa que subvenciona.
Cadáver humano en las faldas del Everest: ¿basura?
 
Campamento de montañeros.
     Toda la parafernalia montañista puede ser admirada o criticada. Puede parecer algo “normal” o una extravagancia. Puede parecernos incluso una actividad deportiva (es como nos lo venden). O incluso la consecución de grandes logros para la especie humana al demostrar  que algún ejemplar de la misma (cada vez más)  es capaz de llegar a la cima del mundo, ¡casi nada! Pero lo que resulta alarmante desde un punto de vista medioambiental es la gran incoherencia que supone el practicar el montañismo, actividad aparentemente teñida de amor por la naturaleza, y pertenecer al colectivo que causa uno de los mayores impactos ecológicos sobre la montaña. Las toneladas de basura (principalmente inorgánica) dejadas al aire libre en las laderas del monte, en especial en la cordillera del Himalaya, además de abundantes cadáveres humanos, no es de recibo ni propio de gente que, en apariencia, rezuman ecologismo por todos los poros de sus cuerpos. Esos desperdicios, contaminantes y muchos de ellos  de largos periodos de descomposición, no son dejados allí por los recalcitrantes hiperdesarrollistas urbanos que solo pretenden ganar dinero a costa de lo que sea, incluida la naturaleza. Son dejados por exquisitos defensores, por lo menos dicen serlo aquí abajo, de la ecología, lo natural y supongo que también de la limpieza. Aunque visto lo visto es para dudar de todos ellos. ¡Será que no son tan conservacionistas! ¿No se le ocurrirá a Ecologistas en Acción o Greenpeace hacer una campaña dirigida a los alpinistas para que no ensucien por donde pasen? ¿Por qué no protestan por ese asunto tan vistosamente como ellos saben hacerlo? No se entiende nada. ¿O sí…?
 
Enlaces recomendados:

 

miércoles, 24 de julio de 2013

Azores: impacto ecológico y uso social del entorno.


     Los “parques naturales” de la isla de San Miguel, en las Azores, son una de las maravillas que se pueden contemplar en este mundo. Sin la más mínima actuación humana, y con un nivel de conservación espectacular, su visita es algo que relaja, hace meditar, y permite descansar al espíritu. Es encomiable el nivel de preocupación de sus habitantes  porque esa naturaleza siga siendo así: naturaleza y belleza en el sentido más exacto de esos términos.

Paisaje costero en isla de San Miguel,  en Las Azores.
Colada de lava sólida junto al mar.  San Miguel, Azores.

     Además de las zonas más “turísticas”, así entre comillas pues uno de los puntos más transitados y atiborrados de gente, como es el mirador de los lagos de Sete Cidades, no llegaba a tener más de 30 coches en hora punta aparcados, el resto de la isla es como pasear por un parque bien cuidado en España o por los decorados de la película Parque Jurásico: resulta increíble.

Mirador de la caldera volcánica de Los Lagos, en Sete Cidades. Las Azores.


Acantilado al norte de San Miguel, Las Azores.


     La zona costera, donde se ubican los pueblos y pequeñas ciudades de la isla no es la típica zona de playa europea. Ni chiringuitos, ni torres de apartamentos, no muchos hoteles…, en fin, una especie de oasis  natural para que la gente viva sin preocupaciones ni prisas. Y es allí donde precisamente nos encontramos con instalaciones deportivas y lúdicas hechas por y para los habitantes de las islas que serían objeto, seguro, de feroces críticas ecologistas en cualquiera de nuestras latitudes. La línea de costa de allí, con sus roquedales y entrantes propios de una costa modelada en rocas volcánicas, ha sido utilizada y acondicionada puntualmente con variadas instalaciones para el uso y disfrute de la población. Para eso han tenido que “invadir” y modificar las rocas y formas de la costa, dándoles un acceso confortable para su uso. La instalación de “piscinas naturales” entre los entrantes rocosos han modificado sustancialmente la esencia del relieve, destruyendo en algunos casos el paisaje original de la línea de costa. No quiero imaginarme el arrebato de algunos puntillosos socios de Greenpeace o Ecologistas en Acción al contemplar semejante destrozo natural. ¡Qué falta de sensibilidad ecológica! Seguro que no tendrían en cuenta el natural derecho de socializar los escasos recursos naturales utilizables de la isla ejerciendo, eso sí, una mínima incidencia destructiva en el agreste relieve. 


Vistas de las instalaciones lúdicas (piscinas naturales) realizadas sobre la línea de costa.
Edificio de las piscinas y balneario "forrado" con bloques
 de basalto que disimulan su impacto en el entorno.

     Esto no debe tomarse como una crítica exagerada o interesada a la acción constante que los grupos conservacionistas llevan a cabo ante cualquier agresión a nuestro entorno cercano, muchas veces necesaria. Allí, en Azores, los escasos lugares habitables de la isla se han usado con un fin desarrollista, eso sin duda, pero sin olvidar el adecuado trato al entorno natural, por lo que se ve claramente un ejemplo del buscado desarrollo sostenible en el tipo de actuaciones que se han llevado a cabo. Y si no, que cada uno juzgue y compare teniendo en cuenta criterios ecológicos, económicos y sobre todo, humanos y sociales.


miércoles, 14 de noviembre de 2012

El Teneguía: los impactos ecológicos de un volcán.

Volcán Teneguía, La Palma, Islas Canarias.

     Seguro que la mayoría ha oído hablar de este volcán. El Teneguía, en la isla canaria de La Palma, es el último volcán emergido que ha estado en erupción en tierras españolas, pues de de la vecina isla del Hierro, activo en 2011, es submarino. El Teneguía se puso en erupción en noviembre de 1971, estando casi un mes en continua actividad.
     Como la mayor parte de los volcanes canarios,  el Teneguía expulsó, en una erupción “efusiva”, gran cantidad de lava, además de una  reducida cantidad de lapilli y bombas volcánicas, pero apenas supuso un riesgo importante para la  escasa población. Sus manifestaciones geológicas  suelen confundirse con las del precioso y próximo volcán san Antonio y sus fisuras laterales al sur del mismo, estas últimas  causantes de que en el siglo XVII (1677) se remodelaran los límites  de la isla. El san Antonio consiguió que se “agrandara” considerablemente la isla hacia el suroeste, con más de 1,6 millones de m2, dando una superficie de plataforma  casi horizontal, junto al mar, que hoy en día está aprovechada agrícolamente por los isleños con abundantes  plantaciones de plataneras, de las que nos abastecemos en Europa. No obstante, como el proceso de formación de un suelo en rocas volcánicas no es un proceso rápido, sino bastante lento, se han llevado allí millones de toneladas de suelo y tierras “fértiles” para colocarlas encimas de esas plataformas, y así conseguir el productivo huerto.
Volcán Teneguía.
Mapa geológico del sur de La Palma, indicando la extensión de las
coladas de lava del volcán san Antonio y del Teneguía.
    
     La isla de La Palma es de las más jóvenes y activas del archipiélago canario, registrando efusiones volcánicas importantes en los últimos 500 años, siendo la última la del Teneguía. Desde el punto de vista de la predicción y prevención del riesgo volcánico,  es necesario decir que en Canarias no se pueden predecir las erupciones, aunque sí pueden detectarse con cierta antelación. En las islas volcánicas el control de la actividad sísmica precedente a la erupción es la técnica más utilizada para predecir, incluso con años de adelanto. La frecuencia de los terremotos próximos a la erupción y el ascenso progresivo del foco sísmico es un buen indicio  del inicio de una erupción.
Bombas volcánicas en las faldas del volcán Teneguía.
Bomba volcánica.
 
     Pero desde un punto de vista medioambiental cabe reseñar dos cuestiones importantes en relación con la zona de la isla donde se ubica el volcán Teneguía. Por un lado, la imposibilidad de actuación humana ante un fenómeno de esta envergadura geológica: la erupción de un volcán. Esta ha sido capaz de cambiar drásticamente el relieve y aspecto del sur de la isla, cubriendo con sus coladas de lava gran parte de la antigua franja costera, con el correspondiente destrozo  o impacto ecológico natural, tanto en áreas emergidas como bajo las aguas. Y por otro, la utilización humana de esos depósitos geológicos, o mejor dicho, la modificación de los mismos para sus intereses, creando una zona óptima para el uso agrícola importando las tierras adecuadas para que le den fertilidad a esas plataformas de roca volcánica.  Pues bien, ninguno de los dos fuertes impactos ecológicos es tenido en cuenta en la actualidad, a nivel mediático, por colectivos conservacionistas, cuando se trata de defender la pureza de un paisaje, un entorno, o ir en contra de un mal uso humano de la naturaleza.
Laderas volcánicas del san Antonio. Obsérvese el "peldaño" entre las primeras casas y las de abajo,
 lo que supone la extensión de la plataforma costera.
Extensión de plataneras en la plataforma costera. ¿Impacto visual?
     Los ecosistemas cambian, ya sea de forma natural y drásticamente por la erupción de un volcán, o generando impactos visuales importantes como los generados por las plantaciones de plataneras.  Estos fenómenos han ocurrido, y el devenir del tiempo ha hecho que nuestras retinas estén ya acostumbradas a esos cambios en los ecosistemas. Tanto el nuevo relieve de la isla, producido naturalmente, como las grandes extensiones  agrícolas, forman parte del bello paisaje del sur de La Palma.

Líquenes sobre lavas en Teneguía. El proceso de colonización como inicio de formación
 y desarrollo de un ecosostema es muy lento sobre materiales volcánicos.
 
Cráter del volcán san Antonio.
 
 Fotografías: E. Gil.
 
  Bibliografía:
    Carracedo, J. C.; Pestana, G. (ed. 2012). Los volcanes de Fuencaliente. La Palma, Islas Canarias.  Centro de visitantes de los volcanes de Fuencaliente. Ed. Ayuntamiento de Fuencaliente de La Palma. Canarias. 8 pp.
 
 

martes, 4 de septiembre de 2012

Incendios e impactos visuales en Canarias.


     Lo de todos los veranos. Las islas afortunadas (¿?) arden por los cuatro costados en los meses estivales sin que se pueda hacer otra cosa, al parecer, que lamentarse y apagar los fuegos como se puede. Desde la península uno se pregunta cómo es que se producen allí tantos incendios, provocados intencionadamente o no.
Mar de nubes en Canarias, generador de la humedad necesaria para la cobertera vegetal.
     La especial y difícil orografía de las islas impide ser eficaces en la extinción de los incendios. Para los que no lo sepan, la exuberante vegetación de gran parte de esas islas no se nutre casi de aguas pluviales, sino que es la humedad acumulada por los vientos alisios los que permiten que se mantenga una cubierta vegetal en un terreno casi intratable para la mayoría de los humanos. Los abundantes parques nacionales que se distribuyen en el archipiélago no son el resultado de un mimo especial de esos territorios por parte de los isleños. Esos ecosistemas se conservan así debido a que el terreno es tan endiabladamente difícil e improductivo desde un punto de vista agrícola, que se ha dejado que la naturaleza haya colonizado esos parajes en un proceso natural inmemorial.
Tres imágenes (esta y las dos de abajo) de las cientos de urbanizaciones de viviendas en las islas.


     Ese proceso natural de sucesión ecológica ha facilitado que los ecosistemas que ahora se protegen activamente, y se enseñan al visitante como auténticas joyas naturales, ayuda, y mucho, a que el turismo isleño  sea una realidad. Esos parques no son así de bellos como resultado de un concienzudo y responsable empeño de conservar lo natural, sino más bien  se protege y enseña casi intacto como consecuencia de la no utilización por el hombre, por su improductividad. Miles de kilómetros cuadrados de malpaís volcánico, de coladas de lava arisca e inabordable, o de fantástica laurisilva conservada hace millones de años tal cual, sin tocar, no es el fruto de una especial sesibilización humana por lo natural, lo bello, lo auténtico del  paisaje, o lo maravilloso que resulta el contemplar la casi totalidad del terreno de las islas sin poder cultivar algo que llevarse a la boca. Es posible que algunos me recuerden ahora las famosas plantaciones de plataneras canarias o los vinos de Lanzarote, sin pensar antes  que las hectáreas dedicadas a esos cultivos requieren de materiales muy determinados y escasos en casi todas estas islas, como son el lápilli, puzolava (perdón, pero se llaman así) o la ceniza volcánica. Esos materiales de diminuto tamaño de grano, de origen también volcánico, es el más adecuado para los cultivos controlados, por lo que se realizan allí en reducidas zonas, casi todas ellas costeras.
Franjas de cultivos en la costa isleña de La Palma.
Aridez y zona improductiva en los alrededores del volcán Teneguía (La Palma).
Colada de lava. Ahí se quedó.
Malpaís: bellísimo paisaje improductivo.
     Pero además de esto, resulta curioso, junto a la tajante oposición ecologista (Green Peace)y de las autoridades canarias para la extracción de petróleo cerca de Fuerteventura por razones ecológicas y de negativo  impacto visual para los cinco millones de turistas que cada año visitan las islas, que esos mismos estamentos no controlen adecuadamente la gran dispersión de la población canaria. Si se dan una vuelta por allí, por cualquier isla, verán que las muy empinadas laderas volcánicas, estén o no cubiertas de vegetación, aparecen tapizadas de versicolores viviendas unifamiliares, que por su aspecto no parecen tener más de una veintena de años las más antiguas, dotadas con el correspondiente sendero hasta las mismas desde las carreteras, sus conducciones  aéreas de cableado de red eléctrica, sus garajes, depósitos de agua,  sus… todo. Como si se tratase de una urbanización de las afueras de cualquier ciudad a las que tanto se critica ecológicamente, pero, por lo general, mucho más modestas o “cutres”. ¿Eso no es un impacto visual? ¿No se generan así más incendios (el generado este verano en La Palma ha sido en una de esas “urbanizaciones”)? ¿Eso facilita o entorpece las labores de intervención inmediata en caso de peligro natural o antrópico? ¿Por qué no vemos a las organizaciones ecologistas arremeter contra esta forma de vida isleña cuando no es más que una agresión feroz a los paisajes y ecosistemas de la zona? ¿Eso es defendible? ¿Decimos que los molinos aerogeneradores de electricidad NO, por impacto visual, pero SÍ a cientos de casitas dispersas? Pero lo más triste de todo esto es ver que cuando se queman los preciosos bosques canarios (con la desgracia de haberse quemado siempre alguna o más casas cercanas…), la topografía es tan agreste y difícil que únicamente se pueden apagar con hidroaviones. Aparatos que llegan hasta allí, al igual que el resto de los turistas, usando eso que para su extracción genera tantos inconvenientes por parte de  ecologistas indocumentados o supuestos e  interesados amantes de la naturaleza.  ¿Cómo apagarían ellos los incendios? ¿Dónde se meten en época de crisis ecológica?
El Remo (La Palma). Aprovechamiento de la línea de costa.
El Remo (La Palma). Preciosa urbanización junto al mar.
 ¿La habrán visto los de Green Peace?
 ¿Las autoridades canarias autorizan esto?
Parque Nacional de la Caldera de Taburiente (La Palma).

martes, 15 de mayo de 2012

Las Médulas (El Bierzo, León): impacto ambiental minero.

Paisaje de Las Médulas, León.

     No es habitual encontrar un artículo o reportaje que destaque el gran impacto ambiental que se produjo hace siglos en la Médulas, en la provincia de León. Al contrario, casi toda la información disponible se basa en destacar la belleza paisajística de este enclave leonés, sin que haya ninguna organización conservacionista que reivindique  la “restauración” de un entorno tan destrozado como el de ese lugar.
     Los que hayan visitado  Las Médulas se habrán sorprendido al  leer el párrafo anterior, pues claro, como se trata de un sitio que es tan “bonito” y a la vez  tan extraño, pues no hay otro igual,  parece una herejía conceptual el opinar eso de un enclave tan bello. Me explicaré. El escritor Enrique Gil y Carrasco (no yo,  que soy Enrique Gil Bazán)  describió el lugar así: “un paisaje con un aire particular de grandeza y extrañeza que causa en el ánimo una emoción misteriosa”. Redescubierta la zona a finales del siglo XlX, este paisaje fue declarado Bien de Interés Cultural en 1931, y hace pocos años Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Sin embargo ese sitio tan importante y visitado por gente muy amante de “lo natural” no es el resultado exclusivo de ningún modelado geológico, sino que es una obra humana realizada por los romanos entre el siglo I y  III en busca de oro. Sí, se trata de los restos de una mina de oro romana de la que se extrajeron casi 900.000 kg de ese metal en casi 200 años que estuvo explotada para ese fin.
     La especial técnica utilizada para la obtención del oro, denominada “ruina montium”, es la causante de que se “modelara” ese paisaje tan agreste y extraordinario y que a tanta gente cautiva, incluidos los ecologistas más acérrimos. Un sistema de conducción de  agua por canales excavados en la roca hacían de “movilizante” y arrastre de arcillas y cantos de los terrenos terciarios y cuaternarios en los que se localiza esta mina. Los materiales así obtenidos, con el oro, se conducían hasta un lago, el de Carucedo,  también artificial y sin drenaje, que servía para amontonar allí  el estéril, recogiendo la mena aurífera.
Grandes cavidades excavadas por los romanos para extraer oro.
Dentro del "hueco", un grupo de personas que nos sirven de escala.
     ¿A qué se debe entonces que una explotación minera sea un lugar tan apreciado? Pues es debido al proceso natural conocido como “sucesión ecológica”. Este fenómeno, que ocurre siempre y  en todas las partes, consiste en la evolución o sucesión natural producida en un ecosistema, desde el asentamiento de los primeros microorganismos hasta llegar al denominado “clímax” o estado de madurez máxima al que puede llegarse. El fenómeno también se produce tomando como  fase inicial un estadio intermedio de desarrollo del ecosistema como consecuencia de una interrupción, natural o antrópica, de su propia evolución, llamándose entonces "sucesión secundaria". Por ello, la naturaleza, que ha sido la dueña del lugar durante centenares de años en Las Médulas, ha sido la causante, ella sola,  de conseguir ese estado de madurez que allí puede apreciarse, a través de una importante revegetación, dentro del proceso de sucesión ecológica, así como la invasión de las especies de organismos animales propios de la zona. Así, los picachos y farallones de Las Médulas ofrecen, según los folletos propagandísticos, "cobijo a numerosas y variadas especies de aves rupícolas, como el cernícalo común, el águila culebrera o el halcón, así como es relativamente fácil el ver ejemplares de corzo o jabalí por los alrededores", incluso en el lago “artificial”. Sin la mencionada sucesión ecológica producida en este lugar el entorno habría sido completamente diferente, quedando al descubierto, más aún, las aberrantes formas originadas por el hombre.
Detalle. Paisaje en Las Médulas, León.
     Todo esto nos debe hacer reflexionar respecto a la consideración actual que se tiene de la necesaria y urgente restauración de paisajes a continuación de una acción antrópica en un espacio natural. Por supuesto que cualquier intervención humana en la naturaleza debe contemplar una actuación posterior a la misma que recupere el paisaje destruido o alterado, pero no debemos olvidar la capacidad regenerativa que la naturaleza  posee. Tanto es así que en ocasiones y enclaves como el que nos ocupa resulta difícil diferenciar o distinguir qué ha sido producido por la naturaleza o por el hombre. Y sobre todo, tener en cuenta este proceso natural  antes de decidir si una u otra intervención se debe o no hacer en función de un criterio únicamente conservacionista del entorno, pues la negación de la realización de una acción, ya sea minera, industrial o de infraestructuras, usando el argumento conservacionista, está en contra de los principios básicos del desarrollo sostenible. Por tanto, una acción sostenible, lejos de dificultar el avance, el desarrollo y el progreso humano, debe poner los medios necesarios para compensar, una vez minimizados al máximo,  los daños producidos en los ecosistemas, que, prioritariamente, deben estar al servicio de la humanidad.

jueves, 26 de abril de 2012

Impacto visual junto a la cascada del Molino de San Pedro (Río Cabriel, El Vallecillo, Teruel).


     El Vallecillo es un pequeño pueblo situado en el lado oeste de la Sierra de Albarracín, en Teruel. En sus proximidades nace el río Cabriel, famoso hace unos años por la lucha llevada a cabo entre la comunidad de Castilla-La Mancha y el gobierno central con motivo del trazado del AVE a Valencia, desde Madrid, y la conservación de las famosas Hoces del Cabriel. Es el mismo río.
     Cerca del nacimiento, a unos 500 metros, se sitúa la cascada llamada del Molino de San Pedro, foco de atracción turística local, muy visitada en verano casi en exclusiva por excursionistas de los alrededores, ya que el lugar, en mi opinión precioso, no es demasiado conocido ni reconocido por el público en general, debido a que los accesos son difíciles, los servicios e infraestructuras turísticas escasos o inexistentes, además de quedar alejado de las rutas turísticas que se promocionan del interior peninsular. En resumen, que queda lejos de casi cualquier sitio. Precisamente por ese motivo es muy apreciado por gentes que en busca de algo “muy natural” y “sin tocar” se acercan hasta allí.
Cascada del Molino de San Pedro, El Vallecillo, Teruel.
Foto: Óscar Pardo de la Salud.
     Hace unos años que no visito el lugar, pero gracias a Óscar Pardo de la Salud, en su blog, he descubierto una novedad en ese precioso entorno de la cascada del Molino de San Pedro (http://blogdeoscarpardodelasalud.blogspot.com.es/2012/04/el-vallecillo-teruel-sale-en-defensa-de.html). Se trata de la construcción de nueva planta de un edificio destinado a alojamiento rural. Un pequeño hotel cuya obra está inconclusa debido, al parecer, a la paralización de las obras debido a la acción de protesta de un colectivo de personas que, inquietas y preocupadas por la conservación del medio ambiente de este entorno, han conseguido  este hecho. Y parece que  han conseguido parar las obras debido a alguna cuestión legal incumplida claramente, desde un punto de vista medioambiental.
     Creo que se pueden argumentar una serie de cuestiones respecto a la oportunidad y necesidad, o no, de construir ese edificio junto a la cascada de El Vallecillo. Y en primer lugar quiero dejar claro que el impacto visual que muchos de los que han visto el edificio en obras es el mismo que el que puedo sufrir yo al verlo, por lo que comparto con Óscar Pardo su preocupación por la aparente destrucción visual de ese entorno. Está claro que visto ese edificio así, junto al agua de la cascada, en un paraje tan hermoso, resulta muy provocativo y supone una señal de alarma ante cualquier persona mínimamente sensible con la naturaleza. Pero dicho esto, hace falta decir que para ir en contra de esa construcción, como parece que va ese colectivo de personas, para apuntalar un argumentario consistente y rotundo que demuestre que ese edificio es todo un atentado ecológico y, en definitiva, demostrar que nuestro descontento  se basa en principios conservacionistas, hay que tener claras unas cuantas cuestiones medioambientales, las cuales no pueden ir teñidas de demagogias, tópicos o convencionalismos ideológicos que parecen ir de la mano de otros intereses.
Cascada de El Vallecillo, Teruel. Obras paralizadas del hotel junto a la cascada.
Foto: Óscar Pardo de la Salud.
     Para decir que no me gusta que se construya un edificio junto a la cascada del Molino de San Pedro no puedo argumentar, bajo la apariencia de conservacionismo y pureza ecológica, cuestiones esgrimidas por esas personas, como las siguientes:
1.- Que ese hotel va a generar una serie de residuos que se verterán al río, “recién nacido”. Desde luego, casi seguro que será así, pero ¿nadie se ha parado a pensar dónde van los residuos del pueblo cercano desde siempre? ¿Esos residuos no cuentan en sus puros  ideales ecológicos?
2.- Que será mayor el impacto ecológico producido por la conducción eléctrica hasta la instalación hotelera que el propio hotel. Por supuesto, no es algo “natural”  ver unos cables eléctricos y postes por el monte hasta llegar al hotel, pero, ¿cómo llega al pueblo la luz? ¿O a cualquier otro sitio?
3.- El impacto visual que el hotel genera tan próximo a la cascada es evidente. No hay duda.  ¿Y el que generaba el molino que estaba justo debajo del hotel y que nadie parece que ha pretendido derribar hasta ahora? ¿Y el ramal de obra  de la acequia para llevar agua hasta el antiguo molino, que todavía está, por qué no se derriba para conseguir así una perspectiva mejor de la cascada?
4.- Pretender que este rincón sea “reserva de la biosfera”, en fin, no quiero quitar ilusiones a nadie, pero me parece apuntar demasiado alto con tan poca escopeta. Es un lugar agradable, geológicamente curioso, entrañable para los amantes de este tipo de rincones bucólicos, pero pretender esa denominación solo indica que las personas que lo proponen, con todo mi respeto, han  debido de viajar poco por el mundo  o no conocen demasiados espacios naturales de especial relevancia.
     Sin embargo, y ya que una marcha atrás se ve algo complicado, ¿no podemos pensar en positivo con este edificio? ¿Tan difícil es querer adaptar la construcción a las especiales características de su peculiar entorno? Respecto a esto podemos hacer un ejercicio de adecuación de nuestros principios ecológicos a las necesidades de progreso y “salir adelante” que cualquier persona o colectivo tiene en la vida, incluidos los de El Vallecillo, en Teruel. Veamos.
1.- Ese edificio, ya que está allí, sobre las ruinas de otro preexistente, podía camuflarse convenientemente para que encajara mejor con su entorno. Me refiero a un forrado de sus paredes con piedra, ventanas de madera, tejado romano, o cualquier otro elemento que permita difuminar ese contundente bloque constructivo junto a la cascada.
2.- Exigir, para autorizar la terminación de su edificación, un compromiso de afectar lo mínimo posible al entorno, a través de minidepuradoras de aguas residuales, tratamiento de basuras, adecuación ecológica de servicios, y dotar a la casa de estructuras blandas respecto a su impacto visual en el entorno. Todo ello según los preceptos de una necesaria, urgente  y exigente evaluación de impacto ambiental (EVA).
3.- Resulta casi milagroso, si es que se cree, que en un pueblecito de 60 habitantes alguien haya decidido moverse y construir un hotel rural que dinamice la zona. ¿No es posible centrarse y llegar a entender que esto es todo un ejemplo a seguir en cuanto a la posible rehabilitación de ese pobre, abandonado y olvidado núcleo rural de la Sierra de Albarracín? ¿Podría ser un revulsivo turístico para la deprimida zona? Es muy posible que el hotel lleve consigo un adecentamiento del entorno natural: caminos, accesos,  ajardinamiento, esparcimiento infantil, u otros elementos,  con el consiguiente aprovechamiento por parte de todos de este recurso natural.
    No sé si con estos argumentos podré ayudar a convencer a alguien respecto a las múltiples opciones que se tienen en esta vida de ser, no condescendientes con el que hace las cosas mal, pero sí comprensivo, aun sin dejar de ser exigente ecológicamente, con esta especie de “brote verde” que en cuanto a dinamismo y querer hacer algo por su pueblo supone el levantar un negocio, con nuevo hotel, en los alrededores de la cascada de El Vallecillo. Creo que hace falta ser muy valiente para hacerlo.
     A juzgar por lo que he leído en el blog de Óscar Pardo, o eso  interpreto yo, creo que los que están en contra de esta actuación, aunque les presupongo buena fe,  no parece que   conozcan muy bien los muchos inconvenientes ecológicos que CUALQUIER actuación antrópica produce en la naturaleza, desde hacer  una carretera, camino, acequia, conducción eléctrica,  urbanización, pueblo,  casa de campo,… o hasta  un hotel como aquí, y de las cuales se aprovechan a diario. Todo lo que hagamos influye en la naturaleza, sea lo que sea.  No nos cabe la menor duda de que la idea que ha movido a este colectivo respecto a  querer conservar, cuidando y respetando sus caracteres naturales, el entorno de la citada cascada, es buena, necesaria  y conveniente. Pero no es de recibo, en mi opinión,  atender solo  las inquietudes y supuestas preocupaciones medioambientales de los que van en “todoterreno” un día de sus vacaciones a bañarse al río desde la cuidada y desarrollada ciudad en la que viven,  pretendiendo que en su pueblo de origen  o de visita veraniega  conserven sus entornos  en estado de semiabandono, sin arreglar,  sin desarrollar, sin adecuar para todos,  por el mero hecho de querer que cuando ellos vayan se les ofrezca un panorama que denominan “natural”, según su criterio y recuerdos de cuando eran niños, e interpretando que cualquier acción o intervención humana en ese entorno  es un “atentado ecológico”.
     Probablemente se olvidan de que el disfrute de la naturaleza no es un derecho de unos pocos, sino de todos, por lo que se hace imprescindible crear las condiciones necesarias para que la gran mayoría sea capaz y tenga la posibilidad material de contemplarla. La adecuación de un lugar con peculiaridades naturales para el recreo, esparcimiento y aprovechamiento humano lleva implícita  la utilización de esos recursos naturales. Ese uso conduce inexorablemente, en la mayoría de los casos y si se hace bien, a la prudente y cuidadosa modificación parcial del entorno, pero  con el fin último, repito,  de acercar el lugar a la mayor cantidad de personas posible. Por eso debe atenderse prioritariamente a  diseñar un adecuado sistema de acceso; procurar comodidad en la respetuosa visita e interrelación con la naturaleza, y, sobre todo,  comprensión del entorno natural a través de una labor formativa y divulgativa. Solo así, ese punto de interés natural, que puede y debe ser  patrimonio de todos, llegará a ser socializado bajo pautas de un verdadero desarrollo sostenible.