¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Zaragoza, Aragón, España.

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martes, 7 de diciembre de 2021

Crisis climática, Geología y Educación Secundaria

 

Reconstrucción paleogeográfica global durante el último máximo  glacial (hace 20 000 años). Fuente jan.ucc.nau.edu.

La proliferación en los últimos tiempos en nuestro país de modernas instalaciones museísticas dedicadas a la exposición de restos fósiles de diferentes edades, donde se mezcla lo lúdico y lo didáctico, ha permitido un descubrimiento y acercamiento masivo del gran público a la Paleontología, convertida en la actualidad en una de las especialidades de la Geología más populares. Sin embargo, la aparente sintonía existente entre el mundo de los fósiles y la sociedad, impulsada desde hace tiempo por la gran influencia de conocidas producciones cinematográficas y de los medios de comunicación, contrasta de manera muy significativa con la consideración objetiva que tiene nuestro sistema educativo por esas disciplinas, que se evidencia por sus casi inexistentes contenidos curriculares académicos incluidos en las leyes educativas. Esto justifica el lógico desconocimiento generalizado respecto a la necesidad de incentivar la investigación geológica y paleontológica, que junto al soporte técnico que ofrecen otras disciplinas, resulta ser la principal fuente de información utilizada como referencia obligada para comprender e interpretar científicamente distintos aspectos de la actual crisis climática y ambiental del planeta.

Los datos obtenidos al investigar épocas pasadas de la Tierra han permitido saber que los grandes fenómenos climáticos ocurridos a lo largo de su historia han sido la causa de procesos de extinción, aparición, y evolución de muchas especies de organismos, y han servido como base para la reconstrucción de variados ambientes paleoecológicos. Por ello, la  extrapolación actualista de la interpretación del pasado terrestre permite detectar mejor y comprender determinados indicios de cambios ambientales del presente, sea cual sea su origen, y servir para predecir, prevenir y corregir la repercusión planetaria de posibles eventos climáticos venideros. Por tanto, una adecuada formación académica paleoambiental se hace imprescindible para entender bien cómo el estudio y conocimiento de los eventos ecológicos del pasado conducen a una correcta interpretación de los argumentos científicos que explican el cambio climático actual. La falta de esa formación paleoambiental supone, en primer lugar, un importante vacío cultural en temas que son necesarios para comprender los porqués de los fenómenos climáticos actuales y pasados del planeta, y segundo, puede producir un más que probable error de interpretación del origen real de los problemas ambientales, naturales o antrópicos, que repercuten muy negativamente en el ecosistema humano actual, y posiblemente también en el futuro.

La formación de temática geoambiental recibida actualmente por el alumnado de Educación Secundaria de nuestro país se obtiene únicamente a través de  los contenidos curriculares de Geología incluidos en algunas materias de Ciencias Naturales. En concreto, en Biología y geología  en 1º y 4º de ESO (Educación Secundaria Obligatoria), y en Geología de 2º de Bachillerato (BAC). De estas, únicamente la de bachillerato presenta contenidos conceptuales con profundidad suficiente para que el alumnado pueda comprender el significado e importancia de la Paleontología, y la repercusión social que esto supone en la actualidad. Otra asignatura del bachillerato, también optativa, denominada Ciencias de la Tierra y medioambientales incluye algunos contenidos relacionados con el origen y evolución climática del planeta, lo que requiere poseer para su correcta comprensión conocimientos previos  de los ámbitos de la química, física y  geología.

En los últimos tiempos muchos colectivos sociales de todo el mundo han expresado la necesidad de una mayor concienciación ecológica e implicación de los países y sus gobiernos en ofrecer soluciones eficaces a la actual y muy conocida crisis medioambiental. Esta demanda surge como consecuencia del  incremento de interés y preocupación por la negativa repercusión en el entorno de multitud de eventos dañinos que atentan gravemente contra la conservación del planeta, estando este reivindicativo fenómeno social conservacionista también muy extendido en nuestro país. Sin embargo, este hecho contrasta, sorprendentemente, con el porcentaje mayoritario de alumnado que opta por no cursar las pocas asignaturas relacionadas con las ciencias naturales en la Educación Secundaria, lo que significa que casi la totalidad de la juventud que termina sus estudios secundarios se incorpora al mundo laboral o universitario sin haber recibido jamás formación específica básica en ciencias de la Tierra y medioambientales. Un bajo o nulo nivel académico en contenidos de geología, paleontología, o en ambientes ecológicos del pasado de la Tierra genera un importante problema de carencia formacional en nuestra sociedad de impredecibles consecuencias futuras, sociales y medioambientales.         

Los posicionamientos institucionales relativos a una actuación social ambientalista, respetuosa y vigilante de la conservación del entorno natural y enmarcada en los principios del desarrollo sostenible, deben estar fundamentados en los resultados ofrecidos por la ciencia, lo que implica un compromiso  que requiere una actuación urgente en nuestro sistema educativo que incremente la carga curricular geológica, paleontológica y medioambiental en más niveles de la Educación Secundaria, de forma general, transversal y no opcional, con el fin de asegurar el desarrollo de una futura sociedad verdaderamente preparada para interpretar las diferentes variables, naturales y antrópicas, del proceso de evolución climática en el que estamos inmersos. Ese objetivo pasa ineludiblemente por una intervención docente donde se describa, explique y fundamente más contenido educativo relacionado con la  contextualización geológica de los paleoambientes conocidos de la Tierra, sus posibles orígenes y causas, y su demostrable relación directa con el actual funcionamiento de la máquina climática terrestre.

 

 

jueves, 4 de septiembre de 2014

Asomando la patita.




  “Durante más de 800.000 años el hielo ha sido una característica permanente del océano Ártico. Ahora se está derritiendo por el uso desmesurado de energías fósiles sucias y, en un futuro cercano, el hielo podría desaparecer por primera vez desde que los humanos pisamos la Tierra. Esto sería devastador tanto para los pueblos como para los osos polares, narvales, morsas y los demás moradores del Ártico, así como para el resto de la Humanidad.
   El hielo refleja gran cantidad de calor solar hacia el espacio y mantiene así fresco al planeta y estabiliza los sistemas meteorológicos de los que dependemos para cultivar nuestros alimentos. Proteger el hielo significa protegernos a todos”.
      Hacía mucho que no aparecían en campañas publicitarias defendiendo sus propuestas. Los grupos conservacionistas (Greenpeace, Ecologistas en Acción, entre otros)  estaban desaparecidos del mapa…, (sería cosa de la crisis) hasta ahora. Será que este año no era propicio para convencer a nadie de las bondades de su ideario ante la deteriorada calidad de vida en nuestro país. Puede que sea por eso, o por todo lo contrario. Pero ya rezuma de nuevo su inmaculado y buenista ideario ambiental, aunque la gente lo esté pasando mal en su vida cotidiana. Pero eso da igual, parece ser.
     Pretenden que la ONU declare “Santuario global” al hielo del Ártico. No es mala idea, desde luego. Con ello no se sabe muy bien cuál será el compromiso de los gobiernos para eliminar drásticamente la emisión de contaminantes a la atmósfera procedentes de la quema de combustibles fósiles. ¿Reducirá el mundo occidental su masivo consumo de estos productos? ¿Cambiaremos nuestras vidas y dejaremos de usar de una vez teléfonos móviles, bolsas de plástico, electrodomésticos, vehículos a motor, y otros mil millones más de artefactos que están hechos con subproductos del petróleo? ¿Cómo viajaremos? Si la energía nuclear no convence por peligrosa, qué hacen que no protestan un día sí y otro también, por poner un ejemplo, por la construcción prevista de 30 centrales nucleares más en Francia para el año 2050? ¿Qué se propone para conectar a la gente internacionalmente y que no se generen residuos? ¿Por qué no salen los colectivos de científicos medioambientalistas de todo el mundo (que parecen haber sido sustituidos por los ecologistas de estos grupos mediáticos) a explicar a la gente el catastrofismo que suponen las ideas de estos colectivos? ¿Todo va a ser como ellos vaticinan? ¿En qué se basan? Y sobre todo, y estando dispuestos a colaborar con el medioambiente, y por tanto con nosotros mismos, de qué utensilios y formas de vida estamos dispuestos a prescindir en nuestras vidas para que la naturaleza se “salve”: viajes; comida para todos (casi 7000 mil millones), comunicaciones; ropa no fabricada con lana, piel y otros productos naturales (¿de dónde saldrían…?); del plástico que inunda nuestras vidas (¿con qué sustituirán los envoltorios de alimentos comprados a granel, por ejemplo?); ¿del papel higiénico?.
     Para cumplir con los objetivos ambientales  que estas organizaciones dicen que pretenden, o cambiamos de vida radicalmente con el consiguiente detrimento de su calidad, o necesitamos alternativas de actuación claras y posibles que nos permitan mantener nuestro nivel.  En lo de reducir el uso del papel higiénico nos llevan delantera los países musulmanes…

domingo, 5 de febrero de 2012

Cambio climático y Paleontología


Ammonites. Mesozoico.
          El estudio de los fósiles permite al paleontólogo saber cómo han sido los organismos que nos han precedido en la Tierra. Su forma, su variación con el tiempo, y los estudios biométricos que con ellos pueden hacerse, evidencian una intrincada red de parentescos entre especies y grupos de mayor rango que facilitan una mejor comprensión de sus adaptaciones a los medios circundantes en los que vivieron.
     Desde la explosión de vida del Cámbrico, primer período de la era primaria, hace más de 560 millones de años (ma), se han sucedido numerosos grupos de seres animales y vegetales que, debido a los procesos evolutivos facilitaron la aparición y diversificación de las estirpes de seres que todos conocemos, incluso la humana. Los ritmos de aparición y evolución de organismos no han sido homogéneos a lo largo de los millones de años. Por ejemplo, durante el conocido Jurásico, en plena era secundaria, y durante más de 30 ma, el ritmo de variación evolutiva  que establecen los paleontólogos para uno de los grupos más conocidos por los aficionados, los ammonites, es cerca de 1 ma para la evolución y aparición de una nueva especie, considerándose  este un ritmo “rápido” en el contexto evolutivo de los seres vivos. Pero, conforme nos vamos acercando a la actualidad y se detectan en el registro fósil distintos y cada vez más avanzados grupos de seres, como los mamíferos, la evolución parece que se acelera, se intensifica, dejando registrados en pocos millones de años una gran variedad de taxones relacionados evolutivamente entre sí.
     El Cuaternario, último período de la escala temporal de la Tierra, que comienza hace 2,5 ma, es uno de los episodios donde mejor han quedado registrados los cambios evolutivos de los organismos, y en especial, de los muchos grupos de mamíferos que ya poblaban el planeta desde ese tiempo. Los mamíferos más útiles para poder precisar cambios evolutivos son los micromamíferos, especialmente los roedores, que presentan una gran variedad de formas,  lo que facilita el estudio de sus adaptaciones a los variantes entornos en los que parece les tocó vivir durante el Pleistoceno, que coincide con el Cuaternario excepto los últimos 10.000 años de éste  que corresponden al Holoceno. Las asociaciones faunísticas y florísticas del pasado, estudiadas comprendiendo y relacionando las especies en ellas representadas,  son las que nos dan una idea aproximada de los ambientes paleoecológicos en los se desarrollaron.  Si de los mismos estratos se obtienen restos de especies relacionadas con cursos fluviales, por ejemplo, y propias, otras, de zonas boscosas, será difícil que se interprete un ambiente paleoecológico que caracterice una estepa. Por eso resulta imprescindible sacar conclusiones ambientales, y de sus cambios, teniendo en cuenta los estudios poblacionales de cada taxón representado, además de la valoración de su variación  en el contexto de la asociación registrada. Y para ello es estrictamente necesario un estudio estratigráfico previo al detallado muestreo y estudio paleontológico que permita diferenciar con claridad los posibles cambios de las sucesivas asociaciones de fósiles.
     La interpretación del cambio climático actual, o su inicio, debe estudiarse también aplicando los conocimientos que desde la paleontología han podido obtenerse. Y para ello, el estudio de los registros fósiles, y su sucesión, en los últimos 2 ma son imprescindibles para tal efecto. Y es en ese sentido donde la información que ofrece el estudio de los yacimientos de Atapuerca, donde tuve el honor de participar, en la provincia de Burgos, resulta primordial. La columna estratigráfica del conocido registro de Gran Dolina, en la Sierra de Atapuerca, se ha usado como referencia de correlación con los otros yacimientos, como Complejo Tres Simas (Cueva de los Zarpazos, Galería y Boca Norte); El Penal y Sima del Elefante, además de Sima de los Huesos, dentro de Cueva Mayor y alejado de los de la Trinchera del Ferrocarril, que es donde están situados los otros citados. Su estudio paleontológico del impresionante registro de fósiles de mamíferos, junto al estudio estratigráfico de los rellenos de sedimento y las dataciones cronoestratigráficas de diferentes niveles por técnicas de datación absoluta, han permitido establecer una sucesión de paleoambientes ecológicos como no se tiene referencia en ninguna otra parte del mundo, pudiendo así interpretar con claridad los numerosos cambios climáticos que se sucedieron en el último millón de años y que afectaron, al menos, a Europa occidental.
Situación geográfica de los yacimientos de Atapuerca (Burgos)

      La fauna y la flora ha sido cambiante, en el mismo lugar, en episodios que oscilan entre 30-40.000 años, y 70-80.000 años, con sus correspondiente pulsos climáticos fríos y cálidos en cada uno de ellos, lo que, si no calma las preocupaciones por los devastadores efectos vaticinados para el cambio climático actual, al menos, permitirá comprender que no es un fenómeno nuevo, ni únicamente originado por el hombre y sus antiecológicas actividades, ni algo que pueda modificar para siempre la vida del futuro. Es necesario ver el presente a la luz de los estudios del pasado  para enfocar mejor las decisiones y acciones a tomar de cara a las variaciones climáticas que empiezan ya a notarse en nuestro planteta.  Será necesario cambiar nuestros modos de vida actuales que nos conduzcan a un mayor respeto por nuestro entorno natural y humano, aunque sean difíciles de reconducir los caminos que, como siempre, ha tomado la naturaleza, y de los que ha dejado huella en los registros del pasado. La autoinculpación humana respecto a ser el único causante del cambio climático carece de sentido si se conocen los datos que pueden interpretarse del estudio de la sucesión de paleoambientes que nos precedieron, por lo que la paleontología es la clave para abrir y orientar, sin sensacionalismos ni extremismos, en la acertada interpretación de lo que hoy en día está ocurriendo.



Los cuadrados rojos corresponden a los niveles con restos humanos.

sábado, 19 de noviembre de 2011

La alarma del cambio climático.



     Seguro que han oído hablar de él. Hay que estar sordo, ciego o ser un eremita para no saber nada del cambio climático. ¿Pero sabrían decirle a alguien que les pregunta qué es eso tan malo que nos va a pasar? Es muy posible que no supieran por dónde empezar, y no es de extrañar a juzgar por la gran cantidad de ideas y datos contradictorios que se utilizan desde los medios para informar o amedrentar a la gente. Resulta realmente espantoso lo que se oye y, desde luego, no muchas personas saben qué hacer o con qué opiniones quedarse. Es un tema del que todo el mundo habla y todos quieren llevar la razón.


            Pero vayamos por partes. En primer lugar tendremos que intentar aclarar qué es lo que se entiende por cambio climático, y después analizaremos la controversia suscitada respecto a su magnitud y repercusión en la sociedad actual.

            Que el clima vaya a cambiar drásticamente en unos pocos años es algo que puede pasar o está pasando ya, por los datos numéricos del clima de que disponemos. Pero ¿por qué pasa? Para explicarlo es necesario tener en cuenta algunas consideraciones referentes a la propia estructura de la envolvente gaseosa de la tierra y su relación con el Sol. La radiación solar entra y atraviesa la atmósfera hasta llegar a la superficie de la tierra donde se produce su transformación en energía calorífica que, digamos, “rebota” hacia el exterior, quedando atrapada por la capa de gases de la troposfera, sobre todo el dióxido del carbono, aunque también metano, por nombrar a alguno de los gases importantes. Es un fenómeno natural, denominado efecto invernadero, que ha permitido la vida en la tierra al mantener una temperatura media adecuada para la misma, pero que puede generar problemas si se produce un incremento exagerado. Incremento que se debe, sobre todo, al aumento de las emisiones de los gases ya mencionados como el metano o el anhídrido carbónico. El incremento excesivo del efecto invernadero, al hacer que la temperatura de la tierra aumente poco a poco, podría producir un recalentamiento general del planeta, lo que conduciría a la fusión de las masas de hielo de los polos. Este deshielo generaría un enfriamiento tremendo de las aguas de los mares y océanos, con lo cual la circulación de corrientes marinas quedaría ralentizada o paralizada, con la consiguiente repercusión en el sistema de evaporación del agua del mar, que al verse reducido haría que se desestabilizasen los sistemas de circulación aérea, con la alteración del encadenado de anticiclones y borrascas, generando así una aridificación extrema, lo que nos llevaría a la larga a un sistema de caída en picado de las temperaturas, y por tanto, en realidad, a un episodio glaciar. Esto es a grandes rasgos el proceso del cambio climático que se espera, aunque notarán que lo de la glaciación final no es muy frecuente el oírlo o leerlo. Muchos paran en su descripción de la catástrofe en una aridificación de las masas continentales con la consiguiente pérdida de cosechas, hambrunas y efectos sofocantes por un inicial aumento de las temperaturas.

Contaminación en Madrid.


            Sin embargo, si esto llega a producirse o está empezando, no debe ser algo nuevo para la ciencia ni para la humanidad. Estos cambios climáticos, aunque muchos lo oculten, se vienen produciendo desde que se originó la Tierra, y al menos durante el último período terrestre, el cuaternario, que abarca, desde los dos últimos millones y medio de años, es algo que los geólogos y paleontólogos saben y comprueban a diario sus efectos. Las cuatro principales glaciaciones del cuaternario: Günz, Mindel, Riss y Würm, que tanto arqueólogos como geólogos del pleistoceno utilizan y nombran como algo normal en sus investigaciones, se produjeron por algo en el que la mano del hombre no tuvo nada que ver, pues hace un millón de años no había coches circulando por las galerías de las cuevas en las que se refugiaba el hombre prehistórico, ni industrias a lo “Picapiedra” en las que producir una gran contaminación atmosférica causante de esos cambios climáticos. No, hay que buscar las causas con otros argumentos, científicos, por supuesto.

            Las investigaciones realizadas en los últimos años nos indican que las variaciones climáticas que se produjeron desde antes del cuaternario tuvieron que ver con los movimientos y posiciones del planeta con respecto al Sol. Así, las variaciones de la excentricidad de la órbita terrestre, de más a menos elíptica; las variaciones del eje de la Tierra respecto al plano de giro de la Tierra respecto al Sol, y la posición de la Tierra en el perihelio (punto de la órbita terrestre más cercano al Sol),  explican  las variaciones cíclicas de temperatura que se atribuyen a estos ciclos astronómicos llamados de Milankovitch en honor a su descubridor. Esto explica que durante el último millón de años se hayan sucedido las glaciaciones antes mencionadas, de una duración aproximada de 100.000 años, separadas por su períodos interglaciares de unos 10.000 años, comprobándose que durante los episodios fríos la proporción de dióxido de carbono del aire contenido en las burbujas de aire atrapado en las masas de hielo glaciar, disminuía considerablemente.


Ciclos de Milankovotch.
            Durante el pasado histórico también se han sucedido una serie de cambios climáticos importantes que no pueden ser achacados a las variaciones del recorrido de la Tierra alrededor del Sol. Parece ser que en esos cambios ha influido la cantidad y variación del número de manchas que aparecen en la superficie solar. Su número alcanza un máximo cada 11 años aproximadamente, episodio que coincide con un aumento de radiación recibida del Sol, que aumenta 1,2 vatios por metro cuadrado. El número de manchas solares varía en ciclos de 80 y 180 años, lo que repercute en la radiación que se recibe. Pues bien, estos datos son los que se usan para explicar la existencia del óptimo climático del Holoceno, que se produjo entre hace 7000 y 5000 años, con una temperatura de hasta 3º C por encima de la temperatura media actual. O el óptimo climático medieval, entre el año 1000 y 1200, en el que se produjo la fusión del Ártico (¿les suena?), facilitando a los pueblos nórdicos el llegar hasta Groenlandia  e Islandia, y su posible llegada a América del Norte. Y por otro lado, la denominada Pequeña Edad del Hielo, que se produjo entre el año 1200 y nada menos que  el cercano 1900, una especie de pequeña glaciación, responsable de que en Europa se produjera la famosa peste negra en 1348 por las malas cosechas, frío y fuertes hambrunas.

Representación de la Peste Negra en Europa, s.XIV.


          Desde luego está claro que cuando los cambios climáticos se producen generan una serie de daños colaterales de impresión. A veces son tan grandes que permiten explicar cambios muy bruscos en la composición biótica de los ecosistemas. Y en este tema resulta paradigmático el ejemplo que supone el famoso yacimiento de Atapuerca. Allí un detallado estudio estratigráfico de los rellenos sedimentarios de unas cavidades de origen kárstico ha permitido comprobar que, por ejemplo, en el registro de Gran Dolina, el mismo relleno en el que se han encontrado los restos del famoso Homo antecesor, y donde las asociaciones faunísticas y paleobotánicas identificadas  se han ido sucediendo en el tiempo de base a techo de ese relleno, desde un millón de años hasta los casi 100.000 años de antigüedad, se han producido cambios paleoecológicos muy significativos en períodos que oscilan aproximadamente entre 30.000 y 60.000 años. Se detectan variaciones en la cobertera vegetal y en las biocenosis faúnicas en períodos de tiempo que representan adaptaciones a condiciones climáticas muy diferentes entre sí, lo que permite deducir la sucesión y alternancia de períodos fríos y menos fríos, con la intercalación de otros más benignos y cálidos. Si se interesan por el tema pueden consultar la variada bibliografía que sobre Atapuerca existe, donde podrán comprobar y obtener detalles paleontológicos que acreditan esta información.

            Por eso, y teniendo en cuenta los datos hasta aquí expuestos, es preciso analizar algunas de las muchas alarmas y apocalípticos datos sobre el inminente cambio climático que se nos avecina. En primer lugar es necesario aclarar que el proceso que se explica del aumento de temperatura por la emisión de gases a la atmósfera es contradictorio e impreciso. Desde luego que el aumento de temperatura de la atmósfera puede fundir el hielo de los polos, pero la alarma no está del todo justificada. Se sabe que el hielo del Ártico sufre deshielos importantes, pero, a su vez, el de la Antártida casi no se está enterando de la subida de temperaturas, y en algunas temporadas, incluso aumenta su extensión. Por ahora se desconocen las razones exactas por las que se da este fenómeno, pero hay que decirlo todo.

            Respecto a la subida de varios metros de altura del nivel del mar, resulta casi como una descripción de milagro o castigo divino bíblico. Si tienen ustedes en cuenta que los hielos de los icebergs sobresalen del nivel del mar sólo un 10% de su volumen, si se entretienen en hacer el cálculo de qué volumen de agua se incorporaría al mar tras su fusión, verán que para subir un nivel de varios metros se necesitaría bastante más hielo que el que hay en la actualidad.

Desprendimiento de "icebergs" en el Ártico.

           Y por último, la desastrosa repercusión en la biosfera que algunos predican es más que cuestionable. Las explosiones de vida en el planeta, a lo largo de toda su historia, han sido en unas condiciones de concentración de CO2  en la atmósfera muy superiores a las actuales. De hecho, la mayor diversificación de los mamíferos, grupo al que pertenecemos, se produjo con unas concentraciones de dióxido muy altas. Desde esa época, mediados de la era terciaria, hasta la actualidad, ha ido disminuyendo su concentración hasta la registrada actualmente. Desde el inicio de la vida en la tierra su concentración en el aire ha bajado de un 20%, unas 7500 ppm según el estudio Geocarb, hasta un 0,03% en el siglo pasado, es decir unas 300 ppm, disminución paralela a todos los avatares que la vida ha sufrido en el planeta, con sus  grandes períodos de extinción y de aparición de especies.

Variación de temperaturas  en la Tierra desde el Cretácico hasta la actualidad.


            Entonces, ¿por qué se relaciona con tanta vehemencia alarmista la emisión de gases procedentes de la quema de combustibles fósiles con el cambio climático? La respuesta no puede ser difusa. Es cierto que el incremento de la concentración de CO2 en la atmósfera ha sido relativamente grande, aumentando desde finales del siglo XIX hasta la actualidad de 285 ppm hasta 385 ppm como consecuencia de las 23.000 millones de toneladas de ese gas emitido al aire en ese período. Sin embargo la repercusión en el incremento de temperatura del planeta  ha sido detectable en sólo  seis o siete décimas de grado hasta hace 10 años. Desde entonces la temperatura no tiene una tendencia clara al aumento, estabilizándose en la última década y con bajadas de la misma detectadas en los últimos tiempos. Además, es necesario conocer el significativo dato de cuáles han sido los períodos de calentamiento en el último siglo, que han sido dos: el primero ocurrido de 1915 a 1945,  aun con muy pocas emisiones de CO2  y el segundo período, de 1975 a 1998, del que se disponen más datos fiables.  Entre ambos períodos hay otro en el que se ha detectado un ligero enfriamiento, posiblemente originado por las emisiones de compuestos de azufre. Además, nada menos que la duplicación de la cantidad de dióxido de carbono en el aire que se produciría dentro de muchas décadas,  según las estimaciones técnicas actuales,  parece ser que generaría un aumento de la temperatura de 1º C. Aunque estos datos técnicos cambian muy a menudo en función de nuevas investigaciones, no se comprende cómo hay un empeño tan desmedido por parte de algunos en relacionar el hasta ahora registrado aumento de temperatura de la tierra únicamente con la emisión de gases por la quema humana de combustibles fósiles. Cantidad de gas que resulta ridícula si se compara, por cierto, con la emitida en un solo episodio  de erupción volcánica de importancia.

Por tanto, ¿qué hay detrás de todo esto? A esta pregunta  no es sencillo el contestar. Y desde luego no resulta nada fácil convencer a la gente que parece vivir feliz generando angustia y preocupación a los demás, de que no se debe ser  tan alarmista aunque sí precavido.  ¿A quién le interesa que esto sea así? Los pocos intentos que se han hecho desde los medios informativos de explorar el tema están trufados, pueden consultar hemerotecas y videotecas, de desagradables encuentros y confrontaciones verbales entre representantes de grupos ecologistas con científicos, a los que no tienen ningún empacho en desacreditar y vilipendiar públicamente al comprobar que la ciencia no les secunda en sus intenciones generadoras, no de precaución, sino de alarma y confusión.


Como conclusión podemos argumentar que los datos científicos de los estudios climáticos actuales, así como los resultados de los yacimientos, al menos cuaternarios, con estudios paleoclimáticos, nos permiten decir con contundencia que los denominados cambios climáticos se han sucedido en el tiempo a intervalos casi regulares de varias decenas de miles de años, por lo que resulta difícil relacionar su origen únicamente con un incremento de los llamados gases invernadero emitidos a la atmósfera por el hombre. Esto significa que se debe seguir buscando las causas reales por las que se producen y se han producido, sin caer en la fácil tentación de culpar siempre a los humanos modernos de  ser ellos los  causantes del  los mismos. Es muy posible que si en estos momentos se redujera a cero la emisión de gases no se produciría una reversión en la tendencia al  avance y desarrollo del cambio climático.

Naturalmente resulta un tanto conformista el decir que el cambio climático actual se va a producir porque toca, que es uno más de los que se han producido en el último millón de años y que no hay nada que hacer. Pero el resultado final puede que sea muy parecido, ya que, si bien resulta deseable que todo el mundo tome conciencia de que estamos en un proceso climático irreversible, también es necesario conocer la influencia que hemos podido tener en un proceso de aceleración del calentamiento global debido a nuestras emisiones gaseosas, por lo que nuestras actuaciones deben estar encaminadas a una reducción de las mismas, aunque sin eficacia garantizada. Con ello se iniciará un proceso de aprendizaje de hábitos ecológicos saludables a la vez que se incide positivamente en la reducción de gases emitidos como consecuencia de un uso razonable de combustibles fósiles u otros por los que se sustituyan. Aún así, el cambio climático es muy probable que se produzca igualmente, con o sin emisiones de gases. Habrá que hacerse a la idea.


viernes, 18 de noviembre de 2011

Impactos visuales y cambio climático.


Molinos de La Mancha.

     Durante los últimos años nos hemos ido acostumbrando  a este término. Lo utilizamos de forma habitual para referirnos, generalmente,  a elementos que distorsionan, estropean o afean un paisaje o entorno. Por eso encontramos “impactos visuales” en todos los rincones de nuestras viviendas, parques ciudadanos, carreteras o  campo abierto.  Nos resultaría sencillo manifestarnos, en la mayoría de los casos, si nos preguntaran el porqué consideramos un impacto visual al objeto o motivo al que aplicamos tal denominación, aunque en otros parece más difícil el pronunciarse. Y es que no está del todo clara la razón por la que consideramos en un caso sí y en otro no que “eso” es un impacto visual.
Molinos de La Mancha.

Parque de aerogeneradores de La Muela (Zaragoza).

     Todo el mundo conoce los muldialmente famosos y quijotescos  molinos de viento de La Mancha, algunos de los cuales pueden visitarse para entender mejor su ancestral uso humano y disfrutar así de las maravillosas vistas que desde su ubicación se disfruta. Y esa vista es amplia y despejada debido a que se sitúan en las escasas altas crestas del relieve manchego, con el fin de aprovechar mejor las ráfagas de viento casi incesante que sopla en la región geográfica  donde se instalaron. A nadie con dos dedos de frente se le ocurre decir que esos molinos, de los que hay decenas todavía en pie, son o representan un “impacto visual” y que, por tanto, al no tener  un uso actual necesario, se debería eliminarlos lo antes posible y así “restaurar el paisaje original”. Aunque si alguien dijera eso habría que darle la razón, al utilizar un criterio pura y estrictamente conservacionista del entorno, pues esos molinos no forman parte del paisaje original de La Mancha. Desentonan. Además, y en consonancia con los argumentos de muchas asociaciones ecologistas utilizados en contra de la instalación de los modernos parques eólicos, donde centenares de aerogeneradores invaden nuestros páramos para producir electricidad, también esos molinos manchegos son generadores de “accidentes” con resultado de muerte y mutilaciones en aves que son incapaces de ver el giro de sus aspas, por no hablar de las  afecciones cerebrales de las ovejas (en Aragón decimos que se “vuelven modorras”) al pastar en los campos próximos a los molinos. Son útiles para generar energía limpia y sostenible pero a costa de un importante riesgo  para diversas especies animales,  además de generar un grave impacto visual en el paisaje.
     Podríamos poner muchos más ejemplos de impactos visuales. Otro que seguramente les sonará es el de la costa almeriense, en concreto la zona de El Algarrobico, junto a la población de Carboneras. Este ha sido tristemente famoso por  la no destrucción hasta la fecha de un inmenso hotel semiacabado situado a menos de 50 metros de la línea de costa en terreno del Parque Natural del Cabo de Gata.


 Hotel en obras de El Algarrobico (Almería).

El Algarrobico en el Parque Natural Cabo de Gata.
El Algarrobico, Almería.

     Al parecer hay ya cinco sentencias judiciales respecto a la necesidad de tirar esas obras que invaden un terreno protegido sin que se consiga que se aplique la ley en ese rincón de Andalucía. Al ver imágenes del  hotel resulta verdaderamente impactante que se pudiera o pretendiera construirse ese inmenso mamotreto junto al mar en zona natural protegida. Naturalmente los grupos ecologistas de la zona están movilizados muy activamente para conservar su patrimonio natural e impedir que se deshaga el  interesante y seco ecosistema del Cabo de Gata. De todas formas resulta a veces difícil de seguir las acciones de estos grupos, o de difícil entendimiento más bien, pues sin salir de la provincia de Almería, y teniendo como centro de un círculo de unos 30 kms de radio a la población de El Egido, podemos disfrutar de uno de los mayores impactos visuales de España: los invernaderos de plástico, también llamada la zona como el “mar de plástico”. Miles de estructuras de plástico cubren literalmente cientos de  kilómetros cuadrados para producir hortalizas, que consumimos nosotros y se exportan a Europa, sin que veamos por televisión una campaña activista semejante a la del hotel El Algarrobico. Ni protesta, sentada, acampada con tiendas de campaña, o manifestación pacífica, pero vistosa, como suelen ser las suyas. ¿Cómo es posible que no se movilice la gente, o al menos los sensibilizados ecológicamente, para recuperar ese entorno natural tan deteriorado por los invernaderos en un fragmento tan grande de la provincia almeriense? Lo más impactante que he leído en un intento de divulgar las bondades de los invernaderos por parte de investigadores de la Universidad de Almería, (http://emiliomarquez.com/2008/10/19/los-invernaderos-como-solucion-al-cambio-climatico/)  es el considerar que los plásticos, al aumentar el efecto albedo de esa zona de la tierra (se refiere ese término a la cantidad de luz solar reflejada del total recibida) es capaz de rebajar el incremento de temperatura del aire circundante,  por lo que se colabora en combatir al cambio climático. En mi opinión, y aunque se considere una bajada de temperaturas en la zona por el efecto antes mencionado, no solo se justifica así la instalación y mantenimiento del inmenso mar de plástico sino que se le da la vuelta al argumento y ahora resulta que es útil para un fin medioambiental, aun reconociendo el grave impacto visual.

Frutos de Almería.

Vista aérea del mar de plástico de Almería.

Mar de plástico, en Almería.
Mar de plástico junto a El Egido (Almería).

     Supongo que es un problema de difícil solución hoy en día, por la gran cantidad de problemas “colaterales” de tipo económico y social que puede generar, pero esos mismos problemas no han hecho temblar en otras ocasiones la mano de los conservacionistas convencidos. ¿Por qué el mundo ecologista no interviene contundentemente en este caso como suele hacerlo? ¿Falta de coherencia ? Lo dudo. Tiendo a pensar que hay intereses ocultos detrás de esa aparente inactividad.
Estructura del hotel El Algarrobico, junto al mar, en el Cabo de Gata, Almería.