¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

domingo, 19 de octubre de 2014

"Consumismo desenfrenado".




     ¡Tenemos que hacer autocrítica! Somos unos consumistas desenfrenados que no tenemos remedio. Tal y como se ilustra en el chiste de la figura de arriba nos resistimos a cambiar nuestro modelo de vida occidental  para hacer un mundo mejor y más armónico. Vivimos además por encima de nuestras posibilidades. ¡Qué malos somos!
     Mucha gente con un cierto nivel de acomodo vive bajo unas condiciones de vida que son verdaderamente  exageradas y deslumbrantes para otros muchos millones de personas. Osamos vivir en edificios construidos con ladrillos, cemento y hierros (que sabe Dios de dónde y cómo se obtienen), y no en cabañas ecológicas de madera u otros materiales más “naturales”. Esos edificios, están provistos de agua corriente y calefacción en invierno y aire acondicionado en verano. Es más, para nuestros desplazamientos hacemos uso de vehículos a motor, con el consiguiente consumo descontrolado de subproductos de combustibles fósiles, como el petróleo. Para ir de un lado para otro, trabajos,  clases, conferencias, cursos, vacaciones, negocios, queremos que haya unas buenas carreteras hechas con más subproductos petrolíferos que nos permitan llegar con comodidad, rapidez y seguridad a los sitios. Vestimos con materiales casi artificiales, pues eso de la lana, o la piel animal, es algo impensable en una sociedad con tanta gente que vestir y tan poca fauna con la que hacerlo, además de ser un timbre de buen comportamiento ecológico. Así pues, nos vestimos con materiales también provenientes del petróleo.
     Por razones de salud e higiene queremos que lo que comemos esté controladísimo, higienizado, y servido a la venta en el mayor número de envoltorios (de plástico) posible, para no correr riesgos sanitarios. Y si no es así dudamos de consumirlo, y con razón.  Por supuesto todos estos envoltorios no se fabrican con productos naturales, sino de subproductos petrolíferos también.  Además, nos rodeamos para nuestro bienestar de las tecnologías más avanzadas, tanto domésticas como de comunicaciones, como variados y  sofisticados electrodomésticos, así como  todo tipo de ordenadores y de teléfonos móviles que se fabrican gracias a la explotación de muchos niños semiesclavos que buscan la mezcla llamada COLTAN, necesario para ello. Y los usamos todos sin hacer un plante o sentada de protesta. Otros muchos materiales minerales, aunque otros no lo crean, los empleamos en hacer  casi todo lo que nos rodea, y en grandes cantidades, como lámparas, suelos, techos, tabiques, o ventanas de aluminio, por poner unos pocos ejemplos.  Pues bien,  aunque una mayoría de las personas de occidente creen vivir ajustándose a un presupuesto, muchas veces escaso, y tratan de adaptar sus recursos a una vida humilde y honesta en cuanto a la huella ambiental que pueden dejar a su paso, parece ser que no, que como han vivido siempre, sin grandes pretensiones ni delirios de grandeza, es vivir arrasando, destruyendo y sin consideración alguna por el sistema natural y social que les rodea. Todo esto, es lo que algunos denominan "consumismo desenfrenado"...
     Pero siempre hay alguien, con un nivel altísimo de conciencia solidaria y ecológica, que nos llama la atención respecto a cómo deberíamos cambiar en nuestras vidas para hacer un mundo más armónico. Lo que se echa en falta es una clara enumeración de lo que habría que hacer si estuviéramos todos dispuestos a ello. No sabemos qué es lo que se nos pide o se propone para hacer más armónico este mundo. Todo son buenas ideas y ambigüedades. Nada concreto, solo chistes cuyo objetivo es movilizar conciencias. Pero ¿para qué? ¿Para vestir de otra manera (cuál)? ¿No tener móvil? ¿Prescindir de la tecnología? ¿No viajar, aunque sea por trabajo? ¿Volver al carro y las mulas? ¿Vivir en otro tipo de construcciones? ¿Consumir menos  envoltorios y así reconciliarnos con el medio ambiente aunque cojamos infecciones? ¿Por dónde proponen estas buenas gentes empezar? No lo sabemos, pero solo reciclando, que es lo políticamente correcto en la actualidad, no se cambia el modelo. ¡Ellos dirán!
     Lo más desolador de todo es comprobar que algunos de los más gallitos y que más reivindican esta especie de catarsis social que proponen, son vecinos tuyos, viven como tú. Algunos incluso pertenecen a instituciones religiosas dentro de las cuales se autoconsideran los más progres y “majos”. Sin embargo, consumen, viajan, viven y se dejan llevar por la riada del progreso igual que los demás. Eso sí, acallan sus conciencias con la culpabilización a nuestra sociedad de todos los males e injusticias del mundo por no querer, al parecer, prescindir de algo (¿el qué?) que haga este mundo tan justo como ellos y  todo el mundo desea. Sueltan sus cohetes artificiales, y cuando se van los colorines no queda más que humo.
 

martes, 14 de octubre de 2014

Tarjetas negras en educación.


 
     Desde luego no es nada comparable, ni en calidad ni en cantidad, con lo que estamos viendo últimamente respecto al uso indebido de  tarjetas en alguna famosa  entidad bancaria. Pero  es tan criticable e indeseable como en ese caso. No se habla de ello, pero pasa, y pasa desapercibido  desde hace muchos años y bajo administraciones de los dos partidos mayoritarios.
     Seguramente casi nadie que no sea del gremio educativo conocerá las muchas maneras que hay  de conseguir unos dinerillos a cambio de nada por los funcionarios de este departamento. Nos escandalizamos, y con razón, de que algunos consejeros de banco gasten y no declaren dinero en sus excesivos “gastos particulares”,  como en farmacias, fiestas, restaurantes o en temas algo más libidinosos. Pero nos parecen bien, o al menos no mal, por la escasa cuantía que suponen (aunque esto es muy relativo),  gastos sufragados por el presupuesto estatal, y considerados casi como un “derecho más” como, por ejemplo, disponer de matrícula gratuita por el derecho a examen en la Escuela Oficial de Idiomas para el funcionario de educación ó sus familiares (casi siempre hijos). Y que los profesores de la universidad, al menos en la de Zaragoza,  estén exentos de pagar las  tasas de matriculación de sus hijos en las carreras universitarias ó en los másteres oficiales. Esto, que a algunos les puede parecer que es poca cosa, entre los cuatro o cinco cursos de un grado más un máster posterior de un solo curso,  alcanza una cantidad que oscila entre los 8.000 y los 12.000 euros en total. Si multiplicamos esto por un número de usuarios de estas prebendas que podemos suponer que hay, la cifra se desborda por todos los lados. ¿No parece esto escandaloso? O la gran cantidad de directores de instituto que, tras ocho años de ejercer  ese cargo con complemento retributivo especial, que varía según el tamaño del centro, lo siguen cobrando (en parte) al dejar de serlo, de por vida laboral, y sin ya tener responsabilidad alguna. ¿Este gasto es necesario? Y me dejo más ejemplos...
     ¿Todo esto es normal? ¿Se tiene derecho a ello? ¿Debe ser así? Lo que está claro es que nadie se escandaliza ni protesta de estas prebendas del funcionariado de educación (en otros ministerios o consejerías también sé que los hay, incluso superiores...), muchos por desconocimiento, otros por no ahondar más aún las grandes brechas existentes entre este colectivo educativo y la sociedad en general. Y otros, los más inmorales, porque harían lo mismo si estuvieran en su lugar y por eso “comprenden” esta actitud. Pero si nos ponemos puntillosos con los demás (¡y, por supuesto que hay que ponerse…!) también tendremos que hacer autocrítica y ser menos generosos con nosotros mismos a cargo de los impuestos que pagamos entre todos. Las necesarias reivindicaciones educativas y salariales deben ir por otro camino. No valen subterfugios extraños. Solo vale ser honestos y no pretender perpetuar privilegios para unos pocos con el dinero de todos.