¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

jueves, 3 de octubre de 2013

Bomba en El Pilar: han pinchado en vena.


     Me imagino que se conoce la noticia de la explosión en El Pilar de Zaragoza de una pequeña bomba. No ha habido muertos ni heridos. Solo desperfectos en el mobiliario del  templo. Se nos ha dicho que ha sido gente de “extrema izquierda”, posiblemente “anarquistas italianos”, y que podrían ser los mismos autores que los que en febrero de este año pusieron otra en la catedral de Madrid. Los periódicos locales aragoneses se han hecho eco de la noticia, aunque los nacionales, como siempre, la han cogido con alfileres y la han colado entre las importantes, casi de refilón. La verdad, nos da lo mismo, estamos acostumbrados a  estos desdenes, desplantes o ninguneos por parte de la prensa estatal. Repito, nos da lo mismo. Lo han hecho siempre.

      Me parece ahora más importante comentar algo respecto a estos pobres desgraciados que han puesto la bombica del Pilar, pues me parece que no deben saber muy bien quiénes somos por esta tierra. De saberlo o ser de aquí, que no creo, supongo yo que se lo habrían pensado dos veces.  Sin remontarnos a épocas históricas decimonónicas, durante los últimos 40 años se han dado  muestras en Zaragoza de lo que aquí, en Aragón, se es capaz de hacer y conseguir ante una “agresión” externa, eso sí,  sin bandas terroristas usadas como ariete, sin amenazas y sin estridencias. Solo con argumentos, tesón, cabezonería, y un sentimiento aragonesista que no entiende de derechas o izquierdas, solo de sangre baturra que defiende sus derechos. Y de eso nos sobra a todos. A todos de los 1,3 millones de habitantes de Aragón, de los que, por ejemplo, “tan solo” asisten el 35% (unos 0,4 millones) a las manifestaciones antitrasvase del Ebro (a Cataluña en los años 70 y 80; a Valencia, Murcia y Almería, en los 2000) y a las que llevo asistiendo toda mi vida. Hasta ahora esa unión ha hecho que lo consigamos entre todos: el temido e insolidario trasvase no se ha hecho, aunque todos al despedirnos nos decimos: “hasta la próxima”, porque estamos seguros que habrá otra intentona. Pero allí estaremos, que no tenga nadie la mínima duda. Somos así, como esos viejos árboles.


     Pero además del agua del Ebro, otro de los símbolos principales e inequívocos de esta tierra, y conocido por todos,  es El Pilar. Y con atacarlo ahora (inexplicablemente), han pinchado en vena, en nuestras venas. Y, ¡ojo!, muy lejos personalmente de defender las posturas (hasta ahora) antiguas y en ocasiones recalcitrantes de la iglesia católica respecto a muchos temas sociales que  no mencionaré, nadie, repito, nadie, puede entrar en nuestra casa y poner una bomba destructiva como la que han puesto en El Pilar y marcharse como si tal cosa. Porque El Pilar, es “nuestra  casa”, se mire por donde se mire, la usemos poco o mucho, se sea creyente o no. Y allí estaremos todos para defenderla de la manera que haga falta. Se equivocan si creen que una ideología trasnochada y que se abre camino con violencia puede destruir lo poco que tenemos y queremos de verdad en esta tierra. Estamos en alerta, el Pilar no se toca: “…ayer, hoy y siempre, a Zaragoza la defiende su gente”.


Escudo de Aragón.

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