¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Hiperdesarrollismo pseudoecológico.

Carretera ecológica.

     El medioambientalismo ha dado en los últimos lustros un sinfín de términos, aparentemente extraños, respecto a las diferentes actuaciones del hombre en la naturaleza. Los más conocidos son  el hiperdesarrollismo, que resumidamente consiste en el uso indiscriminado de los recursos naturales con el fin de lucrarse o generar riquezas sin prever consecuencias nefastas para el entorno, o no importarle; el conservacionismo a ultranza, que representa un movimiento crítico con el anterior y tendente a la preservación del entorno sin valorar los posibles beneficios que para el hombre pudieran obtenerse de él; y el desarrollo sostenible, que acercando posturas entre los dos anteriores pretende un desarrollo social regulado y respetuoso,  alterando lo mínimo posible a los ecosistemas sobre los que el hombre se asienta.

Detergente ecológico.

     Sin embargo, es fácil descubrir a través de los medios informativos multitud de propuestas de actuación, desde la administración o privadas, que intentar mostrar la cara amable de una intervención sobre algo. ¿Quién no ha visto la propaganda de un coche argumentando que no es, o es mínimamente, contaminante? O la construcción de chalés con “piscinas ecológicas”; o incluso campos de golf en los que usan “aguas residuales” para evitar así la tentación de acusaciones de malgasto de agua. Es lo habitual. Y eso se produce, estoy convencido, por la estrategia industrial/comercial de hacer “ecológico” algo que no lo es tanto.

Piscina ambientada en un entorno "natural".

     ¿Qué ocurre, entonces? ¿Nos están engañando? Pues seguramente sí, pero con mucho estilo… Nos están aplicando este concepto que creo que extracta lo que en los últimos tiempos nos están haciendo: hiperdesarrollismo pseudoecológico. Consiste en acallar muchas voces discordantes con el “sentir” conservacionista que mucha gente tiene, o cree tener. Es tan  obsesiva, aunque a la vez superficial, la campaña concienciadora  respecto a la conservación del entorno natural, que aun teniendo mucho de bueno, tiene  grandes fisuras. La principal es la falta real de formación ecológica que la mayoría de las personas tienen, derivada sin duda del paso fugaz de temas medioambientales en los contenidos educativos de las sucesivas leyes de educación de nuestro país. Y esa falta de formación  hace tragar con todo lo que se  barniza de verde y ecológico, que es lo que se lleva y da credibilidad. Si oyen o leen que algo tiene en cuenta la conservación del entorno, o es respetuoso con los valores naturales del lugar,  es suficiente para tirarse en plancha a aceptar o recomendar, o por lo menos a no desechar, el producto ofrecido.

Parque urbano .

     Ejemplos engañosos conocemos todos, aunque no nos hayamos dado cuenta de su finalidad real. Que se anuncia que los detergentes no llevan fosfatos (sin ver qué más llevan…),  pues entonces son ecológicos y es bueno usarlos; que los supermercados nos cobran las bolsas de plástico para así “reducir residuos” y generar conciencia ecológica, pues les creemos a pies juntillas y encima alabamos la propuesta; que nos construyen en las ciudades parques con grandes extensiones de césped, pues pensamos que verde está  más bonito  y que el ayuntamiento, además,  hace lo adecuado por crear “zonas verdes”, mucho más ecológicas que  si son de otro color. Pero nadie, incluso formado ecológicamente, expone su oposición a que, por ejemplo, los millones de productos para teñirse el pelo  lleven contaminantes del agua; o que sea innecesario emplear masivamente envases de cartón o metal para leche, vino, o envoltorios de plástico en numerosos alimentos, etc. Parece que ecológicamente esté permitido, y nos deja la conciencia tranquila, el uso en nuestra vida  de productos que proceden  de un complicado proceso industrial, extracción agresiva de materias primas, o que su uso genere abundantes residuos y elementos contaminantes. Eso nos da igual, al parecer, o se ignora por lo general. ¿Por qué? Pues porque hay todo un complicado e interesado movimiento que hace  lo posible para que creamos que lo necesario en nuestras vidas occidentales ha pasado por los controles  ambientales suficientes y necesarios: son, aparentemente, productos o actuaciones  ecológicamente aceptables. Eso es el hiperdesarrollismo pseudoecológico. Un engaño. Necesitamos formación y vista de lince para no caer en su trampa.


1 comentario:

  1. Amigo Enrique como siempre un placer leerte, desde luego que hay muchas incoherencias, pero a día de hoy el problema fundamental a mi juicio es la falta de concienciación medio ambiental, y de respeto al entorno, incluso aunque éste sea urbano.
    Hace poco estuve en una zona de habituales excursiones, y los desperdicios se contaban por miles...
    En fin que como siempre un placer pasear por tu blog.
    Abrazo grande ;)

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