¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

miércoles, 7 de enero de 2015

Aznalcóllar: el riesgo ambiental en ciernes de una explotación minera.


Minas de Aznalcóllar (Sevilla).
     Todo el mundo quiere buenos materiales para sus instrumentos y utensilios, ya sean de cocina, de informática, o para construir sus casas. Nadie se pregunta de dónde salen ni qué cantidad de contaminación ha causado su extracción. Son los “riesgos del progreso” suelen decir muchos. Y de esos muchos, la mayoría son verdaderos defensores de la naturaleza que no dudan ni un segundo en solidarizarse y comprender las escaramuzas mediáticas de los famosos grupos conservacionistas como Ecologistas en Acción o Greenpeace. Suelen ser tan sensibles con el medio ambiente (como debe ser…) que no pueden tolerar que en las costas de Almería se construya un horrendo y gran edificio para un hotel  en las inmediaciones del parque Natural del Cabo de Gata. Eso sí, no hacen ascos a los millones de productos agrícolas que se producen en el horroroso e impactante mar de plástico cercano instalado en miles de hectáreas en torno a la población de El Egido (Almería), considerado como la reserva agrícola de Europa.
     Tampoco permiten sus conciencias que se prospecte petróleo frente a las costas canarias, aunque para poder ir allí, y llevarles alimentos a los canarios y a sus diez millones de turistas anuales haya que hacer innumerables viajes en barco y avión con productos alimenticios y de todo tipo. O que se extraigan  minerales de magnesio en minas cercanas a Borobia, Villalengua y Calatayud, en Zaragoza, (esto ni sale en prensa)  argumentando que se producirá un gran impacto contaminante, sin saber, al parecer, que el magnesio  es necesario para fabricar y producir muchas de las cosas que ellos consideran imprescindibles en sus vidas. Pero es igual, ¡queda tan bien hacer una protesta en toda regla, salir en los medios, aparentar estar muy preocupados por el medio ambiente, y decir a la gente lo que hay que hacer y cómo deben vivir en consonancia con la madre naturaleza, que no lo pueden evitar! Aunque luego, vayan en coches contaminantes a todos los lados, usen todos los productos que se ofrecen en el mercado, y estén provistos como todo el mundo de los avances tecnológicos en comunicaciones más punteros. ¡Viva el postureo!

Mar de plástico ( El Egido, Almería)
¿Será esto impacto visual y alteración de un ecosistema?
     Pero lo peor de todo es contemplar el cinismo al que pueden llegar estas buenas gentes. Un buen ejemplo lo podemos ver con lo que estos días  está ocurriendo (y que casi nadie se está enterando) con la puesta en marcha, de nuevo, de las minas de Aznalcóllar, en Sevilla. Esas que produjeron uno de los desastres ecológicos más importantes y contaminantes de las últimas décadas. En esas minas se extraen minerales de cobre, plomo, zinc,  además de plata y oro, entre otros,  algunos de los cuales  pueden resultar altamente nocivos para el ambiente y la salud humana, y ahora, el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía ha aprobado a finales del mes de diciembre el decreto ley por el que la comunidad autónoma se reserva los derechos del complejo minero de Aznalcóllar, lo que permitirá a la administración autonómica impulsar la reapertura de esta explotación a través de un concurso en régimen de concurrencia competitiva para elegir el proyecto "que mejor cumpla las exigencias de seguridad y de viabilidad técnica, económica y medioambiental".

     Pues bien, lo único que se ha oído es que la Junta andaluza  se vanagloria de poder crear así casi 500 puestos de trabajo. ¿Alguna protesta?  ¿Dónde están Greenpeace, WWF, o Ecologistas en Acción? ¿No se han enterado que se van a abrir otra vez las minas? Sus tímidas reacciones de hace unos meses cuando se “licitó” y se comentó la posibilidad de reapertura de la mina fueron de risa. Y ahora que ya está decidido… ¿han visto u oído algo en contra, una manifestación o acto reivindicativo?  Con el asunto del petróleo de Canarias estaban día sí, día también, en los medios. ¿Qué pasa ahora? Cualquier malpensado diría que ha debido haber  algún “sobrecito” de por medio para que se callen.  Este asunto es muy serio y muchos agradeceríamos que los tradicionales grupos conservacionistas se manifestaran con contundencia (a lo “canario”) exigiendo garantías de una  escrupulosa actuación medioambiental. No sabemos el porqué no lo hacen. Y como no lo hacen, la gente no se indigna, aunque haya en juego muchas vidas humanas. Solo se maravilla de la cantidad de puestos de trabajo que se generarán. Y el riesgo es enorme, insisto. A falta de exigencias y protestas, solo nos queda esperar a que las preceptivas evaluaciones de impacto ambiental (EIA) sean rigurosas, exigentes y honestas, y permitan confiar en lo que se haga. Ya veremos...

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