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Minas de Aznalcóllar (Sevilla). |
Todo el mundo quiere buenos materiales para sus
instrumentos y utensilios, ya sean de cocina, de informática, o para construir sus casas.
Nadie se pregunta de dónde salen ni qué cantidad de contaminación ha causado su
extracción. Son los “riesgos del progreso” suelen decir muchos. Y de esos
muchos, la mayoría son verdaderos defensores de la naturaleza que no dudan ni
un segundo en solidarizarse y comprender las escaramuzas mediáticas de los
famosos grupos conservacionistas como Ecologistas en Acción o Greenpeace.
Suelen ser tan sensibles con el medio ambiente (como debe ser…) que no pueden tolerar
que en las costas de Almería se construya un horrendo y gran edificio para un
hotel en las inmediaciones del parque
Natural del Cabo de Gata. Eso sí, no hacen ascos a los millones de productos
agrícolas que se producen en el horroroso e impactante mar
de plástico cercano instalado en miles de hectáreas en torno a la población de
El Egido (Almería), considerado como la reserva agrícola de Europa.
Tampoco permiten sus conciencias que se prospecte petróleo
frente a las costas canarias, aunque para poder ir allí, y llevarles alimentos a los
canarios y a sus diez millones de turistas anuales haya que hacer innumerables
viajes en barco y avión con productos alimenticios y de todo tipo. O que se
extraigan minerales de magnesio en minas
cercanas a Borobia, Villalengua y Calatayud, en Zaragoza, (esto ni sale en
prensa) argumentando que se producirá un
gran impacto contaminante, sin saber, al parecer, que el magnesio es necesario para fabricar y producir muchas
de las cosas que ellos consideran imprescindibles en sus vidas. Pero es igual, ¡queda tan
bien hacer una protesta en toda regla, salir en los medios, aparentar estar muy
preocupados por el medio ambiente, y decir a la gente lo que hay que hacer y
cómo deben vivir en consonancia con la madre naturaleza, que no lo pueden
evitar! Aunque luego, vayan en coches contaminantes a todos los lados, usen
todos los productos que se ofrecen en el mercado, y estén provistos como todo
el mundo de los avances tecnológicos en comunicaciones más punteros. ¡Viva el
postureo!
Pero lo peor de todo es contemplar el cinismo al que pueden llegar
estas buenas gentes. Un buen ejemplo lo podemos ver con lo que estos días está ocurriendo (y que casi nadie se está
enterando) con la puesta en marcha, de nuevo, de las minas de Aznalcóllar, en
Sevilla. Esas que produjeron uno de los desastres ecológicos más importantes y contaminantes de las últimas
décadas. En esas minas se extraen minerales de cobre, plomo, zinc, además de plata y oro, entre otros, algunos de los cuales pueden resultar altamente nocivos para el
ambiente y la salud humana, y ahora, el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía ha aprobado a
finales del mes de diciembre el decreto ley por el que la comunidad autónoma se
reserva los derechos del complejo minero de Aznalcóllar, lo que permitirá a la
administración autonómica impulsar
la reapertura de esta explotación a través de un concurso en
régimen de concurrencia competitiva para elegir el proyecto "que mejor
cumpla las exigencias de seguridad y de viabilidad técnica, económica y
medioambiental".
Pues bien, lo único que se ha oído es que la Junta andaluza se vanagloria de poder crear así casi 500 puestos de trabajo. ¿Alguna protesta? ¿Dónde están Greenpeace, WWF, o Ecologistas en Acción? ¿No se han enterado que se van a abrir otra vez las minas? Sus tímidas reacciones de hace unos meses cuando se “licitó” y se comentó la posibilidad de reapertura de la mina fueron de risa. Y ahora que ya está decidido… ¿han visto u oído algo en contra, una manifestación o acto reivindicativo? Con el asunto del petróleo de Canarias estaban día sí, día también, en los medios. ¿Qué pasa ahora? Cualquier malpensado diría que ha debido haber algún “sobrecito” de por medio para que se callen. Este asunto es muy serio y muchos agradeceríamos que los tradicionales grupos conservacionistas se manifestaran con contundencia (a lo “canario”) exigiendo garantías de una escrupulosa actuación medioambiental. No sabemos el porqué no lo hacen. Y como no lo hacen, la gente no se indigna, aunque haya en juego muchas vidas humanas. Solo se maravilla de la cantidad de puestos de trabajo que se generarán. Y el riesgo es enorme, insisto. A falta de exigencias y protestas, solo nos queda esperar a que las preceptivas evaluaciones de impacto ambiental (EIA) sean rigurosas, exigentes y honestas, y permitan confiar en lo que se haga. Ya veremos...
Pues bien, lo único que se ha oído es que la Junta andaluza se vanagloria de poder crear así casi 500 puestos de trabajo. ¿Alguna protesta? ¿Dónde están Greenpeace, WWF, o Ecologistas en Acción? ¿No se han enterado que se van a abrir otra vez las minas? Sus tímidas reacciones de hace unos meses cuando se “licitó” y se comentó la posibilidad de reapertura de la mina fueron de risa. Y ahora que ya está decidido… ¿han visto u oído algo en contra, una manifestación o acto reivindicativo? Con el asunto del petróleo de Canarias estaban día sí, día también, en los medios. ¿Qué pasa ahora? Cualquier malpensado diría que ha debido haber algún “sobrecito” de por medio para que se callen. Este asunto es muy serio y muchos agradeceríamos que los tradicionales grupos conservacionistas se manifestaran con contundencia (a lo “canario”) exigiendo garantías de una escrupulosa actuación medioambiental. No sabemos el porqué no lo hacen. Y como no lo hacen, la gente no se indigna, aunque haya en juego muchas vidas humanas. Solo se maravilla de la cantidad de puestos de trabajo que se generarán. Y el riesgo es enorme, insisto. A falta de exigencias y protestas, solo nos queda esperar a que las preceptivas evaluaciones de impacto ambiental (EIA) sean rigurosas, exigentes y honestas, y permitan confiar en lo que se haga. Ya veremos...
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