¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

miércoles, 24 de julio de 2013

Azores: impacto ecológico y uso social del entorno.


     Los “parques naturales” de la isla de San Miguel, en las Azores, son una de las maravillas que se pueden contemplar en este mundo. Sin la más mínima actuación humana, y con un nivel de conservación espectacular, su visita es algo que relaja, hace meditar, y permite descansar al espíritu. Es encomiable el nivel de preocupación de sus habitantes  porque esa naturaleza siga siendo así: naturaleza y belleza en el sentido más exacto de esos términos.

Paisaje costero en isla de San Miguel,  en Las Azores.
Colada de lava sólida junto al mar.  San Miguel, Azores.

     Además de las zonas más “turísticas”, así entre comillas pues uno de los puntos más transitados y atiborrados de gente, como es el mirador de los lagos de Sete Cidades, no llegaba a tener más de 30 coches en hora punta aparcados, el resto de la isla es como pasear por un parque bien cuidado en España o por los decorados de la película Parque Jurásico: resulta increíble.

Mirador de la caldera volcánica de Los Lagos, en Sete Cidades. Las Azores.


Acantilado al norte de San Miguel, Las Azores.


     La zona costera, donde se ubican los pueblos y pequeñas ciudades de la isla no es la típica zona de playa europea. Ni chiringuitos, ni torres de apartamentos, no muchos hoteles…, en fin, una especie de oasis  natural para que la gente viva sin preocupaciones ni prisas. Y es allí donde precisamente nos encontramos con instalaciones deportivas y lúdicas hechas por y para los habitantes de las islas que serían objeto, seguro, de feroces críticas ecologistas en cualquiera de nuestras latitudes. La línea de costa de allí, con sus roquedales y entrantes propios de una costa modelada en rocas volcánicas, ha sido utilizada y acondicionada puntualmente con variadas instalaciones para el uso y disfrute de la población. Para eso han tenido que “invadir” y modificar las rocas y formas de la costa, dándoles un acceso confortable para su uso. La instalación de “piscinas naturales” entre los entrantes rocosos han modificado sustancialmente la esencia del relieve, destruyendo en algunos casos el paisaje original de la línea de costa. No quiero imaginarme el arrebato de algunos puntillosos socios de Greenpeace o Ecologistas en Acción al contemplar semejante destrozo natural. ¡Qué falta de sensibilidad ecológica! Seguro que no tendrían en cuenta el natural derecho de socializar los escasos recursos naturales utilizables de la isla ejerciendo, eso sí, una mínima incidencia destructiva en el agreste relieve. 


Vistas de las instalaciones lúdicas (piscinas naturales) realizadas sobre la línea de costa.
Edificio de las piscinas y balneario "forrado" con bloques
 de basalto que disimulan su impacto en el entorno.

     Esto no debe tomarse como una crítica exagerada o interesada a la acción constante que los grupos conservacionistas llevan a cabo ante cualquier agresión a nuestro entorno cercano, muchas veces necesaria. Allí, en Azores, los escasos lugares habitables de la isla se han usado con un fin desarrollista, eso sin duda, pero sin olvidar el adecuado trato al entorno natural, por lo que se ve claramente un ejemplo del buscado desarrollo sostenible en el tipo de actuaciones que se han llevado a cabo. Y si no, que cada uno juzgue y compare teniendo en cuenta criterios ecológicos, económicos y sobre todo, humanos y sociales.