¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

domingo, 8 de noviembre de 2015

Alumnado agradecido.



     Cuando se tiene la suerte de conectar de manera habitual con el alumnado (de secundaria y bachillerato)  es difícil saber reaccionar cuando el ambiente de una clase se rompe por motivos puntuales de convivencia. Aunque los alumnos están acostumbrados a ser considerados a  veces como meros números delante de un busto parlante que “transmite” datos sin parar, cuando en  una clase se es más humano, y la gente se siente comprendida y a gusto con el profesorado, la transmisión de conocimientos fluye sin trabas, consiguiendo que esa comunicación sea el inicio del proceso básico del  aprendizaje verdadero de cualquier materia. La mayoría de los alumnos suelen diferenciar claramente cuándo se les dispensa un trato correcto (humano,  comprensivo, e incluso cariñoso), de cuando no lo es.
     Muchos pensarán que hay tantos tipos de alumnos como alumnos mismos. Pero no es así. Después de muchos años en la práctica docente se acaba simplificando la clasificación del alumnado (no en términos académicos),  en gente agradecida y no agradecida. Así de simple. Puede parecer extraño, pero el tiempo me da la razón. Después de un conflicto con alguien en el aula por razones tan variopintas como una distorsión voluntaria y constante de la clase, o pretender llamar la atención con poses de desplante, desprecio, o desatención hacia las explicaciones, casi siempre se suele producir una recomposición de la situación, no cediendo, sino configurando una escena en la que sea propicia la aproximación de las personas “encontradas” por el desajuste citado. Y casi siempre se consigue que todo siga por el buen camino sin necesidad de aplicar los fríos reglamentos de disciplina y convivencia de obligada existencia en los centros educativos.
 
 

     Pero encontramos también a gente contumaz y soberbia (no mucha) que cree tener derecho a todo lo que se le antoja por el hecho de estar bajo el cobijo de una sociedad protectora como la nuestra. Se tiene la costumbre de ejercer medidas solidarias, con personas que manifiestan necesidades,  casi como una obligación. Desde que se le  subvencione el dinero que cuesta una actividad extraescolar por motivos económicos (aunque luego los mismos alumnos vayan provistos de unos teléfonos móviles espectaculares), hasta que se les cambie de fecha un examen por no haber “podido” estudiar ellos los días previos al mismo por cuestiones “personales”. Todo son derechos adquiridos. Y nosotros, los docentes, que estamos ya acostumbrados a actuar de forma inmediata ante sus solicitudes o “necesidades”, rara vez sentimos una mirada o palabra amable de agradecimiento. Otros, incluso después de haber conseguido con ciertos profesores un trato que casi roza la amistad personal durante su estancia en el centro educativo, desaparecen para siempre después de vivir una intensa e interesante etapa de su vida  pero a la que ya no les merece la pena volver ni siquiera mentalmente, y ni mucho menos para saludar a quienes, como a todos, nos desasnaron alguna vez. Es así.  Y lo que es peor, ellos creen que debe ser así.
     El desagradecimiento que esta gente ejerce (por suerte muy poca) hacia los que hicieron lo posible para que fueran miembros culturalmente formados  de una sociedad más desarrollada y moderna es algo que tarde o temprano pasa factura. La vida enseña que el olvido de tus orígenes y de tu pasado (incluido el académico) solo enturbia la planificación y visión clara de un proyecto de vida futuro.
     Un trato humano y comprensivo con el alumnado es bueno, deseable y necesario para una mejor educación, en un sentido global del término. Pero quizás esa “educación” debiera también enseñar que  ejercer una actitud de reciprocidad y agradecimiento en cuanto al buen trato educativo recibido en esa importante etapa formativa de su vida  es la mejor tarjeta de presentación de una persona.  De bien nacidos es ser agradecidos.
 

10 comentarios:

  1. Hola Enrique,
    es no sólo digno de agradecer tu comportamiento con los alumnos sino digno de admirar. Enseñando cosas útiles más allá de temarios y sabiendo comprender cualquier situación y lo que es mejor, ayudando a solventar los problemas que ocurren en cada una de ellas. Y quizás una buena parte de tu comportamiento se rige a lo que se espera de un buen profesor, pero un resto de actos no son propios de un maestro sino de una persona que como yahe dicho es digna de admirar.
    Como no, otra entrada más de la que aprendo muchas cosas.

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    1. Gracias Jorge por tu pronta participación. Y por lo que dices. Normalmente la profesionalidad lleva implícita una parte de humanidad en el trato con los demás que se acrecienta cuando la calidad humana de los receptores es excepcional, como fue con vosotros. Por desgracia hay gente que deja mucho que desear y el lidiar con ellos se hace difícil. Un abrazo y seguimos en contacto!!

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  2. Un aviso. Por favor, firmad vuestros comentarios para que pueda considerar su publicación en el blog. Ninguno que venga bajo la denominación de "Anónimo" se tendrá en cuenta. Gracias!!

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  3. Pues yo agradecida estoy de haberme encontrado con profesores como el que escribe en este blog. Viven con pasión su sabiduría y así nos han hecho partícipes. Sin comentar su calidad humana.

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    1. Gracias Marta!! Uno se siente orgulloso de haber dado clase a gente como tú.

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  4. No tengo por costumbre publicar en el blog comentarios que vienen firmados como “Anónimo”. Pero para que veáis que también recibo alguno que no es agradable y positivo os voy a transcribir el siguiente que recibí ayer. Si “Anónimo” tuviera la amabilidad y valentía de darse a conocer podría hablar con él/ella y tratar de sacarle la espinita que lleva dentro. Las difamaciones e imprecisiones que emite en el mismo pueden ser, a mi juicio, el fruto de una obsesión mal digerida. Y lo siento mucho, me gustaría ayudarle, la verdad. Y si a alguno de los que me conocéis como profesor vuestro os sugiere un comentario de respuesta, que no dude en mandarlo. Ahí va…:

    “Como antiguo alumno tuyo, me gustaría comentar el trato que ofreces tú al alumnado. Me gustaría hablar del trato que reciben chicas y chicos de tu parte, que lamentablemente no es igual. Las mujeres en tu clase siempre han sido meras espectadoras, reflejándose no sólo en el trato sino en las calificaciones. Por otro lado, tu suficiencia a la hora de dar clase provoca en el alumnado cierto "temor", no sólo al contestar una pregunta o hablar en alto, sino también al exponerte alguna cuestion de otra índole que no sea educativa. No dudo en que seas un profesor que se interesa por sus alumnos, y que da la cara por ellos cuando se presenta algún conflicto. Lamentablemente para tí, llevas muchos años en el Ramón y Cajal y todos te conocen/conocemos bien. Quejarse de que no hay reciprocidad cuando eres el primero que no da a todos por igual lo que se merecen, me parece una falta de juicio por tu parte. Que seas un buen profesor no te lo niega nadie, pero no eres el más indicado para hablar del trato en las aulas”.

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  5. Leer ese comentario anónimo me ha dejado algo atónito. Tengo la suerte de haber sido alumno tuyo hasta hace nada y comparto profundamente las opiniones tanto de Jorge Nogueras como de Marta Priego y por lo tanto tal escrito se contradice con todas las experiencias que he podido vivir dentro de tu clase (que aunque sean clases de una hora dan para mucho). Me gustaría destacar una ocasión en particular que a mi parecer se contradice totalmente con la opinión de "anónimo"; hace dos años se dio el caso de que en tu clase una chica, una supuesta "mera espectadora", comenzó a llevar pañuelo y tu reacción fue dar una lección humana y de información dedicando clases a debatir sobre una cuestión que no entraba dentro de la "índole educativa" que respecta a la asignatura que impartías si no a una implicación directa con la alumna que había tomado la decisión de adaptarse a su religión.

    Por ello he elegido esta anécdota que me parece que contrasta directamente con el anterior comentario dándose el hecho de que hace referencia a un momento en el que claramente te implicaste con una alumna, y además abriste un debate en el que participaron tanto alumnos como alumnas en voz alta sin temor de expresar pensamientos o ideas que nada tenían que ver con el temario.

    Por último me gustaría que si el/la persona que ha escrito esa redacción lee esto pueda ver que lo del "temor" puede depender más directamente con su forma de ser y de interés y demás sobre la clase o asignatura y no directamente de Enrique en concreto. Por lo que respecta a la forma de distinguir entre chicos y chicas que se ha comentado, que me corrijan más alumn@s/ex-alumn@s pero por lo que respecta a las clases en las que he estado presente, para nada advertí tal comportamiento por parte de mi profesor de Ciencias de la Tierra y Medio Ambiente y Geología, y si Marta Priego se sintió participe, como el resto, de su pasión y sabiduría por enseñar, igual el problema fue algo individual y no colectivo como se ha intentado reflejar.

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    1. Hola Pablo. Te doy las gracias por ese comentario que has escrito en defensa de mi persona y de mi estilo de dar clase. De todas formas tampoco hay que incidir demasiado en las consecuencias sociales y las distorsiones de vida que suelen producirse a causa de las posibles carencias afectivas de la gente. Si llegamos algún día a saber quién es "anónimo" seguro que podemos hacer algo por que se sienta mejor. No es justo vivir con un lastre emocional y académico basado en una percepción falsa de la realidad. Hay que ser comprensivos. Gracias de nuevo!!

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  6. Hola! La verdad me he quedado perpleja al leer los comentarios. Por lo que a Mi me corresponde, jamás me sentí "mera espectadora" de hecho sino recuerdo mal (hace unos 20 años de aquello), fui la única mujer que se matriculó en la asignatura de Enrique Gil. COU. Si en algún momento me hubiera sentido mal, atemorizada no hubiera ido a sus clases. Es más, soy Madre y ojalá hubiera muchos Enriques Gil en la vida académica de mi hijo. De todas formas,.es una pena que está persona "anónima " se quede con ese concepto. También me dedico a la docencia y me gustaría que mis alumnos me manifestarán su mal estar, para poder solventarlo.

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    1. Muchas gracias Marta, de nuevo.Seguro que detrás de ese comentario hay problemas personales. Miremos hacia adelante y en positivo. Seguro que tus hijos encuentran gente preocupada por formar y servir a la gente. Un beso!!

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