¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Muerte súbita de las Ciencias de la Tierra y Medio Ambiente.


    
      Es ya casi definitivo. Y digo el casi por que con las “autoridades” de Educación no se sabe nada hasta el último momento. La disciplina impartida desde hace décadas en segundo de bachillerato,  Ciencias de la Tierra y del Medio Ambiente (CTMA), ha pasado bajo la nueva ley educativa a ser una optativa o específica más de la amplia colección que se oferta al alumnado para completar su formación. Y resulta penoso.
     Los que hemos estado involucrados de muchas maneras en que esta asignatura tan fundamental  siguiera impartiéndose, y ganando peso académico, no damos crédito a semejante desaguisado. En Aragón, durante años se diseñaron y trabajaron multitud de preguntas orientativas para el alumnado en una comisión de trabajo eficazmente dirigida por la coordinadora de la materia de la Universidad de Zaragoza. Ese trabajo allanó el camino a muchos docentes de la asignatura y permitió a muchos alumnos mejorar su rendimiento académico en esta materia. Durante esos  momentos se llegó a pensar, incluso, que una asignatura tan importante como esta, en la que se aprende a comprender mejor muchas cuestiones relacionadas con el medio ambiente y los sustentos científicos que se requieren para tener una idea cabal de la conservación de la naturaleza, iba a ser “ascendida” de rango entre las demás asignaturas, pudiendo llegar a situarse, codo con codo, entre las de ciencias tradicionales. ¡Qué ilusos!
      Llegamos a escandalizarnos cuando comenzó la ley a andar y se comprobó que CTMA quedaba relegada a asignatura optativa. Ahora deciden que  ni siquiera podrá ser examinada en la selectividad, reválida, o como quiera que llamen a la prueba final de bachillerato. Con esta decisión, que esperamos sea temporal, estamos condenados en esta sociedad a formar una juventud cuya única referencia en relación con la ecología y el medio ambiente sea la muchas veces  deficiente, tergiversada, maniquea, y poco veraz información ofrecida por los medios informativos, siempre  a través de,  en colaboración, o de la mano de los grupos conservacionistas tradicionales. ¿Dónde están los integrantes activistas de estos grupos ahora para defender que la gente sepa, con criterio científico, qué es la ecología y cómo debe protegerse el medio ambiente, en vez de sacar a la calle a gente indocumentada con su chapita en la solapa?
     No es nuevo el sentimiento de soledad y desamparo social, además de incomprensión, que el colectivo de docentes, tanto de la universidad como de  bachillerato y ESO, siente cuando se  le somete  a estos drásticos e incomprensibles cambios, ya que están acostumbrados a que se tenga muy poco en cuenta su opinión. Pero el gran problema que se genera con esto es que..., ¡lo pagaremos todos!
 



 

viernes, 4 de noviembre de 2016

Otra forma de tener “excelencia educativa”.


     La excelencia educativa, ese término tan sonoro y contundente, es una de las metas que la nueva ley de educación se ha propuesto conseguir. Nadie sabe  ni cuándo ni en dónde. Sobre todo si se tiene que lidiar a diario con clases de 35 alumnos o más. Si hay que atender  en esas aulas  a más de un inmigrante que no habla ni una sola palabra de nuestro idioma, y además se han anulado los apoyos de inmersión lingüística que había antes. O si el gran recorte presupuestario ha llevado a un impresionante déficit en personal que hace que los centros educativos se hayan convertido en un simple tren con los vagones llenos.

     La Programación General Anual  (PGA) de los centros, además de una descripción de datos técnicos, representa un auténtico llanto de los claustros de profesores ante la imposibilidad de enfrentarse a tanto reto casi imposible. No hay consuelo alguno. Ni siquiera alivia el constante aguijoneo de los departamentos de orientación de los centros a través del cual se insta al profesorado a realizar absurdos y rebuscados informes psicopedagógicos del alumnado inmigrante recién aterrizado. En ellos hay que evaluar el “nivel” académico, y sus desfases, incluso de alumnos que no hablan ni entienden español y que, por tanto, no hay manera de comunicarse con ellos. Pero, “hacen falta papeles para poder hacer algo”, argumentan los pobres orientadores, más desorientados que otra cosa.


     Se implanta e impone la LOMCE. Se nos aplica sumisamente desde las autonomías gobernadas ahora por los que tanto protestaron antes (y con razón)  vestidos de verde, y nadie dice nada de nada ahora. Ya no hay "escraches" delante del domicilio del consejero/a de educación; no hay tampoco concentraciones en las puertas de los centros; todo lo "legal", se asume y aplica sin rechistar. ¿Habrá vuelto a gobernar otra casta? 

     Pero nos da lo mismo, pues sabemos que podemos con todo lo que nos echen, como hemos hecho siempre. El ser docente en esta difícil situación, en algunos centros teniendo que gestionar las necesidades educativas de un alumnado perteneciente incluso a 30 nacionalidades, es todo un reto para nosotros, y supone un alto porcentaje de fina profesionalidad, incluso de heroicidad. Que no le quepa ninguna duda a nadie, estamos a un paso de ser “excelentes”.