¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

domingo, 13 de marzo de 2016

Consideración de la Geología en el bachillerato.


     La asignatura de Geología que se imparte en el bachillerato fue materia examinable en las pruebas de acceso a la universidad hasta que  hace ya unos cuantos años  se eliminase de las mismas. Pasó a ser considerada desde hace más de una década como “optativa”, y por tanto, de menor rango que las de ciencias tradicionales como la Química, Física, Matemáticas o Biología. En estos momentos, y tras muchas vicisitudes y esfuerzos de muchos colectivos geológicos, se ha conseguido que las ciencias geológicas estén en igualdad de oportunidades de elección que el resto por los alumnos de bachillerato. Y veremos cómo queda en las nuevas pruebas de selectividad previstas.
     Pero la batalla no está ganada del todo. En cuanto a discriminación, no solo hay que luchar con los estamentos políticos encargados de hacer, rehacer, remodelar, o politizar, los currículos académicos que se imparten en la educación secundaria obligatoria y en el bachillerato, sino que hay que dar la talla para conseguir una adecuada  aceptación y una consideración de la geología como ciencia de primer orden por parte de muchos compañeros, sobre todo, de otros departamentos científicos de los centros educativos. No se trata aquí de  exponer un lamento victimista en relación con la situación que actualmente se vive la geología en muchos centros, pero sí  puede hacer un breve análisis de lo mucho que queda por hacer al respecto.


     Quien tenga un mínimo de relación con profesores universitarios del ámbito de las ciencias antes citadas se habrá percatado de la consideración que sobre la geología tienen algunos, por no decir muchos o casi todos. La geología es considerada por ellos como la hermana pequeña de las ciencias, la “maría” de todas ellas, por, argumentan, su simplicidad y casi infantil relato en todos sus campos o especialidades. No da la talla, dicen, como una ciencia “de verdad”. Por supuesto, los geólogos estamos para ellos muy por encima (son muy considerados…) de los profesionales de carreras universitarias consideradas de “letras”, como geógrafos, historiadores, filósofos, maestros, traductores, etc. En su opinión, estas gentes están en el tercermundismo académico respecto a los conocimientos que un universitario de altura debe tener.  Esto puede comprobarse fácilmente en algunas sutiles respuestas en entrevistas a científicos, en  reportajes escritos, o en famosas  series televisivas (Big Bang Theory, por ejemplo). En cada reunión anual  de coordinación de la asignatura “Ciencias de la Tierra y mediambientales”, que se realizan en la  facultad de geológicas, se suele hacer referencia a este tipo de encasillamiento académico y discriminación que sufre la geología, tomándolo en general con resignación y sin ver una posible solución inmediata, aunque entre abundantes  risas y con buen humor.


     Pero no solo es en la universidad donde se tiene así de bien considerados a los geólogos. En muchos departamentos docentes de ciencias de los centros de secundaria también hay ciertas reticencias respecto al “nivel” científico que se tiene siendo geólogo. Y no solamente viene este tipo de desprecio por parte de físicos, químicos y matemáticos, sino que en ocasiones (no siempre ni todos, por supuesto) son los propios compañeros del departamento de Ciencias Naturales, los biólogos o veterinarios, los que más demuestran su falta de consideración profesional hacia los geólogos. Seguramente muchos de los geólogos profesores de secundaria que lean esto habrán pasado por alguna experiencia penosa que habrán tenido que sortear con cierto ingenio y humor geológico,  ante las miradas por encima del hombro sufridas por sus sesudos colegas.
     No soy psicólogo. Pero a lo largo de los muchos años de experiencia docente se avivan una serie de percepciones con la gente, no solo con el alumnado, que te permite saber con quiénes te estás jugando los cuartos, en cuanto a desarrollo profesional se refiere. Y no se suele fallar en  el diagnóstico cuando se analiza con detalle el comportamiento de alguno de estos individuos que se creen algo especial por el hecho de ser de otra especialidad científica que no sea la geología. Suele ser habitual que esta gente padezca cierto nivel (normalmente muy alto) de complejo de inferioridad. Cuando se sufre este complejo puede surgir (no siempre) un impulso juzgador, autocomplaciente, agresivo y devaluador de todo el que te rodea, sea quien sea, que les hace sentir mejor, que no bien, y les hace su vida laboral un poco más llevadera en sus centros de trabajo, al menos momentáneamente. Lo que no tienen en cuenta, los pobres, es que se les conoce. Que casi siempre son observados por los demás como alguien que sufre, que padece su propia personalidad, y que dan pena más que otra cosa. Por eso pierden poco a poco  la energía académica necesaria para el día a día en un centro de secundaria (que es mucha), terminando casi siempre en una especie de amargura personal muy difícil de superar sin ayuda.


     Por suerte, desde que en los centros docentes de secundaria se han ido incorporando abundantes geólogos en los departamentos de Ciencias Naturales, la percepción que consigue el alumnado de la naturaleza se ha completado  por fortuna  de manera drástica, en cuanto a la comprensión de fenómenos relacionados con la dinámica terrestre,  la obtención de recursos materiales, y la generación de una conciencia medioambiental basada en conocimientos también geológicos. Y eso es debido, en esencia,  a la tendencia  docente a desarrollar con amplitud, en los currículos de los diferentes cursos académicos,  los bloques temáticos relacionados con la geología, los cuales fueron impartidos en muchos casos y durante muchos años como si se tratara de una pincelada sin importancia.
 

 
 
 

lunes, 7 de marzo de 2016

¿Las prácticas del máster de educación en centros privados?



     El alumnado que cursa el máster  para ser profesores de Educación Secundaria  del presente curso académico se incorporará a los centros educativos para realizar allí  su período de prácticas (Practicum II y III) a partir del 14 de marzo.  Durante casi mes y medio, aunque este periodo incluye las vacaciones de Semana Santa,  se dedicarán a intentar poner en práctica lo “aprendido”  durante los meses precedentes en la facultad y tomarán contacto directo con los  alumnos y sus entornos.
     No todos los centros y tutores de los centros colaboradores se involucran por igual, aunque está establecido que en total deben impartir al menos 6 clases con los grupos de alumnos que el tutor del centro les asigne, así como participar lo  más activamente posible en la vida del centro educativo: reuniones de departamento, preparación de prácticas, evaluaciones, excursiones, etc. Esta preparación debe ser fundamental en su formación como profesores, de tal forma que puedan conseguir así su acreditación para poder presentarse a las oposiciones de la especialidad  académica a la que pertenecen de origen.
     Hasta aquí, todo es normal y comprensible. Lo que cuesta un poco más  asumir es la extraña posibilidad que se les ofrece a los alumnos del máster a la hora de elegir centro educativo en el que realizar sus prácticas docentes. Resulta paradójico que para poder optar a ser funcionarios de educación a través de una oposición, por tanto para poder trabajar en un centro público docente, se les oferte también la posibilidad de realizar las fases prácticas de su máster en centros educativos privados. Y además tutorizados, lógicamente, por los profesores de esos centros, los cuales no son funcionarios docentes, y consiguieron su puesto laboral,  a juzgar por los muchos casos que se conocen, sin competir ni demostrar conocimientos y destrezas docentes, pero utilizando tan valorables e importantes puntos de su currículo como ser conocidos, familiares, exalumnos, o “enchufados” de los responsables empresarios de la educación privada de turno, sean seglares o no.



     Desde que se estipuló la necesidad de cursar ese máster de educación para poder presentarse a las oposiciones de secundaria, el departamento de Ciencias Naturales de nuestro instituto Ramón y Cajal de Zaragoza ha participado en la preparación práctica de los alumnos matriculados en el mismo. Y desde el comienzo los alumnos adjudicados al centro han comentado el desasosiego que muchos de sus compañeros sufrían a la hora de esperar la asignación de centros de prácticas. Este malestar se debía a que muchos de ellos, la mayoría, preferían realizar las mismas en centros privados con la esperanza de ser contratados después en ellos para trabajar como profesores. Curiosamente son pocos  los que parecen tener decidido con antelación realizar en  centros públicos sus fases de prácticas docentes. E independientemente de lo  poco o muy significativa que pueda parecer esta circunstancia, también se ha constatado, año a año, la escasa atención y desinterés con el que a algunos de ellos, según  han manifestado en conversaciones privadas, se les trató en esos centros privados,  tan preocupados por el marketing  y la propaganda de cara a la galería, relegando a un segundo plano el objetivo fundamental de la formación en prácticas de un docente moderno, comprometido,  y con acceso fácil a recursos didácticos. Aunque parece que estos atributos no son muy valorados por todos a la hora de “formarse” en educación,  no cabe duda que deberían instruirse preferentemente en un ambiente educativo sin ningún tipo de atadura ideológica, sobre todo cuando realizan su periodo de formación a través de un máster organizado e impartido desde  una institución universitaria pública estatal.