¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Zaragoza, Aragón, España.

lunes, 2 de mayo de 2016

El declive de las Ciencias de la Tierra y del Medio Ambiente.



     Los que nos dedicamos a la enseñanza  de las Ciencias de la Tierra y medioambientales en el bachillerato esperábamos más del  ente autonómico aragonés al tratar de adaptar la nueva ley educativa a la realidad educativa de la comunidad. Esa asignatura de corte medioambiental ha sido en muchos centros  el único bastión docente del bachillerato relacionado con la Ecología, e incluso la Geología. Hace años se relegó a esta última como asignatura optativa (aun existiendo la carrera universitaria de Geología desde hace 40 años en Zaragoza), y desde entonces  el número de alumnos matriculados en Geología de 2º de bachiller ha ido disminuyendo contundente y progresivamente  hasta quedar en números ridículos, por lo que muchos de esos alumnos adquirían los conocimientos geológicos básicos a través de las ciencias de la Tierra.
     Cuando se estaba en plena discusión de la actual ley hace pocos años se puso en pie de guerra toda la comunidad de docentes aragoneses  de  Geología con el fin de evitar la desaparición de  esa materia de la batería de asignaturas del bachillerato. Se consiguió que se valorase algo más en relación con su anterior situación  al considerar en igualdad de rango a la Geología con  otras materias científicas, como la Biología, la Química o la Física. Pero además, por las Ciencias de la Tierra y mediambientales, que es como todavía hoy se denomina, se han movilizado muchos por intentar que esa disciplina sea de un status superior  al que tiene ahora, aunque sin conseguirlo, pues se entiende que vertebra muchos de los conocimientos necesarios hoy en día para poder entender y afrontar la mayoría de los problemas, y dar alternativas a los mismos, desde un punto de vista medioambiental coherente, evitando al máximo los habituales atropellos y aplastamientos hiperdesarrollistas,  y los mediáticos y poco útiles (y a veces muy contraproducentes)  circos conservacionistas.
 
 
     Pues bien, no solo parece que no se ha conseguido una “mejora” en  la posición de las Ciencias de la Tierra y medioambientales en relación con otras materias consideradas como fundamentales en la formación de una persona, como la Lengua, la Historia o la Filosofía, sino que se ha retrocedido considerablemente. O eso se pretende. Si alguien no lo remedia, el borrador de los currículos de la ESO y Bachillerato elaborados en Aragón a partir de la ley estatal establece que se reducirán  de 4 a 3 horas semanales la carga docente de la asignatura  Ciencias de la Tierra y del Medio Ambiente para el próximo curso.

      De momento nos han dejado sin palabras. ¿Quién iba a esperar que un parlamento autonómico con una mayoría supuestamente progresista y conformada por correligionarios de los protagonistas de numerosos episodios de protesta callejera durante la elaboración de la nueva ley  de educación desprecie ahora el único cuerpo doctrinal preuniversitario en conocimientos medioambientales? Me da la impresión que ahora, una vez en la poltrona, pocos desempolvarán la camiseta verde para protestar por semejante despropósito educativo. Y lo más triste es que, en mi opinión, no es solo por ignorancia. Si de verdad se tuviera desarrollada mínimamente una conciencia medioambiental, no se utilizaría la bandera ecologista solo como puro postureo reivindicativo, la cual vuelve automáticamente al armario en cuanto deja de ser útil para conseguir otros objetivos. ¿Será que no interesa que la gente sepa y tenga opinión propia respecto a temas ambientales?

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