¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

domingo, 27 de diciembre de 2015

Navidades, mascotas, biodiversidad.



     Algunos  de los grandes enemigos actuales de la biodiversidad están relacionados con actividades humanas habituales, como la caza o la pesca abusiva, el denominado sobrepastoreo, o los cambios drásticos en el uso del suelo con fines agrícolas a nivel comercial, por ejemplo. Pero lo que mucha gente se resiste a admitir como un duro revés a la conservación de las especies de un ecosistema es el coleccionismo de animales y la importación de organismos, más o menos exóticos,  de otros lugares de la Tierra. No lo ven tan grave, aunque dicen con orgullo tener una fina conciencia ecológica.
Ratón de ordenador hecho con metacrilato
que engloba una mariposa natural.
     Durante las navidades se suelen importar y vender  miles de mascotas para hacer regalos, generalmente a niños, que terminan siendo en pocos días una molestia para los familiares y sus  entornos, por lo que  en muchos casos parece estar ya programada, desde la compra, su “desaparición”. Y resulta curioso que, aun siendo ésta una actividad muy perjudicial para el medio ambiente en general, no se vea ni oiga una contestación crítica o acción social contraria y contundente con esta actividad, ni tampoco proveniente de las asociaciones y oenegés  conservacionistas, las cuales sí que suelen significarse muy a menudo por otras cuestiones  relacionadas con la defensa del planeta. Pero parece que esto lo deben considerar un mal menor. O no lo suficientemente importante como para iniciar una campaña de acoso y derribo a los industriales que se dedican al “legal” negocio de la importación y venta al por mayor de miles de animales locales y exóticos. Excepto la justificable utilización de animales adiestrados para labores humanitarias, como búsqueda de desaparecidos en catástrofes o para invidentes, el porcentaje mayoritario de los animales, que  son traídos en pésimas condiciones desde sus lugares de origen,  se dedican a  fines mucho menos heroicos, como  el “uso” de los mismos como juguetes infantiles, o para  hacer compañía a adultos sin discapacidad aparente.
Preciosos elementos decorativos con mariposas naturales en su interior.
Iguana: uno de los animales favoritos para regalar en navidades.
     Hay quien dice que la convivencia con algún animal desarrolla una serie de capacidades y sentimientos en los niños y adolescentes que les harán ser tolerantes y respetuosos de adultos. Que se incentivan las actitudes afectivas y de cariño hacia toda la naturaleza y que, por tanto, compensa ambientalmente el poseer mascotas a determinadas edades. Y seguro que en algunos casos es cierto. Pero es para ponerlo seriamente en duda cuando se comprueba el alto nivel de abandonos a los pocos días o semanas de poseerlos, o se ven en prensa escabrosas escenas de animales  muertos por sus dueños al no serles ya útiles, como sucede en numerosos casos ocurridos con perros de caza.
     Seguramente una acción más contundente y mediática por parte de organizaciones ecologistas  para evitar estos serios daños a la biodiversidad sería de gran eficacia. Esa actividad de protesta, sorprendentemente, brilla por su ausencia y se echa mucho de menos un criterio razonado de oposición a estas prácticas  de quien dice defender la naturaleza.  Igual que una gran parte de la población se ha concienciado en los últimos años de la necesidad de reciclar, reutilizar y reducir su consumo de plásticos, papel y vidrios, también sería capaz de comprender el gran daño que hace a la biodiversidad  la captura masiva de ejemplares para el coleccionismo indiscriminado (fundamentalmente de insectos y moluscos)  y el “postureo cultureta” que supone regalar y tener seres vivos como compañeros en la vida, sin una  necesidad justificable. Especialmente en los núcleos urbanos, esos animales no pueden ser recluidos de por vida en un hábitat humano, poco natural y lejos de su entorno,  por muy “domesticados” que creamos que están desde hace siglos.
La gran preocupación que mediáticamente demuestran  las
 organizaciones conservacionistas  en temas que afectan a la ecología global
 debería ser igual en la defensa de los millones de seres vivos
 maltratados por una sociedad que aparenta estar
 muy concienciada medioambientalmente.

lunes, 21 de diciembre de 2015

La "pirámide" de Cañete (Cuenca).


Monte considerado como pirámide en las proximidades de Cañete.
    
      En busca de la noticia o reportaje esotérico los reporteros del programa de Iker Jiménez, Cuarto Milenio, visitaron recientemente Cañete, en la provincia de Cuenca, para comprobar la posibilidad de que hubiera allí cerca una posible pirámide olvidada. El dato inicial había salido en prensa regional castellano-manchega debido a las “excavaciones” y “hallazgos” que un vecino de esa localidad había hecho recientemente en una pequeña montaña situada en una zona del próximo valle.
 

Vista aérea de la montaña piramidal de Cañete.
    
     La elevación, de casi 60 metros de altura, puede verse  desde lo alto como una forma casi geométrica con un aspecto de pirámide, yo diría que tetragonal, y que no cuadrangular como son las típicas pirámides. Los escalones que se supone que tiene de arriba a abajo, y que solo son visibles  en la cima de la montaña, están realizados con bloques calizos cuya disposición entre ellos es debida, sin duda, a la acción antrópica. La disposición entre los bloques no es natural. Y no es de extrañar,  pues esa zona está nutrida de abundantes yacimientos celtíberos que situaban sus atalayas o sus puntos de vigilancia en lugares concretos elevados y aislados con el fin de visualizar bien el entorno, tal y como está acreditado en abundante bibliografía.
 

Bloques/sillares del peldaños superior del monte. Carniolas del Rethiense.
Bloques calcáreos con disposición artificial.
 
     Desde un punto de vista geológico los materiales que componen la ya famosa “pirámide” de Cañete son  yesos y arcillas margosas de la facies Keuper, materiales típicos de lo que se denomina el Triásico de tipo “germánico”, de la era Secundaria o Mesozoico, el cual aflora en numerosas zonas de la Cordillera Ibérica. Y corresponden a un amplio episodio temporal  situado, aproximadamente, entre los 230 y 210 millones de años. Estas rocas, sin ningún tipo de afloramiento de escalón alguno en la supuesta pirámide, ya sea de tipo natural o antrópico, quedan por debajo de unos niveles carbonatados correspondientes a las denominadas carniolas del Rethiense. Estas calizas son, sin duda, las que han sido usadas en el “diseño” de la plataforma o escalón cuadrangular, visible en parte, en la cima del montículo y que ha servido para animar la mediática consideración piramidal  del conjunto. Esos materiales calcáreos se depositaron desde los 210 hasta los 200 millones de años más o menos, entrando ya en el Jurásico basal, y sirviendo de facies que ocupa el tramo del límite estratigráfico entre los períodos mesozoicos del Triásico y Jurásico.
     No sabemos qué interés se tendrá en hacer de esta forma montañosa  de geología común, aunque parezca peculiar en su forma, algo que sea difícil de asumir e interpretar racionalmente. La geología es capaz de dar respuesta científica clara a la composición y edad de esta protuberancia montañosa. Esta vez el intento esotérico resulta difícil de asumir.
En el peldaño superior de la "pirámide".

viernes, 18 de diciembre de 2015

El Museo de Ciencias Naturales de la Universidad de Zaragoza.



Paraninfo de la Universidad de Zaragoza.
Sede del Museo de Ciencias Naturales.
     Por fin tenemos en Zaragoza un museo relacionado con la naturaleza. Inaugurado a comienzos de este mes de diciembre, la vieja idea del “Museo de la Vida” del catedrático de paleontología de la Universidad de Zaragoza, Eladio Liñán,  ve por fin la luz. Y me alegro por ello y por él. Durante décadas se ha intentado, sin éxito, crear ese museo, consiguiendo que  durante muchos años se utilizara como embrión del mismo una pequeña  sala expositiva en el departamento de Ciencias de la Tierra.
     El proyecto museístico actual en el paraninfo universitario del arquitecto Magdalena, de principios del siglo XX, es todo un avance estructural respecto a lo que se tenía. La muestra de piezas elegida para ser expuesta está dividida en dos claros bloques temáticos. Uno se compone de una parte de la colección Longinos Navás donada en la década de los ochenta a la facultad por la Compañía de Jesús. La  muestra  expuesta de esa colección consiste  en  varios bellos ejemplares disecados de peces, anfibios, reptiles, aves, y mamíferos, además de insectos, plantas  y conchas de diferentes grupos de moluscos, que se completa con una pequeña representación de minerales y rocas.
Árbol filogenético humano del museo.
     Y el otro bloque museístico es  de contenido paleontológico. Ese es el que muchos anhelábamos ver ya dignamente expuesto, con piezas realmente museables. Está compuesto, sobre todo,  por abundantes fósiles recogidos hasta la fecha, fruto de campañas de excavaciones paleontológicas realizadas en tierras aragonesas, tanto por la universidad como por otras instituciones científicas. Son muchas  las piezas fósiles expuestas  de grupos de organismos paleozoicos  y mesozoicos (trilobites,  ammonites y otros), algunas de las cuales proceden de colecciones de miembros de la SAMPUZ (Sociedad de Amigos del Museo  Paleontológico de la Universidad de Zaragoza), que aparecen dispuestas, seguramente por su tamaño, en estantes de un cuidado diseño museográfico que acercan la muestra al visitante como si del  escaparate de una tienda de minerales se tratara, por lo que el público adquiere, sin duda, una visión más cotidiana y hogareña de importantes ejemplos del registro fósil aragonés de esas edades. Se incluyen además no pocas, variadas y perfectas piezas procedentes de yacimientos extranjeros, sobre todo del norte de África.

     También son muy espectaculares algunos  fósiles del museo correspondientes a mamíferos terciarios y cuaternarios,  que  son verdaderamente interesantes por sí mismos. Estos se exponen  en las vitrinas del laberíntico recorrido con escueta referencia  a su contexto geológico y estratigráfico, lo que daría una valiosa información científica a  los iniciados en paleontología. Pero sin duda esa forma expositiva, más completa y de detalle, queda relegada aquí  en favor de otra que centra el foco de atención en el propio fósil, lo que supone un atrayente reclamo para el gran público, más profano en la materia, y potencial visitante del museo. Y muy vistosa es también la instalación, al final del recorrido paleontológico,  del árbol filogenético humano, que a pesar de su complejidad y ser siempre provisional debido a los sucesivos y frecuentes cambios a los que la someten los investigadores de esa especialidad, el allí plasmado puede servir a aficionados y escolares instruidos a reconocer muchos de los hitos evolutivos humanos  que  son estudiados  actualmente en los currículos preuniversitarios.
     La Universidad de Zaragoza y las instituciones aragonesas han puesto su granito de arena, esta vez sí,  en la compleja tarea de acercar la investigación de la naturaleza y la paleontología a la sociedad. Esperemos que esta iniciativa tenga continuidad temporal y se convierta con el tiempo en un verdadero foco de transmisión de conocimientos de las Ciencias Naturales. Merece la pena visitarlo.
Cráneo de Uro. Cuaternario.
 

lunes, 14 de diciembre de 2015

Clima con dos grados menos de hipocresía.



     Todo el mundo medianamente informado conoce la noticia del reciente acuerdo alcanzado en la Cumbre del Clima en París. El compromiso de muchos estados  de hacer lo posible para reducir a finales de siglo unos dos grados la temperatura atmosférica del planeta ha gustado a casi todo el mundo. Salvo alguna organización conservacionista a ultranza que aún duda y pone pegas al resultado previsible del acuerdo, la mayoría está contenta con esta medida salvadora del planeta de un calentamiento global acelerado por la acción humana, y que tanto ha preocupado.
     Y aunque de momento todo se ha convertido en una gran sorpresa positiva tenemos que ser reflexivos  y revisar en qué manera esto nos puede afectar a la vida cotidiana y cómo vamos a afrontar lo que se nos propone hacer. La reducción de emisiones de gases contaminantes y de CO2  a la atmósfera será sin duda un buen empujón encaminado a evitar que la Tierra se siga calentando al ritmo actual y eso lleve consigo el acercamiento temporal de una serie de circunstancias nefastas para el medio ambiente y la humanidad. No sabemos si se podrán evitar pero al menos se puede intentar ralentizar sus efectos.

 

     Esa reducción de gases debe ser un acto compartido entre la potente estructura industrial del primer mundo y la actitud concienciada y en positivo de millones de consumidores. Porque tenemos que ser conscientes que los gases que la industria de todo tipo genera y emite a la atmósfera es consecuencia de la voluntad humana de producir objetos y “bienes” de consumo para la población. Seguramente se nos  hace creer, sobre todo en las últimas décadas, que tenemos una  inmensa serie de necesidades para alcanzar un óptimo nivel de vida (que no calidad…) que consideramos totalmente irrenunciables. Ya no podemos ni sabemos vivir sin todo eso que creemos “necesario” y básico en nuestras vidas.
     Si hacemos un breve análisis de cuáles son nuestras necesidades actuales de vida en el mundo occidental podemos llegar a la errónea conclusión de que no se podrá vivir nunca de otra forma menos agresiva con el entorno. Descendiendo a un detalle más pormenorizado y comprensible, y por poner varios ejemplos, ¿podremos prescindir de los materiales de construcción de viviendas actuales en Europa cuya fabricación resulta altamente contaminante? ¿O querremos seguir las pautas estadounidenses de construcción en madera? Si abrimos un armario de nuestras casas, ¿localizaremos algún electrodoméstico, bote, envase, cepillo, o cualquier otro instrumento que no esté su fabricación relacionada con el plástico procedente del petróleo? ¿Y con qué se propone sustituir este material subproducto del combustible fósil  y seguir disfrutando de nuestros variados, abundantes e imprescindibles  utensilios? O en otro orden de cosas,  cualquier fin de semana o puente festivo, ¿nos abstendremos de viajar con nuestros coches, autobuses, trenes, barcos u aviones supercontaminantes, siempre a nuestra disposición?  ¿Dejaremos de visitar masivamente parques naturales o nacionales haciendo “turismo ecológico” por no contaminar en los trayectos de desplazamiento? Y si confiamos ciegamente en una utópica sociedad buena, comprensiva y concienciada con la conservación de la naturaleza, ¿sabrá esperar ésta durante el tiempo que sea preciso hasta que esos medios de transporte, o la fabricación de materiales, se cambien por otros que resulten  más respetuosos con el ambiente?
 
 

     Existen  miles de personas muy concienciadas medioambientalmente que viven en lujosas urbanizaciones a las afueras de las ciudades pensando que así llevan una vida más acorde con el respeto al entorno. Y otras muchas que sufren  y ven dañada su conciencia ecológica ante cualquier agresión e impacto sobre el terreno, por lo que  comparten soflamas y alertas pseudoecologistas en facebook,  pero que no desaprovechan cualquier oportunidad de disfrutar de todos  los avances tecnológicos modernos del hiperdesarrollismo.  O regiones enteras como las Islas Canarias que reciben cada año casi diez millones de turistas transportados hasta allí en contaminantes aviones, que enarbolan su careta verde impidiendo que se prospecten yacimientos de petróleo junto a sus costas argumentando criterios conservacionistas pero sin rechazar ni cuestionar el altísimo nivel de contaminación que supone llevar allí a su turismo. ¿Dejaremos de usar teléfonos móviles aun sabiendo que se fabrican con los minerales (Columbianita y Tantalita) recogidos en países tercermundistas por niños semiesclavizados? ¿Dejaremos de querer disfrutar de un viaje veraniego a un exótico país al que se llega haciendo varios trasbordos aeroportuariores, con lo “culto”  y necesario que resulta el hacerlo? ¿De verdad pensamos que seremos capaces de cambiar nuestras cómodas vidas y dejaremos de querer los productos que nos ofrecen las grandes industrias?


     Y además de todo esto, habrá que preguntarse también cómo viven, y de qué,  las personas hiperpreocupadas por las emisiones actuales de dióxido de carbono y otros gases a la atmósfera. Conozco a muchos que no dejan de usar su contaminante vehículo para su habitual transporte ciudadano, aunque luego nos dan lecciones a todos de cómo llevar una vida ejemplar ecológica. Piensan que simplemente reciclando envases de plástico, cartones y vidrios es suficiente. O dándose un paseo el fin de semana en bicicleta por un asfaltado carril bici.  ¿Y el resto de su artificial decorado de vida, de dónde sale? ¿Seremos capaces de prescindir de él? Esa es la gran pregunta. ¿Quién tiene la respuesta?
      Mientras tanto nos conformaremos hipócritamente con un buen acuerdo en París.
 

jueves, 10 de diciembre de 2015

Pirineos: mito y ciencia.




     Se echan en falta más iniciativas como ésta. Me refiero al vídeo "Pyrene, Mito y ciencia" (para verlo picar en: https://vimeo.com/129881264) realizado por personal científico  del departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Zaragoza sobre el origen y composición geológica de la cordillera pirenaica. Se trata de un buen ejemplo de cómo  “enseñar” al público en general, con términos científicos pero bien expuestos en forma divulgativa, cómo se han formado los Pirineos. Y eso no es nada fácil. La complejidad geológica de esta estructura montañosa es alta, por lo que no es sencillo condensar en tan solo  16 minutos escasos los principales acontecimientos que se han sucedido en los últimos 300 millones de años entre “Iberia” y el resto de Europa, hasta ver el imponente relieve actual de esta cordillera.


     Conozco personalmente a muchos de los profesores que intervienen  en el vídeo, reconocidos profesionales en investigación  en las áreas de Estratigrafía y Tectónica de la Universidad de Zaragoza, y puedo asegurar que la claridad, precisión y calidad didáctica de sus explicaciones geológicas no son debidas a una estricta aplicación de profundos y modernos preceptos educativos  psicopedagógicos. Más bien creo que es debido a la conjunción de varios factores relacionados con, y principalmente, su pasión personal por la geología, y la experiencia respecto a cómo enseñarla, además de una acreditada calidad docente.
     Aunque sé que hay otras iniciativas en marcha espero que ésta sirva de ejemplo a otros muchos profesionales de diferentes especialidades de la geología para cumplir con el necesario acercamiento didáctico de sus investigaciones a la sociedad de la que se nutren y a la que se deben.
 

miércoles, 2 de diciembre de 2015

La mala formación de los docentes de secundaria.



     Al profesorado preuniversitario le falta formación. Lo dice el filósofo José Antonio Marina. Aunque en las muchas entrevistas que se le están haciendo estos días en los medios no especifica claramente a qué se refiere con eso de que falta formación.http://www.elperiodico.com/es/noticias/educacion/jose-antonio-marina-fracaso-escolar-mitad-presupuesto-libro-blanco-docente-4718111 Y puede ser verdad, o no, según qué casos, como en todas las profesiones. Pero lo más importante para muchos docentes es la idea que se transmite a la sociedad cuando se  lee u oye un comentario así. Desde fuera uno puede preguntarse entonces, ¿los profesores que dan clases a nuestros hijos no saben de lo que explican?,  ¿cómo es posible que sepan tan poco como para que esto se diga en prensa y nadie haga nada? Y tras el comentario/juicio sumarísimo la sentencia no se hace esperar: ¡deberían echarlos a todos a la calle o hacerles pasar pruebas de conocimientos cada cierto tiempo!  Esto último es lo que solapadamente se insinúa ya desde ciertos estamentos…
     ¿Se referirá quizás el filósofo Marina a los profesores de la enseñanza privada, concertada o no, que ocupan sus puestos de trabajo por puro enchufismo o tener el “perfil” adecuado y sin pasar ningún control social? Porque los profesores de la enseñanza pública deben superar para ser funcionarios  una dura oposición de su especialidad, es decir, son así evaluados y dados como aptos para la enseñanza  después de acreditar estar en posesión de un certificado de aptitud pedagógica que se consigue  al realizar un máster de educación secundaria  diseñado para tal fin desde hace unos cuantos años.


     ¿Se referirá quizás el filósofo Marina a que a los docentes les falta una “necesaria” y profunda preparación psicopedagógica? Pues puede ser. ¿Esa de la que hacen gala desde unos utópicos y teóricos departamentos universitarios de educación en donde jamás han visto de cerca a un alumno de secundaria? Desde esos nidos de sabiduría educacional se retuercen a idea conceptos tan sencillos y claros desde siempre como lo que es, o no, un “trabajo en equipo”; se realizan difíciles transposiciones didácticas de ideas o conocimientos;  o se desarrollan protocolos especiales  para establecer “estrategias de convivencia” entre los alumnos usando jergas repipis y confusas, y todo eso  sin tener claro en qué consisten, faltaría más, los tipos de conflictos que a diario se suscitan en un aula de secundaria, pues los desconocen por completo. O como mucho,  han oído hablar de ellos a través de los medios o de algún colega "bien" informado  creyendo que en los institutos se viven  escenas con el alumnado  más propias de una película de guerra. Está claro que la realidad es otra.
     Pero no hay que engañarse tanto. Los universitarios salidos de nuestras universidades en los últimos treinta años han sido educados  con unos sistemas educativos de los que se ha echado pestes siempre. ¿Quién no ha oído la docta opinión de muchos profesores universitarios y de un buen segmento poblacional  respecto a lo mal preparados que llegan los alumnos a la universidad?  Esos sistemas educativos han sido discutidos y puestos en cuestión hasta el aburrimiento. No valían para nada, eran injustos, segregadores y no inclusivos, con itinerarios disparatados, sesgados y parcos en información, con carencias tanto en asignaturas de “letras” como de “ciencias”, con o sin educación para la ciudadanía, con o sin comisiones de convivencia, con avances tecnológicos o sin ellos…, pero ahí están los resultados, al final se produce el milagro y la gente va  con su título universitario debajo del brazo. Y queda claro que lo que aprendieron en su vida estos alumnos  no lo hicieron solamente en la universidad. Algo se hizo antes. Con pocos o ningún criterio psicopedagógico. Y con profesores teóricamente poco y mal formados. Y eso, el prófugo de la tiza Marina lo sabe muy bien.
 
 
     Abordar el hecho educativo desde una perspectiva que tenga en cuenta aspectos relacionados con la psicología y pedagogía es rentable y necesario. Y así se acredita en las pruebas de oposiciones donde buena parte de los componentes de los ejercicios incluyen conocimientos en estos temas. Y conozco a multitud de profesores que han realizado adaptaciones personales y cursos especializados con fondo psicopedagógico a lo largo de su vida profesional. Pero esa formación no les ha permitido desarrollar con mejor calidad su enseñanza cotidiana ni implica “saber enseñar” con la mera aplicación de esos conocimientos. Para eso es necesario algo más que técnicas y principios psicológicos. La conexión con el alumnado se realiza a través de una especial empatía personal y el rezume en el aula de valores interiores que casi me atrevería a decir que son de rango genético. No todo el mundo sirve para ejercer la docencia. Eso no se aprende en ninguna escuela ni universidad. Se pueden desarrollar hábitos de trabajo, actividades grupales o criterios de incitación a la participación de los alumnos, pero la verdadera educación se ejerce y consigue proyectándose desde dentro de la persona, dando lo mejor de uno mismo. Si a esa faceta le añadimos un buen fondo cultural y académico de tu propia especialidad, el éxito educativo es más que probable. Los fracasos educativos que muchos se empeñan en remarcar no pueden ser atribuidos solo a la “mala” preparación del profesorado. Hay muchas otras causas sociales que influyen en la gran diversidad de resultados académicos  según diferentes comunidades humanas y su extracción social.  Y eso, el prófugo de la tiza Marina lo sabe, también,  muy bien.