¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

martes, 30 de junio de 2015

Opositar para profesor de Biología y Geología.




     Casi todo el mundo sabe que prepararse unas oposiciones, las que sean, pero me referiré aquí a las de Profesor de Educación Secundaria de mi especialidad, Biología y Geología, es duro y complicado. Y que cuando toca presentarse a las pruebas uno se enfrenta a una multitud de contenidos repartidos en muchos densos temas además de tener que demostrar un sinfín de destrezas en solucionar problemas y cuestiones relacionados con las muchísimas especialidades de esas amplias disciplinas.
     Reconocer e identificar con nombre científico cualquier ejemplar del mundo animal y vegetal; clasificación de fósiles de todos los grupos existentes; identificación de “visu” de minerales y rocas, o en lámina delgada vista al microscopio; realización e interpretación de mapas y cortes geológicos; problemas de cristalografía, genética o bioquímica; o solucionar unos supuestos medioambientales, son algunos de los tipos de ejercicios que te pueden proponer hacer en el examen práctico de la primera fase de la oposición. Después viene un examen teórico en el que se desarrolla un tema de un nutrido temario, y para finalizar, la famosa “encerrona”, en la que se defenderá didácticamente una programación de un curso de la ESO o Bachillerato y un tema de la misma.

 

     Al leer esto puede que haya alguien que piense que todo lo expuesto anteriormente es lo mínimo que se le puede pedir a un aspirante a profesor de Secundaria y Bachillerato. Puede que así sea. Y que alguien que se presenta a una plaza de funcionario debe tener una infinidad de conocimientos, y acreditarlos, para poder disfrutar después de esa “seguridad laboral” tan envidiada por muchos. Puede también que se piense que aunque las pruebas  que se les hace pasar para ser profesor sean tan difíciles y duras, después, el profesorado no demuestra en las aulas un verdadero conocimiento y saber hacer con los alumnos. Y todo esto ocurre después de ser graduado universitario, claro está, y estar en posesión del título de máster para profesores de Educación Secundaria, obligatorio en estos tiempos, y el título de grado B2 de inglés, pues si falta alguno de estos requisitos no pueden presentarse a la oposición. ¿Se puede pedir más?

 

     Desde el día 24 de junio se están realizando en Huesca las oposiciones para plazas de profesor de Biología y Geología de Aragón. Y cuando se ve a los opositores enfrentarse a estas duras pruebas, muchos de ellos bastante mayores en edad, se siente un encogimiento moral, incluso físico, muy difícil  y penoso de expresar,  por el hecho de tener que ayudar a “decidir” quiénes son los “mejores” para ser profesores. Realmente, y aunque forma parte de las obligaciones profesionales docentes, participar como tribunal de una oposición es una de las labores más desagradables que puede tocar hacer. No entiendo cómo puede pretenderse que para ser profesor haya que estar tan preparado en tantas y dispares disciplinas y con un nivel de especialista en cada uno de los muchos temas concretos que se abarcan en las pruebas. Puede parecer justo, pero creo que algo falla en el sistema.
 

 
 

 

domingo, 14 de junio de 2015

Jurassic World y Dinópolis.



     Una nueva generación entusiasmada con los dinosaurios. Eso es lo que van a conseguir con la nueva película Jurassic World de Spielberg. Hace más de 20 años que lo consiguieron con las primeras producciones y ahora repiten con la juventud actual. La excelente película de dinosaurios que se acaba de estrenar es, además de entretenida y muy recomendable, un ejemplo claro de la afición que existe hoy en día por estos organismos que dejaron de existir hace 65 millones de años.
     Al principio, cuando se realizaron las primeras películas de la “saga” de dinosaurios, no faltaron paleontólogos que argumentaban que solo era un producto comercial pues los dinosaurios “no sirven para nada y hay que ponerlos en su sitio”, cito textual el comentario de un catedrático de paleontología conocido mío. Supongo que era un comentario un tanto envidioso, pues la mayoría de los paleontólogos no se dedican a estudiar dinosaurios, sino otros grupos de organismos fósiles mucho menos vistosos que ellos. Hoy en día, y seguramente gracias a Spielberg, algunos de aquellos niños y adolescentes que vieron  las primeras películas se dedicaron después, de adultos, al estudio del misterioso y especial mundo de los dinosaurios.
 

 

     En la nueva película hay imágenes que, guardando las distancias y el presupuesto, recuerdan a nuestro Dinópolis de Teruel. Las escenas relacionadas con los accesos al recinto, los juegos infantiles de excavación  o reconocimiento de organismos, son algo que los que han visitado el parque temático aragonés recordará sin problemas. En Teruel se está desarrollando uno de los proyectos, públicamente financiados, más atractivos e interesantes de Aragón en relación con el mundo paleontológico. La gran reserva fosilífera de Teruel junto a un imparable impulso investigador de su equipo hace que en los últimos años el complejo Dinópolis (y sus tentáculos distribuidos por toda la provincia) sea el referente hispano y europeo para uno de los objetivos esenciales de la paleontología, como es el transmitir y divulgar los avances que en esta ciencia se producen.
 

 

     Hay gente que se asombra de que el periódico de Teruel sea casi siempre el primero en avanzar la información que surge de las entrañas de Dinópolis para el mundo. Sin duda se debe a que en tierras turolenses hay gente que trabaja en paleontología que no solo mira por engordar su currículo a base de trabajos puntuales, y que  cree firmemente que la vertiente social de su trabajo debe estar siempre al servicio de la sociedad que soporta, con interés y confianza, la carga económica de sus trabajos e investigaciones. Nunca como en la paleontología de Teruel hecha desde Dinópolis ha sido tan beneficiosa una confianza social y la    inversión económica de todos. Los resultados y la muestra del excelente Museo Aragonés de Paleontología  en el seno de Dinópolis, y su actividad científica, son la mejor referencia de cómo debe ser una perfecta incardinación entre ciencia y sociedad.
     Hay que ver Jurassic World. Y después visitar Dinópolis en Teruel…, no defraudará.
    

domingo, 7 de junio de 2015

Suspenden a Aragón en calidad medioambiental.


 
      Supongo que lo que quieren es llamar de nuevo la atención. Me refiero a los chicos de Greenpeace y su reciente informe sobre la calidad ambiental de las autonomías españolas. Y supongo que pretenderán despertar conciencias sobre lo muy mal que se hace en todas ellas respecto a la conservación del medio ambiente. Aragón queda posicionada en el último lugar de todas, dicen que, sobre todo, por la ingente cantidad de hectáreas dedicadas allí al cultivo de transgénicos, además de citar otras causas para estar en esa posición como la construcción de grandes infraestructuras (¿será posible?) que dañan el ambiente y contribuyen así al cambio climático.
      De 456 puntos negros que han detectado en territorio español,  Maria José Caballero y Julio Barea, directora y responsable  de esta campaña de Greenpeace, han destacado como especialmente nefastos  los proyectos energéticos, la especulación urbanística, la privatización del agua, gestión de residuos, las puertas giratorias, el despilfarro de dinero público en proyectos "sin viabilidad" y la corrupción”. Además en cada comunidad autónoma señalan aspectos positivos y negativos  conseguidos allí respecto al medio ambiente, utilizando para ello hasta 24 indicadores medioambientales.
      Desconozco con exactitud los términos concretos en los que expresan los indicadores utilizados, pero entre los “datos” o hechos que ellos consideran como positivos medioambientalmente y diseminados por la geografía española destacan, por ejemplo, que el 40% del territorio de Madrid esté bajo protección ambiental; el movimiento antifracking en varias comunidades, o la pesca y marisqueo porque “da empleo”; el abandono del uso de pesticidas en los cultivos murcianos, o el movimiento en contra de los transgénicos en Aragón. Por otro lado, señalan como malos indicadores  ambientales algunos como la construcción masiva en las costas valencianas (citan Marina d,Or, en la provincia de Castellón), los vertidos tóxicos al mar y a las marismas en Galicia, País Vasco o Andalucía; o la continuidad de funcionamiento de las centrales nucleares junto a la instalación de un cementerio nuclear en Villar de Cañas, en Castilla La Mancha. Hay más datos en lo que se conoce de su informe, pero todos son del mismo estilo.
     Entonces, ¿qué es lo que aporta esta información? Seguramente para alguien que no siga las andanzas de esta ONG y se entere con este informe de la posición que ocupa su comunidad en cuestión de conservación medioambiental puede suponer el  escandalizarse por completo. Y con razón... Sobre todo cuando sean inoculados con alguna de las conclusiones “tan ecológicas” como lo de las “puertas giratorias” o “la corrupción” y se pregunten qué tiene eso que ver con la conservación de la naturaleza. Pero los ciudadanos que han desarrollado un nivel aceptable de conciencia ecológica  comprobarán que se están mezclando cuestiones ecológicas con ideológicas, utilizando una concienzuda supuesta evaluación de impacto ambiental (que no lo es en absoluto) sobre cada una de las actuaciones que se han llevado a cabo en este país en los últimos 30 años.
Marina d,Or, en Oropesa (Comunidad Valenciana).
     Sin embargo, y aceptando, como no puede ser de otra forma, muchas de sus consideraciones que denuncian como contrarias a la conservación medioambiental, se echa de menos otra lista de propuestas efectivas para luchar a favor del conservacionismo. Con decir que lo nuclear es malo no se soluciona ni se propone un sistema ecológico 100%de obtención de energía; ni se argumentan (ni en este informe ni en otros mucho que se conocen) claramente unos criterios contundentes en contra de los cultivos transgénicos: no basta con decir que no son buenos, hay que demostrarlo para convencer, aunque les resultará difícil pues hay muchos científicos a favor y no creo que todos estén vendidos a Monsanto que es la multinacional que negocia  en medio mundo con las semillas. La especulación urbanística lleva haciéndose en este país hace medio siglo, y curiosamente los principales colectivos de activistas se localizan, además de en las grandes ciudades, en áreas urbanizadas de la costa, formando parte de ese 75% de la población española que vive en la periferia. Encontramos pocos ecologistas al uso en las zonas casi despobladas del interior, excepto en las ciudades. Parece que los más conservacionistas estén en zonas “destruidas”. Pocos viven duramente en las secas, áridas, e infradesarrolladas regiones rurales del interior donde sus habitantes, sin saberlo, desarrollan muy a menudo una conciencia conservadora del entorno que se desconoce en otros sitios. Deberían fijarse algo más en esos lugareños.
      No dicen nada nuevo. Todo se sabe ya desde hace tiempo. En cuestiones de todo tipo de vertidos de contaminantes químicos a ríos y al mar, está claro que podrían y deberían pararse de inmediato con más controles y sanciones contundentes, pero  lo demás forma parte del desarrollo insostenible reinante en el mundo occidental y que solo con un buen repaso educativo puede llegar a cambiarse a sostenible para las generaciones futuras. Habrá que ir cambiando la concepción de desarrollo. De momento, y salvo que se nos proponga una alternativa clara, ecológica, e igual de efectiva en su uso, para cada acción que hoy realizamos, ¿a qué estamos dispuestos a prescindir manteniendo el mismo nivel y calidad de vida? No es fácil la respuesta.

miércoles, 3 de junio de 2015

Ciudadanos trasvasistas.



     Será cosa de la geología. Intentaré explicarme. Llevo toda la vida manifestándome cada equis años en la plaza del Pilar de Zaragoza en contra de un trasvase del Ebro, con todos, o mejor dicho en contra, de todos los partidos reinantes en su momento. Siempre hemos notado en estas tierras, casi a diario, una especie de menosprecio hacia Aragón y lo aragonés en casi todos los medios informativos, lo que se pone  de manifiesto con especial saña cuando hemos defendido contundentemente desde aquí, tras cada manifestación, que no se llevaran el agua a allí. Y siempre hemos salido airosos, como consecuencia de no reblar, como decimos aquí, en eso de defender que el agua del Ebro debía antes usarse en Aragón y para los aragoneses que para los murcianos y valencianos del sur con sus proyectos faraónicos. Y jamás se ha utilizado la violencia ni se han producido escraches en la puerta de ningún político, ni hemos pedido nada a cambio. Siempre se ha pensado por esta tierra que no debía hacerse un trasvase con un agua necesaria para nosotros  y, simplemente hemos dicho, eso sí,  con la música de fondo de Labordeta,  que no, que por ahí no pasábamos.

     Ahora, en plena vorágine de “regeneración democrática” en contra de esa casta mixta de abundantes indocumentados instalados en los despachos de mando de esta sociedad, surgen gentes con ganas de entrar en el juego de poderes  que dicen que entre sus ideas regeneradoras está el hacer un trasvase del Ebro; que si “sobra” agua (dicen) ¿por qué no llevarla donde la necesitan? Pero, ¿qué ha pasado otra vez? ¡Vuelta a empezar!¡Esto es agotador! ¡Pero si estaba el tema acallado, enquistado (que no resuelto), sin tocar por casi nadie en los últimos años! Por suerte (y por si acaso…)  sigo teniendo enrollada mi vieja bandera de Aragón, la de las manifestaciones, y puede que haya que sacarla a pasear de nuevo. Ya veremos.
 

 

     Es difícil de entender que se vaya de regenerador de una democracia con esas ideas tan arcaicas, pasadas de moda, trasnochadas ecológica, económica y técnicamente, y que van en contra de los derechos e intereses, hasta ahora y siempre ninguneados, de las gentes de mi tierra. Y decía al principio que será cosa de la geología pues los geólogos estamos acostumbrados a que muchas organizaciones de todo tipo y pelaje (muchos ecologistas en acción o quietos, políticos y rancias instituciones académicas y docentes…) consideren que pueden hablar de ecología, medio ambiente y desarrollo sostenible en general sin, primero, saber nada de nada de geología (deducible por lo que dicen), y segundo,  sin que al parecer les  importe, debido a  su desconocimiento supino en esos temas, que la gente en formación esté fundamentalmente dirigida a elegir asignaturas preuniversitarias que les encaminan en la vida adulta a ser parecidos a ese tipo de “regeneracionistas democráticos” que no respetan ni la ecología  ni a la gente, ya que sus ideas, teñidas de falsos e insultantes intereses generales, deben ser las “prioritarias”.
 

 

     Saber geología es imprescindible para poder opinar y tener alguna idea clara sobre cómo funciona la naturaleza en su conjunto y, por supuesto, saber la dinámica de un sistema fluvial estacional como el del río Ebro. Estoy seguro que los pocos o muchos que eligen estudiar geología, al menos en la Universidad de Zaragoza, y que han conseguido cursarla como materia modal en su bachillerato, compartirán esta reflexión antitrasvase y antiembaucadores pseudoregenaracionistas, cursando sus estudios geológicos con la intención de servir a la sociedad en la que se forman, lo que incluye  un profundo compromiso conservacionista de la naturaleza a la vez  que el no frenar el desarrollo lógico de una tierra y sus gentes.