¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

domingo, 18 de enero de 2015

El fracaso escolar educando musulmanes.





     En nuestro país no hay centros educativos  “gueto”  para alumnado musulmán, por ahora. Aunque sí  hay localidades y barrios ciudadanos  donde la acumulación de personas con esa religión, y procedentes sobre todo de países del norte de África, es patente y bien visible. En las aulas de los centros públicos, de primaria y secundaria, es donde se nota un mayor número de ellos, pues en los privados, concertados o no, les piden demasiados “papeles” para entrar, además de un gran recelo de tipo religioso y social.
     Tengan la edad que tengan  se nota que sobre ellos hay un  gran poder de seducción religiosa proveniente de sus familias y órganos sociales religiosos, que en muchos casos se acrecienta conforme se acercan desde la adolescencia  a la edad madura. Nuestra profesión docente nos permite tener un punto de vista excelente para comprobar cómo sucede esto que digo conforme los alumnos van creciendo y cumpliendo años. Y no falla. Además de detectar estos cambios hacia posiciones más radicales, digamos, en cuanto a su inmersión religiosa, cosa que con la juventud no musulmana no es perceptible, hay datos que resultan definitivos. Sin ánimo de ser exhaustivo comentando, resulta curioso comprobar, por ejemplo, cómo muchas chicas adolescentes aceptan perfectamente  cubrirse la cabeza con el conocido hiyab, dicen, por convencimiento propio, y sin importarles el significarse con ello. Renuncian  también a estar en muchos de los apetecibles entornos en los que podrían convivir y socializarse en sus años jóvenes  a cambio de comulgar con una serie de rígidos preceptos que su religión les anima a mantener y cumplir. Pero lo que resulta más chocante es que, además de ser educados en nuestros centros educativos bajo la más estricta convicción de que la violencia es, salvo caso de imperiosa necesidad defensiva, una opción siempre desechable para solucionar cualquier conflicto, no dudan en posicionarse cerca, casi al lado, de posturas  que justifican acciones vengativas como las ocurridas con la reciente  revista francesa de Charlie Hebdo. Si bien es cierto que es muy opinable y poco aceptable la actitud provocadora de la revista con la publicación de caricaturas de Mahoma, que les sabe a cuerno quemado a los musulmanes, la reacción defensiva de los extremistas islámicos es totalmente  desproporcionada. Además, su religión les dice que hay que amar la paz por encima de todo, pero no dudan después en  colocarse en el lado violento de la foto por publicar unas simples caricaturas de su profeta. ¿Cómo es posible que casi todo el mundo a su alrededor, con el que conviven estos chicos,  piense otra cosa al respecto y ellos se decanten por lo contrario, sin atender ningún argumento relacionado con la democracia y la libertad?
 


    
      En varias conversaciones y coloquios manifiestan que no somos coherentes en el mundo  occidental pues no reaccionamos igual o con la misma contundencia ante violentas actuaciones del estado de Israel, por ejemplo, en Palestina. Cuando se les contesta que en Palestina,  aunque los que más salen perdiendo siempre son los musulmanes, y por tanto  tienen parte de razón, la “guerra” que mantiene Israel, aunque injustificable e injusta, no es de tipo estrictamente religioso. Que nadie mata allí en nombre de ningún Dios. Y que gente extremista de su religión sí lo hace, y cada vez más, por lo que posicionarse a su favor, o no claramente en contra, es tener un cierto nivel de condescendencia con los asesinos. Es igual. No lo entienden o no quieren entenderlo. Se aferran a que son siempre víctimas, y por muy pacifistas que sean, justifican los actos vengativos, siendo muy reivindicativos.
 


    
     Pero a la vez,  estos chicos jóvenes aceptan de buena gana algunas de sus trasnochadas costumbres tradicionales  derivadas de la religión musulmana, sin enfrentarse ni opinar negativamente respecto a ellas.  Ante la famosa e indigna discriminación de la mujer en sus países de origen  suelen argumentar, además de aceptarlas sin rechistar, que son más bien discriminaciones relacionadas con aspectos políticos y no religiosos. Así ven, por poner un ejemplo poco comprometido, la prohibición de conducir coches las mujeres (pues afecta a su fertilidad…) en algunos de los países islámicos, sobre todo en Arabia Saudita. Y ese es el problema, que ellos, con los que yo hablo, viven o han nacido aquí, en un país en el que ese tipo de vida se considera desde hace lustros como un atavismo cultural, algo medieval, injusto y retrasado. No entendemos cómo pueden ser sumisos a una religión aplastante de las personas. En la que su seguimiento produce una castración intelectual y una sumisión indigna de ningún ser humano. Pero ahí siguen. No se sabe muy bien qué les dan, de qué les informan, cómo influyen en ellos sus autoridades religiosas y sus familias, para que aunque estén en nuestra sociedad, en nuestro entorno cultural, con una influencia educativa clara en cuanto a valores éticos y morales, modernos, occidentales, y progresistas en cuanto a desarrollo intelectual, sigan en sus trece sin pestañear. Si en un ambiente de libertad como el nuestro se comportan  y expresan así de contundentes, no es de extrañar que bien adoctrinados esta gente sean capaces de hacer grandes atrocidades de mayores.
     Desde luego, quien les inculque sus “valores” a esta juventud musulmana sabe hacerlo con mucha más eficacia que lo hacemos nosotros con los propios de una sociedad moderna. Esos no tienen “fracaso escolar” en sus  enseñanzas ni  en convencer con sus creencias.
Respeto a todas las creencias: Yo NO soy Charlie.
 

miércoles, 7 de enero de 2015

Aznalcóllar: el riesgo ambiental en ciernes de una explotación minera.


Minas de Aznalcóllar (Sevilla).
     Todo el mundo quiere buenos materiales para sus instrumentos y utensilios, ya sean de cocina, de informática, o para construir sus casas. Nadie se pregunta de dónde salen ni qué cantidad de contaminación ha causado su extracción. Son los “riesgos del progreso” suelen decir muchos. Y de esos muchos, la mayoría son verdaderos defensores de la naturaleza que no dudan ni un segundo en solidarizarse y comprender las escaramuzas mediáticas de los famosos grupos conservacionistas como Ecologistas en Acción o Greenpeace. Suelen ser tan sensibles con el medio ambiente (como debe ser…) que no pueden tolerar que en las costas de Almería se construya un horrendo y gran edificio para un hotel  en las inmediaciones del parque Natural del Cabo de Gata. Eso sí, no hacen ascos a los millones de productos agrícolas que se producen en el horroroso e impactante mar de plástico cercano instalado en miles de hectáreas en torno a la población de El Egido (Almería), considerado como la reserva agrícola de Europa.
     Tampoco permiten sus conciencias que se prospecte petróleo frente a las costas canarias, aunque para poder ir allí, y llevarles alimentos a los canarios y a sus diez millones de turistas anuales haya que hacer innumerables viajes en barco y avión con productos alimenticios y de todo tipo. O que se extraigan  minerales de magnesio en minas cercanas a Borobia, Villalengua y Calatayud, en Zaragoza, (esto ni sale en prensa)  argumentando que se producirá un gran impacto contaminante, sin saber, al parecer, que el magnesio  es necesario para fabricar y producir muchas de las cosas que ellos consideran imprescindibles en sus vidas. Pero es igual, ¡queda tan bien hacer una protesta en toda regla, salir en los medios, aparentar estar muy preocupados por el medio ambiente, y decir a la gente lo que hay que hacer y cómo deben vivir en consonancia con la madre naturaleza, que no lo pueden evitar! Aunque luego, vayan en coches contaminantes a todos los lados, usen todos los productos que se ofrecen en el mercado, y estén provistos como todo el mundo de los avances tecnológicos en comunicaciones más punteros. ¡Viva el postureo!

Mar de plástico ( El Egido, Almería)
¿Será esto impacto visual y alteración de un ecosistema?
     Pero lo peor de todo es contemplar el cinismo al que pueden llegar estas buenas gentes. Un buen ejemplo lo podemos ver con lo que estos días  está ocurriendo (y que casi nadie se está enterando) con la puesta en marcha, de nuevo, de las minas de Aznalcóllar, en Sevilla. Esas que produjeron uno de los desastres ecológicos más importantes y contaminantes de las últimas décadas. En esas minas se extraen minerales de cobre, plomo, zinc,  además de plata y oro, entre otros,  algunos de los cuales  pueden resultar altamente nocivos para el ambiente y la salud humana, y ahora, el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía ha aprobado a finales del mes de diciembre el decreto ley por el que la comunidad autónoma se reserva los derechos del complejo minero de Aznalcóllar, lo que permitirá a la administración autonómica impulsar la reapertura de esta explotación a través de un concurso en régimen de concurrencia competitiva para elegir el proyecto "que mejor cumpla las exigencias de seguridad y de viabilidad técnica, económica y medioambiental".

     Pues bien, lo único que se ha oído es que la Junta andaluza  se vanagloria de poder crear así casi 500 puestos de trabajo. ¿Alguna protesta?  ¿Dónde están Greenpeace, WWF, o Ecologistas en Acción? ¿No se han enterado que se van a abrir otra vez las minas? Sus tímidas reacciones de hace unos meses cuando se “licitó” y se comentó la posibilidad de reapertura de la mina fueron de risa. Y ahora que ya está decidido… ¿han visto u oído algo en contra, una manifestación o acto reivindicativo?  Con el asunto del petróleo de Canarias estaban día sí, día también, en los medios. ¿Qué pasa ahora? Cualquier malpensado diría que ha debido haber  algún “sobrecito” de por medio para que se callen.  Este asunto es muy serio y muchos agradeceríamos que los tradicionales grupos conservacionistas se manifestaran con contundencia (a lo “canario”) exigiendo garantías de una  escrupulosa actuación medioambiental. No sabemos el porqué no lo hacen. Y como no lo hacen, la gente no se indigna, aunque haya en juego muchas vidas humanas. Solo se maravilla de la cantidad de puestos de trabajo que se generarán. Y el riesgo es enorme, insisto. A falta de exigencias y protestas, solo nos queda esperar a que las preceptivas evaluaciones de impacto ambiental (EIA) sean rigurosas, exigentes y honestas, y permitan confiar en lo que se haga. Ya veremos...