¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

sábado, 16 de marzo de 2013

Indignación educativa y niveles académicos.



     Hay que ser ciego para no ver interés manipulador político, por parte de  las autoridades peperas madrileñas en educación,  al sacar hace unos días a la luz pública unos escandalosos y sospechosos “datos” respecto a las contestaciones de los maestros  interinos en las pruebas de sus oposiciones. Parecen respuestas elaboradas en el taller del disparate. Que se responda que  las gallinas son mamíferos o que de una circunferencia de 1 cm de radio no  se sepa su longitud es algo tan rebuscado que resulta difícil el creerlo. Incluso puede que alguien conteste así de mal, pero desde luego me niego a creer que más del 80% de los presentados no sabían esas preguntas y otras muchas parecidas, de nivel de 6º de Primaria.

     Tampoco seré yo quien defienda el nivel académico que muchos de los maestros que conozco tienen. Hasta casi los años 80 del siglo pasado a las Escuelas Universitarias de Magisterio, ahora Facultades de Educación, se podía acceder sin aprobar las pruebas de Selectividad, por lo que allí entraba, y llegaba a titular,  una buena colección de “entusiastas” vocacionales a los que ya se les había regalado alguna asignatura en sus bachilleratos para quitárselos de encima. A los pocos años se les pidió ya aprobar previamente las pruebas selectivas, con lo que se limó algo más la garantía social de un mínimo nivel para luego ser los encargados de la educación de nuestros hijos. Pero aun así, las Escuelas de Magisterio no han gozado de una buena fama en las últimas décadas. Y en ello han confluido bastantes factores. Por un lado esa inmensa heterogeneidad del alumnado que allí asistía, muchos de ellos desmotivados profesionalmente (aunque siempre hay excepciones) que se topaban con el acomplejado  intento docente de querer dotar de gran altura y calidad académica a muchas de las enseñanzas que allí impartían. Algunas de las corrientes “investigadoras” que en didáctica y pedagogía se han ido metiendo en las mentes de muchos de los actuales enseñantes, y que me atrevo a denominar de “raras”, son el fruto de una casi obsesión por dotar de una jerga académica a una serie de ideas y principios educativos que vistos con los años y la experiencia docente casi producen sonrojo, cuando no risa desbocada. Y todo ello impartido por unos equipos docentes que nada tienen que ver profesionalmente, en origen,  con la didáctica o la pedagogía.  Compañeros míos de geológicas, así como físicos, biólogos, lingüistas, geógrafos, etc, fueron encomendados desde su primer día de trabajo docente, sin ningún reciclado,  a “formar” maestros. Incluso conozco el caso de un geólogo de la Escuela de Magisterio de Teruel  que  tuvo que completar su horario docente impartiendo nada menos que Física  a los alumnos de Ingeniería Técnica. Digo yo que estos triviales detalles también tendrán que ver con el resultado formativo de esos alumnos, ¿no creen? Sin duda hay muchas cuestiones que plantear respecto a una posible reforma de la formación académica de los maestros, pero tenemos que reconocer que la “culpa” está compartida.



     Todos conocemos casos, de oídas o por haberlo sufrido  nuestros seres queridos, de métodos de enseñanza  de lectura a los más pequeños en los que no debíamos los padres, por recomendación de los maestros, confundir a los niños al decirles que, por ejemplo, la “m” con la “a” suena “ma”, sino que deben leer “…mmm..a…”. O ver cómo los niños salían del colegio haciendo aspavientos con sus manos con el fin de “deletrear” el alfabeto aplicando un especialísimo sistema de aprendizaje de lectoescritura. Bueno…,  sin comentarios. Eso sí, esos mismos maestros,  convencidos de  que “retrasar” el momento de la lectura y escritura en los niños es algo muy “necesario”,  se llenan la boca de alegría al expresar que a esa misma edad, los 4/5 años, son capaces de “entender” cómo funciona un ascensor, por ejemplo (¡¡esto es caso verídico!!). Sin comentarios, de nuevo. Así que si estas buenas gentes docentes son capaces de tragarse el cuento de esos maravillosos sistemas de enseñanza y aplicarlos sin rechistar,  me parece que no son muy allá en cuanto a su nivel intelectual, que supongo que es el problema de fondo cuando se trata de salir bien preparado. Mis  luchas, discusiones y enfrentamientos con algunos “modernos” profesionales docentes en relación con esos temas ha sido casi continua durante los años de formación de mis hijos, aunque siempre encontraba algún  aliado “intelectual”, inteligente  y bien formado, respecto a lo adecuado o inadecuado del método aplicado entre los maestros más mayores. Estos habían compensado y equilibrado con inteligencia y trabajo el desarrollo de su  quehacer profesional aplicando buenas dosis de  sentido común y experiencia.



     Afortunadamente esto está cambiando desde hace unos cuantos años. El alumnado que nutre las Facultades de Educación desde comienzos del siglo XXI son de otro perfil académico. Conozco casos de alumnos que con Matrícula de Honor o media de sobresaliente en bachillerato han decidido entrar en Magisterio para formarse y dedicarse vocacionalmente a la enseñanza. Ya era hora. Todos confiamos en ellos para poder ofrecer a la población más joven  la mejor preparación básica posible, y por los profesionales mejor preparados. Desde luego estos saben, sin duda,  que una gallina no es un mamífero y deducen la longitud de una circunferencia con cualquier radio. Por supuesto son conscientes de que para enseñar algo hay que dominar ese “algo”, aunque haya  tendencias pedagógicas que defiendan que se puede enseñar cualquier cosa aunque no se sepa nada del tema.  Y supongo que estarán tan escandalizados como muchos de los docentes estamos  al ver cómo se pretende descalificar a todo un sector público de la enseñanza llamándoles incultos o tontos. ¿Qué resultados obtendríamos pasando el mismo examen al  ilustre claustro de cualquier facultad de Derecho o Filosofía y Letras,  por ejemplo? Me lo imagino.