¡Dejadme vivir! Geología, Paleontología, Ecología, Educación.

Enrique Gil Bazán.
Doctor en Ciencias Geológicas (Paleontología).
Dpto. Biología y Geología. IES Ramón y Cajal (Zaragoza)
Consejería de Educación, Universidad, Cultura y Deporte. Diputación General de Aragón.
Zaragoza, Aragón, España.

martes, 22 de enero de 2013

Inundaciones: El Ebro guarda silencio...


     
     Lo de todos los años. Riada en el Ebro. Gente viendo desde las orillas la gran avenida, con comentarios respecto si ésta ha sido mayor o menor que la del año pasado; hasta dónde ha llegado, y ¡pobres los que tengan la casa y garajes anegados! Todo igual. Eso sí, la inmensa mayoría de la gente culta, la que piensa socialmente y se enorgullece de ello, no tiene ni idea de qué hacer, salvo aplicar y demandar a la Confederación Hidrográfica del Ebro, de rango casi ministerial y sita en Zaragoza, una solución. Pero ¡ya! Por supuesto las personas ignorantes se lucen diciendo a voz en grito lo que ellos habrían hecho y las autoridades ni se han planteado. ¡Si es que son unos ineptos!, dicen muy enfadados ellos.



    
    Pero en estos casos, que no por muy espectaculares que sean, que lo son, no son bien conocidos, pues se repiten anualmente, los que siempre brillan por su ausencia (entendiendo por ausencia no solo echar una mano para “achicar” agua, sino que no están, ni se les espera, ni se sabe nada de ellos, son los grupos ecologistas).  Greenpeace, Ecologistas en Acción, o Wild Life están, por decirlo de alguna manera, desaparecidos. No se sabe nada de ellos. Todo lo contrario a cuando se intenta hacer algún que otro "chandrío" en el río, como los canales de navegación  del Ebro a su paso por Zaragoza, para lo cual despliegan todo su poderío mediático y arremeten contra cualquier decisión de la Confederación, a la que no tiemblan en tildar de “poco democrática”, con falta de “sensibilidad ambiental”, o escasez de “escrúpulos” sociales. Todo vale entonces para movilizar a las  masas (ignorantes en estos temas ecológicos en su mayoría) para ir en contra de esas recalcitrantes decisiones hechas desde las cúpulas que mandan y ordenan esas “barbaridades”. Conozco a algún que otro miembro de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Zaragoza, los cuales se escandalizaron enormemente con el dragado del río Ebro,  en Zaragoza, para que pudieran navegar unos barcos recreativos. Ese dragado, que suponía la extracción de grava del fondo, era considerado como una aberración y un mal trato al ecosistema fluvial. Quizás tuvieran razón en cuanto a lo innecesario del trabajo fluvial para algo lúdico, pero desde luego demostraban su supina ignorancia en cuanto a la dinámica fluvial, pues el río es capaz de hacer ese dragado él solo, sin ayuda humana, por el mero hecho de ser un río estacional, como es el Ebro. Y como lo está haciendo ahora mismo. Pero esto ellos no lo saben, o no lo quieren saber, aun siendo incluso técnicos de medio ambiente o perteneciendo a un grupo ecologista. ¡Qué pena!


   

      Pero lo de ahora es algo diferente. La mayor riada del río Ebro se produjo en la Nochevieja del año 1960/61, en la que se tuvieron que desalojar los pueblos ribereños, pues pasaron  4400 m3/seg. Ahora no ha llegado a tanto (2200 m3/seg), pero se ha conseguido llegar a tener un “cauce” de río de hasta 7 kms de ancho. Y ante esta situación, claro, la culpa la tiene la administración, dicen algunos, por no haber “limpiado el cauce del río”. ¡Increíble! ¿De verdad esas gentes piensan que los millones de litros que pasan en un segundo por el Ebro se canalizarían en un cauce limpio? ¿Limpiando (es decir, dragando el cauce) se evitarían estas catástrofes? Es de muy desinformados y poco inteligentes pensar así. Y si los muy conservacionistas (según ellos) de los miembros de grupos ecologistas como los antes citados, piensan que la solución es una "mejor gestión del agua", se equivocan por completo. ¿En qué consiste eso respecto a las riadas? ¿Cómo se gestiona esta ingente cantidad de agua sin que se desborde? Son contrarios a los dragados, temporales y puntuales, y de cualquier tipo; a los embalses, a... ¿Qué hacemos, entonces?

 

     Nos ha tocado tener un río estacional que funciona  así de fuerte y dramáticamente cada año. La naturaleza es así. Pero además de poner inconvenientes y criticar ferozmente la gestión administrativa de una inundación como esta, los grupos naturalistas que en teoría se deben de encargar de defender la naturaleza de las agresiones humanas, desaparecen en estos momentos de crisis, dramáticos y durísimos para cientos de personas que viven junto al río, en sus localidades ribereñas. Nadie de esos redentores conservacionistas se les acerca para dar ánimos o decir qué es lo que tienen que hacer. Lo dejan todo en manos de las decisiones de esos recalcitrantes y malísimos gestores hiperdesarrollistas que dicen son las autoridades y técnicos del agua. ¿Dónde están ahora los apoyos ecologistas? ¿Qué dicen ellos que se debe hacer ahora?   Es mejor aflorar en tiempos de sequía para criticar, denostar y practicar la gestión, sea la que sea, de la administración del momento, además de interpretar sus acostumbrados sainetes mediáticos. Pero ahora que hay que “estar” con la gente que lo pasa mal, nada de nada. ¿O es que los humanos no forman parte de la naturaleza que dicen defender? Bueno es saber con quién se juega uno los cuartos…    Pero da igual. Al Ebro no hay quien lo pare ni domestique. Y ahora se ha cabreado, y mucho.




Nota: Las fotografías han sido obtenidas en Zaragoza y alrededores por la prensa local, y de Raúl Villagrasa.

sábado, 19 de enero de 2013

Geoturismo por la caldera volcánica de Taburiente (La Palma, Islas Canarias).

Caldera de Taburiente en la isla de La Palma,
 Islas Canarias.

     La isla canaria de La Palma se caracteriza geomorfológicamente por la denominada Caldera de Taburiente, una gran concavidad de hasta 8 kms de diámetro que abre una gran brecha en la isla de dirección NE-SO. El punto más alto de la caldera es el famoso Roque de los Muchachos, que alcanza los 2426 metros de altitud. Esta gran abertura representa el hueco dejado por el vaciamiento de millones de metros cúbicos de material volcánico que se “deslizó” hacia el mar, por el barranco de Las Angustias,  en dirección SO, hace unos 700.000 años, aunque la actividad intrusiva y volcánica que dio lugar a la isla puede datarse en 3,5-4 millones de años.

Vista del interior de la caldera. (Foto: E. Gil).
Ladera escarpada oeste de la caldera. Entramado de diques. (Foto: E. Gil).
Vista de la ladera oeste de la caldera. (Foto: E. Gil).
Vista de la parte final de la caldera, junto al mar.

     Son muchas las fases de formación de la orografía actual, quedando configurada en sucesivos procesos volcánicos, con elevación del complejo litosférico basal, lo que ha hecho aflorar en ese barranco una buena representación de peculiares estructuras volcánicas submarinas como las “lavas almohadilladas” o “pilow lavas”.

Pilow lavas aflorantes en el sendero del interior de la caldera de Taburiente (Foto: E. Gil)..
Pilow lava. (Foto: E. Gil ).

     Las escarpadas paredes de la caldera de Taburiente se hallan en su mayoría bien tapizadas de vegetación, en especial de pino canario, que asegura una conservación “in situ” de muchos materiales sueltos de las laderas. Además, un complejo entramado de diques  permitieron conservar, cual esqueleto pétreo, la estructura principal de la caldera. A partir de los 700.000 años hasta la actualidad, el foco volcánico se desplazó hacia el sur, dando las estructuras y relieves correspondientes a la zona del  volcán Teneguía, de actividad reciente (1971).

Imagen de la "desembocadura" de la caldera junto al mar.
Entramado de diques en la vertiente norte de la caldera de Taburiente (Foto: E. Gil)..
Dique. (Foto: E.Gil).
Dique en la base de la caldera de Taburiente. (Foto: E. Gil).

     Información completa de la geología de la Caldera de Taburiente en: Navarro Latorre, J,M; Coello Bravo, J,J. (1993). Mapa Geológico de la Caldera de Taburiente. Parque Nacional. Ed.: Ministerio de medio Ambiente de España. Red de Parques Nacionales.


lunes, 7 de enero de 2013

Nivel educativo y profesorado.



     Siempre lo mismo. Cada Navidad se repite en las reuniones familiares  el mismo tema: el mal nivel educativo que los alumnos preuniversitarios alcanzan en los últimos tiempos; lo poco que saben ahora los chicos; lo mal preparados que salen de los institutos (los colegios privados casi ni los nombran); ¡y lo muchísimo mejor que era antes la educación! Con lo de “antes” se refieren, claro, a sus tiempos de los años 50, 60, y 70 del siglo XX.
     Además de cansar  hasta límites insuperables, la conversación se diluye con algún que otro improperio indeseado,  ademanes de “me da igual lo que digas”, y el firme propósito de no volver a repetir la conversación el próximo año. Pero da igual. En la siguiente reunión casi seguro que se saca el tema con ganas de demostrar a los demás lo muy bien educado que se salió a los 18 años, además de intentar cuestionar al máximo los resultados obtenidos en la profesión docente actual.
     Desde hace muchos años les digo lo mismo. Que aparte de no saber demasiado bien lo que dicen, aunque algunos de ellos han sido profesores o empezaron su vida laboral con esa actividad, han perdido el “norte” en cuanto a lo que hoy en día se entiende por “nivel académico”. Que no es lo mismo que en sus tiempos, que todo ha cambiado mucho. Pero da lo mismo. Siguen pensando que los alumnos que hoy en día llegan a la universidad saben mucho menos que ellos a su edad. ¡Pobres!

     Y sobre todo, esto ocurre con profesionales de la ciencia tradicional, la “fuerte y dura”, según ellos, como es la física y la matemática. También he oído desacreditar ferozmente a la educación actual a muchos licenciados en “letras”, de filosofía y literatura especialmente, que cual divos de la educación,  con mayúsculas, se encargan de devaluar y minusvalorar los conocimientos que hoy en día alcanzan los alumnos en su bachillerato. Pero no me cabe duda que son los de ciencias, de esas antes nombradas, los paladines en eso de mirar condescendientemente a los demás, en un gesto de creerse poseedores de unos conocimientos exclusivos, adquiridos en su época preuniversitaria, que los diferencia de los demás.
     Estas gentes, de ciencias o letras, que por naturaleza van cumpliendo años,  se olvidan de tantas cosas como todos. Yo les suelo refrescar la memoria un poco, pues aunque seamos solo geólogos, y en mi caso doctor en paleontología, nos dejan entran con ellos en conversación y discusión, supongo que con la intención de poner a punto su capacidad dialéctica de enfrentamiento entre una carrera de “primera fila” con otra que como mucho, para ellos, es de “quinta división”. Suelo comentar para empezar  que, y aunque esto no se oiga actualmente nunca, ahora el “fracaso escolar” está en un 27% en educación secundaria, lo que no es una cifra alarmante. Recuerdo que en su “antes” educativo, el porcentaje habitual de suspensos era precisamente ese, incluso un poco más elevado, casi un 33%, y teniendo en cuenta que ahora está el 100% del alumnado  escolarizado, el fracaso se convierte en casi éxito. No lo entienden.



     Tampoco son permeables al comentario relativo a que la pregunta que hay que hacerse es referente a cuántas cosas (temas, conceptos, ideas, demostraciones, materias en general…) se imparten ahora y antes no se hacía. Por si hay alguien que no cae en el asunto comentaré que ahora se cursa Informática, Economía, Tecnología, Mecánica, temas de Geología en distintos cursos, un par de idiomas, además de un sinfín de cuestiones que era imposible impartir el siglo pasado, simplemente porque no existían, no se habían descubierto todavía determinadas cuestiones (como la clonación, por ejemplo, en Biología, que ahora se explica en 2º de bachillerato). Por el contrario, la magnífica educación que en nuestros tiempos recibimos incluía una buena ración de aplicación matemática, como el adiestramiento que yo tuve, por ejemplo, en obtener logaritmos, con las famosas “tablas de logaritmos”, para lo que empleamos más de dos meses de un curso de nuestro bachillerato para ejercitarnos en sacar “a mano” los resultados. ¡Eso sí que era formación! Por cierto, no los he vuelto a utilizar.
     No se entiende tampoco el gran esfuerzo que hace el alumnado en poder presentar la multitud de trabajos encomendados por el profesorado, usando la aplicación informática correspondiente, sobre todo en Power Point, que ellos ni lo soñaron. ¿Qué ocurre? ¿Que el manejo de esas técnicas informáticas no requiere de un importante proceso de aprendizaje y adiestramiento previo? Todo requiere su tiempo, y a veces, mucho. Quiero reseñar que mi tesis doctoral, leída en 1987 en la Universidad de Zaragoza, se mecanografió por la secretaria del Departamento de Paleontología en una máquina de escribir ya que entonces, en 1987, no había ni un solo ordenador en la facultad…
     También les suelo recomendar que sean cautos a la hora de juzgar los malos y escasos conocimientos que la juventud actual tiene, reprochándoles un escaso nivel académico. Cautos ya que se podrían llevar alguna sorpresa si ellos mismos, los bien formados, se tuvieran que enfrentar ahora al sencillo (y según ellos, sobrante)  examen de selectividad. Casi siempre les reto verbalmente a comprobar si serían capaces de  superar ahora esas pruebas. Les animo en el reto diciéndoles que yo no sería capaz, pues aunque esté tan bien formado como ellos, no tengo ya ni repajolera idea  (a nivel de examen) de Filosofía, análisis sintácticos en Lengua (con terminología nueva), ciertos problemas de matemáticas, o reacciones metabólicas sencillas, por poner un ejemplo. Y ya no me quiero meter con un texto en inglés, pues ni lo estudié en su día, al igual que ellos, ni he conseguido manejarlo con la fluidez necesaria hoy.
     No todo es maravilloso, claro, ni tan solo aceptable, en la educación secundaria actual. Se puede llegar a la universidad sin saber casi nada de ciencias si se elige, casi al gusto, el itinerario que uno desea. Y tampoco es de recibo, por esto que comento, comprobar cómo alumnos universitarios no saben si las ballenas son peces o mamíferos, como ha sucedido en la Facultad de Educación en fechas recientes, pero, y teniendo en cuenta que queda mucho por hacer para que la gente se forme realmente bien y en todos los campos fundamentales (ciencias y letras), me gustaría saber si estos críticos y admiradores de tiempos pasados serían capaces de enfrentarse a cualquiera de los exámenes que yo les pongo, por ejemplo a mis alumnos de 4º de ESO de Biología y Geología. ¿Sabrían ellos actualmente qué son las placas tectónicas, citar sus límites y por qué se forman; los procesos básicos de funcionamiento fluvial; descifrar y entender los conceptos más básicos de genética? No sigo. Yo estoy seguro de que no, rotundamente. Pues bien,  tienen que saber que de esos temas y de otros mucho más complicados se les examina a nuestros jóvenes para conseguir el título de educación secundaria “obligatoria”, la educación que “todos” deben tener.



     Y por último hacer una consideración respecto a esa colección de dignos profesores que manifiestan su regocijo cuando comentan que han suspendido mucho, a casi todos, en un examen. Los conozco a puñados. Suelen ser de Lengua, Matemáticas, y de Física y Química, por lo general. No falla. No suelen entender que los temarios que se proponen en educación secundaria (obligatoria y bachillerato) no están diseñados para superdotados. Que explicando adecuadamente la materia, y preocupándose por el alumnado, la gente suele entender y obtener buenos resultados. ¿Por qué, entonces, no se obtienen? Creo que llega el momento de hacer autocrítica y, siendo humildes, reconocer que buena parte de ese cacareado “fracaso escolar” puede ser debido, en parte, a la actitud, en algunos casos prepotente, de docentes que consideran tan fundamental y exclusiva su materia, que no dudan en, desde una actitud altiva e intolerante, no prestar la adecuada atención docente al alumnado. Esa atención no consiste en repetir incesantemente una explicación, sino en detectar las necesidades académicas del alumno con el fin de orientar acertadamente la estrategia a seguir. Me consta que de esas materias citadas hay excelentes profesores muy preocupados por el aprendizaje de sus alumnos, pero esos no están incluidos en mi comentario.
     Me temo que la nueva ley de educación (LOMCE), cuando se apruebe, no va a solucionar casi ninguno de estos problemas o consideraciones sociales sobre la educación que he mencionado aquí. Más bien creo que acrecentará alguno de ellos, pues la constante desacreditación de la enseñanza pública, conscientemente o no, hace que los sectores menos cultos de nuestra sociedad lleven masivamente a sus hijos a la enseñanza privada. Esta, en su afán de adoctrinar, ejercicio que se adueñan por completo los centros católicos, y razón por la cual no han dejado que el equilibrio mental que se pretendió dar en muchos temas  con la asignatura “Educación para la Ciudadanía”, al considerarlo “adoctrinamiento” y por tanto patrimonio educativo suyo, se siga impartiendo, va a desconcertar más aún en el futuro a los indecisos padres, pensando que  una educación  confesional es de mayor calidad.
     Me gustaría que esta fuera la última vez que tengo que hablar de esto. Y que la gente, cada vez que hable mal de nuestro sistema educativo reflexionara antes y pensara que cuando   multitud de profesionales y jóvenes licenciados españoles encuentran un hueco laboral fuera de nuestras fronteras seguramente tiene que ver con la “cantidad y calidad” de su preparación académica. Y esto no lo consigue nadie solo.